Amores de tejado
Mi verdad
"Agh… ¿por qué a mí?", se preguntaba mentalmente una y otra vez el rubio, mientras lograba poner sobre su cama a una inconsciente Marinette; y a su lado, a su kwami en la misma condición. Luego corrió a colocarse una de las toallas que la chica le había traído, ¡no podía arriesgarse a que lo viera desnudo de nuevo! Se la enrolló en la cintura y se sentó a los pies de la cama, avergonzado y derrotado.
Definitivamente ese fue el momento más humillante que había vivido hasta la fecha, y digamos que Adrien Agreste no estaba muy acostumbrado a sentirse tan tremendamente avergonzado.
"¿Cómo la voy a mirar a los ojos ahora? ¡Ya sabe que soy Cat Noir! ¡Y peor! ¡Me vio sin ropa!"
— ¡Agh! ¡Demonios! —se cubrió la cara con frustración y se echó para atrás, quedado sus pies en el suelo y su espalda sobre la cama. Se quedó ahí mirando el techo, como quien se queda flotando en el mar a la deriva.
"No, no es momento de pensar en eso. De hecho, de todas las personas que pudieron haberme visto desnudo, ¿por qué no ella? Me gusta, la quiero y… ¡agh! ¡No, no, no, no! ¡No puedo simplemente olvidar esto!". La miró de reojo, con miedo a verla despierta, pero ella seguía sin estar en esta realidad. Luego se fijó en su amigo gatuno, respiraba con dificultad y seguía muy pálido, casi gris.
Se paró y se acercó a Plagg preocupado, ni siquiera sabía que los kwamis podían enfermarse.
— ¿Qué hago ahora? —lo miraba angustiado, Plagg podía ser una molestia a veces, pero era su amigo más querido al fin y al cabo. Nunca se perdonaría si algo llegaba a pasarle.
"¿Pero cómo ayudarlo? ¿Lo llevo a un veterinario? No…creerán que estoy loco, o peor, que es una nueva especie y tal vez quieran quitármelo para donarlo a la ciencia o algo".
De pronto, notó como Marinette comenzaba a removerse de a poco. El pulso del Agreste se aceleró a mil mientras ella comenzaba a abrir los ojos despacio, sin recordar mucho ni entender cómo llegó ahí, hasta que lo vio a él.
— ¿Eh? ¡¿A-Adrien?!
— Ho-hola, Marinette —por alguna razón le daba miedo llamarla "princesa" ahora.
— ¡¿Q-qué estás ha-haciendo aquí?! Y… ¿po-po-por qué…estás…? —obviamente se había fijado en el detalle de que el chico seguía desnudo de la cintura hacia arriba.
— Escucha —le pidió antes de que ella intentara terminar de hablar—. Sé que esto debe ser muy chocante para ti, pero necesito que te calmes y me ayudes, por favor, Marinette. No tengo a quien más recurrir —casi le rogó. Marinette se sorprendió al ver la desesperación y súplica en aquellos hermosos ojos verdes que tantos años la trajeron enamorada.
— ¡Un momento! —y ahí recordó todo. ¡Estuvo todo el día con Cat Noir! Y después de que él quedara empapado de refresco por su broma, se fue a lavar al baño, y cuando ella entró a pasarle toallas, ¡se encontró con Adrien…! ¡Desnudo! Los colores volvieron a su cara y al recordar esa nítida imagen en su mente, comenzó a sentir que se iba a desmayar de nuevo.
— ¿Marinette? —la llamó al ver que ella no habló más y sólo hacía distintas caras. La chica lo miró sin entender bien todavía.
— Tú…eres Cat Noir…
— Si…
Y el silencio volvió a reinar entre ellos, mientras los ojos zafiros y esmeraldas luchaban por tratar de entender al otro y buscar el mismo afecto con el que antes se miraban. La chica se fue reincorporando de a poco.
— Pero…entonces tú… ¿eh? —se quedó quieta al ver que a su lado, estaba acostado lo que parecía ser un gatito pequeño y color grafito— ¿Es…tu kwami?
