Severus se demoró en estrecharla un poco más entre tus brazos antes de permitirle cierta libertad de movimiento. Ella se giró, se acurrucó en su pecho aliviada de que él volviera a ser un hombre y no un muñeco, un maniquí. Un hombre igual al que se había marchado... o casi.
Se separó de él y le miró a los ojos haciendo balance de los daños sufridos.
_¿Sabes porque te amo Severus? Porque eres duro, sólido, firme, fuerte, decidido y valiente.
_No fui muy valiente en Albania_ dijo con una imitación torcida de sonrisa.
_¿No? Podías haberte dejado morir y no lo hiciste.
_Casi me hago matar, ¿no es lo mismo?.
Paula le miró orgullosa de que él utilizara ese tono educado y mordaz con el que era difícil distinguir sus verdaderas intenciones.
_Por supuesto que no_ ella imitó el gesto de Severus al alzar una ceja.
Snape asintió afianzando sus brazos en torno a su cintura. Tenía razón, ellos se entendían mejor sin palabras. Tratar de explicar sus sentimientos llevaría horas. Él trataría de convencerla de que se equivocaba confiando tanto en él, que acabaría consiguiéndo que los mataran a ambos y ella mantendría su fe ciega, sin aceptar sus excusas, sin permitir que las dudas que le embargaran le arrastraran al fondo infinito de la desesperación. Siempre le acababa resultando soprendente, (tras haber vivido enfrentando acusaciones y dudas acerca de sus lealtades, con el único refugio del recuerdo de la mujer que no le amó) siempre sorprendente, pensaba, que ella estuviera ahí. Que le aceptara sin más, sin explicaciones, sin justificaciones...igual que él hacía con ella. ¿Para qué malgastar el tiempo en explicarse?. Lo que había entre ellos no se explicaba, se sentía. La cosa era así: ella aceptaba sus defectos, amaba sus defectos y él adoraba los de ella. Las palabras sobraban.
_¿Quieres hablar de eso? Tenemos mucho que hablar_ ella posó sus manos frescas sobre las mejillas de Snape_ , tengo mucho que contarte, cosas que ni imaginarías...
Severus suavizó un poco su aprensión. Recibió la mirada suave y reconfortante de sus ojos castaños y luego el brillo infinito de la galaxia que habitaba en ellos cuando volvió a mirarle, esta vez con deseo.
_Señorita Demons, es usted incorregible. Le recuerdo que acabo de sufrir un horrible trauma al pensar tenerla muerta entre mis brazos.
_Perdone señor Snape, no logro ni imaginarme mínimamente cuál sería esa sensación.
Le miraba entre enojada y divertida. Él ladeó la cabeza paladeando la ironía en sus palabras. Cierto, no hace ni mucho, ella le había tenido literalmente muerto entre sus brazos.
Touché.
Ella también se suavizó volviendo a acurrucarse en su pecho.
_Lo siento,_ se excusó _ no puedo evitarlo. Tú no puedes evitar correr en pos de la muerte y yo no puedo evitar mirarte con deseo.
_ Yo al menos,_protestó Severus siseando ofendido_ tenía la gentileza de curar sus heridas antes de zampármela para cenar.
_Está claro entonces, quién es el romántico pasivo y quién el sádico dominante en esta relación_ Demons rescató el bote del ungüento y volvió a tratar de abrirlo sin resultado_ ¡Oh, es que es imposible!¡Te he dicho mil veces que no aprietes tanto las tapas!
Snape rió en sus adentros. Tan típico de ella, aún en peligro, en el punto de mira de unos mortífagos asesinos sin escrúpulos, y ella más preocupada por una tapadera apretada.
_¡Oh, mujer! ¡trae acá!_ con un pequeño gesto abrió el bote sin dificultad.
Demons cogió el bote y le mandó a la cama señalando con un dedo. Snape gruñó mientras se encaminaba hacia el lecho. Paula se percató de que cojeaba al caminar. Severus volió su cabeza al no oir sus pasos siguiéndole y se encontró con su mirada.
_¿Qué mira, pequeña descarada?
Miraba su cojera, los círculos morados en sus riñones y su espalda, huellas inequívocas de patadas, los desgarros de la piel de sus pantorrillas, sus músculos más acusados debido a su mayor delgadez...
_Te miro el culo, Severus. Tiene usted unos glúteos muy provocativos y apetecibles, señor Snape.
