Demons había salido de la cabaña. Necesitaba un poco de aire fresco. Ahí fuera, en el calvero verde rodeado por la arboleda, en ese lugar mágico en el que se escuchaba el canto de los pájaros y el sol jugaba entre las hojas formando claroscuros en el suelo, le parecía mentira lo que acababa de pasar ahí dentro.
Tuvo que sostenerse la cabeza con las manos, sólo así podría contener los huesos de su cráneo para que no estallaran en mil pedazos.
Ahora ella estaba con él. (¿De qué te asustas?, era lo acordado, ¿no?) Él no lo sabía porque no había visto su físico original, pero ella si era capaz de distinguir que su pelo castaño oscuro era ahora más claro y más rojizo, y que sus ojos antes limpios como el cielo azul habían tomado un tono más verdoso. Sus pulmones protestaron con una corta risa irónica.
Era Lily. Lily. Lo más parecida a ella posible.
Recordó todos los términos de su trato. Había logrado convencerla de que su sangre era lo suficientemente poderosa, sin ser de los Prince, para llevar a cabo el hechizo que ella deseaba. Paula se había ofrecido como víctima, su "esencia vital" serviría para que la bruja consiguiera lo que tanto ansiaba: la eterna juventud junto con la inmortalidad. Los hombres ansiaban dominar el mundo, las mujeres ser bellas y jóvenes para siempre... que denigrante estereotipo.
En las largas horas que habían compartido, el oráculo le había contado la forma en que había intentado alcanzar su mayor deseo una y otra vez. Fallando estrepitosamente en todas las ocasiones. Para conseguir el máximo logro de la magia oscura, había que cometer un acto de extrema maldad. Lo que venía siendo vender el alma al diablo, vaya. Habría que conseguir que alguien matara un ser amado. Una madre a un hijo, o un amante a otro. El cúlmen de la monstruosidad.
Le contó cómo, tras descubrir que Severus seguía vivo, había conspirado para traerlo a su presencia y al menos aprovecharle en algo. Era un mago poderoso. Con su sangre tendría suficiente para un par de siglos más. Todas las demás interferencias, le habían causado un gran desasosiego pero Demons había intentado reconducir esa furia y ofrecerle una solución: ella moriría a manos de Severus con lo cual la bruja obtendría su ansiada eternidad y a cambio de ello, Severus recuperaría su magia y su libertad.
Lo peor no era morir, ni siquiera morir a manos de él, lo peor era tener que hacer que la odiara lo suficiente, que estuviera tan dolido aún amándola, para que se decidiera empuñar el cuchillo; que su ego y su orgullo fueran mayores que el peso que pudiera tener ella en su corazón.
Lo peor-peor, reconoció tirándose del nacimiento de sus cabellos, era tener que enfrentar la muerte sola, era saber que ahora la bruja estaba desplegando todos sus encantos hipnóticos para que el odio y la sed de venganza que ella había sembrado en Severus arraigaran y tomaran la forma apropiada. Sabía en sus propias carnes lo sensual y seductora que esa mujer podía ser. Y aunque sus caricias no habían llegado tan lejos cómo quiso hacerle creer a Severus, prefería no pensar hasta qué punto alcanzaría con él. Y no temía eso porque Severus cayera en tan tentadora trampa, sino porque le atrajera de tal forma (su pelo rojo, sus ojos verdes), que no fuera capaz de reclamar la libertad que ella estaba ganando a costa de su vida.
Suspiró.
Atardecía. En esa zona del bosque parecía que el tiempo transcurría de otra manera, siempre atardecía, siempre era de noche. Se debía, sin duda, a la magia de la bruja que, afortunadamente, había desarrollado en sus años de vida, una especie de agorafobia que le había dejado confinada a ese lugar durante siglos, dentro de su preciosa... y encantada...casita...de chocolate que ella ansiaba tirar abajo piedra a piedra.
Era la bruja del bosque de todos los cuentos, La que devoraba niños o encantaba princesas. La que estaba devorando a Severus tras esa puerta, devorando su cuerpo y su alma.
