Paula sostenía la pistola humeante sopesando si sería necesario disparar otra vez. En las pelis de miedo, el malo siempre se levanta otra vez antes del final, chica, asegúrate. Pero el orificio sangrante en el pecho del mortífago, su rostro congelado, sus dedos retorcidos apretando la varita... todo anunciaba que otro tiro más sólo serviría para malgastar balas. Con todo, amartilló de nuevo el arma y le disparó directamente entre los ojos. Fría como el hielo. ¿Qué iba a hacer si no para asegurarse?, ¿agacharse, tomarle el pulso?, le quitó la varita de la mano partiéndola en dos... Y luego levantó la pistola, apuntando repetidamente a Severus.

_¡NI SE TE OCURRA REÑIRME, SEVERUS SNAPE!_ con paso enérgico se acercó al mago.

Malfoy también se había recuperado de la petrificación que les había afectado a todos, pero no era capaz de mover un músculo mientras esa muggle loca se encaminaba hacia ellos con el arma en la mano. Draco, al igual que su padre comtemplaba el paso firme de la mujer mientras se acercaba beligerante a Snape.

_¡¿TODAVÍA NO HAS APRENDIDO NADA?!_continuó gritando mientras se aproximaba a él.

En cuanto le tuvo a su alcance, la muggle comenzó a golpear a Severus en los brazos y en el pecho. Eran golpes tremendos, Draco estaba seguro de que hacían daño pese al rostro inexpresivo de su antiguo profesor.

_ ¡No vuelva jamás, JAMÁS, a ningunearme de esa manera!¡ Su maldito afán de protegerme casi me mata! ¿Eso le gustaría, señor Snape?¿tenerme en una urna de cristal? ¡Se equivoca si cree que voy a consentir...!

Snape agarró las manos de Demons contra su pecho con una sóla de las suyas y con su brazo libre la agarró por la espalda, sujetando su nuca con la mano. Sin esperar a que se calmara o se callara, estampó sus labios contra los de ella.

Draco no pudo evitar una sonrisilla cuando la muggle dejó de forcejear y empezó a contribuir activamente en el beso, tanto que Snape la soltó y la abrazó mientras ella se enganchaba a su cuello, enredando sus dedos en el cabello del mago. El ver a su padre arrugando la nariz ante tal demostración de afecto, sólo le hizo reir más.

_¿Me concederá una tregua, señorita Demons o va a dispararme también?

Paula gruñó mientras se separaba de él. Y volvió a golpearle, con menos saña esta vez.

_Le perdono la vida... de momento. Pero discutiremos este punto hasta que le quede bien clarito.

Mientras el señor Prince alcanzaba al grupo ella se lanzó a los brazos de Lucius, estrechando el abrazo exageradamente agradeciéndole, más efusiva de lo que el mago le hubiera gustado, su intervención. Se volvió hacia Draco y volvió a hacer lo mismo, apretándole tan fuerte que casi hace sonrojar al muchacho.

_ Severus, dime, ¿es así siempre?¿tienes que aguantar esto toooodo el día?

El rubio levantaba la nariz aristocráticamente, bastante molesto y sorprendido por la vehemencia de la muggle, poniendo los ojos en blanco.

_ O peor, Lucius_ contestó Snape adecentándose la túnica, sacudiñendola y estirando sus mangas _ pero a la larga... te acabas acostumbrando. A la larga... su comportamiento se hace... tolerable.

Los ojos de Severus siguieron a la muggle, que charlaba animadamente con Draco y volvía a abrazarle.

_Obviamente, está algo... desequilibrada_ comentó Lucius_ Pero...

Malfoy se encogió de hombros antes de reir socarronamente.

_ Pero... , me gusta la forma que tienes de... calmarla...

Por un momento, Snape se enervó y se volvió a mirarle entrecerrando los ojos, calibrando la burla que pudiera haber en sus palabras. Lucius le devolvió la mirada volviéndose a encoger de hombros. Lo único que pudo hacer Severus al ver su gesto fue reirse con él.

Repentinamente, ella interrumpió a Draco, le agarró del brazo y le mandó callar.

_Espera, quiero ver esto. ¡Eh, señor Snape!_ llamó_ . Alguien quiere conocerle.

El aludido enarcó una ceja, curioso, y se giró hacia detrás, donde ella apuntaba con su barbilla.

De todas las cosas impresionantes que había visto Demons en su vida, y últimamente había visto muchas cosas impresionantes, nada, nada fue tan... te faltan las palabras, chica, como el sereno abrazo que se dieron.