Severus bufó mientras se tumbaba en la cama.
Paula le aplicó la crema con delicados gestos, tratando de no apretar demasiado. Comenzó por su rostro (Snape cerró los ojos), siguiendo el trabajo incompleto de Malfoy.
_Severus,_ dijo parando un momento_ ¿Estamos seguros aquí?
Snape abrió los ojos lentamente, mirándola con preocupación.
_Todo lo seguros que pueden estar un par de muggles si varios magos tenebrosos se empecinaran en encontrarlos. Tranquila, Paula. Estamos más seguros que en casa, por lo menos. Yaxley es un experto rastreador de magia e imagino que podría llegar hasta allí. Tenemos a nuestro favor que aquí, no hay magia alguna que pueda rastrear.
_Date la vuelta, tienes peor la espalda_ Snape se tumbó boca abajo, la pomada era fresca y reconfortante; los dedos de Paula, suaves y benefactores_ ¿te sientes muy diferente sin magia?
_La verdad es que no. Pensé que me sentiría incompleto en algún sentido, pero no me siento diferente. Sólo un poco más...
_... vulnerable.
Exacto. Demons había sido brutalmente precisa. Su voz profunda le habló lentamente, con aquel tono íntimo que usaba en sus conversaciones más delicadas.
_ En la casa de los Malfoy... en Hogwarts... con el Lord... ¿siempre ta has sentido así?
_¿Al decir "así" te refieres a pensar que eres un uro herido en territorio de hienas?_ Snape no podía verla, pero imaginaba su ceño ligeramente fruncido, un mohín de incomodidad en sus labios_ Bueno, verás. Cuando pasa lo peor te consuelas con que ya no pueden hacerte más de lo que te han hecho. Meterme en la cabeza del Perturbado era la peor tortura, el peor miedo, la mayor angustia... Nadie podía hacerme sentir más vulnerable que entonces. Ni los mortífagos con sus insultos, ni Bellatrix con sus jueguecitos... todo era pan comido comparado con el que él me tocara. Hubiera podido matarme. Podría matarme con solo pensarlo... ¿qué podría hacerme sentir más vulnerable que eso?... Pero sí, me sentía desarmada e indefensa.
_Conmigo...
_Jamás. Nunca.
_Mientes. Sigues mintiendo muy mal, Paula.
Paula calló mientras recorría su espalda con las manos y luego sus piernas y sus costados incluso aquella parte de su anatomía que antes había piropeado consiguiendo sin proponérselo que Snape suspirara suave y trémulo.
_ Date la vuelta.
_ Uhmm... no.
_Severus..._ se impacientaba, Snape lo notaba en su voz.
_Estoy bien así, gracias.
_ También te golpearon por delante, Severus, deja de jugar, no seas crío...
Refunfuñando Snape se dió la vuelta y entonces Paula pudo entender por qué se había negado. No cedió a la tentación de burlarse tal y como había hecho él con ella. Se dedicó a aplicar la crema con cuidado, tocándole lo mínimo posible, concetrándose en relegar todas las preocupaciones a un lugar oscuro en su cabeza, debajo de una alfombra. Ya se preocuparían luego. Ya hablarían luego.
Snape acarició la mano que le curaba y el brazo de la que pendía.
Que se pare el tiempo, pensó Demons, ya.
No puedo pensar mientras me toca. Y tengo que preocuparme por cosas como amenazas de muerte de unos insanos asesinos. Tengo que pensar cómo contarle a Severus que tiene un abuelo vivo y toda las circunstancias que rodearon su nacimiento, su niñez o la muerte de sus padres. ¡Oh, Dios, estoy enferma!. Mira cómo se me eriza el vello del brazo. Estas loca, nena, completamente ida. ¿Pensabas que ibas a madurar con el tiempo? Sigues teniendo la mentalidad de un crío de siete años: lo quieres, lo tienes y si no lo consigues, tu berrinche será épico. No lo mires, su excitante cuerpo desnudo. No le mires ahí abajo, haz como si nada, sigue con la crema, eso es.
_ ¿Estás bien?
Se ha dado cuenta y el muy sádico se ríe... no lo demuestras, pero sé que te hago reir, Severus.
_ Tenemos mucho de qué hablar, Severus. He descubierto que..._ comportémonos como adultas responsables. Sí, las dos, yo y la voz que me habla en la cabeza.
_ Seguro que es algo muy importante,_ dijo cansado_ pero no estoy en disposición de asimilar nada ahora mismo.
