ADVERTENCIA: Este capitulo trata sobre abuso familiar y suicidio. Se recomienda discreción.
Sugiera leer este capitulo con las canciones "Memento Mori" y "Moonlit Night" pertenecientes al OST de Death Parade de fondo.
Las memorias de Bill – Parte II
2 días antes de morir
Cuando despertó aún tenía los audífonos puestos y se encontraba frente a su computadora apagada, se quito las gafas que se encontraban puestas entre su oreja y su cabello. Bostezo mientras se ponía de pie y miraba la hora en su móvil, aun era muy temprano como pasa salir a la Universidad, su facultad no abría puertas hasta las 8:00 y aun eran las 6:00, la biblioteca abría incluso un poco más tarde.
Su padre seguramente continuaba en casa al igual que Phill, aunque era normal encontrar a Phill durante la mañana en el comedor tomando su café y leyendo el diario. Pasaría saludando a su hermano animadamente como todas las mañanas lo hacía y luego saldría por la puerta sin comer nada otra vez.
- ¿Desde cuándo no como nada decente? – se preguntó a si mismo mientras terminaba de ducharse – Bueno… que importa…
A veces le gustaba decir que sobrevivía del sonido y el aire. Al no comer en casa sus horarios de comida a veces se basaban solo en un "desayuno" ligero, algún bocado nocturno y mucho café. Muchas veces se sorprendía de no tener apetito para nada… a veces se sorprendía de aquella soledad que sentía aun estando al lado de sus "amigos"… se sorprendía de lo silenciosa que podía ser la vida.
- Despertaste temprano – saludo Phill cuando se encontraba en la planta baja, aun llevaba los lentes en sus manos por lo que no distinguió del todo bien que su padre se encontraba sentado al otro extremo de la mesa – ¿Te unirás a nosotros en el desayuno?
- Tengo que…
- Ese lugar a donde vas a perder el tiempo abre hasta dentro de dos horas – interrumpió su padre – siéntate y come.
- Si, señor…
No tenia una excusa… no podía escapar esta vez, simplemente podía aceptar el sentarse y soportar a su padre y hermano por un rato. Vio el pan tostado untado con mantequilla y los huevos revueltos en su plato junto con una salchicha… sintió nauseas al solo ver la comida.
- ¿No vas a comer? – pregunto su padre.
- No tengo apetito…
- ¿No? – No alcanzo a reaccionar hasta que su padre le había lanzado la comida a la cara, se mordió el labio hasta hacerlo sangrar… no podía gritarle si no quería que eso empeorase – ¡Pues muere de hambre, imbécil!
Tomo una servilleta y se limpió los restos de comida mientras su padre continuaba parado a su lado, Phill ni siquiera había reaccionado, continuaba comiendo como si nada hubiera pasado.
- ¿Qué? Ahora me vendrás con uno de esos desórdenes alimenticios que tienen las mujeres… ¿Qué eres marica o que?
- No tengo hambre… eso es todo…
- Ya tengo suficiente con un vago como hijo para que me vengas con estas mierdas, Bill – gruño su padre – ¡Come o no saldrás de este lugar!
- Tengo clases… no puedes prohibirme ir a la…
- ¿Tratas de contradecirme? No saldrás de esta casa hasta que yo lo diga ¿Tienes alguna objeción?
- N-no… no señor…
- A tu habitación, ahora.
Volvió a subir las escaleras y a encerrarse en su habitación.
Era cuestión de tiempo para que su padre se fuera a trabajar y él pudiera salir… Estaba molesto, quería gritar, quería romper algo… las lágrimas se aglomeraban en sus ojos sin la oportunidad de salir, tiro su mochila a un lado de su cama, desesperado busco sus audífonos y su reproductor. Comenzaba a temblar, sentía que la respiración le faltaba por unos instantes, necesitaba tranquilizarse… no tenia que dejar que su padre o hermano lo vieran así… no debía de preocupar a Py con problemas tan estúpidos como los suyos.
- Tranquilízate – se susurró a si mismo mientras sus manos temblaban en desesperación por conectar los audífonos y darle play a la música – tranquilízate… Bill… tranquilízate…
Subió el volumen al máximo y cerró los ojos. Sumergirse en un mundo en el que nada de eso existía… un mundo en el que su padre y su hermano no existían, un mundo en donde su vida no era una mierda… poco a poco su respiración se fue tranquilizando hasta que se volvió normal, inspiraba y exhalaba junto con los altos y bajos de la canción que sonaba en su reproductor, era una melodía realmente hermosa ¿Cuál era?