— Sí, se llama Plagg, y está muy enfermo. Nunca había ocurrido esto y no sé qué hacer —parecía que su voz se quebraría en cualquier momento. Marinette lo miró compasiva, sabía por lo que estaba pasando. Se sentó en su cama, sin tocar a Plagg y puso una mano sobre el hombro del rubio, quien seguía de rodillas al lado de la cama.
— No te preocupes, él estará bien. Sígueme, aunque ya esté por oscurecer, estoy segura de que él podrá ayudarnos.
— ¿Él?
— Sí, el maestro Fu. Ahora vámonos, no hay tiempo que perder —tomó su bolso con sus cosas y su otro bolsito; Tikki ya estaba adentro, con ojos angustiado. Marientte la acarició calmándola.
— ¡Espera!
— ¿Qué pasa, Adr-? Ah… am… ah… —No pudo evitar que su mente se apagara de nuevo, al voltearse pudo volver a tener frente a ella a ese adonis semi-desnudo, con las mejillas algo sonrojadas y una mirada avergonzada, con una mano en la nuca. "¡Mierda, ¿cuál era su nombre?!".
— Es que…la transformación…no tengo ropa…
— ¡Oh! ¡C-claro! ¡L-lo siento! Eh… ¡quédate aquí! ¡Ah! —tropezó al tratar de irse de su pieza, luego se reincorporó y volvió a intentarlo.
"¡Dios! ¡¿Cómo puede ser tan condenadamente sexy?!" Ni en sus mejores sueños se imaginó tener a Adrien Agreste semi-desnudo en su pieza. Sin mencionar que antes en su baño, lo vio tal y como llegó al mundo.
Cuando llegó a la habitación de sus padres, paró y se sentó un momento en la cama, tratando de calmar el calor en su cuerpo y su respiración. ¡Había visto cada parte de su hermoso cuerpo! Y digamos que era la primera vez que la Marinette veía cierta parte íntima de los hombres, zona que por cierto en Adrien estaba muy bien dotada.
Sacudió fuertemente su cabeza, en un intento por dejar de pensar en ello y concentrarse, Plagg era la prioridad ahora. Se dirigió al closets y sacó la camisa más pequeña que encontró de las que su padre tenía, al igual que un short que le quedaría como un pescador al rubio; por último, sólo pudo encontrar unas sandalias que igual eran grandes, pero algo salvarían por ahora. También le pasó un sombrero y unos lentes de sol para que la gente no lo reconociera en la calle.
Aunque al chico le costaba un poco caminar, así partieron a ver al maestro Fu, quien no hizo muchas preguntas, sólo se dedicó a sonreírle a los chicos y rápidamente logró que Plagg recuperara su color y volviera a recobrar la consciencia. Sólo en esos momentos, Adrien pudo respirar aliviado de nuevo.
Ya de vuelta en la casa de Marinette, Adrien pudo sacarse el gorro, los lentes y los zapatos gigantes; Marientte subió a dejar su bolsito con Tikki en la habitación; al volver, Plagg salió disparado hacia Marinette.
— Gracias, niña —se le acercó a la cara con su sonrisa gatuna—. De no ser por ti este tonto me hubiese llevado a un veterinario o algo así.
— ¡O-oye! —le reclamó el rubio. "¡Sólo lo pensé, no lo hice, ¿ok?!".
— No fue nada, Plagg, es una placer conocerte —le sonrió ella.
— Igualmente, princesa —le hizo una pequeña reverencia sin dejar su sonrisa traviesa. Ambos chicos quedaron sorprendidos, Marinette porque podía entender como de ese rubio casi perfecto sumado a este travieso kwami, salía su querido Cat Noir.
"No…siempre ha sido Adrien, sólo que la máscara le da la confianza de ser él mismo. Como yo…"
— ¡Un momento! Ahora que lo pienso —miró sospechosamente a la de ojos azulados—. Tú sabías exactamente que hacer al ver a Plagg tan mal. ¡Nunca vi a ese hombre en mi vida! Y tú llegaste y lo saludaste solamente, sin decirle algo más. ¿Cómo es que sabías de esto? —se acercó a ella, como queriendo acorralarla. Ahora sí que no podía negar que era sospechoso, que había gato encerrado, que ella ocultaba algo.