La puerta, como sabiéndose mencionada, se abrió con un suave chirrido y Paula reconoció los pasos de Severus en el umbral.
_ ¿Pensando, Demons?, ¿despidiéndote del mundo?
Su voz, tan profunda, tan dura, tan intensa, tan decidida, tan fuerte. Su voz como manos acariciando tu cuerpo.
_ ¿Y tú?. ¿Has conseguido ya el valor suficiente como para poner fin a mi vida?
Ella continuaba sentada, al menos lo estuvo hasta que él la tomó de un brazo y la obligó a levantarse. La asía firmemente, pero no le clavaba los dedos no trataba de hacerle daño.
_¿Se puede saber por qué estás empeñada en que te mate?
_ ¿Por fín te has decidido? ¿Te ha convencido ella en una de esas conversaciones post-coitales que tanto te gustan?
Severus la miró de soslayo.
_ Lo estás logrando, Demons, vas a conseguir que disfrute realmente clavándote ese puñal en el pecho.
Demons sonrió. La calidez de sus palabras, la fría condescendencia tan familiar.
_¿Quiere uno? He conseguido que nuestra amiga nos cree un par de ellos_ Paula miró los cigarrillos que Snape le ofrecía_ ¿El último cigarro del condenado? Me gustaría ofrecerle una última cena, pero nuestra anfitriona sólo tiene barro.
Snape había conseguido recuperar su imperturbabilidad.
_¿Prefiere otro último deseo?_ dijo antes de chupar de la boquilla creando una llama en la punta que prendió el tabaco rápidamente.
_Cigarrillos autoencendibles..., podría hacer una fortuna con esto_ Snape rió ante su comentario mientras Demons aspiraba, lento, chica, hace mucho, puedes marearte _. No sabía que fumaras, Severus.
_¿Cree que el color de mis dientes es amarillento de natural? Fumé, durante bastante tiempo.
Expulsó el humo despacio, como Humphrey Bogart en Casablanca. "Siempre nos quedará París", pensó Demons mirándolo soñadora.
_Siempre se ha mostrado horrorizada por las cicatrices redondas de mi abdomen pero nunca me ha preguntado por ellas. No es lo que supone. Me las hice yo. A veces el dolor de dentro es tan fuerte...
" Está listo"
La voz de la bruja anunció en sus cerebros que la runa que debía contenerles y los sortilegios necesarios estaban preparados. Demons se levantó decidida y encaró la puerta de la cabaña. Snape la retuvo, la hizo volverse, la miró intensamente a los ojos pronunciando entre dientes.
_¿Tuve alguna vez su corazón, Demons, o sólo me hiciste esclavo de tu cuerpo? ¿Nos consumimos como esto_ dijo mostrando su cigarro a medio quemar_, dejando ceniza, desapareciendo como una bonita estela de humo?
Paula le miró de arriba abajo grabando su imagen a conciencia en su retina. Suspiró y concluyó fría como el hielo.
_ Sólo tendras que atravesar cuatro o cinco centimetros de músculos, depués mi corazón será tuyo.
Un último deseo, sí. Si cediera a ese último deseo (estrecharle entre los brazos, besarle de nuevo, hundir los dedos entre su negro pelo...) le faltarían las fuerzas para entrar en el círculo que la bruja había dibujado con líneas blancas en el suelo, apartando los muebles.
Qué apropiada la túnica blanca, qué apropiado el negro atuendo de Severus. No quiso mirarle y sin pensar demasiado, como quien se lanza a una piscina, entró en la runa mostrando su conformidad con lo que iba a suceder.
_ Demons...
Rugió gravemente la voz de Severus.
_ Vamos, Snape _ exigió_ . Es tú o yo. Si no eres capaz, tendré mi oportunidad.
Snape pronunció con exagerada lentitud una frase que Demons repetía en tono de broma cuando él se quejaba de alguna desgraciada incidencia.
_Mejor tú que yo.