Snape se incorporó en la cama apoyándose sobre el cabecero para quedar a la altura de Demons, sentada a su lado. La alcanzó con ambas manos tomándola por la cintura y la mejilla. La miró. Ella conocía esa mirada, era con la que ella le miraba al salir de la operación, con miedo, con alivio. El pulgar de la mano derecha de Severus buscó la marca del flagrate bajo su camiseta, los dedos de la mano izquierda buscaron el nacimiento de su pelo en la nuca atrayéndola inmisericorde con ambas manos.
_Hace una eternidad que no me besas_ pronunció lentamente con un suave susurro mientras acercaba la cabeza de Paula hasta tenerla a su alcance, a una nariz de distancia_ ¿Va a hacerme suplicar, señorita Demons? ¿No es bastante evidente mi... necesidad? Te he visto mirar de reojo.
Demons bajó la mirada, avergonzada. Realmente no era momento de...
_ Debería ser más cariñosa contigo ahora, menos...
_¿Apasionada?_ Snape frunció el ceño apretándola con sus dedos más de lo necesario_ ¿Menos tú?
Una sombra cruzó sus ojos negros.
_ ¿Menos tú y más... más Lily?, ¿es eso?
Era culpa suya, él le había dicho que había vuelto a llorar por ella, recordándosela. Necio, estúpido, idiota.. debería haberle dejado claro que Lily no era ya más que otra herida cerrada. Conservaba la cicatriz, pero no el dolor.
Demons salvó la distancia que los separaba, y le besó lento y profundo, dejándose el alma. Enredó las manos en su pelo negro, largo y recio tirando de sus cabellos para separarle de ella lo justo y suficente para morderle los labios y la barbilla y el cuello.
_Yo no soy Lily.
_Me alegra de que sea consciente de eso, señorita Demons.
Severus perdió la paciencia. No se la habían arrebatado unos mortífagos, no iba a perderla por eso. Se aferró a su beso de nuevo, a sus labios jugosos como fresas. Levantó lentamente el borde de su camiseta y la alzó hasta su barbilla sin dejar de tocar su piel con las manos abiertas. Demons subió los brazos para salirse de ella. Snape levantó la prenda hasta cubrir su rostro y dobló la espalda para alcanzar el manjar de sus pechos. Paula exhaló lentamente cuando el calor de la boca de Severus alcanzó su piel. La mantuvo con los brazos en alto y apresada por su propia ropa, humedeciendo la tela con su aliento acelerado mientras él le arrancaba placer con los dientes, con unos labios terribles, con una lengua ansiosa que subió por su garganta y le hablaba en la boca. Murmuraba ininteligible y mantenía sus brazos en alto y su rostro cubierto.
_ Si crees que no sé quien eres, estás ciega. Si crees que desearía que fueras otra persona, he sido un necio por permitir que lo creyeras.
Tiró de la tela. Liberándola. La tumbó en la cama, conduciéndola con sus besos y descendió por su vientre sin perder el contacto con sus labios en ningún momento. La terminó de desnudar lentamente mientras la cubría con una marea de besos y caricias sintiendo su pulso bajo la piel caliente borrando a conciencia de su memoria la ilusión de haberla tenido muerta entre sus brazos. Retornó a su boca por el mismo camino, necesitaba beber de ella, su dosis necesaria de dulce veneno, su chiquilla perseverante, su amante descarada, suya. La besaría sin descanso, sin darle reposo a sus labios.
Buscó sus manos pequeñas y entrelazó sus dedos en ellas respirando victorioso el temblor de su aliento y suavemente se movía como un sereno oleaje buscando un sitio entre sus piernas, volviéndose a alimentar de su suspiro mientras le abría paso a sus entrañas y el cinturón de sus piernas se enroscaron en su cuerpo.
Empujó.
Carne contra carne.
Fuego.
Empujó hasta que no tuvo más que darle y se quedó atrapado en ella, mientras Paula apretaba sus manos y alzaba su cintura, arqueando su espalda, dejándose devorar por este Severus que parecía no tener suficiente.
Con su habitual lentitud se retiró de ella dejándola vacía.
