Hola a todos! no me maten por favor :O no quería tardarme tanto en subirlo! Les cuento... tengo que operarme de TODAS las muelas del juicio el próximo martes T.T, y eso me dejará en cama sin poder moverme mucho el resto de esa semana, así que, por suerte para ustedes tendrán muchos capítulos seguidos! :D
Espero que disfruten este capítulo!
::::::::::::::::::::::
Amores de tejado
Sentimientos irreconocibles
La noche era hermosa y cálida en París, la luna llena adornaba el firmamento y Cat Noir tenía a su lado a su bella mejor amiga, Marinette Dupain-Cheng. Estaban en su balcón, sus cuerpos se rozaban un poco y reían armoniosamente de quien sabe qué. No importaba para Adrien, sólo disfrutaba su compañía, el momento…
De repente, él tomó a Marinette de sus mejillas, la miró con afecto, mientras ella liberaba un dulce sonrojo y cerraba los ojos para entregarse a los cálidos labios del héroe de París. Adrien acortó la distancia, susurró un par de palabras sobre la tentadora boca de la chica y finalmente la besó despacio, sin prisa y sin querer otra cosa en el mundo.
— ¡AH! —gritó Adrien a todo pulmón, despertando por fin, y de paso también a Plagg, quien quedó como gato en el techo. El rubio respiraba como si viniera de un maratón, sudaba frío y se notaba asustado. El Kwami se acercó lentamente a él, refregándose un ojo.
— ¿Qué es lo que te pasa? ¿No sabes qué hora es?
— L-lo siento, fue…un sueño, sólo un sueño…
— Más bien una pesadilla.
— ¿Eh?
— Es que por ese grito de niña que pegaste, asumo que te estaban torturando o algo así…
— ¡N-no grité como niña! Ya duérmete, Plagg, no quiero tus bromas pesadas a esta hora.
— Bien, pero esto te costará doble ración de queso en la mañana.
— ¡¿Ah?! ¡Yo soy la víctima aquí, no tú!
— Arruinaste mi sueño embellecedor, mocoso, así que espero mi doble camembert a primera hora. Buenas noches —canturreó victorioso mientras volvía a dormir. Adrien sin embargo, no pudo volver a conciliar el sueño.
Nunca antes había soñado con Marinette, y mucho menos que la besaba. Se tomó la cabeza, confundido.
"¿Qué me está pasando? ¿Por qué sueño estas cosas? No tiene sentido, yo sólo amo a my lady; sí, sólo a ella…". Algo le sonó amargo en su propia mente, ¿desde cuándo tenía que tratar de auto-convencerse de que amaba a Ladybug?
"Oh Dios… esto no está bien".
Los siguientes tres días luego de que Marinette sufriera esa fea herida, Cat Noir había ido cada momento que tenía a ver a la de ojos zafiros, quien seguía en cama, descansando y recuperándose. En ese poco tiempo, su relación se había fortalecido mucho, disfrutaban la compañía del otro, conversaban de cualquier tema, veían películas y comían cosas ricas (cortesía de los padres de Marinette). Con cada risa parecían hacerse más cercanos, y de igual forma se hacían bromas entre ellos, aunque el sentido del humor del rubio era más inocente e infantil; en cambio, el de Marinette era más sarcástico y un poco más rudo que el de él.
De alguna forma su lazo fue fortaleciéndose en esas varias horas juntos, Adrien lo reconocía, ahora Marinette figuraba como una de las personas más importantes para él.
"Pero…no creí que esto me confundiría…"
"No, no pude ser así. Ella y yo…no podemos estar juntos, nunca podremos ser más que amigos"
…
Finalmente, luego de mucho reposo y cuidado de sus padres, y sobre todo de cierto chico gato, Marinette estaba de vuelta en la escuela, con una sonrisa en su rostro. Sobre todo porque al fin podría volver a ver a Adrien y estar con sus amigos.
"Aunque debo admitir que gracias a ese gatito no me aburrí en lo absoluto. Creo que le debo una".
La Dupain-Cheng estaba emocionada y feliz por su cálido recibimiento de todos sus compañeros, menos de Chloé, claro.
— Hola, Marinette, me alegra verte aquí de nuevo.
