Amores de tejado

Una boda para recordar

Marinette Dupain-Cheng, una chica como cualquier otra adolescente, pero que además era la súper heroína más poderosa y querida de París, ahora estaba en su habitación, acostada sobre su cama, boca arriba, sin moverse, sin escuchar nada y sin poder musitar más que tres palabras…

— Cat me besó… —repetía una y otra vez sin poder asumirlo como cierto. Pero así fue, ¡y ella se lo permitió en vez de correrlo como lo hacía siempre, siendo Ladybug! ¡Es más, le correspondió!

— Marinette, ya me estás preocupando —se le acercó Tikki, ninguna de las palabras que la kwami le daba para calmarla parecía surtir efecto—. No es tan grave como parece. Cat Noir es tu mejor amigo; te conoce bien tanto como Ladybug y como Marinette; te ha apoyado más que nadie; y siempre te ha querido… ¡era obvio que ibas a terminar enamorándote de él!

— ¡¿Qué?! —eso pareció hacerla reaccionar y bajar de nuevo al planeta tierra— ¡Yo no estoy enamorada de él, Tikki! ¡Y eso no pasará nunca! ¡Yo sólo amo a Adrien!

— Dijiste que querías olvidar a Adrien porque él amaba a otra chica.

— Sí… ¡pero no por eso voy a empezar a amar a Cat Noir! ¡No tiene sentido!

— ¡Claro que lo tiene, Marinette! —le discutía la kwami, sin perder su sonrisa compresiva—. Pero tú no te quieres dar cuenta, es como si…

— ¿Cómo si qué, Tikki?

— Como si tuvieras miedo…

— ¡¿Miedo?! ¡Pues claro que tengo miedo, Tikki! ¡No entiendo porqué hice lo que hice! Y hablando de eso… ¡¿Pero qué rayos fue lo que hice?! ¡¿Por qué demonios me besó?! ¡¿Por qué no lo detuve en vez de seguirlo en su torpe juego?! ¡¿Qué va a pensar Cat Noir de mí ahora?! ¡Después de decirle que amaba a Adrien y rechazarlo tantas veces como Ladybug, creerá que soy una fácil!

— ¡Eso no es verdad, Marinette! Cat Noir nunca pensaría eso de ti, lo sabes.

— ¡Pero es que… ay, Tikki! —suspiró resignada y volvió a tirarse en la cama de espaldas, poniendo un cojín sobre su cara— ¿Qué rayos fue lo hice? —musitó angustiada y sonrojada, al sacarse la almohada de la cara. La kwami voló hacia ella—. Todo es tan confuso, no sé cómo llegamos a eso, sólo recuerdo que…de pronto nos estábamos besando frente a la torre Eiffel, ni siquiera sé cuando estuvimos así, sólo que ya era de noche cuando me trajo. Me besó en la mejilla, sonrojado igual que yo, y me dijo un "buenas noches, princesa", antes de irse —volvió a ponerse el cojín sobre la cara — ¡No entiendo nada!

— Tranquila, Marinette. Creo que lo estás pensando demasiado, estás cosas pasan…

— ¡No! ¡No pueden sólo "pasar", Tikki! ¡No es mi novio! ¡Ni siquiera me…! —pero se calló de pronto.

— ¿Qué, Marinette?

— Él…ni siquiera me…gusta…

— ¿Estás segura de eso? Pareció que te costó mucho trabajo decir esas palabras.

— Yo… ya no sé, Tikki. Estoy muy confundida.

— No tienes porqué tratar de arreglar todo ahora, Marinette. ¿Por qué no mejor te relajas, dejas ese tema por hoy y te concentras en arreglarte para la boda de tu prima?

— ¡¿Qué?! ¡Oh no, estaba olvidando que la boda es hoy! ¡Tengo que arreglarme! ¡¿Cuánto tiempo me queda?!

— El suficiente, descuida.

