_¡¿Quieres parar ya?! ¡Deja de pasearte y estate quieto! ¡Me estás poniendo nerviosa!

_ ¿Nerviosa?_ Severus gruñó_ ¿Cómo podías no saber que estabas embarazada? ¿Desde cuándo hace que no tienes esa... "cosa" de mujeres?

_¿"Cosa de mujeres"?_ lo flipo_ ¿Te refieres a la menstruación, Severus?

A Demons la situación no podía parecerle más absurda y surrealista. Severus paseando arriba y abajo por el salón de la bruja que yacía en el suelo, hablándole de "cosas" de mujeres... Rió en voz alta.

_¿Pero tú te estás oyendo? Siéntate, por favor_ Resoplando, Snape se tiró en una silla_ Déjame pensar... Después de que desaparecieras, mientras tú perdías tu magia y a mí me visitaba un cuervo... una semana después concretamente, fui a ver a Harry porque no me encontraba bien: tenía insomnio, mal cuerpo, vomitaba constantemente, palpitaciones, me sentía enferma aunque no lo estuviera... él lo achacó a una crisis por tu ausencia. Tal vez ahí ya estuviera... incluso antes, recuerdo que cuando regresamos de tu casa... cuando me enseñaste el libro... regresamos a casa apareciéndonos. ¿No vomité ahí antes de devorar un plato enorme de huevos revueltos?

_¡Pero de eso hace meses!

_Unos tres meses...

_¡¿Y no te diste cuenta?!_ Volvió a levantarse.

_Perdone, señor Snape_ dijo irónicamente_ estaba demasiado ocupada visitando a los Malfoy, descubriendo que tenía usted un abuelo que me dijo que estaba muerto, quemar un libro, dimitir, encontrármelo en una celda, volver a visitar a los Malfoy, viajar a Albania...

_Vale, vale...

_¡Pensaba que lo que me ocurría es que tenía ansiedad, Severus!

_¿Ansiedad? ¿ cuándo has tenido tú ansiedad por algo ? Pero..., pero..., ¡has aguantado que te clave un cuchillo hasta casi desangrarte!

_¡oh, Snape! he perdido más sangre en...

_¡ Te has tirado por un precipicio! ¡No has comido bien en meses!_ Severus la miró con pánico en los ojos_ ¡Has fumado!

_ ¡Por Dios, Severus!¡Basta ya! ¡Estoy bien! ¡Estamos bien! Severus... Tu hijo está bien.

Le habló con calma, o se tranquilizaba o ella... Severus pareció captar la idea.

_ A ver, encanto_ dijo tratando de reprimir la ansiedad, que él sí que sentía, en su voz_, cuéntame por qué no podemos irnos ya de aquí, desaparecerme contigo y que te vean ya en un hospital.

_Porque ella aun no está muerta_ repitió por enésima vez_. Hizo un par de horrocruxes. Uno era la caja que se llevó tu madre con el libro y ese ya está neutralizado. Cómo tuvo tan mala suerte con el primero, pensó que el siguiente debía protegerlo mejor. El segundo lo vinculó a su propio cuerpo, así nadie podría quitárselo.

_ No lo comprendo.

Demons meneó la cabeza chasqueando la lengua, y no lo entendería hasta que dejara de pensar en el diminuto ser que por lo visto habitaba en su vientre.

_ El Horrocrux está en su cadáver. Supongo que en algún momento, cuando las células de tu cuerpo (todas, Severus) dejen de tener vida, se convertirá en algo parecido a lo que se convirtió el Perturbado cuando Harry Potter lo mató la primera vez.

_ Harry Potter no mató a Lord Voldemort la primera vez_ puntualizó_ se mató el mismo con su propio hechizo, le derrotó Lily con su sacrificio.

_ Perdón_ contestó Paula con retintín_ como te pones, chico.

_ No me gusta que le sigan adjudicando a ese bueno para nada glorias que no tiene. Me gusta que se sea... preciso.

_ Severus, cálmate, eso no importa ahora.

Demo se levantó de la silla apoyándose en sus rodillas

_¿Qué ocurre? ¿te pasa algo? ¿te encuentras bien?

