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No tenía ni dos horas de haberla visto y él ya estaba queriendo tenerla cerca. ¿Pero era ella o a su amada Ladybug? Claro que vivías muchas cosas carnales con su mejor amiga, cosas que estaban comenzando a sobrepasar ciertos límites con el paso de los días. Esas mismas lo estaban descontrolando y lo orillaban a tener pensamientos, deseos que nunca imaginó experimentar por aquellas dos chicas.
Claro que amaba a Ladybug, noche tras noche sus recuerdos de peleas lo invadían y lo hacía imaginar una vida juntos aun con la máscara de ella, pero con Marinette era otra cosa. Los recuerdos con la chica se metían bajo su piel, aceleraban su respiración y su corazón, lo hacían tener escalofríos; deseaba sentir su tacto, su aliento, su calor. Era algo que lo descontrolaba.
Comenzó a sentir esa erección bajo su pantalón, no podía detenerse y bajo las sábanas comenzó a tocar aquel bulto. Agradecía que su pijama fuera delgado para sentir mejor sus propias caricias.
Lo enloquecía. Esa mujer lo tenía loco con su cuerpo.
Buscó por su cuarto algo que su amiga hubiera dejado en su habitación, quería olerla mientras se tocaba. Encontró junto a su mesita de noche una mascada que ella había llevado la semana pasada; no le importó que la hubiera olvidado, mentalmente le agradecía ser a veces tan despistada. Se acercó al mueble, sin dejar de tocarse, la tomó entre sus manos y la aspiró por completo. Sus pulmones inhalaron aquel aroma a granada que tanto adoraba de la joven.
– Marinette... Dulce Marinette – Recitaba él como una especie de mantra.
No aguantaba, quería más y más. Cerraba los ojos imaginando que era la azabache quien bajaba sus pantalones, su bóxer. Que estaba acostada detrás de él, tocándole. Sus manos esbeltas comenzaban a explorar el abdomen, bajando de a poco, llegando a la zona con vello para jugar un poco con él, pasar por un costado y tocar los delicados testículos, apretándolos un poco para que Adrien suspirara por dicha caricia.
Su mano subía, remarcando la base del pene, subiendo por el mismo hasta llegar a la cabeza y así retirar aquel recubrimiento de piel puesto que aún no estaba del todo erecto. Sus dedos rozaban el glande, acomodando todos. Y entonces su mano rodeaba por completo aquel falo, enseguida se movía de arriba abajo para provocarlo lo más que pudiera.
– Marinette... – Seguía pronunciando su nombre.
Su imaginación lo maravillaba, cuando en la realidad era sólo él el que hacía todo el trabajo, con una fantasía donde su mejor amiga dominaba un poco la situación, complaciéndolo en aquel arte de la masturbación. Como le gustaría experimentar eso en manos de ella, en sus suaves manos.
La respiración y ritmo cardiaco del joven aumentaba, con ello también el placer y su erección que crecía a su punto máximo.
No era la primera vez que se masturbaba, pero claro que era la primera que tenía un motivo verdaderamente fuerte. Las otras no eran más que por explorar y antes de eyacular siempre lo dejaba todo, por ese miedo de que era lo que seguiría, porque no quería que algo malo pasara tras aquello. Pero esta vez no iba a ser como esas, llegaría al final, caería por ese precipicio que llamaban orgasmo.
Aun con esa decisión, sentía algo de miedo y tal vez un poco de culpa por usar para fines tan vulgares la imagen de la chica de ojos cielo. ¿Pero qué importaba eso ahora? Sobre todo si había llegado a tantas cosas con ella. Tampoco es como si le fuera a decir que se había tocado pensado en ella, a menos que... Bueno, ella hiciera lo mismo. Porque era más tonto creer que ella no fuera a buscar placer sabiendo que no se verían ese fin de semana, que lo que ellos siempre hacían al verse no pasaría estos dos días.
¡Carajo! Esos besos que se daban tan apasionados. Siempre terminaban estúpidamente húmedos. Aunque después de todo eso se sentían apenados, cuando lo hacían pedían más, querían llegar más profundo y probar hasta lo más profundo de sus bocas.
No podía olvidar que todo aquello pasó por un poco de curiosidad. Esa tarde ella iba por tercera vez a su hogar y como siempre se quedaba encerrados en su habitación sin ser molestados. Estaban justo en el sillón, jugando videojuegos cuando la franco-china le preguntó si había tenido su primer beso con muchísima pena. Él también se apeno, respondiendo que no mientras a su vez le hacía la misma pregunta, obteniendo un resultado negativo. Y entre esas locuras y esas hormonas, terminaron decidiendo que ese momento sería para su primer beso.
Con los ojos cerrados y los labios fruncidos, rozaron torpemente sus bocas. Separándose al instante, viendo sus mejillas ardientes, incómodos de ver al otro, temblando de miedo. Al final rieron y al día siguiente, detrás de la escuela, volvieron a probarlo.
Fue así que los días avanzaron y ahora estaban es esa situación. Confiando aquellos descubrimientos y experimentos en el otro. Explorando juntos su sexualidad.
