Paula sacó el brazo de la manga con cierta dificultad. Snape arrugó el entrecejo al ver que sólo había un rasguño pero, alrededor de él, se agrandaba feamente una mancha oscura. Su primera intención fue echar mano de la varita que llevaba oculta dentro de su anorak. Paula había agrandado un bolsillo para ello porque había adivinado que a él le agradaba la sensación de tenerla cerca, aunque supiera que no podría usarla.
Muy típico él, se había alejado del campamento llevando una cosa totalmente inútil.
Sin demostrar ningún sentimiento de frustración, abrió la mochila de Paula. No entendía mucho de métodos muggles para curar y aplicó con desconfianza unas toallitas desinfectantes sobre la herida.
Vió a Paula torcer el gesto aunque, no pudo interpretar muy bien si era por el escozor o porque, como él, sabía que ese medicamento no iba a poder hacer nada contra la maldición que se iba apoderando de su brazo.
_¿Porque no pruebas con tu "maravillosa" crema?.
Mierda, chica, realmente te haces querer, podía haberlo dicho sin hacer que "maravillosa" sonara sin intención.
_No es para aplicarla sobre heridas... Sobre este tipo de heridas_contestó Severus.
Demons se mordió el labio, Snape no se habia dado por aludido y ella se arrepentía de su tono, pero no podía controlarlo.
_Algo es mejor que nada_ repuso algo más comedida.
El frescor de la crema acabo aliviándola, o eso o el contacto de los dedos de Severus sobre su piel. Estaba cansada, estaba rota, malhumorada y, se había portado estúpidamente con él durante casi dos semanas.
_Gracias — musitó ella mientras Snape hacía un gesto desdeñoso. Sin duda, se merecía algo más de agradecimiento_ si no es por ti, puede que ahora no hubiera remedio alguno que pudiera curar una herida en mi pecho.
Snape no reaccionó mirando concentrado la herida y sus preocupantes bordes oscuros.
_No importa_ dijo al cabo de un minuto, aliviado de que Paula le dirigiera de nuevo la palabra, de un modo más... normal.
La noche caía sobre ellos con un manto frío y silencioso. Ni gruñidos de animales, ni el paso rastrero de las alimañas, ni sonido alguno delataba la presencia de nada más vivo en ese paraje. Ni siquiera el agua del río, que parecía amortiguada por las hojas de los frondosos árboles. Era la oscuridad más absoluta, el desastre más absoluto:perdidos, hambrientos, heridos.
_Y ahora ¿qué?_ dijo Paula suspirando.
Snape miraba el vacío con gesto decidido.
_Descansaremos un rato y luego seguiremos buscando_ Es todo por mi culpa ¡maldita sea!.
Paula leyó en sus ojos.
_¡Quieres dejar de una vez de asumir culpas! No se trata de culpas, Severus, si decidiste volver fue presionado por mí... _ hablaba susurrando con una abrumadora seguridad_... así que, en todo caso, la culpa sería mía ...pero, ya sabes que no me gusta hablar ni de culpa ni de remordimiento. Para mí era algo que tenía que hacer y para ti también, si no, ¡me hubieras convencido de lo contrario!. Así que nada de culpa, estamos aquí tendremos... tendremos que apechugar con lo que venga.
Y ahí estaba ella, con un humor del demonio y sin saberlo todo, pero rescatándole de sí mismo.
_¿Te he dicho que te quiero? No, ¿te he dicho cuánto te quiero?
Su voz profunda la acariciaba envolvente y cálida, como un fuego.
_ Últimamente, no es que me lo haya merecido demasiado.
Severus lo intentó una vez más.
_¿Cómo estás?
_Mejor _contestó Paula resoplando_ pero, ¡por Dios te pido, no me lo preguntes más si no quieres acabar muerto en este bosque pero, estrangulado por mis propias manos!
La risa ronca y queda de Severus entibió el aire a su alrededor. La apretó contra su pecho aspirando el olor de sus cabellos. Si tuviera que fabricar Amontentia, olería a ella. Snape sintió un súbito galope en su pecho. Hasta en estas circunstancias despertaba su deseo o quizá, precisamente en estas circunstancias, era cuando debía hacerle el amor, antes de...
