Al final la has traído. No deberías haberlo hecho, Prince, tenías que haberla dejado atrás pero aquí cada uno es libre de hacer su voluntad, la voluntad es importante.

Sólo espero que luego, cuando la pierdas, recuerdes que te lo dije.

Nada más que entraste en mi bosque y comenzaste a esparcir tus pociones... te lo dije: ella no pinta nada, absolutamente nada aquí. Traerla solo complica las cosas... en fin, cómo ya hemos hablado, la voluntad es importante.

_Déjala, no le toques ni un pelo.

Si hubiera pronunciado las palabras no podría haberlo hecho con mayor énfasis de amenaza en su voz. De momento, sólo hablaba en su cabeza.

Pobre Prince, pobre, pobre Prince. Hice lo imposible, la he hecho sentirse tan enferma como he podido y ha sido mucho, más de lo que te ha dicho... Es muy... testaruda. Es imposible que los dos salgáis vivos de aquí. Lo sabes. Lo sabes bien.

_Si le haces algo, yo...

¿Tú? ¿tú, qué? Pobre Prince. Sin magia, sin... nada. Pero yo puedo devolvértela. Por eso has venido, ¿no?.

Sí, esa voz tenía razón, precisamente por eso.

No, Prince has venido porque eres mío. Desde tu nacimiento, eres mío. Tu madre te entregó en pago. Los acuerdos no pueden romperse. Es la ley. Es mi ley. Los tratos no se rompen.

La voz que sonaba en su cerebro no era la de la anciana, no era frágil o cantarina, era profunda, era.. contundente. Y no se amilanaba por más que empleara su peor tono amenazante. La sopa sabía a tierra, pero no podía dejar de comerla. Su cuerpo se movía como un autómata mientras esa voz seguía hablándole en su pensamiento.

_ He venido, haz conmigo lo que quieras, pero déjala ir.

Podrá irse si es lo que deseais. La voluntad es importante. ¿Tanto significa para tí, Prince?. ¿Más que tu poder?. ¿Más que el poder que podrías tener?.

Me alegro de que tu madre no te trajera antes. Te has convertido en un hombre muy poderoso, o lo serías si tuvieras tu magia, en un hombre muy...

_ ¡Oh, por Dios, qué aburrimiento! Déjate de circunloquios y dime ya lo que quieres.

¿Dios?¡Dios! ¿Qué tiene que ver Dios en esto?

Sacarla de quicio no era un buen plan, pero se sentía complacido en parte por poder hacerlo.

Creo que está claro. Te quiero a tí. Me gusta tu rabia, tu odio, me gusta tu frío desdén... sobre todo me gusta tu.. miedo. He notado que tu miedo crece con ella, por ella. Por eso he dejado de hacer que se sienta mal, para que viniera contigo y, mira qué sorpresa, ha sido ella la que te ha traído aquí. Te pareces mucho a tu madre, mestizo de los Prince, pero Eileen no tenía miedo. Se llevó mi libro. Mis conocimientos, mi sabiduría.. a cambio de un bebé sin importancia y... ella se esfumó. No sé aún cómo lo consiguió, se esfumó y rompió nuestro trato. Los tratos no se rompen. Eres mío. Serás mío. Siempre.

Severus dejó la cuchara en la mesa.

_¿Has terminado? Muy bien, muy bien... ahora a dormir.

La vieja bruja levantó a Snape de la mesa y lo condujo a una habitación. Demons les siguió. Vió cómo le desnudaba y le metía entre las cobijas, cómo le arropaba. Esa mujer... estaba usurpando su puesto. Severus cerró los ojos.

Duerme ahora, hablaremos mañana. Te contaré lo que quieras saber. De tu madre, de cómo recuperar tu magia, del poder oscuro que tanto ansías... hay tiempo, mucho tiempo.

_Los mortífagos...