- Memento Mori – susurro el título de la canción al verlo en el reproductor, sonrío con pesadez, como si el mismo se obligara a hacer ese gesto – ¿Realmente yo hice esto?
Recordaba la descripción del pedido de aquella canción. Le habían pedido que escribiera algo que pudiera reflejar la muerte del protagonista… una canción que sonara mientras que este se despedía, mientras recordaba los buenos momentos que había vivido junto a los seres que amaba y que ya no se encontraban con él…
Por extraño que sonase, cuando le dieron aquella descripción se puso a escribir casi de inmediato. Había enviado un par de pruebas a su cliente que le pedía cambiar un par de cosas más… ese era el resultado final, una de las piezas más hermosas que había escrito en mucho tiempo.
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Miraba los escaparates de una tienda de instrumentos musicales que quedaba de camino a su casa. Normalmente estaba cerrada cuando pasaba a mitad de la noche o temprano en la mañana, casi no tenía tiempo de pasar a ese lugar aunque amara hacerlo. La campanilla sobre la puerta se escuchó cuando paso por la puerta principal, no era raro que estuviera casi vacía cuando entro, el encargado se encontraba detrás del mostrador leyendo alguna revista y no parecía haber nadie más en aquel lugar.
Camino hasta donde había visto un hermoso piano de pared, recordaba que cuando era niño su madre tenia uno parecido… fue en este donde él había aprendido a tocar, rogo a su padre el conservarlo cuando su madre acababa de fallecer… pero sus suplicas fueron en vano y el piano termino por ser regalado a la caridad. Había llorado tanto esa noche, solo tenia 9 años cuando todo eso sucedió, no era como ahora que entendía que mostrarse débil ante su padre solo significaba empeorar las cosas…
- ¿Se le ofrece algo? – la pregunta del encargado de la tienda le saco de sus recuerdos otra vez, le miro confundido… no había notado en que momento se le había acercado o en que momento se había sentado frente al piano y comenzaba a tocar las teclas.
- N-no… solo… veía – se excuso poniéndose de pie.
- Puede tocarlo si gusta – ofreció el vendedor.
- ¿Habla en serio?
- Claro… por algo tenemos este en exhibición, es uno de los mejores que nos han entrado desde hace un tiempo.
- Si me permite…
- Adelante.
Se había hecho con un teclado sencillo luego de que vendieran el piano de su madre, con el tiempo y los ahorros de sus trabajos había logrado algunos instrumentos de segunda mano; una guitarra que solía tocar cuando la casa se encontraba vacía y una viola que había aprendido a tocar gracias a la madre de Pyronica.
Pero volver a tocar en uno tan parecido le traía tan bellos recuerdos. Soltó un suspiro y cerró los ojos mientras que las notas venían a su mente y sus dedos comenzaban a bailar sobre las teclas del piano… mientras que el hermoso sonido de la melodía llenaba. Mientras que tocaba… todos los malos recuerdos de esa mañana habían desaparecido, se sentía mejor… de alguna forma…
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Horas antes de morir
¡Era un idiota! Había olvidado el disco del demo en el que había trabajado toda la semana para aquel desarrollador en el cajón de su escritorio. Si todo salía bien con ese desarrollador podía ser el inicio de su carrera como compositor, era un proyecto enorme y había puesto todo su empeño en terminarlo, no podía perder aquella oportunidad.
Afortunadamente no estaba tan lejos de su casa como para ir corriendo y regresar antes de la hora en la que le habían pedido presentarse, se paró un segundo a respirar cuando se encontraba a una calle, levanto la vista, podía ver su casa no muy lejos, un poco más y podía regresar a entregar aquel disco.
Cuando estaba a punto de llegar vio algo que lo dejo paralizado en su lugar. Su padre se encontraba frente a la puerta mientras veía como dos hombres se llevaban el teclado que tenía en su habitación.
- ¿¡Qué están haciendo!? – grito corriendo hacía donde estos se encontraban – ¿¡Por qué se lo llevan!?
- Porque yo pedí que se lo llevaran – hablo su padre – es tiempo que madures… y si no vas a dejar esta estupidez de la música a las buenas, hare que lo dejes a las malas.
- ¡Papá! ¡Esto no…!
- ¡Callate! – levanto la voz – ¡Estoy cansado de tener un vagabundo como tu viviendo bajo MI mismo techo! ¡Es hora que madures!
- ¡No puedes hacer esto! ¡Fui yo quien compro…! – trato de dar un paso hacía los hombres que se llevaban sus cosas; sus instrumentos, los atriles y otras cosas con las que había logrado hacerse durante los últimos 10 años.
