_Está borracho, señor Snape _rió.
_ Y lo estaría mucho más_ contestó con voz pastosa_ si no se hubiera empecinado en que era hora de volver a casa.
_ Mañana tendrás un dolor de cabeza tremendo y una resaca bastante incómoda_ replicó Demons mientras le sujetaba y ayudaba al tamboleante profesor de pociones a quitarse la chaqueta.
Snape le dedicó una ceñuda mirada turbia.
_Me lo estaba pasando muy bien con su padre, pequeña aguafiestas... ¡es Nochebuena, por Dios!
_Sea preciso, señor Snape, es Navidad. Concretamente, desde hace cinco horas.
Los zapatos de Snape resonaron al caer al suelo.
_ Shhhh..._ Severus les ordenó silencio. Demons rió._ Shhhh...
¡Ahora la mandaba callar a ella!
_ No creo que mañana te parezca muy divertido... _Vale, ahora tenía que ignorar el cosquilleo en la piel que le provocaba el gesto de Severus al aflojarse el nudo de la corbata.
_ Me ha parecido diveridísimo. Sobre todo la parte en que le has ganado la apuesta a Lola. ¡Deberías haber visto tu cara cuando ella dijo que, esta vez, no serías capaz de meter ni una bola con esa...¿Cómo la llamó?
_¡Severus!_protestó.
_¡Enooorme barriga!
_ ¡Oh, cállate, por favor!
_ Imponente, tremenda, majestuosa, soberbia, ¡gigantesca!...barriga... Y ahí fué, mi chica, clavando una tras otra las bolas en las troneras... clavando..._ pronunció lentamente Snape con la voz ebria_ Bonita palabra...
De repente, la habilidad de Severus desabrochando los botones de su camisa, dejando entrever su blanco pecho le hizo pensar que no estaba tan borracho como parecía. Paula exhaló lentamente mientras disimulaba el calor que la invadía repentinamente, quitándose con dificultad sus propios zapatos frente al espejo.
_Pero tiene razón, mírame _dijo incorporándose y mirando hacia su imagen reflejada_, estoy gorda.
Veía a Severus, (mmhhffggg, su camisa abierta, los músculos de su pecho cruzado por mil cicatrices, caminando con el paso lento de un tigre acechante) reflejado en la nítida superficie, acercándose a ella, tambaleante, y poniendo las manos en sus hombros.
_No está gorda, señorita Demons, sólo un poco más... voluptuosa... y yo..._ Snape deslizó las manos de sus hombros por sus brazos hasta alcanzar sus pechos_... yo estoy encantado con mis... juguetes nuevos.
Paula suspiró mientras las manos de Severus retozaban cuidadosas con su ahora tremendamente sensible anatomía.
Dejó descansar su cabeza hacia atrás, sobre el pecho de Severus que bajó presionando sus dedos, resbalando a causa de la seda de su vestido, por su curva silueta... hasta dejar sus manos debajo de su vientre, sosteniéndolo, librándole un instante del peso que soportaba su espalda.
Paula no podía dejar de maravillarse como las manos de Severus podían provocar las sensaciones tan diferentes, tan opuestas, cuando le había tocado a ella y cuando tocaba su vientre, acariciando la vida que crecía en ella.
Jamás pensó que Severus, su Severus, fuera capaz de transmitir ternura. No ese cariño rabioso con el que siempre se acercaba ella, sino genuina y amorosa ternura hacia la criatura que la habitaba.
Su afán protector, se había volcado en el niño, no en la madre, y procuraba por todos los medios que ella siguiera todos los consejos que le daba tanto su médico como los libros con los que Snape se había agenciado para asesorarse sobre los embarazos en el mundo mágico.
Es imposible discutir con él. Tenía que tomar cada poción que él le daba de forma obediente, ella, que nunca había bebido una para sí misma, ahora se atiborraba de líquidos y extraños mejunjes para favorecer el embarazo.
El maestro de pociones había desarrollado varios productos de su invención: una pomada para las náuseas que se aplicaba sobre los labios y a la que ella había contribuido proponiendo que la que la disimulara en forma de cosmético, como un pintalabios; y una crema maravillosa que se absorbía tan rápido que apenas parecía que te la habías puesto, salvo por la suavidad que daba a la piel y que había conseguido evitar la aparición de manchas oscuras y estrías.
Cada vez que ella había anotado mentalmente cada uno de esos productos para fabricarlos por millares en su nuevo laboratorio, Snape la miraba ceñudo diciendo que debía preocuparse más por ella misma que por sus negocios. Al escuchar su voz dictatorial, Paula entendía que debía de preocuparse más por su niño que por ella misma o por sus negocios.