_Cuando esté dispuesta, señorita Demons, seguiremos andando.
_¿Le empieza a hacer efecto la adrenalina, señor Snape?, ya sabe... _ Snape la miró con reprobación mientras se complacía interiormente. Esa era su chica.
Era peligroso quedarse quietos en un lugar. No solamente podían rastrear la magia como le dijeron a Draco, había muchos hechizos más que podrían ubicarles perfectamente.
Demons asintió y se levantó, terminó de vestirse. Definitivamente, prefería moverse a quedarse quieta y dejarse invadir por el sopor de la fiebre. Al menos tenía la sensación de estar haciendo algo útil en vez de sentirse atrapada y moribunda, oculta bajo la sombra de los frondosos árboles.
Avanzaron en zig zag hacia ninguna parte, simplemente continuar, moviéndose en un sentido o en otro, confundiendo su rastro. No tenían ningún lugar dónde ir. Ya clareaba cuando alcanzaron de nuevo el río. Paula tenía tanta sed, que no le importaba contraer una enfermedad por beber sin hervirla o depurarla y la cogió entre sus manos de la limpia corriente. En cierto modo, fue vigorizante. Era la ilusión de sentirse reanimada por la luz del sol, por Snape y por el agua.
Severus contemplaba preocupado el amanecer: más luz sólo significaría más ventaja para los mortifagos.
_¿No llevarías en tu mochila algo para comer, verdad Paula?
Paula sonrió, no lo había pensado antes, sí, llevaba un par de chocolatinas.
Se las comieron lentamente engañando al estómago. Paula se sentía mejor por momentos... así que, debían haber perdido toda la ventaja que llevaban buscando a la fuente de poder oscuro y se estaban alejando de ella, aunque ahora lo acuciante era salvar la vida.
_No tenía que haber roto el traslador_ se lamentó.
Severus se encogió de hombros hablando con un tono altivo, cortés y levemente irónico.
_ Ser tan impulsiva es otro rasgo más de su condenado carácter, señorita Demons_ luego continuó lacónico y frío_En realidad, da igual Paula. Éste hubiera sido nuestro destino más tarde o más temprano. Estaríamos huyendo de los mortifagos y buscando al oráculo en un momento u otro de nuestra vida así que, da igual.
Paula le abrazó. Necesitaba sentirle contra su cuerpo. Había algo que se le escapaba, lo notaba en el tono de su voz. Había estado tan ocupada en sentirse mal y en manifestarlo todo el tiempo que se le escapaba algo de Severus, algo que él ocultaba y que de alguna ilógica manera ella sentía que les separaba. Paró en la ribera del río que seguían como si fuera un camino y buscó su pecho, desesperadamente... y desesperadamente pensó por qué no llegaba el habitual beso de Snape en su pelo.
De repente, un fogonazo y el agua del río cercano se levantó en una alta columna, salpicándoles.
_Corre, corre..._ volvió a exhortar Severus entre dientes, empujándola delante de él.
En las lindes del cauce no había árboles que pudieran protegerles. Paula no se giró a buscar con la mirada... estaban ahí.. Los hechizos que impactaban en el suelo cerca de ellos, lo demostraban. Severus tiró de ella buscando el abrigo de la vegetación, aunque enlentecían su carrera al tener que esquivar las ramas y arbustos. Siguiendo inconscientemente el camino con menos obstáculos, ascendieron una pendiente más bien abrupta porque, supuso Snape, rodearla supondría perder más tiempo. Demasiado tarde comprendieron lo equivocado de su decisión.
Severus se frotó el pelo y la cara al verlo, desesperado.
La colina iba perdiendo vegetación, descubiertos, allí serían un blanco fácil para sus perseguidores que no tardaron en alcanzarles en la elevación y situarse tan cerca, que pronto podrían verse reflejado en el brillo de sus ojos.
_¡SE TE HA ACABADO LA SUERTE, SEVERUS, ES HORA DE RENDIR CUENTAS!.
Yaxley no cejaba.
