Amores de tejado

¿Celoso, yo?

¡Hola! ¡Lamento la tardanza! :c he estado muy ocupada trabajando estos días de navidad; pero ahora soy libre (?) Y les traje un capítulo largo jiji

Espero que lo disfruten!

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Adrien llegó temprano al salón de clases, tenía la intención de disculparse con Marinette por dejarla hablando sola ese día de San Valentín, su consciencia no lo dejaba tranquilo por ello. Sin embargo, ella aún no llegaba. Decidió ir a esperarla a la entrada de la escuela. Ya faltaban cerca de cinco minutos para entrar a clases y al fin divisó una cabellera azul marino entre las demás. Ella venía hablando con Alya, no muy feliz, al parecer. Se acercó sus compañeras, a paso firme.

— Marinette —llamó, ambas lo miraron por reacción. Sin embargo, la de ojos azules sintió como su alma abandonaba su cuerpo. ¡Adrien Agreste la llamaba y caminaba hacia ella!

— N-no puede ser… —susurró a penas.

— Vaya, parece como si el universo conspirara en tu contra.

— G-gracias, amiga —contestó desanimada. Por suerte, el Agreste no escuchó nada.

— Hola, chicas. Marinette, necesito hablarte un momento, ¿me acompañ-?

— ¡Yuju, Adrien! —una voz chillona lo llamaba a lo lejos, de pronto sintió como una rubia se colgaba de su brazo y se le acercaba bastante—. Al fin te encontré, te he estado buscando toda la mañana. Vamos, tengo que informarte algunos detalles de la cena de esta noche.

— ¿Q-qué?

— No te hagas el tontito, sabes de qué hablo. Ibas a cenar hoy en mi casa, ¿recuerdas?

— Oh, sí. Yo…lo lamento, Chloé, no puedo hoy.

— ¡¿Qué?!

— Es que…salió otra sesión de fotos, ya sabes cómo es esto.

— Agh, ¡no estoy nada feliz, Adrien! —suspiró pesadamente, tratando de calmarse—. Pero está bien. Sólo por ser tú, te perdonaré. Pero vendrás a cenar conmigo uno de estos días, acuérdate de estas palabras —y se fue coquetamente de ahí.

"Al fin…", suspiró aliviado.

— Ahora, Marin-, ¿Marinette? —ninguna de las dos chicas estaba en el lugar, se habían ido. La campana sonó.

"Demonios, lo hice de nuevo. Soy de lo peor…", se regañó a sí mismo mientras corría al salón de clases.

A pesar de sus intentos durante el resto del día, tampoco consiguió hablarle. Y ella se fue rápidamente al terminar las clases.

Había perdido su oportunidad.

— ¿Estás listo, Plagg?

— ¿Eh? ¿A dónde crees que vas?, es hora de mi queso, niño.

Vamos —corrigió—. Recuerda que ayer, Cat Noir le prometió a Marinette acompañarla a ese parque de diversiones, ¡vamos, será fantástico, he querido ir desde hace meses y…!

— Espera un momento —lo frenó su kwami— ¿Entonces tienes una cita con esa niña compañera tuya?, hm…interesante "así podría estar más tiempo cerca de Tikki…bueno, no es que eso sea necesario tampoco, pero…"—. Bien, tienes mi bendición, vámonos.

— ¡O-oye, que cosas dices! ¡No es una cita! Sólo vamos como amigos, ya sabes.

— ¿Estás seguro? —le preguntó con una sonrisa malvada que hizo que Adrien se sintiera derrotado sin siquiera ser parte de la batalla.

— ¡P-por supuesto que sí, Ladybug es la única chica para mí! —aludió con ojos enamorados.

Plagg suspiró pesadamente, deseaba poder decirle que esa niña era la heroína por la que tanto babeaba y terminar con ese show de una buena vez, pero la regla era no interferir, y probablemente Tikki lo regañaría también.

"Si fuera por mí, le diría todo de una buena vez y así nos ahorraríamos este melodrama de amor no correspondido".

— Como digas, genio —musitó sarcástico, Adrien volvió a fruncirle el ceño, pero lo olvidó fácilmente con la idea de un día de libertad y diversión.

— Bien, ¡transfórmame, Plagg! —antes de salir tomó una gorra de beisbol para "pasar más desapercibido".

Y en un santiamén, Cat Noir estaba corriendo y saltando por los tejados de la ciudad para llegar al lugar de encuentro. Sonrió gatunamente al ver a Marinette esperándolo en la esquina de la entrada, la chica tenía su vista perdida en un edificio cercano, más precisamente, en un anuncio gigante de Adrien promocionando un perfume. Pero él no lo notó.