Torpes, torpes... No me extraña que Tom sucumbiera. Yaxley vino a mí, buscando un poder mayor. Le enseñé cómo podía apoderarse de la magia de otro mago para acrecentar la suya, a cambio debía traerte a tí y al libro. Pero no tenía el libro. Creyó que si tú no tenías magia les sería fácil conseguir el libro... a cambio de... ella... , pero no, te perdió la pista. Creyó que trayéndome tu magia me conformaría. No lo hice, por eso ha vuelto: yo les avisé de que habías regresado a mi bosque. Ahora ya no tienen nada que hacer aquí, les diré que se vayan y le quitaré el poder que le concedí.

_ Bonito cuento, pero no encaja. ¿Por qué no me buscaste cuando vine la primera vez? Si tantas ganas tenías de...

¡No escuchas!¡No traían el libro!¡Quería ese libro!¡Era mío! Lo que me recuerda que tengo una cuenta pendiente con esa muggle...

_Te-he-dicho-que-no-la-toques...

Uuuuh, sí, Prince, tranquilo. No me asustas por mucho que bajes el tono de tu voz o arrastres tus palabras, pero tranquilo. Volverás a verla viva cuando te despiertes. Ahora.. duerme...

Paula se sorprendió de lo rápidamente que Severus se quedó dormido, como si no fuese algo... natural. La anciana no le prestó a ella ni la más mínima atención. Salió del cuarto y se puso a recoger la mesa sin dirigirle la palabra. Lo flipo. Aunque casi mejor. Tenía hambre, pero por nada del mundo comería nada que esa mujer le diera. Lo que le había pasado a Severus no era normal. Dormiría, o al menos, descansaría un poco ella también en... ¿dónde? La cama en la que había acostado a Severus era muy pequeña. Bah, había dormido con él en un sofá más estrecho, dormiría en el suelo si fuera preciso, no se separaría de Severus.

Las horas pasaron lentamente, dormía y se despertaba a intervalos. La noche había sido larga y tanta huída le pasaba factura pero, no se sentía segura como para dormir a pierna suelta. En la habitación principal, oía trajinar a la bruja, escuchaba golpes secos y ruido de sillas al moverse. Luego sintió la puerta abrirse y cerrarse y los ruídos cesaron. ¿Habría salido?

Entonces, sería el momento.

Se levantó sigilosamente y, salió del dormitorio para investigar la sala principal. No sabía exactamente que estaba buscando o que esperaba encontrar pero, la dulce ancianita que les había recibido no era la idea que ella tenía de un oráculo con un oscuro poder tenebroso. Tenía que haber algo más.

La sala, con las ventanas cerradas y las cortinas corridas, estaba sumida en una profunda oscuridad como si fuera de noche. No era posible, apenas habían pasado unas horas desde que llegaron, debería ser por la tarde o... o es que el tiempo, por alguna causa extraña, transcurría de una manera diferente en esa cabaña y ya era de noche.

Repasó estanterías, reconociendo algunos ingredientes y sorprendida por otros; los libros estaban escritos en diferentes idiomas, algunos en latín y otros en lenguas que no conocía. En el fuego aún borboteaba lentamente el caldero. Con curiosidad se asomó a su interior: aquello no olía a comida ni parecía comida sin embargo, de ahí sacó la sopa que les puso por delante nada más llegar. Era un engrudo de un tono marrón nada apetecible, parecido al barro. Pero en el plato parecía una sopa, ¿qué tipo de ilusión era esa?. Severus había comido de eso, se acercó a olisquearlo.

_¿ Tienes hambre, niña?

Demons la miró con desagrado, pero la anciana fingía no haberse dado cuenta.

_ Tendrás que comer y beber algo si no quieres morir de hambre. No puedes estar sin tomar nada eternamente._¿sonaba a amenaza? Sí, claro, chica, completamente.

La bruja se volvió a un armario y sacó algo para ella. Paula no podía creer que le estuviera ofreciendo una manzana.

_¿Quién eres?¿Eres el oráculo?

