_Muévete, Severus, ¡maldita sea!.
La ronca risa de Snape vibró contra su pecho. Ciertamente, si algo le ponía a mil era escuchar la voz de Demons, susurrante, pidiéndole que se moviera mientras se tumbaba jadeante encima de él.
_Lo siento, querida_dijo apartándole el pelo mojado de la cara, sujetándolo en su nuca y tirando de ella para acercarla a su boca robándole un beso desesperado_ Te aseguro que no puedo más.
_No, si te reirás incluso...
_¡Calla, insensata!_susurró.
Demons se tumbó sobre su pecho, el corazón de Snape latía desaforado y ella misma trataba de recuperar el ritmo normal de su respiración.
_ ¿Crees que...?
_Tchist
Snape la abrazó como pudo y cerró los ojos.
_¿NO LES VES? ¡MALDITA SEA!¡NO ES POSIBLE QUE HAYAN DESAPARECIDO!
La voz de Yaxley bramaba a escasos metros de ellos. Paula tiritaba entre sus brazos, no sabía si de miedo o de frío, así que trató de confortarla, tranquillizarla o darle calor, porque no podía darle más espacio en aquel improvisado zulo, mientras apretaba los brazos entorno a su delgado cuerpo.
_Tchist.
Ella no dejaba de temblar y la herida que tenía en el brazo no pintaba nada bien. ¡Se sentía tan inútil! ¡Tan inútil!
Se mantuvieron en silencio largos minutos mientras las voces y los pasos de los mortífagos se acercaban y se alejaban de su estrecho escondite, ...enterrados en vida. Demons dejó de tiritar, pero eso no le tranquilizaba, la temperatura le subía y se quedaba dormida a intervalos y él sólo podía sacudir un poco sus brazos dentro de aquel frío y húmedo agujero para que ella levantara un poco la cabeza y le mirara con ojos febriles y sonrientes.
¡Sonrientes!
Luego el silencio se hizo en torno a ellos, Snape aún esperó un poco más.
_Paula_ llamó_ Paula...
Ella levantó pesadamente la cabeza y le sonrió.
_Creo que se han ido, ¿puedes salir?
Paula asintió más confiada que segura, se arrastraría sobre él como hizo para entrar en aquel cubil. El frío de la noche la golpeó de pronto, despejándola momentáneamente. Severus salió no sin dificultad.
_¿Cómo estás?¿bien?¿puedes andar?
_Estoy bien, Severus_ dijo irritada.
Tenía sed, pero no quería decirle nada. Llevaba preguntándole si estaba bien los doce días que llevaban dando tumbos por ese bosque. La pócima de Severus funcionaba, pero es que todo el maldito bosque estaba al parecer, lleno de magia oscura.
"Voldemort solía venir a Albania, creo que a este lugar", le había contado Severus la primera noche después de acomodarse en la tienda de campaña, "además la Dama Gris, uno de los fantasmas del colegio, de Ravenclaw, fué asesinada en este bosque por el Barón Sanguinario, el fantasma de Slytherin" Demons pensó que se estaba quedando con ella: nunca vió fantasmas en su paso por Hogwarts. "Aquí debió ser dónde ella escondió la diadema de su madre, la fundadora de Hogwarts,Rowena Ravenclaw..." Paula se reía como nunca. ¿Qué iban a hacer unos fantasmas que murieron aquí, apareciéndose en Hogwarts?, valiente tontería... se hubieran quedado rondando este bosque.
Ya no volvió a reir más.
Todo aquel horroroso lugar se le metía bajo la piel creándole constantemente un malestar físico que la hacía vomitar entre los árboles casi cada vez que comía, "¿Estás bien?" Sí, Severus, es esa odiosa costumbre de impregnar un lugar de hechizos antimuggles. A eso la acompañaba un permanente estado de mal humor que ni los abrazos de Severus podían mitigar. De hecho era como si él, sus constantes preocupaciones, la irritaran. "¿Están bien?", "No tenías que haber venido", "Debería encargarme de esto yo solo", "¿Quieres comer algo?","¿Quieres descansar un poco?", "¿Estás bien?"