- ¡Mientras vivas bajo el mismo techo que yo tengo derecho a hacer lo que se me pegue la gana con todas las porquerías que tienes en tu maldita pocilga! – grito mientras los hombres que transportaban las cosas trataban de ignorar aquella escena, tomo a Bill del brazo y lo lanzo lejos, provocando que el joven se estrellara contra la pared – A veces… desearía que nunca hubieras nacido.
No pudo más. Rio mientras que su rostro se cubría en lágrimas, su padre le miraba serio desde su lugar, se puso de pie sin levantar la mirada.
- Pues… Yo también hubiera deseado nunca haber nacido…
Fue lo que susurro antes de correr escaleras arriba, cerró la puerta de su habitación. Se dejó caer contra la puerta mientras dejaba que sus lágrimas corrieran, esta vez no trataba de detenerlas… Ni siquiera trato de buscar su reproductor, no valía la pena hacerlo… Solo se dejó caer contra la puerta de su habitación.
Siempre había sido extremadamente ordenado con sus cosas, con las cosas faltantes su cuarto se miraba mucho más grande de lo que acostumbraba a verlo… todo seguía en orden a excepción de esas cosas que ya no estaban. Pyronica solía molestarlo con que era un adicto a la limpieza, pero había algo más oculto detrás de aquella obsesión porque todo estuviera en orden en su habitación. Abrió uno de los cajones de la mesa que estaba al lado de su cama, tomo la navaja suiza que ahí guardaba desde hacía mucho tiempo y la vio por un rato…
- Siempre he tratado de mantener en control lo que me es posible para compensar el desorden de vida que tengo – susurro mirando su habitación – eso… eso explica mejor el por qué esta… "pocilga" siempre esta tan limpia… - comenzó a reir – soy un idiota…
Conectó su teléfono a su reproductor. No había notado cuanto tiempo había pasado desde que se encerró en su habitación, era casi media noche… Subió el volumen al máximo y dio play a la última melodía que escucharía en vida. Se sentó frente a su cama, de frente al reproductor, tomo la navaja e hizo el primer corte a lo largo de su brazo… era doloroso… pero al menos… sería lo último que sentiría…
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Presente
Desperté sobresaltado aun sintiendo el dolor en mis brazos. Mire a mí alrededor notando que me encontraba en mi habitación en la parte trasera del Mindscape, no recordaba como había llegado aquí, todo lo que tenia en mente en ese instante eran los recuerdos que aun seguían dando vueltas por mi mente. Baje la mirada notando que sobre mi regazo se encontraba un par de audífonos y cerca de ellos un reproductor MP3, lo tome.
- ¿Qué? – pregunte mirando el nombre de la canción y del álbum, no pude evitar sonreír cuando leí el nombre del compositor – al final… no fue en vano ¿cierto? Memento Mori… Ost del juego Mindscape… por… Bill… Cipher…
Deje el reproductor sobre la cama mientras me ponía de pie, en la silla donde solía dejar mi ropa de trabajo se encontraba mi ropa normal de cuando aun estaba vivo, al parecer era hora… Me cambié lo más rápido que pude, solo cuando termine de ponerme toda mi ropa mi vista se nublo, fue ahí cuando note que en la silla también se encontraban mis viejas gafas… genial, sería juzgado mientras me veía como un nerd.
Camine hasta la puerta hasta encontrarme frente a la sala de juegos, Dipper me esperaba con el uniforme de juez… sonrío al verme, hice lo mismo.
- Bienvenido a Mindscape…
Ahora era mi turno de presionar aquel botón.
Continuara…
Escribir este capitulo ha sido una de las cosas más difíciles para mi... aun siento que no enfoque muy bien el tema, al menos no como debería de haber sido.
En lo personal, tengo que argumentar que el abuso psicológico es peor de lo que podría ser el abuso físico... es difícil de explicar como existen personas, que a veces pueden ser tus propios padres, que hacen que te sientas como una mierda con piernas. Logran que pienses que no vales nada y que todo lo que haces es una perdida de tiempo, muchos no se dan cuenta de esto, digo... cada quien esta tan metido en sus problemas que muchas veces no te das cuenta el daño que le haces a otra persona por tus acciones o tu falta de acción.
Que otros te hagan sentir como si no valieras nada... es algo que no desearía que le pasara a nadie. Lo siento si no doy un discurso alentador a "no morir por cosas que pasan en la vida y que puedes superar" porque no soy la indicada para hacerlo... porque simplemente soy demasiado cobarde como para morir o muy idiota como para seguir luchando contra la adversidad de la vida, 10 años de depresión no son fáciles de superar... pero hay cosas a las que te vuelves "inmune" después de todo ese tiempo.
Gracias por leer este capitulo, nos leemos pronto.