— ¡Ah! ¡Ho-hola, A-Adrien! Tú… ¡es decir, yo…! B-bueno, me alegra verte de nuevo, estás igual de lindo, ¡Ah! ¡Q-quiero decir! ¡Que…que tu camisa está muy linda! ¡Sí, eso! ¿Es nueva?
— D-de hecho sí, gracias por notarlo, Marinette —le agradeció con una mano en la nuca, como nervioso. No era nueva, pero no quería incomodarla más de lo que ella parecía estar en su presencia— ¿Ya te sientes bien?
— De maravilla —le sonrió ella. Logrando que Adrien se sonrojara un poco, tras recordar cierto sueño que ahora, resultaba ser algo incómodo. Pudieron hablar un poco, y relativamente normal, hasta que llegó la profesora.
Por suerte la hora pasó rápido, y estaban por terminar las clases, cuando Alya se le acercó a susurrarle.
— Oye, ¿no que tú plan era olvidar a Adrien? Hoy actuaste como siempre lo hacías con él, sin mencionar que te has dedicado a estudiarlo a él en vez de al pizarrón.
— Ah, es verdad, mi plan… —recordó triste— ¡Es que llevaba tanto sin verlo, y no pude controlarme!
— Jaja, tranquila, amiga, ¿por qué no te tomas un descanso de tu plan maestro por hoy? No tienes que hacer todo de inmediato, esto es más bien un proceso.
— Es cierto, tienes razón, sólo por hoy, creo que volveré a ser su fan y tal vez… —no pudo terminar, pues el timbre había sonado y las clases acabaron. Antes de que se pudieran levantar de su asiento, alguien llegó a su lado.
— Ho-hola, Marinette, ¿cómo te sientes? M-me tenías algo preocupado —confesó sonrojado —esa voz llamó la atención de Adrien, quien se volteó un poco, para ver de lado y oír mejor.
— ¡Ah! Hola, Nathaniel, lamento haberte preocupado, estoy mejor, gracias ¿y tú que tal estás?
— T-todo bien, y-yo…quería preguntarte algo.
— ¿Ah sí? ¿De qué se trata? —se levantó ella, con la mochila puesta y dispuesta a oírlo. Mientras Adrien sospechaba a donde iba el asunto y lo miraba serio.
— E-es que hoy será el último día de una exposición de arte, inspirada en la cultura china. Tengo dos entradas y…pensé que quizás tú…querrías ir conmigo, esta tarde.
— ¡Suena estupendo, Nathaniel, me encantaría! Gracias por invitarme, es muy gentil de tu parte —desde luego que le hubiese gustado estar más tiempo con Adrien, pero era una excelente oportunidad y sólo sería hasta esta tarde.
— N-no es nada, supuse que te gustaría ir. Empezará dentro de una hora, ¿n-nos vamos?
— ¡Claro! me despediré de Alya, dame un momento —se fue con su amiga que hablaba con Nino en la entrada del salón. Mientras Adrien la observaba algo triste, volvió a voltear hacia el pelirrojo, mirándolo con enojo. No podía evitarlo.
— Ah, hola Adrien, ¿todo bien?, luces…molesto.
— ¿Molesto, yo? No, ¿cómo crees? —se levantó—. Así que…saldrás con Marinette hoy…
— Veo que escuchaste todo —le contestó serio también, por alguna razón, el pelirrojo se sintió amenazado.
— No pude evitarlo, no era mi intención meterme en sus asuntos —se excuso sin sentirlo en verdad.
— Bien… adiós, Adrien —se fue a buscar a Marinette, quien en verdad parecía emocionada por la exposición. Alya estaba feliz por su amiga, le haría bien distraerse con arte; pero Nino lucía preocupado, sobre todo por la extraña cara que su mejor amigo tenía en esos momentos.
La "pareja" se fue, y Adrien llegó con Nino y Alya.
— ¿Todo bien, amigo?, te ves algo molesto —sugirió Nino.
— Todo bien —musitó con la quijada muy tensa, pero tenía cara de querer matar a alguien. La pareja se miró extrañada— ¡¿Qué le ve Marinette a ese tipo?! —pensó en voz alta.
— Ouh, creo que alguien está celoso… —canturreó Alya, haciendo que el rubio se sonrojara.