Estoy jodidamente bien, Severus.
El cúlmen fue cuando Severus habló acerca de dejar la búsqueda y volver a Londres, vivir como mugles, en París, tal vez.
_¡Basta ya, Severus!, ¡no te aguanto más! ¿Me he quejado alguna vez?¿te he dicho que quiera volver? ¡No quiero volver! No quiero dejar mi vida y huir rezando cada noche porque ninguno de tus antiguos compinches nos reconozcan. ¿Tú no querías tener hijos?¿Qué harás cuando aparezcan para matar a tus hijos delante de tus narices para hacerte sufrir su venganza?
Sacó enfadada el objeto que los Malfoy transformaron para ellos en un traslador, "un traslador ilegal" como remarcaron hasta la saciedad para llevarse el mérito de exponerse a ser capturados por el ministerio de magia para ayudarlos.
_¿Quieres volver? Pues toca eso y vuelve. Yo no voy a volver. Contigo o sin ti voy a encontrar a ese oráculo y hacerle unas cuantas preguntas sobre cómo recuperar tu magia y luego me voy a cargar a unos cuantos mortífagos para no tener que andar volviendo la cabeza atrás a cada paso para saber si me siguen. Vuelve si quieres, vive como un muggle, como uno cobarde, Severus. Yo no.
La había mirado con odio entonces. No se lo merecía, pensaba Demons, no se merecía aquellas crueles palabras, él solo se preocupaba por ella. ¡Pero es que ya estaba harta de ser protegida!.
_¡No puedes proteger a todo el mundo, todo el tiempo!
Severus apretó los nudillos. Miró el traslador. Él mismo había supervisado su creación en el salón de los Malfoy y luego había salido al pasillo. Como viajando en el tiempo, ella le esperaba en ese pasillo y sonrió y él, bueno, y ambos, entraron en el saloncito que le sirvió de escondite aquellas veces tras hablar con el Lord. La pegó a la pared y la miró, esperaba que con suficiente intensidad. "No voy a perdonarla señorita Demons, la ropa que me ha traído es insufrible". Se refería, como no, a la ropa deportiva y los anoraks y a esas pesadas botas. "¿Color verde caqui? Eso no existe en la naturaleza". Ella respondía mientras sus ojos chispeaban atrapada entre la pared y su pecho"¿Sabías que las mujeres son capaces de distinguir más tonos de color que los hombres?". Él le había contestado paseando su portentosa nariz por la suave mejilla de Paula "¿Sabías que mi nariz es capaz de distinguir los aromas más sutiles... la huelo desde aquí, señorita Demons. ¿Mojada?". Pero ella no se amedrentaba, "Ya me lo agradecerás cuando quien se moje seas tú y la ropa se seque pronto, casi con el calor de tu cuerpo. Has ido poco de acampada, Severus, confía en mí". Confiaba en ella, con toda su alma. "Su última acampada acabó en tragedia, señorita Demons... acabó con.. estar conmigo." Ella sonreía. "Espero que esta acabe igual, señor Snape" y le atrajo contra sí, haciendo lo que tal vez había deseado aquella vez cuando halagó su intensa mirada. Besarle.
Snape negó con la cabeza, no quería irse, estaba dispuesto a llegar hasta el final.
Lo que no pudo creerse, lo que no pudo explicarse, es que ella usara su bota para destrozar el traslador.
_¡¿Qué haces?!
_ Quemar nuestras naves. Ahora ya no pensarás más en volver. Solo en usar tu poción.
Cada vez que Severus dispersaba esa poción, marcaba caminos en el bosque. Siguieron siempre la estela que parecía más intensa y ciertamente, conforme avanzaban y el bosque se hacía más profundo, los rastros de magia tenebrosa eran más fuertes y recientes... y el humor de Paula, más terrible Estaban en el buen camino.
Estaban.
Ahora lo que estaban era sin refugio y perseguidos por el grupo de mortífagos que, vete a saber cómo, les habían encontrado aquí.
No tenía sentido que ella le dijera que tenía sed, ambos habían visto cómo los mortífagos habían destrozado la tienda de campaña y probablemente todo lo que tenían dentro.
