Demons se despertó de repente.

Su mente tardó unos segundos en tranquilizarla, en convencerla de que estaba a salvo en las afueras de Londres, y no perdida y al borde de la muerte en un bosque de Albania.

Exhaló lentamente, disfrutando de la seguridad de la blanda cama y del refugio que ofrecía el cuerpo de Severus a su espalda.

Se acurrucó con él.

Pobre Severus.

Seguramente, él habría querido hablar con ella. Estaba tan cansada, tan abotargada después de lo ocurrido, que era más urgente atender las necesidades de su propio cuerpo que las de su amado.

Su aliento le entibiaba la nuca. El calor descendía por su columna y ella se pegó, con cuidado, tratando de sentir mejor su calor reconfortante.

_Estoy despierto_ susurró él_ Estoy... esperándola.

Sus brazos la envolvieron en un placentero abrazo.

_¿Está impaciente, señor Snape?

Su voz sonaba gruesa, pastosa.

_ Para fabricar una buena poción, los ingredientes necesitan cocer el tiempo suficiente. No soy una persona impaciente. Aunque usted, tiene la bendita facultad de hacer que me sienta impaciente_mordió su nuca con suavidad_ ¿Puedo preguntar cómo te encuentras sin que me apuntes con un arma?

Demons sonrió.

_ Me encuentro bien.

_Demons... nunca has usado menos de siete palabras para describir tu estado.

Paula rió. Eso estaba bien, su risa... era como un universo de brillantes estrellas en un cielo oscuro.

_Estoy... cansada, nerviosa, incrédula, emocionada...

_... van cuatro, ánimo, pequeña.._ bromeó Snape

_ aliviada, hambrienta y ... ¡embarazada!.

Snape volvió a reir.

_Bueno, señorita Demons, alguna de esas cosas tienen remedio. Me refiero a lo de hambrienta. ¿Quieres algo de comer? ¿Algún... antojo?

Paula volvió a reir.

_Luego. Cuando me digas por qué estas tan impaciente.

Snape tomó aire antes de pronunciar lentamente.

_Aún estoy esperando una respuesta.

¡Oh Dios! Demons sintió la tentación de volver a Albania.

_ Severus... ¿Tú crees que soy hermosa?

El mago arrugó las cejas detrás de ella.

_No entiendo, claro que me pareces hermosa.

_Pero no lo soy_ matizó ella_. Mírame, mírame como si no me conocieras. Mi pelo es corriente: ni rubio ni negro, ni largo ni corto. Mi cara es corriente, proporcionada, sí, pero no hermosa, nadie se quedaría boquiabierto después de verme. Mis ojos son marrones y vulgares, mis labios... bueno, quizá eso no esté mal. Mira mi cuerpo. Tengo el cuerpo y la estatura de una prepúber adolescente. Menuda, escurrida, casi sin curvas. Mis pechos son pequeños y mis piernas delgadas.

"No, Severus" concluyó, "no soy hermosa".

"Además... ¡oh, Severus! ¡Soy una persona intratable! Egoísta, cabezota, dominante, fría y ambiciosa en lo profesional. Soy una déspota con mis subordinados, ¡incluso con mis amigos! Ya ves, sólo tengo dos: Deborah, que me soporta porque me admira y Harry, porque creo que aún no ha perdido la esperanza de llevarme a la cama... Incluso mi familia no es capaz de aguantarme".

Demons prefería hablarle así, mientras le tenía a su espalda y no tener que enfrentar su mirada.

_ Soy cabezota. No me gusta admitir mis errores y cuando lo hago, me los increpo a mí misma e intento solucionarlos o compensarlos, ateniéndome a las consecuencias, pero no los reconozco ante los demás y rara vez van acompañados de una disculpa. No soy cariñosa, Severus, no soy tierna... He sido exigente y cruda con mis amantes, y cuando me lo propongo puedo ser muy cruel.. a veces hasta sin proponérmelo... incluso contigo... _ Paula suspiró, con él era diferente, con él le gustaba afrontar el amanecer_ Tampoco se puede decir que nuestra relación haya tenido unos cauces normales hasta ahora... Cuando tratamos de llevar una vida normal, tú te fijaste en Lola ¿recuerdas? y luego te volcaste en la magia oscura...

Demons agarró una de sus manos contemplándola, acariciándola, jugando con sus dedos pequeños entre los largos de Severus y continuó hablando.