La bruja sonrió complacida, la muggle tuvo razón y Severus había accedido a practicar el sacrificio, no sin grandes esfuerzos para convencerle por su parte. Era orgulloso, su excesiva soberbia, su ambición, su herida de celos, la traición... usó todos los recursos que ella le había dado para acceder al corazón de ese hombre, soplando sobre la chispa que había encendido la chica y... accedió. El trato al que había llegado con ella la obligaba a dejarle después en libertad y los tratos debían cumplirse pero, después del ritual el tendría libertad para irse... o quedarse... y ella procuraría que se quedara.
Ocupó su lugar en el círculo detrás de ella, murmurando los últimos conjuros sobre el puñal que usó después para abrir la vestimenta de Paula, mostrando su esternón. Llamó a Severus con la mirada.
Severus.
Con los puños apretados y los brazos ligeramente flexionados, con la cabeza inclinada y los ojos al frente medio ocultos por mechones de su pelo. Con la mirada furiosa, y el pecho alzándose lentamente al compás de tu respiración. Paula, solo tenía una palabra para describirlo: majestuoso.
¡Bah!. Si tenía que morir qué mejor que hacerlo por su mano.
Incitado por las miradas de las dos mujeres, a regañadientes, como debía que hacerlo todo, entró finalmente en el círculo.
Demons, Paula. Paula y su fuego. Su luz cegadora como mil soles. En el momento en que arrebatara su vida se sumiría en la más completa y profunda oscuridad.
La bruja paso sus brazos por debajo de las axilas de Paula enlazando sus manos tras la nuca de la chica, inmovilizándola.
_ Adelante.
Severus tomó la daga ritual que la bruja le ofrecía, la empuñadura brillaba caliente en su mano. ¿Qué había dicho ella? Cuatro, cinco centímetros y su corazón sería suyo.
_ Piensa demasiado, señor Snape. Aquí_ dijo Paula señalando un punto en su pecho_, de abajo hacia arriba, por favor.
Endemoniada mujer.
Severus apoyo la punta del cuchillo en el lugar que ella le había indicado, y rasgó la piel. La sangre comenzó a gotear por la hoja llegando pronto hacia la empuñadura que comenzó a brillar y a calentarse más de lo que ya estaba.
La bruja, impaciente, empujó el pecho de Paula hacia su destino. La hoja penetró un poco más mientras ella reprimía un gemido.
Su sangre manaba ahora más fuerte alcanzando la piel de Severus.
Un suave brillo comenzó a iluminar el interior del círculo marcado por la runa. Un humo espeso y turbio comenzó a girar en amplias volutas, denso y lento como si fuera líquido, en torno a ellos. Severus noto una sensación familiar, de hormigueo, de tibieza en su cuerpo. Una sensación familiar de poder. Su magia estaba volviendo.
Una sonrisa, una genuína sonrisa que demostraba cuánto había echado de menos tenerla aunque ni hubiera protestado por perderla, adornó su rostro. Y miró a los ojos de Paula para compartirla, con la conciencia embotada, sin percatarse de lo que estaba haciendo para conseguirla.
En sus pupilas vio una imagen familiar, se vio a sí mismo con un rostro implacable, cerúleo, un monstruo de dientes amarillos que sonreía mientras le arrancaba, se arrancaba, el corazón del pecho.
La voz de la bruja le sacó de su antigua pesadilla para hacerla realidad.
_ Lo estás haciendo bien, mujer. Estás cumpliendo nuestro trato. Pero antes de que mueras tienes que saber que yo... salgo ganando. No solo tendré tu sangre, tendré también la sangre de los Prince.
Los ojos de Paula se abrieron como platos, incapaz de pronunciar una palabra agitó la cabeza negando,¡Lo acordado indultaba a Severus de su alcance!.
_ No sólo se ha entregado ella, Severus. Está entregando también a tu hijo.
La bruja reía, con una risa endemoniada. Paula miró implorante a Severus. Éste, enloquecido, convertido en un ser deleznable y ruin, completamente enajenado, cegado por la ira que le acometía al comprender lo que Paula le había obligado a hacer, empujó su brazo atravesando la carne de Paula. Tres, cuatro, cinco centímetros y después su corazón.