En dos segundos sacó el hermoso vestido azul que preparó para la boda, se vistió y corrió al baño para arreglarse el cabello. Decidió finalmente acomodarlo con un tomate pequeño y dejar caer varios de sus mechones, ahora ondulados, por uno de sus hombros. Se veía bastante bien ya que su hermoso vestido azul era sin mangas, y se afirmaba sólo de los pechos, por tanto no sólo lucía su peinado sino también su fino y delicado cuello.

— ¿Qué te parece, Tikki?

— ¡Te ves fantástica, Marinette!

— Gracias, esta vez te llevaré en esta carterita blanca —señaló el pequeño bolsito con detalles azules—. También eche unas galletas, ¿sí?

— ¡Sí, yupi!

— Creo que ya es hora de bajar. Pero siento que estoy olvidando algo…

— ¡Pero claro que olvidas algo, Marinette!

— ¿Ah? ¿Y qué es, Tikki?

— ¡Tu acompañante!

— ¿Eh? —no fue necesario repetirlo, pues escuchó el suave "toc-toc" en su ventana. Sintió que casi se iba a desmayar cuando vio a Cat Noir ahí afuera, saludándola animadamente— ¡Ah! ¡Cat Noir! "¡Oh, claro, olvidé que él me iba a acompañar! ¡Oh no! ¡¿Qué hago ahora?! ¡¿Qué le digo?! ¡¿Debo hacer como si nada hubiese pasado?!", se debatía ella mientras caminaba a la ventana a abrirle. Finalmente él entró.

— ¡Buenas tardes, prin-! —Pero se detuvo y perdió toda conexión con su cerebro cuando la miró bien— Wuau… ¡T-te v-ves her…hermosa, princesa! —se dio una cachetada mental para hablar como la gente— ¡Espectacularmente radiante! —Cat pensó que como ya la había visto con el vestido antes no sería tanta su sorpresa. Gran error.

— Oh, m-muchas gracias, Cat Noir —ahí recordó su último trabajo—. Tengo algo para ti también —fue a su closet y sacó un bello saco de hombre color verde oscuro, con un corbatín de un verde esmeralda que hacía juego con sus ojos.

— ¡Wuo! ¡¿Eso es para mí?! —se acercó de inmediato y lo tomó, comenzó a ponérselo sin esperar respuesta.

— Sí, ¿t-te gusta?

— ¿Gustarme? —se acercó al espejo de Marinette y comenzó a posar— ¡Me veo genial! Creo que luciré mejor que el novio esta noche —le habló con voz seductora.

— Jaja, tomaré eso como un "sí". ¿Vamos ya, gatito?

— ¡Por supuesto, princesa mía! —le hizo una suave reverencia, para luego tomar su mano y bajar con ella—. Por cierto, ¿le dijiste a tus padres que iré conti-?

— ¡Ah! ¡Ya llegaron! ¡Ven, querido! —anunció una emocionada señora Dupain-Cheng. Cat Noir comenzó a ponerse nervioso, pero los padres de Marinette se mostraron felices y emocionados porque el mayor superhéroe de París sería quien acompañaría a su hija; no sólo era un privilegio, sino que también les daba una gran seguridad, sobre todo desde que la niña había sufrido un ataque por una persona akumatizada.

Llegaron a la ceremonia, al principio todos quedaron sorprendidos de la pareja de Marinette Dupain-Cheng. Pero al comenzar la boda, todos pusieron los ojos sobre la pareja de novios. Durante la ceremonia, la de ojos zafiros pensaba nostálgicamente si algún día estaría frente a ese altar con Adrien Agreste. Mientras Cat la miraba de reojo y algo sonrojado de vez en cuando.

Lo bueno comenzó después de la ceremonia, ¡con la fiesta! Todos bailaban, comían y conversaban alegremente.

La prima de Marinette —y ahora la recién casada— se acercó a la pareja.