De rodillas entre las piernas de Paula se entretuvo en mirar sus labios húmedos y abiertos, temblorosos por su respiración temblorosa; sus ojos entrecerrados, hinchados sus párpados quién sabe si de reprimir el llanto, enviaban una súplica. Snape la levantó por las caderas para conducirla hasta él y volvió a invadirla profunda y lentamente, manteniéndola así mientras sus manos se apropiaron de sus senos pero no con rudeza esta vez, sino con una dulzura imprecisa. Las yemas de sus dedos dibujaban líneas sobre el ruboroso lienzo de la piel de Paula, largas líneas rectas, espirales hacia sus pezones, ondas hacia su cuello, saturando su piel, su tacto, de tal manera que ardía por entero.
Buscó sus labios, con los dedos esta vez y las yemas húmedas bajaron por su piel enfebrecida hasta otro húmedo paraíso. Severus permanecía quieto, sin mover su cuerpo dentro de ella mientras le hacía el amor a su pistilo con una dedicación que provocaba convulsiones en su vientre y la hacía estrecharle aún más fuerte entre sus muslos.
No dejó de mirarla mientras sus mejillas se enrojecían, su respiración se agitaba alzando y bajando su pecho, sus ojos se cerraban y su boca muda y temblorosa se abría en aquel grito silencioso que él siempre anhelaba provocar. La dejó descansar un momento. Un instante sólo mientras recorría de nuevo su vientre y su pecho con las palmas de las manos ahora, con mayor presión que las sutiles caricias con la que la había dibujado antes.
Demons buscaba aire aún cuando las manos de Snape sobre sus costillas provocaron nuevas oleadas de deseo. Sus caricias eran más firmes ahora, y su dureza entraba y salía ahora de ella en lugar de permanecer enterrada en sus entrañas, en movimientos cortos y, como no, lentos. Ella puso las manos sobre la piel de Severus, sobre sus brazos, sobre su pecho, devolviendo torpemente las caricias que recibía.
Severus aceleró imperceptiblemente, volviendo con una mano a su boca. Ella besó la palma de esas amantes manos, que viajaron a sus hombros y de allí a sus pechos. Snape le había arrancado una rendición con malas artes y con los dedos entre sus piernas sin colmarla, sin llenarla de él, y ahora sentía que iba a arrancarle otra cuando sus dedos se convirtieron en pinzas atacando sus oscuras areolas, sus anhelantes pezones se mostraban sin pudor como clamando por las caricias de esos dedos.
Paula abrió los ojos, Severus la miraba, no había dejado de mirarla todo el tiempo, su mirada abrasaba la piel lo mismo que sus manos, al contrario que su miembro que se hundía en ella sin llenarla, su mirada la traspasaba, la penetraba hasta el alma. Su mirada intensa, dura, indescifrable, su mirada como su amor, intenso, duro, indescifrable. Hubiera querido decirle algo, pero él la miró aún con mayor pasión enmudeciéndola. Sus dedos, sus manos tiranas arrasaban su pecho provocándole jirones de un placer intenso que la recorría de punta a punta dejando que la conquistara por segunda vez en una batalla a todas luces injusta.
Por segunda vez vencida, presa de una sensación aguda pero insuficiente, que no la colmaba, reclamaban las paredes más profundas de su caverna que intentaban succionar para sentirse llenas. Intentó alcanzar el rostro de Severus, atraerlo hasta ella. Otro largo beso tal vez la calmara. Adivinando, Severus se acercó, dejando que le tomara por las mejillas y que se aferrara a su pelo mientras la besaba. Se sostuvo con una mano en la cama y con la otra le alzó un muslo y clavó los dedos en su nalga mientras dejaba por fin de poseerla a medias para tomarla entera, como ella exigía. Dejó de besarla para volver a su postura, pero esta vez con manos firmes tiraba de sus caderas para golpearla con furia, sin comedimiento, alcanzando sus hombros, se asió a ellos para (¿cómo era ese verbo que le gustó tanto aquella vez?).. para horadarla.
Suya.
Suya, mientras tiraba de sus brazos, todo por acercarla a él. Suya, mientras caía casi exhausto sobre su cuerpo. Suya, mientras la besaba desesperado compartiendo esta vez la derrota, o la victoria de recibir sus gemidos rompiendo contra su boca y su cuerpo temblando en ligeros espasmos bajo él.
Severus se derrumbó sobre el pecho de Paula, ella le acariciaba el pelo y la espalda. Antes de que le venciera el sueño, aún la apuñaló otra vez con sus palabras
_Si piensas que amo a otra, o el recuerdo de otra... recuérdamelo antes de sacrificar algo más por ti.
.