_Tengo lugar en mi corazón para un solo sentimiento: si estoy enfadada, estoy terriblemente enfadada; si estoy alegre se borra toda preocupación o sufrimiento; si estoy... excitada... entonces que se acabe el mundo si no tengo lo que quiero...No me cabe más que un sólo un sentimiento de cada vez... y eso me hace ser impulsiva e inconsciente. No sopeso las consecuencias de mis actos. Soy... ¿cómo dijiste? primitiva y simple. Aunque tú no creas, no es que no tenga miedo, es que aparento que no, actúo como si no, pero sí que tengo miedo. Ahora mismo me aterra estar embarazada. No sé de dónde voy a sacar la paciencia necesaria para criar un niño... En estos momentos tengo un miedo atroz a comprometerme a pasar toda la vida contigo y... equivocarme.

Ea, ya está. Ya se lo había dicho todo. Bueno, casi todo, le faltaban un par de cosas.

Snape suspiró y dejó que Paula siguiera jugando con sus manos antes de barritar junto a su oído.

_Bonito discurso, pero eso no responde mi pregunta...

Con determinación la hizo girar en la cama para tenerla de frente. Luego funció las cejas y la miró con detenimiento.

_Tiene razón, señorita Demons, no es hermosa. Pero hay que fijarse mucho para darse cuenta, porque despliega sus otros encantos como un prestidigitador, engañando al ojo, haciéndola parecer hermosa. Su pelo, sin ser destacable, tiene un sutil aroma que me hace olisquearlo cada vez que se aproxima y la mayoría de las veces no puedo evitar besarlo. En sus vulgares ojos marrones habita el universo, Demons, hay miles de estrellas ahí esperando el momento adecuado para encenderse como pequeñas hogueras. Sus labios... tampoco puede vanagloriarse de ellos, pero... ay... cuando se entreabren esperando un beso o cuando se estremecen trémulos, o cuando los muerde reprimiendo su deseo... se convierten en unos labios muy, pero que muy apetecibles...

Apenas escuchó la última palabra porque Severus la estaba susurrando contra su boca mientras tomaba cada uno de sus mencionados labios entre los de él y avanzaba su lengua, explorando tentativamente, provocando un beso.

_ Es cierto que es pequeña, lo cual me permite levantarla en peso y manejarla como una muñeca, cosa de lo que no se ha quejado nunca, si recuerdo bien y créame, recuerdo muy bien nuestros... "encuentros". Y el que sus pechos no sean grandes no es en absoluto un problema. Sólo el saber que los lleva desnudos bajo la ropa hace que me recorra una oleada de deseo. Ni las fresas son tan deliciosas como sus pezones...

Y como para ratificar sus palabras bajó lentamente su cabeza alcanzando su escote y con extrema delicadeza, los saboreó provocando un cosquilleo eléctrico entre sus labios y la ya rugosa y encendida piel de su areola.

_Ni las fresas_ aseveró_. En cuanto a lo de sus curvas poco pronunciadas... no se preocupe, mientras siga caminando con ese sinuoso contoneo, no habrá hombre en el mundo que se de cuenta de sus carencias hasta que no le importen lo más mínimo.

Hablaba con su voz más suave y profunda mientras sus dedos recorrían su espalda con largas caricias, rozando a veces con las uñas, dibujando figuras imposibles y luego sus grandes palmas cubriendo la piel de sus caderas y aún más abajo, hasta sus muslos.

_Y si sus piernas son delgadas... se ven exquisitas cuando lleva tacones y falda corta.

Hablaba despacio con su cara de póker, como podría haberle hablado en cualquier cafetería, pero sus manos bajo las sábanas la recorrían con sabiduría haciendo crecer el deseo de tocarlo. La inflamaba, la incendiaba...

_Pero no me engaña con su acalorado discurso que enumera sus defectos, no me impresiona. Incluso se ha dejado alguno, se ha dejado la vanidad que le hace esperar que rebata sus argumentos diciéndole lo loco que me vuelve a pesar de ellos o..., déjeme que suspire... precisamente por ellos. Conque_ uno de sus dedos dibujó la línea que unía sus dos muslos mientras le hablaba severo, dispuesto a leerle la cartilla_, le da miedo equivocarse al responderme...Uhm.. Dígame, ¿le da miedo equivocarse si me dice que sí o le da miedo equivocarse si me dice que no? ¿Callamos, señorita Demons? Prefiere que sufra sin saberlo, claro. Usted no quiere no contestarme, usted quiere que le suplique y no, Demons... debe saber ya que... no soy de los que suplican.

El dedo de Severus había llegado al inicio de sus muslos y seguía dibujando olas y espirales arriba de sus piernas, en el triángulo que formaban con su cuerpo. Demons quería abrirlas y sentirle un poco más... dentro.

_Empieza a retorcerse, vanidosa dictadora egocéntrica, ahora podría hacer que su capacidad de raciocionio saliera por la puerta y pedirle lo que fuera que me diría que sí, pero yo... yo no soy tan cruel como usted.

