Con absoluta concentración, Snape, desvió los ataques. Lo primero es lo primero, idiota. Automáticamente, apuntó a Demons y con un golpe de su varita la encerró en una esfera protectora. Si el Lord la hagía usado para Nagini, sería suficientemente fuerte para ella.
Ahora sí, y protesta lo que quieras, podría concentrarse en derrotar a los mortífagos que le acosaban.
Los rayos parecían venir de todas partes, llovían sobre él y sobre la esfera como meteoritos. Demons no podía conservar la calma. Había quedado reducida a ser espectadora de la peor lucha en la que estuvieran metidos.
Desventaja táctica. El fuego, ese fuego horripilante con vida propia, le cortaba el paso por detrás mientras los mortífagos les iban rodeando.
Desventaja numérica. Los mortífagos parecían haberse multiplicado, eran por lo menos diez, escondidos como cobardes detrás de los árboles que no dejaban de acribillarles con maleficios de todas clases. Maleficios que Severus interceptaba y desviaba tratando de que no impactaran en la burbuja que la envolvía. Pero con esa defensa desesperada no tenía ocasión de lanzar ningún ataque. El más mínimo descuido y...
El aire se escapaba entre los dientes apretados, ¿estaba perdiendo terreno?, los hechizos caían sobre ellos más rápidamente. No. Estaba fingiendo. Estaba tratando de hacer que los mortífagos avanzaran y salieran de su escondrijo.
¡Severus!.
Varios hechizos impactaron sobre él sin llegar a hacerle realmente daño.
Las maldiciones también impactan contra la burbuja que protegía a Paula. Ésta estaba indefensa, ni siquiera podía correr, se limitaba a hacer de blanco mientras las maldiciones iban provocando pequeños resquebrajamientos en su coraza. Snape era un idiota por atraparla, siempre excediéndose en su afán de protección, y se lo iba a decir bien clarito en cuanto la sacara de allí.
Aguanta, pequeña. Snape no dejaba de mirarla de reojo. Maldito fuera, ¡la tenía que haber dejado al menos libre para correr!Si no podía hacer nada más, por lo menos podría quitarse de en medio y que pudiera luchar sin tener que preocuparse por ella. Paula resolló cuando una grieta rajó parte de la pared translúcida. Snape la miró.
Un maleficio cayó sobre el hombro de Severus con tan mala fortuna que le hizo caer.
Los mortífagos avanzaron como buitres.
Eran muchos más de cinco, eran por lo menos diez. Paula empujó las paredes de su celda, ¡Oh, a ver si atacaban a conciencia y rompían ese maldito encierro!. Como escuchando su plegaria, un rayo cayó firme y constante sobre ella, alzándola a varios metros del suelo y repentinamente se vió lanzada hacia el fuego.
Snape bramó, se puso en pie de un salto y golpeó el suelo con la suela de goma de sus zapatillas. De sus pies comenzaron a surgir ondas en círculos concéntricos que hacían temblar el suelo, arrancando las plantas, dejando caer a los mortífagos. Después de generar ese terremoto, antes incluso de ver sus efectos, describió un amplio círculo con la mano y de su pecho salió una nube oscura que rápidamente tomó la forma de varios cuervos. Los animales se lanzaron contra sus atacantes, cegándoles, picoteándoles.
Miró hacia atrás.
No la vió.
El fuego se acercaba vorazmente.
Demons no veía nada salvo el naranja, amarillo y rojo de las fieras que a dentelladas trataban de quebrar la pared mágica que la protegía. Hacía tanto calor que dentro de la esfera, la humedad de su respiración se convertía en humo. Se ahogaba, y se quemaba si intentaba agarrarse a las paredes. Tenía que salir de allí.
Tomó un poco de impulso y se lanzó contra un lado de la esfera. Su ropa humeó prendiéndose.
La burbuja se movió.
Volvió a tomar impulso. Quería hacerla rodar, salir corriendo de allí como un hamster en una bola.
Tras varios empujones la esfera cedió y comenzó a rodar pero ella no era un hamster y rodó también dentro de la bola, quemándose la piel. Continuó haciéndolo, dando volteretas para escapar de aquella peligrosa jaula. No sabía qué era arriba ni qué era abajo. Rodó hasta que el impacto contra algo la hizo golpearse en la cabeza y caer de bruces.
Severus se volvió hacia el fuego alzando su varita como un director de orquesta, y como tal alzó las manos y dirigió el fuego hacia el otro lado, hacia los atacantes. El revoltijo de animales se atropellaban devorándose unos a otros, consumiéndose. No la encontraba, no la veía. El fuego menguaba aunque antes de desaparecer engulló un par de figuras humanas que corrian desesperadas por la arboleda.
Quería correr hacia el punto donde la había visto desaparecer, pero el círculo se estrechaba en torno a él. Agudizó sus sentidos, rebuscó en su arsenal de hechizos oscuros, hoy iba a probarlos todos.
Demons abrió los ojos, veía chispas volantes que le impedían fijar la mirada. Se había chocado contra un árbol y se encontraba tendida en el duro suelo. Afortunadamente, la burbuja había aguantado hasta que las llamas cambiaron de dirección. Desesperada miró hacia el calvero. Snape seguía luchado acosado por un círculo cada vez más pequeño. Un gemido de frustración salió de su garganta, nunca se había sentido más impotente.
_Preocúpate por tí.
