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De verdad ese gasto de energía en la noche anterior le había hecho dormir como un bebé y a pesar de haber estado siendo carcomido por sueños húmedos en las últimas semanas, esta vez no había sucedido nada igual. Solamente estaba despertando con la típica erección matutina, aunque algo dentro de él le hizo sentirla diferente.
Por su mente cruzó el rostro de Marinette antes de que fueran interrumpidos por su guardaespaldas: sonrojado, con los labios húmedos e hinchados, los ojos rogando por más, ligeramente despeinada. No estaba del todo seguro si su imaginación se había mezclado con las imágenes de la pornografía y hentai que le mostraba Nino. Nuevamente estaba desencadenando un conjunto de reacciones que afectaban notoriamente su entrepierna.
– Adrien. – Era Nathalie tocando la puerta de su habitación.
– ¿S-sí? – Tartamudeo por el susto.
– Recuerda que por la tarde tienes una sesión fotográfica en La Roche-Guyon. Arreglate, ya que antes pasaremos al taller de tu padre por las nuevas prendas.
– Claro. – Se sentó en la orilla de su cama. – Gracias.
– No tardes. El desayuno estará listo en veinte minutos.
– Que sea en treinta, me bañaré primero. – Corrió desesperado al cuarto adjunto.
– Está bien. Le diré al chef que se tome su tiempo.
– ¡Gracias! – Chilló cerrando la puerta del baño.
Colocó su espalda contra la pared, viendo la regadera de aquel sitio. Suspiró para liberar los nervios que le provocó la repentina aparición de la mujer que trabajaba con él.
– Mujer...
Nunca se había detenido a pensarlo de ese modo. Nathalie a pesar de ser una empleada de su padre seguía siendo una mujer. Una que acataba las normas y reglas del Agreste mayor, alguien que no externaba demasiado se feminidad. Siempre vestía un traje sastre amplio que, a pesar de enmarcar cosas como la longitud de sus piernas, ocultaba otro montón de cosas. Su cabello siempre estaba recogido, y el maquillaje realmente era mínimo.
Él siempre había visto ese mechón rojo tan llamativo y sabía que el cabello de ella era bastante largo. Es más, si su padre no lo hubiera comentado, el jovenzuelo no sabría que la fémina se citaba con alguien de la empresa. No era nada serio, pero su progenitor le había comentado que más de una vez la había ayudado a arreglarse para ir a ver a esa persona.
– ¿Nathalie será guapa? – Susurró para sí mismo mientras se desvestía. Una idea loca cruzó por su mente y enseguida meneó la cabeza intentando sacarlas. – Idiota.
No era que imaginara a la adulta como un objeto de deseo. Su mente era una maraña que en todo pensamiento adulto involucraba a Marinette. En sus pensamientos, estaba la azabache, con un mechón rojo en su fleco; vestía un hermoso vestido rosa de cuello halter, con la espalda descubierta hasta la parte baja, casi donde comenzaban sus glúteos. Ambos eran adultos, yendo a un evento de alta clase sobre moda.
Intentaba detener su imaginación, es por ello que enseguida se metió bajo el chorro de agua fría. Pero esa película mental continuaba reproduciéndose desde lo más profundo de su cerebro.
Después de aquello regresaban a casa, una mansión un poco más pequeña que en la que ahora vivía. Al llegar a su habitación ella deshacía su peinado de lado, dejando ver las hermosas ondas que se formaban y llegaban a tocar toda su columna. Se retiraba el vestido y debajo no llevaba absolutamente nada. Le susurraba que desde hacía un rato la excitación por llegar a su hogar y complacer a su marido la estaba enloqueciendo.
Adrien no podía más. Cerró sus ojos, colocó su mano derecha contra la pared y comenzó a tocar su miembro de arriba abajo sin pensarlo demasiado. Sus pensamientos eran más fuertes que su voluntad para no volver a masturbarse. Pensar en la chica de ojos cielo lo enloquecía a cada segundo.