"¿Qué pasó hoy…? Adrien actuaba extraño. Aunquedijo que quería hablar conmigo, pero luego…", recordó como Chloé lo tomó y nuevamente le arrebató la oportunidad de hablar con él.

"Chloé va en serio", concluyó pensativa. Aún debatiendo si debía jugársela por él u olvidarlo.

— Adrien… —suspiró.

— ¡Hola!

— ¡Ah! ¡C-Cat Noir!

— ¿Estás bien?

— Sí, s-sólo me asustaste.

— No temas, princesa; tu guardián ya está aquí —dramatizaba, mientras Marinette rodaba los ojos y se reía.

— Sí, sí, ¡ahora vamos! —lo tomó de la mano, para correr con él a la rastras, hacia la fila para entrar. El héroe no pasó el detalle por alto, a pesar de que sólo fueron unos segundos, pues ella lo soltó casi de inmediato.

"E-es sólo un gesto de amigos, n-no hay nada de qué preocuparse, ¿cierto?", trataba de auto-convencerse Adrien.

— ¿Qué sucede que te quedaste callado de pronto, el gato te comió la lengua?

— Jé, sabía que en el fondo adoras los chistes de gatos, ¡como todo el mundo!

— Jaja, ¿en qué mundo vives tú?

— ¡En un mundo gatotástico, lleno de princesas divertidas, y heroínas hermosas, y valerosas, y…!

— Jajaja, okey, ya sabemos quién no comerá más azúcar hoy.

— ¡Hey!

Marinette se reía divertida, hasta que logró contagiar al de ojos verdes. Al fin lograron entrar y trataron de pasar desapercibidos, pero siendo él Cat Noir, era casi imposible; por suerte para Marinette, no reparaban mucho en su presencia.

Se subieron a varios juegos, al principio iban nerviosos, y ya luego se soltaban, se reían y conversaban entremedio.

Llevaban cerca de una hora divirtiéndose, Marinette fue al baño y él la esperaba afuera; cuando una niña, de unos 11 años más o menos, se acercó tímidamente a Cat Noir, con un semblantes triste.

— D-disculpa, Cat Noir. So-soy una gran admiradora tuya, y…me preguntaba…si tú…si tú y esa chica…son n-novios.

— ¡¿Eh?! ¡¿Te refieres a Marinette?! No, no, sólo somos amigos.

— ¡¿De veras?! —sus ojos volvieron a tener una ilusión palpable.

— Así es, pequeña doncella —le guiñó el ojo, logrando que la niña se fuera de ahí con una gran sonrisa y suspirando. Pero Cat Noir se quedó pensativo. ¿Será que los demás también piensan que salgo con Marinette? ¡¿Lo pensará ella también entonces?!

— Ahí estás, gatito, ¿quieres ir a…?

— Marinette —la frenó—. Necesito decirte algo… —se le acercó, serio. Ella se extrañó, por un momento creyó que había peligro cerca.

— ¿Qué sucede? —miraba a los alrededores buscando alguna señal de problemas.

— Yo…es que yo…es que tú…y nosotros, bueno…no es que nosotros, ya sabes… ¿me entiendes, verdad? —Marinette quedó marcando ocupado y mirándolo como si hablara coreano.

— Eh…no —él suspiró agobiado. ¿Y si ella se había hecho ilusiones? ¡¿Y si él le gustaba ahora?! "Bueno, no es que la idea me moleste del todo, ¡pero tendría que rechazarla, pues yo sólo amo a My lady! ¡Pero dijo que ya la había rechazado otro chico, esto la destruiría!"

— ¿Cat Noir? ¿Por qué tienes esa cara de espanto? Creí…que lo estabas pasando bien —eso lo hizo reaccionar y de inmediato la abrazó, por unos largos y algo incómodos tres segundo, para Mari. La soltó al darse cuenta de su idiota impulso contradictorio, ¡tenía que aclararle las cosas, no ilusionarla más!

— ¡Discúlpame! ¡Claro que la estoy pasando estupendo! Es que yo… tengo que ser claro contigo y…decirte que…bueno, eres una gran amiga, te tengo cariño y…y yo…yo…

— ¡Wuoh, wuoh, espera, ¿no irás a decirme ahora que yo te gusto, verdad?! —Marinette tragó pesado, nerviosa.

— ¡¿Qué?! ¡No, no, nada de eso! ¡Hey, tú eres quien debe entender que sólo somos amigos y que yo sólo amo a…!