— ¡¿Qué?! ¿Yo celoso? ¡C-claro que no! Me voy, debo hacer cosas, adiós chicos —se despidió, serio; mientras Alya trataba de contener su risa.
Y sí, debía hacer cosas, las cuales de alguna manera logró cancelar, para transformarse luego en Cat Noir, y…salir a patrullar por ahí. Curiosamente, vigilaba en el mismo lugar donde era la exposición.
"Es arte, el arte lleva muchas veces a la frustración, y…bueno, es un lugar propicio para algún akuma", se auto-convencía magistralmente.
Terminó siguiéndolos durante todo el día, al final la pareja fue la patrullada. Para su gran alivio, sólo parecían un par de amigos disfrutando el rato, y Marinette parecía más interesada en las pinturas y esculturas que en Nathaniel, quien no dejaba de observarla en ningún momento.
Lamentablemente el traje empezó a dar su alarma. Frustrado, volvió a su casa y Plagg quedó libre.
— ¡¿Por qué duró tan poco la transformación, Plagg?!
— ¿Bromeas? No he comido nada desde hace más de 14 horas, mocoso ingrato. ¡No soy de hierro!
— Lo siento, es que…ya sabes, ¡t-tenía que patrullar la ciudad!
— ¡¿Y tenías que hacerlo justo donde iba esa niña con el cabeza de tomate?! ¡¿No pudiste guardar tus celos y verla en la noche como todos estos días?!
— Está bien, está bien, lo admito, no quería sólo patrullar la ciudad, también quería asegurarme de que Marinette estuviera bien; ya sabes, este tipo fue manipulado por un Akuma antes y ya intentó atacarla.
— ¿Y entonces por qué no mejor llamaste a Ladybug? Ella es la que purifica akumas de igual forma.
— ¡N-no digas tonterías! —de alguna forma sabía que no quería que su Lady supiera que estaba espiando a otra chica. Ante esas palabras de su mente quedó en blanco y su cara enrojeció.
Plagg estuvo descansando cerca de 1 hora, y luego Cat Noir volvió a salir por la ventana; pero la exposición había terminado, así que se dirigió a la casa Dupain-Cheng. Ahí vio a sus compañeros. Se quedó en el tejado, mirándolos, ya que no podía oírlos. Hablaban como si nada, él se veía nervioso y ella alegre y tranquila.
Antes de irse, Nathaniel besó la mano de la de ojos zafiros, sin dejar su timidez de lado. Ella se puso algo nerviosa ante el contacto, pero no pudo reaccionar para soltarse.
"¡¿Qué?! ¡Ese bastardo! ¡¿Cómo se atreve a besarle la mano?! ¡Más le vale que se vaya ahora si no quiere que le arranque ese mechón emo de la cabeza!", pensaba apretando los puños y gruñendo sin darse cuenta.
— Yo…debo entrar ya. Gracias por todo, Nathaniel.
— M-me divertí mucho, gracias por a-acompañarme. Nos vemos.
Marinette llegó finalmente a su pieza, pero no alcanzó a tener dos minutos para ella, cuando Cat Noir golpeó su ventana para entrar. Ella le sonrió al verlo y lo dejó pasar.
— ¡Cat Noir, me da gusto verte! —y es que estos días se había acostumbrado a su presencia. Y hoy, por la escuela y la salida con su compañero, no lo había visto. "Jé, quien diría que extrañaría a este loco gatito".
— Hola —la saludó amurrado. Ella se extrañó un poco, y él se esforzaba por no mirarla a los ojos.
— ¿Está todo bien?
— ¿Por qué todo el mundo me pregunta lo mismo? ¡Por supuesto que todo está bien! ¡¿Qué podría estar mal?!
— Okey…si tú lo dices… Es sólo que pareces algo…tenso, tal vez enojado.
El rubio suspiró rendido, tenía que calmarse de alguna manera.
— No me hagas caso, ¿sí? Y dime, ¿cómo te has sentido hoy? ¿Ya no te duele?