Todo eso podía maravillar a cualquiera de los dos. Pero en ese instante el rubio estaba embriagado en el sinfín de sensaciones que le producía jalar su pene con cierto ritmo que de a poco aumentaba, causando más placer y gruñidos.
Se detuvo por un instante, porque estaba llegando a la cumbre de todo. Se levantó para ir al baño, ahí podría ser más fácil limpiar que alguna de sus sábanas.
Entró, y sin verse al espejo continuó en el lavamanos. Con más fuerza y velocidad, aun oliendo aquella prenda de la joven aspirante a diseñadora de modas.
Sintió esa ola de placer tan desconocida, que lo invadió por complejo y lo llevó a descargar todo lo que estaba guardando en alguna parte de su cuerpo. Gimió fuerte, sosteniéndose con la mano que portaba la mascada al lavabo, mientras la otra seguía su movimiento disminuyendo paulatinamente la velocidad.
Sentía que todo el vello de su cuerpo se erizaba, sus piernas flaqueaban por un instante y un extraño espasmo comenzó en su nuca, bajando por su pecho, su abdomen, su pelvis y finalmente su miembro que se sacudía como si buscara sacar algo que se quedó en el camino.
Apretaba sus ojos, calmándose, tratando de recuperar el aire perdido, aquel que se hacía tanta falta para continuar con su vida. Sus sienes le punzaban, al igual que su pecho que intentaba controlar su corazón acelerado por aquella actividad.
Al fin decidió soltarse y no había estado mal en lo absoluto, lo había disfrutado como nunca se lo hubiera imaginado en sus mejores sueños.
Para su edad, era tonto que aún no hubiera tenido una "paja". Pero a pesar de que más joven había tenido erecciones en clase o incluso como Chat Noir, e incluso cosas como sueños húmedos, nunca había logrado hacer algo así. Su estrés mantenía en gran medida controladas sus hormonas, así que estas cosas eran las que menos le preocupaba hacer.
Tampoco podía dejar de lado el poco tiempo que pasaba solo o el poco interés que sentía por chicas de cualquier edad, sólo por estar enamorado de la heroína más grande del país. En tan sólo un año, entendía que eso podía ser más platónico que otra cosa. Además, quedaba el punto de que ella lo rechazaba sutilmente.
Su mirada se posó sobre el lavabo, estaba salpicado de aquella cosa viscosa llamada semen. Fue su curiosidad quien lo llevo a tocarlo, le recordaba un poco al gel que a veces le aplicaban para cambiar su peinado en algunas sesiones fotográficas. En cuanto a su olor era un poco penetrante y le recordaba a un limpiador, algo similar al blanqueador de ropa. ¿Tendría algún sabor? Bueno, en algunos videos pornográficos que había intentado ver o aquellos que le mostraban sus amigos, no faltaba la actriz que terminaba con semen en la boca, algunas veces tragándolo y otras veces jugándolo en la boca.
– Na-nadie sabrá d-de esto.
Con rapidez colocó con su dedo un poco en la punta de su lengua y lo saboreó. Su expresión enseguida fue de asco. Su consistencia seguía siendo gelatinosa, hasta podía decir que difícil de tragar, junto a un sabor extraño, un tanto amargo pero muy raro sobre todo.
Se enjuagó las manos, pero no pudo quitarlo del todo, así que uso jabón para que cuando estuvieran lo suficientemente limpias se enjugara la boca, haciendo gárgaras y frotando su lengua. Tomó su cepillo de dientes, para continuar lavando todo en su cavidad bucal.
Después de todo ese desastre, uso mucho papel higiénico para limpiar ese desastre. Si iba a hacer algo así en el futuro debería de encontrar una forma de no ensuciar demasiado y de paso no hacer ruido, porque ahora que todo eso había concluido recordaba la existencia de su kwami.
Se apresuró a salir de aquel cuarto más pequeño. Apenas regresó a su habitación, notó que Plagg dormía profundamente en su escritorio, abrazando un Camembert que seguro comería al amanecer, antes de despertarlo rogando por otra pieza de queso.
Avanzó a su cama con sigilo. Apenas llegó a ese sitio, se metió en la cama para dormir completamente relajado por todo lo que había pasado. Tendría que repetirlo nuevamente. Pronto.
Continuará...
¡Hola a todos nuevamente! Gracias por leer este segundo capítulo y espero que hayan aprendido un poco más sobre la masturbación masculina :) Ya sabía una gran variedad de cosas, pero sobre primeras veces, estaba completamente obsoleta XD Gracias a todos mis amigos que me respondieron tan abiertamente las preguntas sobre su sexualidad en estos días 3 Son inspiración de mucho de lo que escribo :'3 Los amo y no duden que los seguiré usando de conejillos de indias :v (?)
Bueno, el siguiente capítulo será sobre Marinette :B Así que ya verán que pasa con ella, y el pequeño Adrien goloso owo juejuejuejuejue. Comenten, voten y compartan con sus amigos ;) ¡Buen día!