_Voy a cambiarme de ropa_ dijo ella dirigiéndole una mirada de profundo odio.

Snape asintió. Con la túnica blanca ensangrentada que llevaba le estaba poniendo quizá más nervioso de lo que debía. La contempló mientras ella entraba en el cuarto y comenzaba a buscar su propia ropa. Tenía que calmarse, recuperar su sangre fría y como pocas veces le había pasado en su vida, no encontraba como.

_Tengo algo para tí_ anunció Paula mientras rebuscaba en su mochila_ No me atreví a dártelo antes, cuando ella estaba en nuestras cabezas, por si acaso.

Snape miró intrigado unos papeles meticulosamente envueltos en plástico que ella sacó de su mochila.

_ Supongo que habiendo cometido un acto de extrema maldad como clavarme un puñal y traicionar a la que se suponía tu aliada, podrás leerlo.

Severus recibió los folios. Era la letra de su madre. Apretó la mano de Paula un momento antes de concetrarse en su lectura. Las palabras no bailaban, permanecían quietas en el papel mientras él pasaba sus ojos por ellas. Quietas en el papel aunque sus manos temblaran ligeramente. Quietas, aunque su labio inferior se apretara y sus ojos se encharcaran. Quietas, permanentes, constantes... desgarradoras y al mismo tiempo proporcionándole más consuelo que el que nunca creyó jamás.

Pudo cerrar por fin los amargos terrores de su infancia, reconciliarse con su madre y gracias a... Demons, que incluso presa de un ataque de dolor que le hizo quemar ese libro, el mayor compendio de magia oscura del mundo reducido a cenizas por una muggle, salvó las únicas páginas que carecían de valor, las que estaban escritas para él.

La contempló.

Paula surgió lentamente debajo de la blanca túnica ensangrentada: sus piernas, su vientre, sus pechos, sus brazos y, por último, su cabeza. El pelo castaño cayó en mechones sobre su cara. Era la misma, pero la veía diferente, cambiante como la marea, plena como la luna... entonces ella se giró y le pillo mirándola.

_Creo que es la primera vez que me ves desnuda y no me miras... así.

_¿Así cómo?

_Con deseo.

Parecía que la idea no le agradaba.

Snape se acercó despacio hacia ella y le tomó con sus manos ambas mejillas acercándose a su boca. Comenzó a besarla suavemente, con calma, con una calma infinita. Siguió bajando por su cuello entreteniéndose con deliberada parsimonia en el lugar donde había clavado el cuchillo, sorprendido de que la herida hubiera cerrado casi milagrosamente en el momento en que él sacó su mano hecha humo de su pecho sin apenas dejar marca. La besó con dulzura y bajó más, hasta tu ombligo, cayendo de rodillas frente a ella. Lentamente también se abrazó a sus caderas y apoyó su mejilla contra el vientre de la muchacha. Frotó su cara debajo del ombligo. Paula podía sentir su nariz haciéndole cosquillas.

_¿Se está bien ahí dentro?_ susurró casi inaudiblemente_. Seguro que sí, yo estoy muy bien ahí dentro.

Paula llevo las manos hacia el pelo sucio y graso de Snape y paseó cariñosa los dedos por sus mejillas en las que la barba comenzaba a apoderarse de su palidez, cubriéndola de sombras.

Severus, su Severus, de rodillas ante ella con los ojos cerrados, susurrándole a su vientre, a su hijo. Por un momento, Paula pensó que había dejado de existir como mujer y se haya convertido simplemente en un recipiente. Por un solo momento, pensó que era, que ella era, un milagro. Porque por primera vez estaba pensando en algo más valioso que ella misma.

_ Si hubiera sabido que estaba embarazada, tal vez no me habría lanzado a esta locura.

_ Lo hubieras hecho igual si hubiera sido preciso. He visto como me proteges, Paula, ¡qué no serás capaz de hacer por tu hijo!

Sonrió ante el cumplido, pensar en Severus también la hacía olvidarse de sí misma, y volvió a sentirse mujer porque él de nuevo la estrechó entre sus brazos y la besó en la cintura y las caderas y bajo su ombligo. Él la amaba, los amaba, y cuando abrió los ojos y le buscó, observándolo desde arriba, Paula encontró en el profundo abismo de sus ojos negros, un brillo especial qué rara vez había aflorado.