_Quién soy y quién crees que soy son cosas muy diferentes.

Demons se encogió de hombros.

_La verdad es la verdad.

La anciana caminó renqueante y se sentó en una butaca cerca del fuego, ofreciéndole la de al lado para que la acompañara.

_ Hace tanto tiempo que nadie pronuncia mi nombre que lo he olvidado. Creo que ni podrías adivinarlo.

_ ¿Qué tal un intento?

La bruja la miró por primera vez desde que había entrado en la cabaña, fijándose en ella, cruzando con sus ojos castaños los suyos oscuros, envejecidos y cubiertos por la lechosa blancura de unas cataratas. Una chispa se adivinó en ellos, era posible que la idea la divirtiera y le dedicó una sonrisa desdentada mientras asentía con la cabeza.

Paula también sonrió, al parecer la bruja ya contaba con ella para su juego, fuera cual fuera.

_ Rumpelstilskin.

Lo dijo por decir algo, claro, ¿cómo iba a adivinar su nombre? Era el personaje del cuento que enseñó a la campesina a hilar la paja y convertirla en oro a cambio de su primer hijo.

La vieja rió, con una risa helada que cortaba el aire.

_ Hubo un tiempo... un tiempo...

_¿Qué le has hecho a Severus?

Esperaba que su voz hubiera sonado lo suficientemente tajante. No estaba para historias, tenía prisa, cuanto más tiempo se quedaran allí, más poder tendría la bruja sobre ellos.

_ Nada, solo duerme_ dijo misteriosamente con su inocente vocecilla cantarina_. Al menos, por ahora. Y tú, ¿quién eres?

Antes de que Paula pudiera contestar, sintió de nuevo en su cerebro aquellos viscosos tentáculos, arañando una respuesta. Imaginó que su cerebro ardía a tres mil grados, que quemaba como un hierro candente y esos tentáculos se retiraron dando latigazos al aire (o lo hubieran hecho si hubieran sido reales) como aquellos que se agitaron desesperadamente al quemar la caja en su incinerador.

_ Te reconozco._ Sí, te reconozco dijo una voz familiar en su cabeza_ Pero, ¿cómo pudiste abrir la caja sin ser una criatura mágica? Eso no lo sé, y cómo se te permitió leer el libro, tampoco. Se ha de ser un mago oscuro, un poderoso mago oscuro...

_ Quien creas que soy y quien soy son cosas muy diferentes.

Contrariamente a lo que la lógica supondría, Demons no estaba asustada, estaba disfrutando.

_Percibo algo conocido en ti...

_ ¿Otra de tus víctimas, tal vez?.

La bruja asintió lentamente. Paula ya sabía quién era. A ver, ¿cuántos poderosos magos oscuros se habían apoderado de su cerebro últimamente? Era Tom,aceptó al fin la anciana, la presencia de Tom Riddle era muy fuerte, de alguna manera, su esencia se había prendido en ella.

_ ¿Otro de tus niños?

La vieja hizo aparecer del aire una pipa y una llama con la que encenderla, chupó de la boquilla en ráfagas cortas. Demons echó mucho de menos la sensación picante y amarga del humo caliente en su boca y en su garganta. Al fin la pipa prendió y la bruja exhaló lentamente una nube de humo mientras,con ojos soñadores, respondía.