Rodolphus, o Rabastan, nunca sabía quién era quién. Uno de los Lestrange la había agarrado del tobillo y tiraba de ella. Obvió el dolor que le producía el arraste de su piel quemada contra el suelo y pataleó resistiéndose al mago.
_¡Para, condenada!
El mortífago tiró de ella bruscamente, acercándose un poco más de lo debido con el fin de intimidarla.
Craso error, los mortífagos deberían conocer la facilidad de Demons para partir narices.
Dió una patada a la cara del mago y se levantó trastabillando para correr hacia... hacia delante, aunque no supiera exactamente hacia donde era eso. Le sacó ventaja, unos insuficientes metros.
Algo cortante y afilado se clavó en su pie descalzo, no importa, no importa... importa seguir corriendo y esquivarle. Otro algo la golpeó en la espalda y la hizo caer. Le dolía tanto todo, que ya no sentía nada.
_Te tengo_ dijo la voz acerada del mago mientras le pisaba la espalda.
Severus se batía incesantemente, rodeado por sus atacantes. La oyó, la estaba esperando, la peor de las maldiciones imperdonables. Vió el culebreante rayo correr fulminante hacia él. Entrecerró los ojos.
Antes de que le alcanzara se transformó en humo y el rayo le atravesó, impactando de lleno en otro de sus atacantes, que cayó al suelo como un fardo.
_¡Qué demonios ha sido eso! ¡Incarcerous!
Las cuerdas trataron de apresarlo inútilmente.
_¡Duro!¡Duro!_ gritaba Yaxley_ ¡Incarcerous!
El hechizo consiguió que Snape recuperara momentáneamente su solidez y esta vez las cuerdas sí le apresaron
_Ahora... Severus, tú..
_¡Expelliarmus!
El grito le pilló por sorpresa y el hechizo lanzó lejos de su alcance la varita. Yaxley se volvió encontrándose con el joven Malfoy, el rubio gritó otra vez.
_¡Expulso!_ y Yaxley salió despedido varios metros_¡Diffindo!
En el momento en que la cuerda se rompió, Severus recuperó su varita sorprendido y agradecido por la intervención de Draco. No sólo él, Lucius también se sumaba a la batalla igualando un poco las fuerzas.
_ ¡Aaargh!
_No seas quejica, niña, sólo hemos empezado.
Rodolphus (o Rabastan) pasaba la punta de su varita por su piel quemada. Se ve que los Lentrange tenían las mismas aficiones, aún recordaba las costumbres de Bellatrix, pero en esta ocasión le faltaba el aliento para mordaces respuestas. Le tiró del pelo para levantarla y volvió a lanzarla al suelo hacia delante.
Demons se giró, le miró sonriente mientras se limpiaba sangre del labio con el dorso de la mano. El mago encogió los ojos.
_No tienes miedo..., ¿por qué no tienes miedo?
_Porque sé algo que tú no sabes_ contestó.
Demons vió la pregunta en sus ojos, y fué lo último que vió antes de que su mirada se tornara opaca y cayera de bruces.
Tras él apareció una alta figura enarcando una ceja ante su sonrisa.
_No sabe cuánto me alegro de verle, señor Prince.
Con asombrosa agilidad el señor Prince se agachó y comenzó a sanar sus heridas.
_Pare, pare... ¡tenemos que volver... !
_ Espera, un momento, necesitas que te cure.
Su voz era enérgica, muy diferente de su último encuentro.
_ ¡Yo, no...!¡Su nieto!
_Ahora_ dijo con voz pausada_ estoy pensando en mi bisnieto.
Y Demons no pudo evitar que la sorpresa le abriera la boca.
En el calvero, frente a las cenizas de la casa, los mortífagos perdían irremediablemente ante el impetuoso envite de los tres magos. Algunos de los mortífagos huyeron al suponer que venían más refuerzos, otros cayeron.
Yaxley, sólo él resistía empecinado.
_Déjalo ya, Yaxley. Ríndete y conservarás la vida en Azkaban_ amenazó Severus.
_¿Y pudrirme en esa prisión? ¿Cómo tú, Snape tras la primera guerra?¿Como tú, Malfoy en la segunda?.Te odio demasiado para consentir que reaparezcas como un héroe cazador de mortífagos. Te voy a dejar claro una cosa...¡Petríficus totalus!
El hechizo lanzado de improviso en medio de su discurso les cogió de sorpresa. Si hubiera podido, Snape hubiera apretado los dientes, pero su estaba atrapado en su pétrea prisión contemplando la sonrisa de hiena del mortífago, y su pensamiento voló hacia Demons que no aparecía, a la que esperaba a salvo en el bosque.
_No Snape, ¡esto se acaba aquí!_dijo levantando el brazo_Avada...
¿Y ya está?_pensó Severus en un segundo_ ¡Qué horror morir así!, ¡qué horror morir ahora!
Demons apareció en la linde del calvero a tiempo para ver a Yaxley alzar la varita. Gritó.
_¡ERES UN IDIOTA, SEVERUS SNAPE!
Yaxley la miró y emergió su sonrisa de hiena.
Demons contrajo un sólo músculo, el flexor propio del dedo índice, y la bala recorrió el aire a 300 metros por segundo congelando para siempre la sonrisa de Yaxley.
_ Esto se acaba aquí, hijo de...
_ Señorita Demons..._ interrumpió Snape enarcando una ceja, libre del maleficio paralizante_ ... esa boca.