No era amor, pero tampoco podía decir que era sólo deseo. Era algo que iba más lejos que eso. Los sentimientos de confianza que depositaba en su amiga eran grandes, eran algo que ni siquiera él lograba comprender del todo bien. De alguna forma extraña y retorcida la quería sólo para él, que nadie más la viera ni la tocara, incluso quería que Alya se apartara de su lado, pero no lo decía ni lo hacía. Y no precisamente lo hacía por ella, sino por él mismo. Por su miedo a ser tachado de machista o simplemente porque no quería que su Lady se enterara de eso y pudiese perder ese interés en él, porque claro que él ya había notado que Ladybug era una fanática de él.
Hace mucho que había decidido que, si no tenía una oportunidad como Chat Noir, la obtendría como Adrien Agreste, el famoso modelo parisino que era encerrado día tras días en una enorme jaula lujosa.
Su mente se atipujaba de diversos pensamientos, de cosas que iban desde su sensatez sobre el romance, hasta la libido que su compañera elevaba a cada segundo que estaba en sus recuerdos.
Gruñó con fuerza al sentirse alcanzar el clímax, pero se detuvo. No quería que esas sensaciones terminaran, no aún. Pero dolía, de alguna forma su cuerpo dolía por no dejarlo terminar, por retener aquel desahogo que le rogaba con tanta furia. Rechinó los dientes, resignado de alguna forma.
Sintió que escuchaba aquel suave gemido de la noche anterior, uno femenino, tal dulce y placentero que fue suficiente para retomar lo que le estaba gustando tanto. A pesar de soltarlo, se estaba comenzando a sentir como una adicción, una en la que quería caer. Una que buscaba que avanzara locamente, que quería disfrutar con la joven de origen franco-chino.
– Genial... – Su respiración estaba acelerada, por lo que le costó hablar.
Se reincorporó y empezó a darse aquel baño con agua fría. Eso lo hizo sentir revitalizado a pesar de todo el gasto energético que conllevaba llegar a un orgasmo.
En aquella ducha se quedó pensando, en que su gusto por el placer carnal con Marinette era algo igual de fuerte que su amor por Ladybug, pero igualmente eran dos cosas que no encajaban en el mismo sitio. No podía ver con ojos lascivos a la heroína, ni podía sentirse atraído amorosamente por su amiga. Parecía algo complejo de comprender, pero para Adrien era algo demasiado simple, algo que podía dividir en blanco y negro.
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Camino a aquel pintoresco pueblo, no sólo tuvieron que pasar por la ropa que modelaría, la cual eran prendas exclusivas que aún no salían ni en desfiles de moda; sería mostradas en la próxima conferencia de la marca de su padre. Con ellos también iban el fotógrafo, la maquillista, vestuarista, los de iluminación y la persona con quien se hizo el contacto para el lugar donde se tomarían las fotografías.
Cada persona iba en su papel, así que el rubio se encontraba completamente aburrido, intentando distraerse con algo. Sus ojos se posaron por la ventana, el viaje no era muy largo, además de ser muy tranquilo. Este sería un buen momento para calma sus hormonas por no ver a su compañera de cabello azul marino. Estarían ese día y el siguiente trabajando en completar el material solicitado.
Por lo menos agradecía que se hospedarían en el hotel del pueblo que, aunque era pequeño y rústico, le gustaba. No le gustaba vivir con lujos, eso todos lo sabían muy bien, pero si su padre hubiera asistido a aquel sitio era seguro que sería capaz de comprar una casa sólo para que no se quedara en un lugar así.
Sonrió viendo por la ventana mientras se imaginaba paseando por la ciudad con su traje negro. Tal vez, si volvía a salir su lado sensual, probaría a hacer alguna locura como Chat Noir.
– Sí, no es mala idea.
Continuará...
Tres horas y al fin pude escribir un nuevo capítulo owo Bueno, apenas me doy cuenta que ni p*ta idea de donde está Plagg XD Me centro tanto en lo del sexo que se me olvidan los kwamis lol Piensen que Adrien lo lleva por ahí y le dará mucho queso por tanta locura XD Bueno, aunque según me he dado cuenta, cada que se transforman el kwami no tiene recuerdos de lo pasado y eso podemos verlo en Orígenes cuando ellos no saben que Marinette no purificó el akuma :P Well... Igual usaré esa base porque no quiero traumar a Tikki y Plagg más de lo que suelo hacer en mis fanfics XD
Espero se pasen a leer otras de mis historias :'3 ¡Buen día! 3