Pero era extrañamente reconfortante cuando ella se tumbaba y él masajeaba sus pies y sus piernas cansadas y que cuando terminaba, se echara sobre su vientre murmurándole cosas a través de la pared de su estómago a aquel turista que vivía todavía protegido por su cuerpo. «¿Se puede saber qué le dices?». «Sonn cosas entre padre e hijo, no te metas»
Toda la actitud de Severus en torno eso la desconcertaba por un lado y la maravillaba por otro. Se sentía tremendamente segura, había dejado atrás cualquier miedo, sabiendo que, pasara lo que pasara, ese hombre jamás dejaría desprotegido a su hijo.
Le quería más a él que a ella, pensaba celosa cuando, echado a su lado, posaba suave la mano sobre su tripa, ansioso de sentir las patadas que su hijo daba («¿Crees que será futbolista?», le preguntaba cuando un golpe era mayor. «Espero que le guste más el Quiddish». «¡Si a ti no te gusta el Quiddish!» «Mujer ignorante, en Hogwarts no hay fútbol...») Pero para ser justos, ella también adoraba más a la criatura a la que aún no conocía que al hombre con el que compartía su vida.
Teniendo eso en común, el resto (sus nervios, sus salidas de tono en el médico, sus impacientes visitas a las tiendas de muebles infantiles o de ropa para bebés «no, Severus, el verde y el negro no es una combinación adecuada para un niño»...), todo eso podía aguantarse.
Incluso la había convencido de mudarse a su casa, la gran casa que compraron, eso sí, a cambio de que la dejara redecorarla por completo más acorde a sus propios gustos. Solo puso una condición, nada de patitos.
Paula suspiró, toda su vida giraba ahora en torno a su creciente cuerpo.
_ Además_ ah, sí, Severus le seguía hablando..._, puedes dar las gracias a tu prominente barriga. Tus padres se han quedado tan...
_... ¿flipados...?
La ronca risa de Snape afloró vibrando contra su espalda.
_... Flipados... que no han sabido sacarte hoy ni un defecto. ¿No te alegras de haber ido? Confiesa que tenías miedo de volver a su casa.
_¡Nunca!
Severus volvió a reir.
_Está bien, confesaré que me alegro de haber ido. Parece que ambos han conseguido mirar a través de mí y reconciliarse conmigo a través de su nieto. Pero tranquilo, seguro que pronto me sacarán faltas también con esto...
_Les va a quedar poco tiempo...¿Cuatro, cinco semanas...? Luego se les caerá tanto la baba con tu hijo que me aceptaran como tu mantenido y se olvidarán de ti... Igual que me pasará a mí
Amenazó, besando su pelo.
_ ¿Está intentando fastidiarme, señor Snape?
_¡Dios me libre!_ dijo tan serio que podía haberle creído.
_¡Qué ufano se muestra!¿Se cree que se ha ganado a mi padre sólo por donar su esperma, señor Snape? ¿O debo llamarle ahora señor Prince?
Severus entrecerró los ojos mirándola peligrosamente, eso de "donar su esperma" le habia dolido y probablemente luego se lo haría pagar... se relamía mentalmente sólo de pensarlo.
_Puedes llamarme como quieras, mi ama y señora_ delicadamente hundió sus dientes en la tierna carne de su cuello_ Para eso me pagas.
¡Uuuh, señor Snape, (Crow, Prince...) cómo de excitante sonaba eso...
A lo mejor olvidarse de ella no le resultaba tan fácil como decía.
_ ¿Tomarás el apellido de tu abuelo?_disimuló_ Está muy ilusionado con ello, restaurar el apellido familiar, darte una nueva (y dudosamente segura) identidad en el mundo mágico...
_El apellido Prince no es tan infrecuente, puedo hacerme pasar por mi propio primo..._fingió un estremecimiento_ ¿me oyes? Soy mi propio primo, el primo de un héroe muerto..
_...y... con hacerte su heredero...
_... y... entonces no tendré que casarme con usted para ser rico..._ ¡Qué malvado, Severus!No me gusta que me recuerdes que no me lo has vuelto a proponer para poder contestarte debidamente_... y... tendré que hacerlo, (casarme con usted, digo) sólo por... placer.
¿Podía haber algo más sugerente que la voz profunda e inquietante de este hombre susurrando la palabra "placer" en su oído?
_Tal vez entonces, como un rico heredero, podría caerle bien a tu padre, por mí mismo_ dijo irónico_no por mi "donación".