— Ladybug… —terminó ella rodando los ojos, sin creer esas palabras todavía—. Lo sé, lo sé. ¿Cuál es el problema entonces?

— Eh, pues…es que creí que podrías estar confundiéndote conmigo y…

— ¡¿Qué?! Jajajaja —su risa estalló, y el héroe no sabía cómo sentirse—. No seas paranoico, gatito, sabes que me gusta otro chico, ¡te he hablado de él desde hace días! Jaja.

— Pues sí, pero… —y nada más salió, era cierto todo, y ahora se sentía un perfecto idiota—. Tienes razón, mejor olvida lo que dije.

— Mm…lo pensaré. De todas formas no te asustes ¿sí?, sólo somos buenos amigos, nunca vi esto como una cita.

— S-sí, tampoco yo.

— Además… —suspiró cabizbaja—. Aunque lo he intentado no he podido olvidarme de A-… d-del chico que me gusta.

— ¿Ah no? ¿Lo ves muy seguido?

— Sí, bastante, y así es más difícil. Pero a la vez, ¿cómo podría no quererlo? ¿No admirarlo? Él es tan lindo, inteligente, amable y elocuente.

— Hm… —"por alguna razón suena a que es…todo lo contrario a mí". Algo de esa frase le dejó un mal sabor en su autoestima.

— ¡Y eso no es todo! También tiene talento para tantas cosas, y es tan guapo y paciente…

— Já, vamos, princesa, nadie puede ser tan perfecto.

— ¡Él lo es! —volvió a suspirar abatida—. Y es por eso que no sé como podré olvidarlo.

— Hm…no lo creo, debe tener defectos, como todo el mundo; o quizás lo finge todo por algún motivo… "como yo".

— ¡No está fingiendo! No él, no creo que sea un mentiroso.

"Auch", pensó el rubio, disimulando.

— No puedes estar segura de eso hasta que lo conozcas bien, y eso sólo pasará cuando comiences a notar sus defectos. Además, pienso que la perfección es una ilusión, y lo que hace que las personas sean interesantes, son precisamente sus defectos.

— Wuau…eres más profundo de lo que cre-

— ¡Mira! ¡Son globos brillantes! —y en dos segundos, el chico gato estaba tratando de decidir qué globo de helio, de colores brillantes, se llevaría consigo. A Marinette pareció rodarle una gotita en la nuca.

Cuando al fin decidió que se llevaría el verde claro, se fueron al resto de las atracciones. La diversión inundaba el lugar, y mientras iban caminando a su siguiente juego, Marinette notó una cabeza rubia pasar por su lado y se volteó sorprendida, pensando que era Adrien, pero era otro chico. Suspiró de nuevo, apesumbrada.

— ¿Qué sucede, princesa? ¿Por qué esa cara larga?

— Es que creí ver…olvídalo, no es nada.

— ¿Ese famoso chico perfecto tuyo otra vez? Bah. Princesa, no debes angustiarte por tipos como él. Además, ¡ahora estás con el gran héroe de la ciudad! Un privilegio que sólo le otorgo a mi amada lady —se infló el pecho con orgullo.

— Si… —le respondió distraída. Él se sintió algo inferior al famoso chico que describía su amiga, su cara demostró su molestia.

— Estoy seguro de que él es un imbécil y puedo probártelo.

— ¡Cat!, ya te dije que no hablaras mal de él, ni siquiera lo conoces.

— No necesito conocerlo, princesa. Estoy 100% seguro de que me prefieres a mí que a él. Después de todo, fue a mí a quien invitaste. ¿O es que acaso le preguntaste a él primero? —su cara mostraba seguridad, pero por dentro estaba nervioso. "¡¿Lo habrá hecho?!"

— Pues no, no lo invité…

— ¡Y aún así lo estamos pasando estupendo! ¡¿Lo ves?! ¡Puedes disfrutar más conmigo que con él, princesa! —Seguía aludiendo con orgullo—. Además, yo soy más fuerte que él —de eso estaba seguro—, más valeroso, más divertido y obviamente más apuesto —Marinette comenzó a reírse, olvidando su tristeza.

— Ay, gatito, si no te conociera, diría que estás celoso… —soltó sin tomarle el peso al asunto y distraídamente. Mientras que el héroe sentía como le lanzaban un balde de agua fría.