Felicidad.

En aquella siniestra cabaña, con el cadáver de la bruja que destrozó la vida de su madre, de su padre y la suya propia, y con un futuro inminente tan incierto como preocupante... Severus era feliz.

Los dedos de Demons entre su pelo, tiraban con ternura, y la suave palma de su mano, acariciaba su rasposa mejilla. Deseaba con toda su alma hacerle el amor.

Volvió a besar su tibia carne.

_¡Severus...!_ llamó ella, urgente_, ¡está empezando!.

Miro hacia el suelo de la habitación contigua, al salón donde la bruja ya empezaba a resquebrajarse y brillar como si un fuego la consumiera por dentro. Su piel agrietada dejaba ver un resplandor rojizo y la punta de los dedos de sus manos se iban deshaciendo como el carbón quemado, convirtiéndose en ceniza.

Paula se vistió rápidamente con su chándal caqui y se calzó su deportiva _ mierda, sólo tenía una_ mientras Severus miraba ceñudo el cuerpo en descomposición, acercándose, apretando fuertemente su varita.

_¿Sabes cómo destruirlo?_ Preguntó Demons ansiosa: tenían que haber estado discutiendo eso, cómo acabar con ella, con su horrocrux , y no su embarazo.

_¿Cómo destruiste el otro?_inquirió con urgencia.

Paula resopló.

_Con el crematorio de laboratorio, alcanza unos 3000 grados..._ no se le ocurría nada, como no fuera lanzarla directamente al sol.

_Entonces, sé como destruirlo. Coge lo que tengas que coger y corre hacia la puerta. ¿No me has oído? ¡Corre!

El fuego maligno, el fuego maldito, era lo único que se le ocurría que podría consumir al horrocrux, pero no sabría si sería capaz de controlarlo.

El cuerpo de la bruja se deshacía. Su pecho se hundió y de los orificios de su rostro comenzaron a emerger blancos tentáculos cubiertos de una repugnante baba, que reptaban sobre el cadáver, abriéndolo con las aceradas púas que tenían en sus extremos. El bicho, aquel ser que no era humano, ni animal, pugnaba por abandonar el cuerpo corrupto mientras algunos de esos escuálidos brazos se lanzaban hacía él, siseantes, furiosos por no poder alcanzarle.

Demons atravesó la puerta y entonces Severus lanzó la maldición.

De la punta de su varita surgieron llamas largas, interminables, que se impulsaron hacia los tentáculos. El ser retorcedió, queriendo entrar de nuevo en el cuerpo que ya se deshacía como ceniza pero no pudo escapar de las magníficas llamas que tomaban formas espectaculares (serpientes, quimeras, dragones) y acabaron ardiendo emitiendo agónicos sonidos semejantes a un grito humano.

Las fieras, insatisfechas continuaron devorando el resto del cuerpo y reptando por el suelo comenzaron a devorar los muebles. Severus se volvió hacia la puerta. No iba a tratar de contenerlas. Que borraran todo rastro de aquel horrible lugar.

A grandes zancadas atravesó la puerta y llegó a la linde del calvero, dónde empezaban los árboles. Allí Demons observaba fascinada (¡¿fascinada?!, ¡insensata!¡ inconsciente!¡loca!) las imponentes figuras que calcinaban ya las paredes de la cabaña.

Severus la tomó del brazo, iba a intentar desaparecerse lo más lejos que pudiera y luego hechizar un translador para volver a Londres.

_¡SNAPE! ¡MALDITO, BASTARDO DEL DEMONIO!

Varias maldiciones impactaron en el suelo a sus pies, les hubieran dado si no hubieran echado a correr en el momento que escucharon la primera sílaba del vociferante Yaxley.

Corrieron hacia la casa.

¡Mierda! Estaban atrapados: detrás de ellos el fuego, delante los mortífagos.

Demons gimió.

Severus masculló entre dientes, obligando a Paula a protegerse tras su cuerpo, haciéndole de escudo.

_ ¿Es que esto no va a acabar nunca?