Snape apretaba los dientes, trataba de localizarles por el movimiento de la maleza y se situó delante de Demons para interponerse entre ella y los mortífagos mientras seguían retorcediendo de espaldas.
Yaxley y los suyos, se abrían en abanico, rodeándolos.
_ DEBERÍAS HABER VISTO TU CARA DE SORPRESA CUANDO CAISTE EN NUESTRA TRAMPA. TE LO HABÍAS CREÍDO, ¿EH, ESTÚPIDO?_ su risa hería el aire, Paula rebuscaba algo en su mochila_ ¿CÓMO DIABLOS CREÍSTE QUE ÍBAMOS A ESCOGER COMO LÍDER A UN TRAIDOR, COBARDE Y MENTIROSO MESTIZO QUE PREFERÍA PASAR SU TIEMPO CON UNA ASQUEROSA MUGGLE EN LUGAR DE OCUPARSE DE LOS ASUNTOS DEL LORD?
Paula salió de la protección de Severus: quería estar junto a él, no detrás de él ni delante de él, sino a su lado, enfrentando lo que tuviera que venir.
El camino se acababa a sus espaldas, desesperado Snape, con sus sentidos totalmente alerta, miró alrededor buscando alguna oportunidad de fuga. Imposible hacia delante; detrás de ellos, la elevación terminaba en un precipicio. Paula siguió su mirada descubriendo la poza de agua, estrecha y verde, situada a unos veinte metros bajo sus pies. Tiro de la mano de Severus, él negó con la cabeza.
_¿Demasiado arriesgado?_ susurró ella con sorna mientras Yaxley hablaba y y hablaba, (su voz estaba cada vez más cerca), recriminándole pecados pasados a Snape_. Prefiero morir ahí abajo, con los sesos esparcidos en este bosque, que no aquí arriba bajo las maldiciones de estos...
Snape la cogió de la mano apretándosela muy fuerte. ¿Cómo había dicho ella? "Nuestro amor sería igual de trágico", al final moriremos juntos, como Romeo y Julieta, querida señorita Demons.
_Tengo que hacerle una pregunta, señorita Demons _ dijo sin dejar de mirar la barrera de árboles que ocultaban aún a los mortífagos. Si no habían atacado ya es porque querían matarles de cerca, hacerlo muy personal, quizá alargar el momento. Apretó aún más su mano.
_¿Cree que es el mejor momento, señor Snape?_ yo flipo..
_ ¿Quieres casarte conmigo?_ Dijo de un tirón y después, su aliento se contuvo un momento con ansiedad.
Ahora sí que flipaba Demons. La escandalosa risa de la chica sorprendió a los mortífagos que se miraron entre ellos atónitos. Ella renegó con la cabeza y dió un paso hacia atrás tirando de Severus. En el justo momento que los mortífagos daban la cara y enarbolaban sus varitas, apuntándoles con ellas, ambos cogidos de la mano ("Pregúntemelo de nuevo abajo, señor Snape, una dama necesita un tiempo para pensárselo", "Demons, maldita sea, ¿no dejarás de atormentarme?) saltaron al vacío.
Mientras el aire se fugaba velozmente alrededor de su cuerpo y la vista solo alcanzaba a captar un remolino de verdes, marrones y negros, Snape sólo se preocupaba de no ser capaz de aferrar sus dedos y que se le escaparan. Aún le dió tiempo de sonreir, media sonrisa despectiva al ver sobre su cabeza volar luces provineintes de los mortífagos que seguían lanzando maldiciones inútiles.
_AAARG! _ Yaxley liberaba con gritos su frustración sin que los maleficios cesaran de salir de su varita.
_¡Cálmate ya!_ Rabastan le sujetaba el brazo_ Nadie podría sobrevivir a esa caída.
_¿Eso crees? Yo no estaría tan seguro, Snape ya ha sobrevivido demasiadas veces... es un tipo sumamente difícil de matar. Busquemos un sitio por dónde bajar... no dejaré de buscarles hasta que vea sus cuerpos hechos pedazos. Ojalá los encuentre con vida aún y no tengo que privarme del placer de rematarlos.