La mano de Snape acariciaba cálida y enervante.

_Así que, dígame, ¿está disfrutando de tenerme a su merced? Estoy en este mundo gracias a su ladina imaginación, a su carencia de sentido del peligro y su terrible sangre fría.

La boca del mago volvió a hablarle a sus labios con su ronco acento desesperado mientras la envolvía entre sus brazos pegándola a su pecho.

_Sentí como se paraba tu corazón, insensata. Podrías haber muerto y ahora me puedes hablar de tus miles de defectos que ninguno va a enmascarar... que me amas.

La besó con la garganta rugiente.

_ Pequeña idiota...

Se perdían las palabras entre el chasquido mudo de sus labios...

_...Me amas...

... entre la fricción de sus cuerpos.

_... y tu Dios no va a compadecerse de tu mala elección...

Aferró su pelo devorándola ávidamente, buscando con su otra mano el escondite perfecto de entre sus piernas, abriendo sus muslos, hundiendo sus dedos, rugiendo satisfecho al escuchar su primer gemido... Momento en que se separó de ella mirándola con ojos crueles y maliciosos..

_No creo que debamos seguir, ... en tu estado... será mejor ser más suaves, ¿no crees?

Si Demons iba a hablar, Snape lo impidió con un nuevo beso.

_Voy a hacerte el amor con tanta dulzura que vas a destilar azúcar, maldita aprendiz de vampiresa.

¿Cómo podía decirle eso y al mismo tiempo conseguir que su voz sonara... peligrosa.

_¿Es una amenaza?_consiguió preguntar al fin.

Snape le dedicó una sonrisa torcida.

_No, querida, es un hecho.

Rodó sobre ella sin dejar que sintiera todo su peso, mordiendo su labio inferior y tirando de él hasta que escapó de la cárcel de sus dientes, y mordió despues con igual delicadeza su barbilla y su garganta. El aliento que exhalaba, humedecía ligeramente su cuello. Demons no sabía de dónde había sacado la seda que envolvía sus labios pero dejó que recorriera su cuello y besara sus clavículas mientras se hacía un hueco entre sus delgados muslos.

Demons resistió la tentación de sujetar y guiar su cabeza y dejó que explorara su pecho a libertad y posó las manos en su ancha espalda, cerrando los ojos, tratando de calmar su corazón que aleteaba cual mariposa. El aquí y el ahora. El aliento de Severus sobre su piel allí donde hundió su mano portando el cuchillo. Oía un ronco gruñido surgir de su garganta como el de un lobo antes de atacar y ella se estremecía. No la engañaba con su tacto dulce, con sus suaves besos. La fiera seguía habitando su pecho y, aunque sus manos la dibujaban con deliberada lentitud y, aunque sus besos eran ligeros sobre su piel, bajo sus labios seguían sus dientes afilados.

Cerró los ojos, se concentró en sentir el roce de su nariz y la punta de su pelo pinchando su piel, mientras él adoraba uno y otro de sus senos.

El calor se abría paso dentro de ella. Su cuerpo era un caldero, Severus el fuego que la hacía borbotear juntos habían logrado la alquimia necesaria para crear una nueva vida.

Magia.

No podía ser otra cosa.

Magia era lo que hacía que su interior se fundiera y formara esferas que casi sentía estallar en su piel.

Magia, las oleadas que la recorrían del pecho al sexo y que su cerebro se empeñaba en transformar en placer.

Magia, el tacto de las manos de Severus, el calor de su aliento quemando su piel, el deseo que nacía hambriento entre sus piernas.

Demons echó la cabeza hacia atrás y el cuerpo hacia delante, hacia Snape, y él la atrapaba con sus manos, frenando su avance.

_Calma. Tenemos todo el tiempo del mundo y pienso emplearlo en volverla loca.

Ella resopló. Él rió, soplando involuntariamente sobre su pubis. Ella volvió a alzarse, o ese mago bajaba su bendita cabeza y la colocaba entre sus muslos o ella... ella...

Ella gimió y Severus entró en el paraiso al sentir los dedos de ella entre su pelo, empujándole.

_¿No me ha oído?

¿Por qué tenía que ser su voz tan hipnótica y estremecedora? Mierda, Severus,... te odio. Obedientemente retiró sus manos, suspiró.

_Si quiere..._propuso Snape con su voz profunda_ ... puede abrir sus piernas para mí.

_¿Y si no quiero?

Severus chasqueó la lengua.

_ Eso no es ser dulce, no juege sucio... pero si no quiere... sé cómo hacer para que quiera.