_Jajaja, Severus..., si contabas con eso hubieras podido no dejarte convencer para ponerle a tu hijo el nombre de mi abuelo... Seguro que te vas a reir cuando sepas cómo se llamaba mi abuelo...
Severus alzó una ceja intentando centrar su mirada disimulando los efectos del alcohol. Lo sabía ¿no había tenido una premonición una vez?
_James, tu abuelo se llamaba James... como mi... digamos antiguo "rival"... Tiene razón, señorita Demons_añadió sarcástico_, me voy a reir...Sólo habría otro nombre peor: Harry.
_¡Lo sabías!¿Cómo lo...? ¡Bah, déjalo! ¿qué habrá que tú no sepas?
Snape sonrió con suficiencia e hizo girar a Paula. Habían aprendido a abrazarse casi de lado, para esquivar su ya abultado vientre del mismo modo que aprendieron a besarse casi de lado para esquivar su prominente nariz. Lo cual le recordó que era el momento opotuno para inclinar su cabeza y saborear los jugosos labios que ya esperaban impacientes y temblorosos.
_ No sé sólo algunas cosas. No sé (aún) si podré convencerte de que me dejes "jugar" un rato más antes de irnos a la cama... irnos a dormir sería más concreto porque pienso llevarte a la cama antes, a menos que prefieras "jugar" en otro sitio..._ Paula trató de ignorar su sugerente voz y los besos que iba dejando en su cuello mientras seguía proponiendo lugares_... en el sofá..., en la ducha..., ante el espejo...
_Tenemos mañana una cita, corrijo, hoy tenemos una cita para almorzar con los Malfoy... deberíamos ir descansados. Sobre todo tú, si quieres todo tu afilado ingenio a punto para tus enfrentamientos dialécticos con Lucius. Mientras vosotros os medís la..._ups, casi lo dice_... el ego... Cissy y yo pondremos los ojos en blanco. Prometió que me iba a enseñar a qué atenerme y cómo comportarme si el bebé demuestra su magia demasiado pronto.
_¿Cissy? Uhm... cuidado con tus amistades, Paula.
_Son las tuyas, Severus...
_¡Qué me importa!
Le importaba más bajar la cremallera en la espalda de su vestido, tan lentamente que lograra sentirla estremecida antes de llegar al final.
_Y el lunes tenemos una reunión con nuestros inversores, hay que concretar nucho todavía si queremos que el laboratorio comience a funcionar pronto...
_Qué responsable y aburrida te estás volviendo...
Paula terminó de sacar la camisa de Snape del pantalón y de desabrocharla satisfaciendo por fin su deseo de tocar su pecho, y sus costados y su espalda.
_Será por la parte de ADN suyo que albergo ahora... profesor/director/mortífago jefe Snape.
_Hábleme con más respeto, señorita Demons, o tendré que castigarla a escribir varios pergaminos con una redacción sobre qué obtenemos si se mezcla extracto de adelfas con unas gotas de eléboro y esencia de flor de lis.
Tendría que recordar de buscar qué diantre significaban esas flores para entender lo que había querido decirle. Mañana, tal vez, ahora se centraría en quitarle el cinturón lo suficientemente lento como para que deseara arrancarse los pantalones o mejor... hacerlos simplemente desaparecer.
Lo que su prima Lola, tan disimuladamente había insinuado diciéndole que en su estado no podría jugar al billar era precisamente que en su estado no podría "jugar" con Severus.
_¿Qué le dijiste?_Paula hundió sus manos bajo la cinturilla del pantalón tirando de la tela para poder desabrocharlo.
_¿A quién?_ Severus apartaba la seda de su vestido para acariciar la seda de su piel.
_A Lola.
Severus trató de ganar tiempo, las manos de Demons estaban sujetando una parte de su anatomía muy... sensible... No quería ni pensar qué podría hacerle si se enfadaba.
_¿Cuándo?
Besó su garganta, lamió sus clavículas, mordió sus hombros, trató de desconcentrarla, de... amansarla.
_Cuando se ofreció como suplente. No se te ocurra mentirme, Severus, ví como te miraba durante la cena. ¿Qué le dijiste?
Snape tembló, pero no debido a la conversación sino a las manos que Paula movía diestramente bajo su ropa interior.
Demons rió de triunfo cuando él contestó con el aire escapando tembloroso entre los labios, fruto de sus... atenciones...
_Que no tenía ninguna posibilidad, ninguna en absoluto, de darme algo mínimamente parecido a lo que me hacer sentir tú... y _ añadió con su tono más provocador_ que no tenía suficiente dinero para pagar mis servicios...
Las manos de Paula se cirnieron en torno a él, haciéndole reprimir un gemido.