Los ojos inquisitivos de Severus se fijaron en la figura negra que se acercaba. La túnica negra, el pelo negro enhebrado de canas, así como su barba, las cejas fruncidas sobre los ojos igualmente oscuros. Era como verse en un espejo.

Enmudeció.

Las palabras se negaban a salir de su garganta y reconoció el hombre el mismo sentimiento mientras veía como el labio inferior le temblaba ligeramente. Severus alargó la mano para estrechar la suya pero, el mago que se aproximaba ignoró su gesto y le apretó en un suave abrazo.

La dureza de Snape se resquebrajó.

Sí, Demons le amaba, aunque su amor no era gratuito, le había comenzado a amar después de conocerle, después de saber de sus ocultas virtudes y sus numerosos defectos. Este hombre le amaba, (oh, sí, podía sentir el amor en ese abrazo) sin conocerle. Sólamente por ser él. Independientemente de cómo resultara ser.

Tan evidente era ese sentimiento que no pudo contenerse (te estás dejando llevar por la presión de estos últimos días, idiota, ¡serénate!) y aferrándose a los hombros del hombre que le sostenía comenzó a sollozar.

Demons suspiró quedamente y se mordió los labios.

_Hey,_susurró Draco_¿estás llorando?

Oh, mierda.

Malditas hormonas.

Sólo hacía unas horas que sabía que estaba embarazada y ya le estaban jugando malas pasadas.

Se secó las traicioneras lágrimas con el dorso de la mano. Carraspeando incómoda.

Severus en cambio, no se avergonzó de las suyas y las dejó correr por sus mejillas. Aún permanecían en ellas cuando él la alcanzó y le dió la mano a la muggle, apretándosela más de lo necesario.

El señor Prince sacó una pequeña tetera de su túnica y pidió que todos la agarrasen.

Eso es lo increible de la magia, estás en Albania y en un parpadeo estás de vuelta en Londres, en la casa del abuelo de Severus.

Demons entró cojeando, deseosa de quitarse el otro zapato y descansar su maltrecho pie sobre la mullida moqueta. Los magos podían quedarse fuera, si querían, discutiendo lo que fuera, ella estaba deseando tirarse en un sillón.

Cuando entró en el salón sus ojos se volvieron inconscientemente hacia la pared donde estaba el árbol genealógico de los Prince, satisfecha de ver brillar en un suave dorado iridiscente el nombre de Severus.

_Así fue como supe que estaba vivo_ el dueño de la casa la había seguido_ Comprendí que era su magia lo que de alguna manera le había abandonado y que de alguna manera había vuelto.

Demons asentía en silencio.

_Seguro que no se ha fijado, ¿ha mirado bien? Al final, no me había mentido... _ Paula observó anonadada su nombre al lado del de Severus_ ... es usted su mujer.

La muggle no podía salvo asombrarse.

_¿Le ha pedido que se case con él?_ inquirió curioso, ella siguió moviendo la cabeza, diciendo que sí_ ¿y han puesto fecha?

_Aún no le he contestado_ confesó.

_ Pero sabe lo que le va a decir _ dijo el mago sonriendo_ ... aunque no seré yo quien desvele su respuesta. ¿Ve esa línea que surge hacia abajo de entre los dos? Así supe que estaba embarazada. En ese momento me puse en contacto con el muchacho de los Malfoy. Él supo dónde estaban gracias a ese aparatejo muggle que le dió.

_Pero.. es imposible, yo no tenía cobertura allí para que nos pudiera localizar con el GPS y perdimos el móvil la noche antes... o dos noches antes_ había perdido la noción del tiempo en la cabaña.

_ Con magia, nada es imposible...

Magia...

¡Cómo había olvidado que hay una magia para casi todo! se dijo irónica.

Estaba cansada. Pidió una ducha y una cama, olvidándose de Severus. Se imponía la tiranía de su cuerpo cansado.

Cuando Severus entró en el dormitorio llevaba un plato de sopa (sopa real no sopa de tierra) a su delgada compañera de fatigas, pero estaba tan profundamente dormida...

Pasó la mano por su brazo, acariciándola suavemente. Suspiró renegando del tiempo que había estado hablando con su abuelo, (¡Abuelo! Aún no me lo creo), era tiempo que había pasado sin estar con ella, sin hablar con ella.

La dejaría dormir.

Mañana, pensó mientras se acurrucaba a su espalda, abrazándola, pasado mañana, el otro... hay tiempo. Tenemos toda la vida.