_ Mérope_ Paula pensó que para no recordar su nombre, recordaba muy bien los de los demás_ Los hombres llegan a mí para cambiar su destino, ser mas fuertes, mas ricos, más poderosos... las mujeres vienen a mí para conseguir a un hombre. Mérope quería a un... muggle, así que hicimos un trato. Me ofreció su magia a cambio del amor del hombre, pero... La magia no puede conseguir el amor, sólo puede provocar un sentimiento parecido. Mérope se dió cuénta de que un amor falso no era lo mismo. Había perdido su magia por nada. Fué una agradable sorpresa encontrarme con su hijo en mi bosque. Vino buscando la diadema de Ravenclaw. Era un chico muy inteligente y muy seductor. Hablamos mucho, me contó qué había sido de su madre, me contó acerca de sus planes. Quería saber cómo fabricar un Horrocrux... llegamos a un acuerdo bastante satisfactorio... Mi sorpresa fue mayúscula al encontrarle años después en mi bosque, sin cuerpo, débil... le enseñé a conseguir un cuerpo nuevo. Sólo necesitaba carne del vasallo voluntariamente ofrecida, un hueso del padre involuntariamente prestado y sangre del enemigo...arrebatada por la fuerza.

La rápidez con la que se movió la anciana bruja estaba más allá de cualquier previsión. Aferró con sus dedos huesudos el antebrazo de Demons y con una uña afilada como un cuchillo cortó su carne haciendo que bortara la sangre roja y espesa. El dolor duró poco. Más allá de él, Demons observó fascinada como la bruja colocaba su brazo sobre la herida y su piel absorbía la sangre rápidamente.

Su mano esquelética comenzó a hincharse ante la atónita mirada de Paula, las venas que la recorrían empequeñecieron hasta desaparecer y las pecas y manchas de sus manos, sus arrugas, se esfumaron. La mano parecía haber rejuvenecido y con un escalofrío, Demons alzó la mirada para encontrarse con una para nada vieja y desdentada bruja.

Era muy hermosa. Tenía el pelo ondulado de un color castaño que brillaba reflejando el fuego y sus ojos claros y sus cejas se alzaban levemente en los extremos, dándole una mirada felina. El lugar de su nariz ganchuda había una pequeña y recta, y bajo ella donde debía estar la boca hundida, unos labios sensuales y carnosos de un perfecto color sonrosado.

La bruja la miró entrecerrando sus pestañas espesas. Demons, bastante alucinada alzó la mano para tocar el ahora joven rostro... apenas aparentaba más de veinte años.

_ Puede que seas más útil de lo que pensaba en principio_ dijo la bruja haciendo un gesto sobre su brazo_, tu sangre es bastante poderosa.

Luego Paula comprobó su antebrazo atónita, no quedaba ni rastro de la herida que le había hecho con sus uñas y movió el hombro, comprobando que debía de haber curado también el maleficio con el que había sido alcanzada en el bosque.

La bruja desprendía un aura magnífica. Estaba envuelta en un halo invisible de poder que irradiaba, del mismo modo que lo irradiaba el Lord tras hacerse con la varita, o el que irradiaba Severus después de leer el libro por primera vez.

Demons tenía los ojos fijos en ella, curiosa, y de repente sintió una oleada diferente recorriendo su piel. ¿Deseo?

La bruja se levantó, era alta casi tan alta como Severus, y volvió a ofrecerle la manzana.

_¿De verdad no quieres hincarle el diente?

_ ¿Te refieres a la manzana o a tí?

La bruja rió y dibujo una peligrosa sonrisa con sus bonitos labios.

Vale, chica, estamos llegando, aguanta un poco más. Su estómago se encogía sobre sí mismo y su boca empezaba a salivar viendo aquella jugosa manzana. Venga, Demons, tú puedes.

_Eileen no buscaba ningún hombre_ no creas que no me he dado cuenta de eso, bruja_ Ella buscaba... conocimiento.

_Y no es poca cosa. Es el bien más deseable y el que debe ser buscado con mayor ahínco. Fue una buena discípula, aprendía rápido. Su curiosidad sólo era superada por su inteligencia... Podía haberse quedado conmigo pero quería aprender de la misma fuente de la que bebí yo. Llegamos a un trato.

_No pareces tener muy buena suerte con tus tratos...

_¿No quieres comer?

Oh, sí que quería, pero nada que ella le ofreciera.

_No.

_¿Entonces que quieres?

¿Que qué quería? Demons solía quererlo todo.

_Quiero proponerte un trato.