— ¡¿C-celoso, yo?! ¡Pff! ¡¿C-cómo crees?! ¡El gran Cat Noir no necesita estar celoso de nadie! Además yo…

— ¡Oh, mira, Cat, hay una cabina para sacar fotos! ¡Ven, vamos! —lo tomó del brazo y lo llevó casi corriendo, ignorando totalmente al chico. Sacaron varias fotos, la mayoría de ellas eran chistosas, menos una, en la que él salía abrazándola por la espalda y cargando su mentón en la cabeza de la chica, mientras ella lo tomaba del brazo con aprecio.

Ya estaba anocheciendo, cuando ambos iban caminando hacia la casa de Marinette, conversando alegremente sobre el pobre chico que había vomitado en una montaña rusa, sobre una presuntuosa y consentida chica adolecente, a la cual habían escuchado quejarse todo el rato que hicieron esa fila para el juego.

— ¡¿Viste la cara que puso?! ¡Dios, era para retratarla! —comentaba Cat Noir.

— No te diré que no me reí, pero igual me dio lástima al final.

— Eres muy compasiva, princesa.

— ¿Eso es bueno?

— Mm…lo es para mí —le dedicó una sonrisa, que ella correspondió. Llegaron a la puerta de la casa.

— ¿Quieres comer algo? Mi padre hizo una tarta de frambuesa en la mañana.

— ¡¿De veras?! —sus ojos gatunos brillaron—. Pero… ¿crees que sea buena idea que tus padres te vean conmigo?

— Mm…no estoy segura. Mejor nos vemos arriba, en el techo, ¿sí?

— De acuerdo.

Al cabo de diez minutos, ambos estaban afuera, viendo como las estrellas se tomaban el cielo, mientras las últimas líneas anaranjadas se evaporaban. La conversación fluía fácilmente entre ellos, después de todo, no había nervios en medio.

— ¡¿Qué?! ¡Claro que soy mejor que Batman! Él sólo tiene dinero y por eso se luce, ¡en cambio yo tengo talento, fuerza real, poderes espectaculares! ¡Podría vencerlo con los ojos cerrados!

— Jaja, si tú lo dices.

— ¿No me crees, princesa? —preguntó ofendido— ¡Pues arreglaremos esto inmediatamente!

— ¡O-oye, ¿qué haces?! —pero era muy tarde, Cat Noir ya la había tomado en brazos, como a una princesa, y corría rápidamente por los techos de París, mientras ella se aferraba a su cuello, algo asustada por la sorpresa— ¡Cat! ¡¿Qué crees que haces?!

— ¡Demostrándote que soy en mejor, princesa! ¡Mejor que tu chico perfecto y mucho mejor que Batman!

— ¡¿Eh?! —cuando entendió que iban a la torre Eiffel, precisamente al lugar más alto de esta, se calmó. Ahora captaba su plan.

Cat Noir la bajó finalmente. Y debía admitir que la vista que tenían de la ciudad, más la hermosa luna llena de enfrente, la cautivaron.

— Es hermoso… —dejó escapar.

— Lo sé. ¿Ves que soy el mejor?

— Jaja, creo que ya no puedo rebatirlo —esas palabras lo hicieron sonrojar, a pesar de que ella seguía distraída por la vista.

— Entonces… ¿crees que soy mejor que el tonto perfecto ese?

— Pues…tal vez —concedió ella, sonriéndole.

— ¡Já, lo sabía! Nadie se iguala al increíble Cat Noir.

— Tú y tu ego, gatito —rodó los ojos ella—. Espero que no te hundas por el —molestó.

— ¡Já, descuida, princesa! My lady me salvará cuando esté en problemas.

— Jaja, cuenta con eso —aseguró sin mirarlo, ni pensarlo. El rubio se extrañó un poco, pero sonrió feliz de que alguien más supiera que su lady lo apoyaría cuando la necesitara.

— Me gustaría que estuvieras con alguien que te apoyara también, princesa, con alguien que te merezca de verdad; no como ese tonto de… — "Espera, aún no sé su nombre"

— Adrien…

— ¡¿Qué?! —por un momento sintió su estómago en la garganta. ¡¿Lo había descubierto?!

— El chico que me gusta…se llama Adrien Agreste, somos compañeros de clases, pero la verdad, no hablamos mucho —comentó con una triste sonrisa. Mientras que las mejillas del Cat Noir ardían con furia y sus ojos seguían mirándola sin creérselo.

"¿E-en verdad le gusto yo? ¡¿Yo soy de quien hemos estado hablando todo este tiempo?!"

— Y-ya veo… —no sabía que decir, su mente había quedado en blanco. ¡Él le gustaba a Marinette! ¡¿Qué debía hacer ahora?!