— Para nada. ¡Al fin pude ir a escuela! Y…vi a Adrien… —suspiró algo embobada. Logrando que Cat Noir se sonrojara y dejara de poner esa cara de mañoso un momento, su mano llegó a su nuca por los nervios. Aunque debía admitir que le encantaba gustarle a Marinette— ¡Y luego fui con Nathaniel a una exposición de arte espectacular! —y ahí volvió su cara de mañoso…— ¡Lo disfruté tanto y aprendí mucho más de la cultura china!
La de ojos zafiro le contó con lujo de detalle sobre las bellas obras que tuvo enfrente ese día, casi al final de su relato, se dio cuenta de que Cat Noir estaba extrañamente serio, de hecho, no recordaba haberlo visto así antes.
— ¿Cat? ¿Te estoy aburriendo? —preguntó con algo de timidez.
— ¿Eh? ¡N-no, para nada, princesa! Es muy interesante todo lo que me estás contando. Es sólo que… —él bajó la vista, avergonzado y triste. Ella llegó a sentarse a la cama con él y puso una mano en su hombro con afán de darle confianza para que siguiera hablando, se notaba que algo le molestaba desde que llegó. Pero el rubio quedó mirando esa mano que le puso encima, la tomó, la miró algo molesto y comenzó a refregarle con sus dedos la parte en donde el pelirrojo la había besado, Marinette quedó sorprendida y comenzó a molestarse, él no estaba siendo muy suave tampoco.
— ¡¿Qué te sucede?! ¡¿Qué tienes contra mi mano?! —Finalmente ella se liberó de él.
— Y-yo… —cayó en la cuenta de su extraña actitud, y quedó en silencio nuevamente—. Disculpa, no quise lastimarte. Pero debía hacerlo.
— ¿Por qué? —Pero el rubio esquivaba su mirada y de nuevo su voz desapareció un buen rato— ¿Estás bien? Estás extrañamente callado…
— ¿Te gusta él? —soltó de pronto, sin poder aguantarlo más y sin mirarla aún.
— ¿Eh?
— Ese pelirrojo con el que tuviste una cita hoy —aclaró tomando valor para verla a los ojos; Marinette no recordaba verlo tan serio y frágil antes, era una combinación extraña.
— ¿Te refieres a Nathaniel? ¡No, claro que no! ¡Ya te lo había dicho antes! ¡Y tampoco fue una cita! Sólo me invitó a una exposición de arte chino, pues dados mis orígenes creyó que me gustaría. La idea me entusiasmó y fuimos hoy; y sí, pasamos a comer algo, pero yo jamás salí con él con esas intenciones, gatito tonto; sólo es un amigo.
— Hm…
— ¿Qué acaso no me crees? ¿Olvidas que hace un tiempo te confesé que me gustaba Adrien? —le recordó molesta por olvidar algo tan importante para ella; esas palabras hicieron sonrojar al rubio, y una gran sonrisa apareció después—. No me digas que lo olvidaste, ¡es el secreto más grande que te he confiad-! —pero él la interrumpió al atraparla entre sus brazos, mientras hundía su mentón en la suave piel de la niña, con una sonrisa.
— ¡Por supuesto que no lo he olvidado, princesa! Sólo quería asegurarme de que ese tipo no te estuviera molestando.
— ¿Entonces sólo era eso? —ella se rió suavemente—. Descuida, sé defenderme sola.
— Pues ya no será necesario, recuerda que prometí protegerte siempre, y lo cumpliré hasta el final.
— Jaja estás loco, gatito.
Como ya les era costumbre, se quedaron conversando y jugando hasta ya bien entrada la noche.
— Hoy no podré quedarme más tiempo, princesa, discúlpame —tenía examen mañana y no había estudiado nada por andar siguiendo a sus compañeros todo el día.
— Descuida, yo también tengo cosa que hacer, debo estudiar para un examen de mañana.
— No me digas, suena aburrido.
— Sí. No importa. Buenas noches.
Al final, él se acercó a ella antes de irse y le besó la palma de la mano que había refregado. Ahora podía irse tranquilo, ya no habría rastros del otro sujeto en el cuerpo de su bella mejor amiga. Pero Marinette se soltó inquieta.
— ¡O-oye, no hagas eso! ¡Te acabo de decir que me gusta otro! ¡¿En serio lo olvidaste de nuevo?!
Él caminó a la ventana, sin dejar su sonrisa gatuna.