— Me alegra mucho que hayas podido venir, Marinette. Aunque fue una enorme sorpresa verte llegar con el héroe de París. ¿Quién diría que tendrías amistades tan famosas? ¿Qué más ocultas, primita? ¿Ahora me vas a decir que tú eres Ladybug? jajaja —le golpeó el hombro en señal de broma y sin dejar de reírse. Marinette tragó pesado y comenzó a reír nerviosamente.

— ¿C-cómo crees? —temblaba ligeramente, mientras Cat Noir la miraba meditabundo, nunca se le había ocurrido pensar que su princesa podía ser en verdad su lady. Luego movió la cabeza negando suavemente. No, eso no podía ser cierto— ¡O-oye, felicitaciones por tu boda, prima! La ceremonia estuvo muy hermosa —le cambió el tema.

— ¡Ay, gracias, linda! ¡Y gracias a ti también por venir, Cat Noir! Por favor disfruten de la fiesta. ¡Nos veremos después! —se despidió para ir a saludar a otras personas. Marinette respiró aliviada.

— Eso estuvo cerca… —musitó para sí misma.

— ¿Qué cosa? —se acercó mucho él, a su cara más precisamente, mirándola sospechosamente.

— ¡Na-nada! ¿No tienes hambre gatito? ¡Hay un banquete espectacular! ¡Muchos pasteles, camarones y…!

— ¡¿Pasteles?! ¡Vamos! —la tomó de la mano y fue de inmediato hacia el enorme mesón de comida. Luego de sacar lo que querían, se fueron a sentar a una mesa para comer tranquilos.

— Oye, gatito, ¿estás seguro de tomar esas bebidas? Se ven muy…brillantes.

— ¡No puedo evitarlo! ¡Soy un gato, me atraen las cosas que brillan!

— Creo que alguien olvida que es humano…

— ¿Dijiste algo, princesa? —hablaba con la boca llena de delicias, mientras la de ojos zafiros se reía delicadamente.

Luego de comer se quedaron conversando un buen rato, hasta que se acercaron varias chicas, con sus celulares. Marinette no parecía conocer a la mayoría de ellas.

— Disculpa, Cat Noir, ¡soy tu fan! ¡¿P-podemos tomarnos una foto contigo?! —habló una que extrañamente le recordó un poco a Chloé, tal vez porque era rubia también.

— Am…supongo que no hay problema.

— ¡Sí! —todas se pusieron a su alrededor y comenzaron a sacar muchas fotos, ignorando a Marinette. La de ojos zafiros suspiró resignada.

"Supongo que esto no podía evitarse". Sin embargo, ella creía que eso sería todo, Pero las chicas no se fueron y rodearon a Car Noir haciendo que él y Marinette perdieran el contacto visual.

— ¡Ay, Cat Noir, eres tan fuerte y sexy! —le ronroneaba coquetamente la rubia.

— Wuau…tus músculos son tan grandes —comenzó una pelirroja a acercarse por el otro lado mientras sus resbalosos dedos comenzaban a subir por los fuertes brazos del héroe.

— A-ah, g-gracias… —comenzaba a sentirse incómodo con esa cercanía, y parecía que todas estaban cada vez unos centímetros más cerca de su cuerpo—.Y-yo… ¿Marinette, te apetece ir a la barra por algo de beber?

— Es una buena id-

— ¡Yo te acompañaré, Cat Noir! —se lanzó la rubia a su brazo, mientras las otras comenzaban a ver la forma de hacer lo mismo y colarse.

Marinette miraba la escena enfadada, de brazos cruzados y con ganas de golpear a alguien. ¡¿Quién se creía esa rubia oxigenada para ignorarla e interrumpirla así?! Cat Noir estaba cada vez más incómodo. No sólo porque notó el enfado de su princesa, sino porque también se había dado cuenta de lo mal que lo miraban unos chicos, desde otra mesa; probablemente eran los respectivos acompañantes de esas chicas fanáticas.