La sangre seguía manando sobre su brazo. Un río de sangre...Ríos, mares y océanos.
Paula dirigió su mirada a los ojos profundos y oscuros dónde se alojaban los abismos de su alma... y sonreía.
Siempre sonreía. Esa era la sonrisa con que ella le recibía.
La espiral de humo que les rodeaba, la luz, se hizo más intensa creando un torbellino enfebrecido en torno a los tres cuerpos.
La bruja seguía riendo descontroladamente hasta que Severus sacó de golpe la mano el cuerpo de Paula, tirando con tal ímpetu que se la arrebató de los brazos y Demons cayó sobre el pecho de Severus enganchándose a sus costados con la punta de sus dedos mientras todo ese vapor se iba concentrando alrededor de ellos, fíltrándose por los poros de Severus, por su nariz, por sus ojos, cegándole ¡No! sin permitirle verla ¡No! Se aferraba a su espalda sonteniendo su cuerpo mientras el peso de la cabeza de ella se acrecentaba sobre su pecho... hasta que toda la niebla imposionó en él, levantando un cerco de polvo alrededor de la runa.
El aire aún tardó unos segundos en asentarse.
Con una mano insegura, rogando a ese Dios del que acababa de renegar cometiendo un asesinato, apartó el pelo de su rostro apretando los labios contra su pálida frente.
_ ¡Paula!_ la voz entrecortada, los labios temblorosos_ Espero que se haya divertido, señorita Demons.
El peso de la cabeza de Paula osciló y la hizo caer hacia atrás dejando alzado su rostro con los ojos cerrados y la boca entreabierta y Snape encorvó su espalda para cubrir de besos sus mejillas y sus inmóviles labios.
La boca de ella se abrió en una sonrisa cuando Severus gruñó contra su cuello.
_ Bueno, señor Snape. Puedo asegurar que ha sido, cuando menos,... intenso.
Paula le devolvió el beso y él la aferró aún más entre sus brazos mientras contemplaba el cuerpo consumido, de nuevo envejecido, de la bruja. Tendida en el suelo, con las manos crispadas y un puñal clavado en su pecho.
_ ¡Loca! ¡Insensata! ¿Cuándo supiste que había comprendido tu delirante plan?_ preguntó enfadado mientras seguía devorando su cuello.
_Supongo que lo que dijiste del humo cuando fumábamos era para confirmar que lo habías captado.
Severus levantó la cabeza de su cuello para mirarla a los ojos.
_¿Te metiste en el círculo sin saber...?
_No era tan grave, Severus, no te escandalices.
_¡¿Qué no era...?!
_ Tanto si lo entendías como si no, tú sobrevivirías y tendrías tu magia de vuelta.
_¿Podemos salir de este grotesco círculo?
_ Del círculo sí, de la casa aún no.
Snape se apartó y contempló el pecho de Paula, manchado de sangre, sí, pero indemne. Penetró con la hoja del cuchillo los famosos cuatro centímetros y dejó que la sangre de Demons empapara su mano y sintió que la magia volvía a él. Tal y como ella había predicho: "en el momento en que tu sangre toque mis manos, comenzaré a sentirla, seré capaz de usarla". Y entonces usó su poder para convertirse en humo, para traspasar la materia y, daga en mano, atravesó el cuerpo de Paula clavándola con saña en el corazón de la bruja.
Acunándola, la sacó del dibujo de la runa y la besó con lentitud. Podía haberla perdido.
_Decididamente, no eres Lily. Has encontrado la manera de no tener que morir por mí_ la besó de nuevo, iba a besarla mil veces antes de soltarla.
De repente recordó algo. Cambio de planes. La agarró por los hombros y la apartó de nuevo para mirarla a los ojos antes de preguntarle enfadado.
_ Dime, pequeña manipuladora, ¿sabías que estabas embarazada?