— Nunca podría olvidarlo, princesa —le guiñó el ojo y le dedicó una encantadora sonrisa antes de irse—. Hasta mañana.
Así saltaba por los tejados, feliz de corroborar que el amor de Marinette fuese dirigido para él y no para otro.
En ese momento detuvo su tren y le tomó el peso a sus palabras, casi se cayó de un techo puntiagudo. ¡¿Qué demonios estaba haciéndole Marinette?! ¡Él sólo ama a Ladybug! Y…
"No, estoy siendo un imbécil con ella. Marinette me quiere, me lo confesó sin darse cuenta, y yo no sólo he traicionado su confianza, sino que además le miento y le hago escenas porque sale con otro. Esto no está bien, no debería enojarme que ella estuviera con otros, tiene todo el derecho del mundo, aún más si yo…no puedo corresponderle".
Cuando puso un pie en su casa, fue de inmediato a buscarle queso a Plagg, no quería lidiar con sus reclamos ahora, estaba cansado y confundido. Su sueño volvió a su mente, besaba a Marinette feliz, radiante y completo. ¡Ni siquiera recordaba haber tenido un sueño tan intenso con Ladybug! Y ahora no podía dejar de sentir como su corazón se aceleraba al recordar a la chica.
— Tal vez sólo es una confusión leve y temporal. Tal vez…como es la primera vez que me acerco tanto a una chica, sólo tengo curiosidad, ¡sí, eso! No he besado a alguien que no sea Ladybug y por más de dos segundos, debe ser eso, sólo…curiosidad adolescente.
— Hm… —Plagg se acercó a él, ya satisfecho, y con una idea traviesa que cruzó su mente—. Entonces, si es como dices, deberías besar a la niña y sacarte las ganas, ¿no crees?
— ¡¿Qué?!
— Piénsalo, así saciarías tu curiosidad y luego podrás volver a ser el tonto enamorado de Ladybug de siempre.
— Tal vez, pero… ¡Oye!
— No pierdes nada, ¿o sí? Así tus hormonas tal vez dejarían de molestarnos.
— Pero ¿y Marinette? No quiero herirla, ¡además ella sólo me ve como un amigo, a quien en verdad quiere es a Adrien!
— Tú eres Adrien.
— ¡Pero ella no lo sabe!
— ¿Y no te gustaría que mejor le gustara Cat Noir en vez de Adrien? Siempre te quejas de que ese es tu verdadero disfraz y bla bla bla…
— ¡N-no es tan simple! Las cosas no funcionan así, Plagg. No puedes llegar y hacer que una persona olvide a quien le gusta para que comience a gustarle quien tú quieres que le guste.
— ¿Ah? —Plagg lo miraba sin entender que rayos decía.
— Mira…no puedes obligar a alguien a enamorarse.
— No se trata de obligarla. Después de todo, ella tampoco te ha obligado a ti.
— ¿Eh? ¿De qué hablas?
— ¿Me vas a decir que no te has dado cuenta? Vaya, en verdad eres un tonto cuando quieres serlo.
— ¡Plagg!
— ¡Adrien, has estado casi una semana entera con ella, porque tú quieres! No dejas de hablar ni de pensar en ella, ¡hoy la seguiste toda la tarde porque estabas celoso de ese chico emo! ¡Incluso soñaste que la besabas! ¡¿Necesitas más pruebas?!
— ¿D-de qué rayos hablas, Plagg? —preguntó finalmente con miedo.
— Ash… mi diagnóstico es que creo que ella te gusta, y no quieres aceptarlo.
— ¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?! ¡Por supuesto que no!
— Bien, pruébalo.
— ¿Y cómo?
— Bésala.
— ¡¿Eh?!
— Si la besas, y no sientes nada, entonces significa que tú tienes razón y yo me equivoqué, que sólo puedes amar a Ladybug. Pero si la besas y sientes algo más, entonces ya no podrás seguir negándotelo y haciéndome parte de tus líos emocionales.
El rubio se quedó mirándolo, como perdido un buen rato, pero Plagg no le sonreía, iba en serio.
Adrien bajó la vista, confundido.
"¿Qué es lo que debería hacer ahora?"