— L-lo lamento, chicas, pero no puedo permitir que nos acompañen —se levantó decidido. No quería que alguien fuera akumatizado por su culpa; y mucho menos que su querida princesa, que se tomó la molestia de invitarlo, la pasara mal también por su causa—. Princesa, ¿me harías el honor de acompañarme? —pidió caballerosamente, logrando que ella volviera a sonreír radiante, como siempre. Le tomó la mano y se alejaron de ahí frente a todas las miradas celosas y deprimidas de las otras chicas.

— Gracias, Cat. Aunque…ahora que lo pienso, es la primera vez que te veo rechazando la atención de otras chicas.

— Sí, bueno… —se rascó la nuca, tratando de quitarle importancia aunque sus mejillas se tiñeron de un rojo suave—. Vale la pena por ciertas personas… —musitó algo avergonzado. Como Adrien nunca era capaz de decirle que "no" a nadie ni nada en temas de atención, aunque le molestara; sabía que no podía comportarse igual, sobre todo si se supone que con el traje tenía libertad para ser él mismo.

"Además, no quiero estar con nadie más en estos momentos", reconoció, algo extrañado también de su propia verdad. Ese comportamiento no era común en él.

— ¡Mira, están dando más bebidas brillantes! —animó Marinette.

— ¡¿En serio?! ¡¿Y qué estamos esperando?! —afirmó más su contacto y la jaló hacia la barra.

Marinette tomó sólo un vaso pequeño y sin dejar de comer algunos canapés, pues aunque no se sentía mucho, estaba segura de que esas famosas bebidas tenían algo de alcohol. Sin embargo, a Cat Noir pareció gustarle bastante el trago dulce, y ya iba como en el quinto vaso. A esas alturas, la comida que había ingerido no pareció servir de mucho.

— ¿E-está bien, gatito? —preguntó ella, algo nerviosa. Él se veía un poco mareado, sonrojado y muy feliz.

— ¡P-pero c-clar-rrro que sí! Jaja ¡esto es m-mejor que la lech-che! —arrastraba las palabras.

— Creo que fue suficiente alcohol para ti por hoy, gatito. Si sigues así podrías perder una de tus nueve vidas —el rubio estalló de la risa, como nunca.

— ¡Va…ya que er-rr-es chistosa, princes-sa! Te qued-dan bien los chistes de gato… —. Por -ccierto, eres r-realmente her-rrmosa, Marinette. ¿Te lo habí…an dicho?

"Sip, ya está ebrio", Marinette suspiró resignada.

— Eh…y-yo…gracias, pero… —le quitó el vaso de la mano—. Creo que es hora de hacer otra cosa, ¿no crees?

— Mm… ¿y qué te gustar-ría que hiciéramos, princesa? —murmuró coqueto, mientras ella se sonrojaba.

"Creo que está peor de lo que pensé. ¡Rayos! ¡¿Qué hago ahora?!". De pronto recordó que una vez, uno de sus primos mayores le aconsejó bailar y luego comer en caso de que estuviese muy ebria, para volver a recuperarse.

— ¡Eso es! ¿Te gustaría bailar, gatito?

— ¡¿Bailar?! ¡Hip! ¡C-clar-ro que sí! ¡Creí que n-nunca me lo pedir-rías! —la tomó nuevamente de la mano y la sacó a la pista. Tenía que admitir que sin su traje de Ladybug, Cat Noir era más ágil que ella.

La música era bien movida, y si bien ella no acostumbraba a bailar así con chicos, no tenía de otra. Pero su cara de nervios e incomodidad se fue transformando en una de constantes risas y ojos felices al ver lo bien que se movía su pareja de baile, mientras se esforzaba por luchar con el alcohol en su cuerpo y le ponía caras coquetas.

Ella comenzó a soltarse más, con confianza, y sus suaves movimientos tímidos se transformaron en una danza libre y sensual ante los ojos esmeraldas.