— Por favor, no se lo digas a nadie. Yo sé que él no me corresponde, y tampoco quiero incomodarlo diciéndole mis sentimientos, sabiendo que no tengo oportunidad. Prefiero que piense que todo está igual entre nosotros, y que no crea que me debe algo.

Cat Noir la miró sorprendido y angustiado. Aún con el dolor del amor no correspondido en su pecho, ella seguía pensando primero en los sentimientos de él, antes que en los propios.

"Marinette…". Nunca había reparado en lo gentil que podía llegar a ser su compañera. Ahí se dio cuenta de que la conocía muy poco. Y ya luego de este año, quién sabe si la volvería a ver tan seguido.

— Confía en mí, princesa. No le contaré a nadie —aún se sentía avergonzado, pero al menos quería calmarla.

— Gracias —le sonrió con cariño, para luego abrazarse a sí misma cuando una brisa fría se cruzó entre ellos.

— ¿Tienes frío?

— S-sí, creo que es mejor que volvamos.

— D-de acuerdo —se acercó a ella, y tímidamente la tomó en brazos, su corazón latía rápido ahora, sin saber porqué.

— ¿Estás bien? Tienes la cara muy roja, tal vez te insolaste en el parque —se acercó a su rostro para asegurarse, pero sólo logró ponerlo más nervioso. Adrien la miraba tras la máscara, paralizado por sus hermosos y preocupados ojos zafiro.

— N-no es nada, en serio, descuida. S-sujétate, ¿sí? —y ella pasó sus brazos por el cuello masculino. El rubio tragó pesado, tratando de controlar sus ligeros temblores, para irse con ella en brazos hasta su casa.

Marinette se extrañó de que Cat Noir estuviese más callado de lo normal, pero no le dio mucha importancia. Cuando llegaron a su casa, él la dejó en su pieza, pero se quedó en la ventana, listo para despedirse. Ya era tarde.

La Dupain-Cheng se sentía más aliviada luego de contarle de sus sentimientos a su amigo, y de esa divertida tarde de distracción. Sin pensarlo mucho, abrazó por el cuello a Cat Noir, quien quedó inmóvil ante el contacto.

— Gracias por acompañarme hoy, gatito; me divertí mucho —él se tranquilizó al oír eso y la abrazó de vuelta.

— También yo —"eres genial, Marinette", se soltaron y se sonrieron con confianza—. Buenas noches, princesa —le besó la mano rápidamente, para luego irse saltando de ahí.

"N-no sé si debí hacer eso", pensaba, refiriéndose al beso en la mano, ¡pero es que no pudo evitarlo!, le nacía ser coqueto con Marinette y con su lady.

"Ahora que lo pienso, me siento cómodo estando con Marinette, pero ella no conmigo… con Adrien. Bueno, ahora entiendo porqué…"

Cuando llegó a su pieza, su transformación se deshizo de inmediato, y un agotado Plagg se tiró a la cama, jadeando. A pesar de que no pelearon, estuvo muchas horas con el traje.

El rubio, por su lado, caminaba como gato enjaulado en su pieza, sin saber cómo proseguir ahora.

— N-no puedo creer que le guste a Marinette… —susurró más para sí mismo, mientras le daba un trozo de queso al kwami—. Y estuve hablando mal de mí mismo todo el día. Vaya que fui ciego…

Plagg, al recuperar energía, comenzó a reírse estruendosamente. Adrien lo miró sin entender.

— ¿De qué te ríes?

— ¡No puedo creer que estuviste celoso de ti mismo todo el día!

— ¡E-eso no es cierto! ¡Yo nunca estuve celoso! —reafirmó sonrojado.

— Sí, claro… —musitó sarcástico.

— ¡Mi corazón sólo pertenece a my amada lady! —declaró, auto-convenciéndose.

— ¿Estás seguro? —provocó Plagg.

— ¡P-por supuesto que sí! —pero en sus ojos había una chispa de duda, de la cual Plagg se colgaría para divertirse un rato, ya lo había decido.

— Hm… qué raro…

— ¿Qué cosa?

— Nada, nada.

— Vamos, Plagg, dime.

— Es que juraría que antes hablabas más convencidamente de tu amor hacia Ladybug, en fin, ¿qué importa? Me iré a dormir.

— ¡¿Eh?! ¡¿Qué significa eso, Plagg?! ¡Plagg, despierta! —pero el kwami roncaba "profundamente dormido", sin escucharlo.

"Jeje, esto podría ser divertido"

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Espero que hayan pasado una feliz navidad c: subiré el siguiente dentro de esta semana.

Nos veremos pronto! :D