…
Al día siguiente, mejor dicho, a la noche siguiente, Cat Noir se reía burlonamente, mientras Marinette lo miraba con los ojos entrecerrados y los labios fruncidos.
Él había llegado hace dos horas y la había convencido de ver una película de terror. Sin embargo, nunca pensó que a ella le afectaban tanto, y tras una escena de susto, ella había gritado a todo pulmón y con pánico real, logrando incluso que sus papás fueran a ver si estaba bien. Al rubio no le quedó otra que esconderse bajo la cama.
Una vez que se fueron, comenzaron las risas y los reclamos de Marinette.
— Ya no te acongojes, princesa, ¡tú héroe está aquí y te protegerá de cualquier fantasma que te atemorice!
— ¡Basta! ¡Soy muy valiente, bigotes! Es sólo que no me gustan las películas de terror.
— Más bien te espantan…
— Supongo…
— Como a una niña pequeña.
— Yo…
— De cuatro años y sin su mami.
— ¡Ya cállate! ¡Soy más valiente que tú y puedo probártelo con cualquier reto que quieras! —musitó enojada, de brazos cruzados y dándole la espalda finalmente. Pero a penas terminó de hablar se arrepintió de sus palabras, por dos razones: No soportaría otra película de terror; y ella dijo lo que dijo porque como Ladybug sabía que era más valiente que él, ¡pero no podía darle alguna luz de que era Ladybug!
"Rayos, creo que ahora sí metí la pata", pensó la Dupain-Cheng.
— Muy bien, si estás tan segura… —sacó una barra de chocolate de la mochila que había traído, era de unos diez centímetros de largo y tan delgada como un dedo meñique de bebé,. Se acercó a ella y la acorraló contra la pared, dejando la barra de dulce en su boca y sus manos a los lados del cuerpo de la chica, para que no escapara. Ni siquiera lo había pensado bien, sólo quería desafiarla y ver hasta dónde podía seguir. O eso pensaba él.
¡Y por supuesto que nada de esto tenía relación con lo que Plagg le había dicho la noche anterior!
Marinette se puso algo nerviosa y se sonrojó un poco por su cercanía, al entender sus intenciones, tragó pesado, cualquier movimiento en falso y podría besar a Cat Noir, cosa que no podía permitir.
— ¿Aceptas el desafío, princesita? —la miró retándola con sus ojos esmeralda y con esa sonrisa de suficiencia, aunque tenía la barrita en la boca. Ella no lo pensó dos veces y se acercó a él para morder la otra punta del dulce.
— Maullas mucho y muerdes poco, gatito —le habló tras comer. Cat se sorprendió, creyó que se rendiría, que se alejaría o que lo golpearía incluso, pero no. Y él tampoco pensaba quedarse atrás. Volvió a acercarse a ella y ambos comenzaron a hacer desaparecer lentamente el chocolate. Adrien también acortaba la distancia entre ellos, a medida que seguían comiendo; los ojos zafiros decididos no se desprendían de las esmeraldas que parecían querer estudiar su alma. Finalmente, menos de un centímetro separan sus labios de un roce inevitable, ambos se miraron desafiantes, sin ceder ni rendirse, aunque sus mejillas estaban rojas. Cat Noir dio el último mordisco alcanzando a rozar tenuemente los labios de Marinette, logrando que se desataran una serie de descargas eléctricas en ambos cuerpos.
Pero la sensación no duró mucho, ya que la alarma del traje de Cat Noir comenzó a sonar. Era momento de despedirse.
Se separaron como si quemaran, como si hubiesen caído en la cuenta de todo lo que había pasado recién.
— L-lo siento, princesa, me dejé llevar… —confesó. Ella lo miró un poco sorprendida y avergonzada por esa escenita.
— D-descuida, y-ya deberías irte, tú sabes, es mejor que nadie sepa de tu identidad.
— Si, a-adiós —musitó sin ganas de irse y algo triste porque ella le esquivaba la mirada. Antes de salir por la ventana. Se volteó y depositó un suave beso en la mejilla de Marinette, antes de irse con su típica sonrisa gatuna grabada en el rostro.
Ella se tocó la mejilla, todavía más roja, pero con una ligera sonrisa.
"Ay gatito tonto, ¿qué voy a hacer contigo?"