"De veras que luce radiante…", reconocía sonrojado. Sin pensarlo mucho, y notando como la música se volvía más lenta ahora, se acercó a ella, tomándola de la cintura.

Marinette se sobresaltó un poco, no se esperaba eso. Pero esa mirada esmeralda cálida llena de confianza y cariño, la hizo relajarse; y así pudo enrollar sus brazos en el cuello del chico. Así comenzaron su danza lenta e íntima, que más parecía un momento para estudiar la mirada del otro, de averiguar quiénes eran, a quien tenían en frente, como si fuera la primera vez que se daban un momento para observarse de verdad.

Fue así, al compás de la melodía y de la armónica atmósfera, que fueron acercándose, al punto de chocar sus frentes. Y así se quedaron, moviéndose despacio, guiados por la presencia del otro.

Marinette fue quien rompió el contacto, volviendo a tierra, tras recordar ese beso que todavía no tenía resuelto en su cabeza. ¡Y de ninguna forma podía dejar que eso volviera a pasar aquí, frente a todos!

— C-creo que voy al tocador, ¿sí? Puedes ir a comer algo si quieres, y yo te veo ahí.

— D-de acuerdo, my…princesa… —se tomó la cabeza, mareado.

"Vaya, creo que aún sigo algo ebrio, ¡estuve a punto de decirle "my lady" a Marinette! Jé, que torpe. Mejor iré por algo de comer".

Iba caminando a la mesa de bocadillos, cuando sintió que lo abrazaban por la espalda fuertemente, antes de lograr voltearse, la rubia de antes estaba ahora frente a él, amarrándolo por el cuello.

— ¡Al fin te libraste de esa chica tan aburrida! ¡Ven, querido Cat Noir, vamos a divertirnos de verdad!

— ¡¿Q-qué?! "¡Marinette no es aburrida!", pensó dentro de su mañosura ebria, mientras la chica lo arrastró a la pista de baile, sin desengancharse de su cuello. Con tanto movimiento brusco, el chico se mareo y perdió el equilibrio de su cuerpo.

— Ay, Cat Noir, siempre soñé con decirte que… ¡Auch! —chilló al ser pisada por el héroe.

— L-lo siento.

— No importa —musitó con los dientes apretados, tratando de disimular su enojo—. Te decía que yo… ¡Ouch!

— Ups…jeje… —disfrutaba eso, aunque sabía que estaba mal. ¡Pero estaba ebrio, se iba a reír de lo que fuera!

— Ash, yo… ¡Ah! ¡Ay, ay! ¡Eres un idiota! —lo soltó indignada, empujándolo y marchándose de ahí. Lo que no se esperaban era que el chico chocara con otros dos que estaban bailando distraídos y todos terminaron colisionando con un camarero que pasaba por ahí con una bandeja de canapes y salsa.

Adivinen donde fue a parar esa salsa.

Los murmullos comenzaron a oírse y ahí llegó Marinette.

— ¡¿Cat Noir?! ¡¿Qué pasó?! —Corrió hacia él y lo ayudó a levantarse— ¿Estás bien? ¿Cómo fue que terminaste con la cabeza cubierta de salsa blanca?

— Ay…larga historia, princesa. Aunque creo que eso me quito la borrachera —le sonrió. Pero Marinette no parecía muy convencida.

— ¡Hija, ¿estás bien?! —llegó su madre y su padre hasta donde ellos estaban.

— Sí, es que Cat tuvo un pequeño accidente.

— D-de verdad lo lamento, señores Dupain-Cheng —hizo una exagerada reverencia. Ellos se rieron suavemente.

— Descuida, lo importante es que no hay heridos —dijo la cálida voz de la madre.

— Además, este tipo de cosas siempre pasan en las fiestas. Ya nos extrañaba que estuviese todo tan tranquilo —se rieron ellos, y los chicos también pero más nerviosos.