Estaba mojada por la humedad de la tierra y sucia. Se sentía muy incómoda. Justo por eso habían estado discutiendo antes de ser atacados. Ella quería ir al río, quería lavarse. No aguantaba ni un segundo más la mugre en las manos o en la cara y Severus decía que era más seguro esperar a la mañana y dejar de moverse por aquel lugar, ahora que ya habían montado la tienda. No quería discutir, sólo quería lavarse. Así que tomó su mochila pequeña (Jabón, una toalla diminuta, kit de primeros auxilios, un par de pociones de Severus, una navaja y la pistola) y, sin hablar, se largó hacia el río.
Severus fue detrás, la agarró, le dijo lo insoportable que estaba, lo insensata que era, le pidió primero y le ordenó después que volviera a la tienda... y ella sacudió el brazo y se encaminó , callada y terca, a la fresca y deseada corriente de agua.
Y él la siguió.
Lo siguiente que oyeron fue una tremenda explosión que venía del lugar donde estaba la tienda. Y la mano de Severus tiró de ella cuando se percató de la mirada de uno de los mortífagos en su dirección de modo que la maldición que iba a impactar contra su pecho le pasó rozando el brazo.
_¡Corre!¡Corre!
El mapa, el teléfono, la comida, la ropa, los sacos de dormir... todo quedó atrás... Sólo correr, correr por ese bosque tras la estela de Severus mientras una fiera inmunda le devoraba el brazo a dentelladas.
Ramas de los árboles caían a su paso, rotas por haces de luces que iluminaban escasamente la recién entrada noche.
Severus vió algo y quebró la dirección de su carrera, se tumbó en el suelo y se arrastró dentro de aquel agujero y se puso bocarriba llamándola imperativamente. Por primera vez en toda su nefasta aventura, no discutió. Tan sólo protestó ("muévete, Severus") pidiendo más espacio.
Y él la había besado.
Por eso calló, no se quejó mientras la fiebre la invadía y el brazo le dolía de una forma parecida a cuando recibió la marca. Se contuvo para no vomitar encima de Severus y aguantó, aguantó...aguantó mirándole con ojos sonrientes, hasta que pudieron salir.
Estoy jodidamente bien.
Y una mierda.
Si había roto el traslador no había sido por desafiar a Severus, sino para obligarse a no irse a casa y meterse en la cama tapándose la cabeza.
Si había insinuado cobardía, no había sido a Severus, sino a ella misma.
Cuanto más se adentraban en ese bosque, más le temblaba el alma. Y ahora, gracias a la herida que tenía en el brazo, le temblaba el cuerpo.
_Vámonos_ susurró Severus_ no podemos quedarnos cerca, volverán.
Cautos, silenciosos como gatos, caminaron en diagonal alejándose lo más rápido que podían.
_Así es como "cazábamos"_ explicaba Snape tan bajo, que a Demons le costaba escucharle_ El impacto inicial les desconcertaba y la reacción natural, huir. Les dejábamos tiempo, que pensaran que estaban a salvo. El miedo te ayuda a matenerte vivo, la tranquilidad te paraliza, te hace esperar... como si tu enemigo pudiera irse cansado de buscar... Un mortífago no se iba nunca. Volvía a por su presa que le esperaba confiada, pensando que el peligro había pasado. Por eso no podemos quedarnos ahí. Volverán.
Como si me importara.
_ El hechizo que te ha dado es de magia oscura.
¿Me lo dices o me lo cuentas?
_Ha sido una suerte que no te haya dado en el pecho.
Supongo que esperas que te de las gracias.
Snape se paró en seco volviéndose hacia ella.
_Demons, maldita sea ¿Quieres hablarme?
Su voz ruda y desgarrada, superaba el tono susurrante que usaba.
En la oscuridad profunda y aterradora, los brazos de Severus la envolvieron. Su voz, esa voz ansiada y terrible, rugiente y ronca.
_Ya basta. Pararemos aquí. Tienes fiebre.
Su voz la acariciaba, su voz era real, el miedo no.
_A ver si podemos hacer algo con esa herida.