— Am…mamá, ya estoy cansada, y creo que Cat Noir ya debe irse o podría perder su transformación. Creo que mejor volveré a casa.

— ¿Estás segura, hija? ¡Aún queda mucha fiesta que disfrutar! —animó el padre.

— Déjalos, querido. Si están cansados es mejor que vayan a dormir.

Ambos padres se despidieron y dejaron a la pareja en el taxi que los pasó a recoger.

— ¡No er-ra necesario un taxi! ¡Yo podría llevarte en mis brazos!

— ¿Para quedar estampados en la torre Eiffel? ¡No gracias, gatito! Hoy mejor descansa, ya casi llegamos.

Al llegar, Marinette le ofreció pasar a su ducha para que se quitara los restos de salsa del pelo. Él aceptó y además le pidió un poco de queso para darle a su kwami.

— ¡¿Dices que sólo como queso?! ¡¿Acaso es un ratón?!

— Jaja, no…eso creo —ella comenzó a reírse.

— Esto es extraño pero divertido.

— Sí, bueno, yo ya me acostumbré; aunque aún detesto el olor. En fin, me meteré a la ducha.

— Adelante —le pasó una toalla y el queso. Ahí adentro, Adrien pudo volver a la normalidad, y dejó a Plagg comiendo mientras él se metía al agua. ¡Y menos mal porque ya comenzaba a apestar a salsa blanca!

Tikki salió también, se acercó a la puerta del baño, sin abrirla. Aunque quería hacerlo.

— Plagg está ahí…

— ¿Eh? ¿Sucede algo, Tikki? —preguntó Marinette mientras ordenaba las cosas sobre su cama y se quitaba los zapatos.

— N-no, no es nada —llegó hasta ella, borrando su cara triste— ¿Te divertiste en la fiesta?

— ¡Claro! No creí que la pasaría tan bien.

— ¿Y cuál fue tu parte favorita?

— Mm…cuando Cat pisó a esa chica, varias veces… —ambas comenzaron a reír con ganas. Después de todo, Marinette había alcanzado a apreciar lo que pasó, y no podía dejar de recordar los divertido que fue ese espectáculo. Seguro que esa noche Cat Noir perdió una fan.

"Hm…que raro, podría jurar que oigo a dos chicas reírse", pensó el rubio en la ducha. "Creo que sigo ebrio…". Apagó la regadera y salió del agua para comenzar a secarse. Una vez listo, volvió a transformarse. Pero esta vez la chaqueta y el corbatín los tenía en la mano.

Cuando salió del baño, Marinette estaba sola y sentada sobre su cama, mirando su teléfono. Ella lo miró al sentir su presencia.

— ¿Mejor, gatito?

— Absolutamente. ¿Dónde dejo esta hermosa ropa, princesa?

— Puedes llevártela.

— ¿De veras?

— ¡Claro! La hice sólo para ti, gatito.

— Wuau, ¡muchas gracias, princesa! —se sentó a su lado, mirando también el teléfono que seguía en manos de Marinette— ¿Qué haces?

— Le prometí a Alya que le enviaría algunas fotos de hoy. Descuida, sólo envié las más decentes, nada que te perjudique.

— Pues…con el show que di hoy, no creo que pueda verme más perjudicado.

¡Nunca digas nunca! —anunció ella animada, mientras le mostraba una foto donde él salía en el piso, con salsa en la cabeza y bajo otras personas que arrastró con él.

— ¡¿E-en qué momento…?!

— Un primo me la envió. Pero le hice prometer que no la divulgaría. Descuida, es de confianza, así que no me fallará. Aunque yo me quedaré con esto.

— ¡¿Eh?! ¡N-no me digas que después vas a extorsionarme con esa foto! —le picó haciéndose el ofendido.

— Claro que no, sólo la dejaré de recuerdo.

— ¿Recuerdo para qué?

— Un recordatorio para ti la próxima vez que quieras beber tantas bebidas de bonitos colores. Y para cuando quiera reírme, claro —y comenzó a reír sin poder evitarlo.

— ¡Que mala eres, princesa! —le lloriqueó él, pero sin dejar de sonreírle. Se la había pasado estupendo, y ya se sentía mejor—. Gracias por invitarme.

— No, gracias a ti por acompañarme. No me hubiese divertido tanto sin ti —lo miró con cariño. Mientras él se sonrojaba y se rascaba la nuca.

Marinette volvió su celular para leer los mensajes que Alya le había escrito en respuesta. Y mientras se entretenía con eso, el rubio no pudo evitar fijarse en lo bella que seguía viéndose su amiga, ¡aunque ya era más de media noche! ¡¿Cómo lo hacía?!

Su fino y delicado cuello quedó expuesto a él, pues su pelo estaba recogido y colgaba del otro lado. Y el vestido le permitía apreciar esa sensual parte superior de la de ojos zafiros.

"Debería mostrar sus hombros más seguido", pensó embobado. Luego, una imagen de ella así en la escuela lo alertó, con todos los chicos mirándola, entre ellos, Nathaniel. "¡No, retiro lo dicho!, sólo yo quiero verla así…". Sin medir sus acciones, se acercó más a su piel, y como ella seguía sin dejar de mirar su teléfono, continuo acercándose, hasta que al fin sus labios llegaron a su hombro, besándolo con ternura.

Ahí soltó el celular, más bien se le cayó, y miró a Cat sorprendida y avergonzada. Pero la mirada esmeralda era distinta a la normal. De hecho, se parecía bastante a esa que le dedicó cuando la besó en aquel tejado de París.

— ¿C-Cat…?

— Marinette… —susurró en su oído, para luego comenzar a besar el camino desde su lóbulo, pasando por su cuello, hasta volver al hombro. Los besos se hacían cada vez más largos y pronunciados; mientras Marinette emitía unos suaves gemidos casi inaudibles y cerraba los ojos, sin saber que más hacer.

— E-espera… ¿q-qué haces…?

Cat no le respondió y volvió a su recorrido, esta vez en subida. El rubio parecía más excitado con cada suspiro y gemido de Marinette, mientras ella sentía que la despojaban de su autocontrol. Cuando Cat estuvo de vuelta en su lóbulo. La de cabello azulado se volteó y los zafiros y esmeraldas de encontraron en esa calidez. Esta vez fue Marinette quien acortó la distancia entre ambos, llevando a Cat Noir a cerrar los ojos y rendirse al efímero roce de sus labios, el cual no alcanzó a durar ni dos segundos porque el teléfono en el piso comenzó a sonar.

Era el padre de Marinette.

Nerviosos, se alejaron, y ella se apresuró en contestar. Su padre quería saber si habían llegado bien y le avisaba que ya estaban por volver.

— Oh, entonces…es mejor que me vaya —se acercó él a la ventana, con Marinette detrás, algo avergonzada y triste. Por alguna razón, no quería que él se fuera. Él la notó decaída y llevo una de sus manos a su mentón—. Hoy la pasé estupendo contigo, princesa.

— También yo — ¡bingo! la había hecho sonreír de nuevo.

— Nos vemos mañana —se acercó y la besó en la comisura de los labios, para luego irse saltando rápidamente de ahí.

Marinette miró como se iba, con algo de nostalgia y una nueva sensación en su pecho en la parte baja de su estómago.

Definitivamente ese gatito comenzaba a hacerse un importante lugar en su corazón.

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¡Hola! ¡Lamento mucho la demora, chicos! :c no les mentiré, me operé el lunes y he estado muy adolorida y sin ánimos de nada. Por fin hoy pude terminar este capitulo y en verdad espero que les haya gustado!

También espero sus opiniones al respecto c:

El siguiente viene de aquí a antes del domingo, lo prometo!

Saludos!