— E-eh…yo…
"¿Será posible? Entonces… ¡¿ella es Ladybug?!"
— Tú…
— ¡Lo que pasa es que un día me encontré un libro sobre los kwamis! —"¡muy bien Marinette!", se dio ánimos a sí misma—. Y como contenía información muy detallada sobre ellos, pensé que sería un problema que cayera en las manos equivocadas. Por lo que se lo di a Ladybug. Y ella me dijo que si un día volvía a encontrar algo relacionado con ellos, y no la encontraba, fuera donde este hombre, el maestro Fu. Por eso pensé que él podría ayudar a tu pequeño kwami.
¡Y el Nobel a la mentira del año es para… Marinette Dupain-Cheng!
— Oh… —era creíble, muy verosímil, pero sentía que algo no encajaba en la historia. ¡¿Y por qué Ladybug nunca le mencionó algo sobre ese dichoso libro?! ¡Él es Cat Noir, tenía derecho a saberlo, ¿no?!
Mientras los chicos seguían hablando del tema, Plagg se las arregló para escabullirse a la pieza de Marinette. A penas cruzó el umbral de la puerta. Tikki voló hacia él, abrazándolo con fuerza y bastante impulso. Pero él ya estaba acostumbrado a estos gestos. La abrazó de vuelta y comenzó a acariciarle la cabeza.
— ¡Me tenías muy preocupada, Plagg! ¡Nunca te había visto así! —lloraba en sus brazos, mientras él le sonreía con ternura.
— Ya no llores, Tikki. Ya pasó todo. Ese porque ese niño enamorado no se midió en las transformaciones, es todo.
— Pero tú… —lo miró unos momentos—. Seguramente te venías sintiendo mal hace días, ¿por qué no le dijiste nada?
— Es que… agh, sólo como Cat Noir lograba estar con ella, y parecían tan felices juntos. No quería quitárselo… era más fácil mentirle.
— ¡Mou, Plagg! —se hizo la enfadada, pero él sabía que no era verdad. Se acercó a Tikki y le besó la frente.
— Ya estoy bien, así que no te enfades. Por lo que vi, Adrien todavía no sabe que ella es Ladybug.
— No…
— Ese niño despistado…
— Descuida, estoy segura de que es cosa de tiempo. Él ya debería sospechar al menos. Y tú no debes sobre esforzarte para que eso pase, sólo confía en ellos. Estarán bien.
— Hm… —él desvió la mirada, mientras ella se reía traviesa.
— Eres tan lindo y te esmeras tanto porque nadie se entere de cuanto te preocupas por Adrien.
— ¡C-claro que no! —musitó amurrado y avergonzado, mientras ella le daba un tierno beso en la mejilla, y lograba sonrojarlo aún más, para reírse— ¡Tú…lo haces apropósito!
— ¡Por supuesto! —reconoció sonriéndole inocentemente.
…
Ya estaba oscuro, así que Marinette se dirigió a la cocina con afán de preparar algo de cenar.
— ¿Ma-Marinette? —la siguió él, y notando sus intenciones, se acercó a ella— ¿Te puedo ayudar?
— Eh…yo… n-no, no lo sé… —parecía que la chica lidiaba con una batalla mental en esos momentos. La cara de Adrien se entristeció. No quería perder la cercanía que había ganado con ella estos días.
— ¿Quieres que me vaya? —preguntó con miedo. Ella bajó la cabeza, angustiada.
—…No —musitó finalmente—. Es sólo que…todo esto es muy inesperado. ¿Sabes? Nunca intenté siquiera adivinar quién era la persona tras la máscara, para protegerte. Pero jamás imaginé que podías ser tú, Adrien. ¡Agh! —se tapó la cara avergonzada—. No puedo creer que todo este tiempo que hablé de ti, ¡en realidad hablaba contigo!
Él acortó más la distancia y tomó con suavidad sus manos para que lo mirara.
— No te sientas avergonzada, por favor. Todo lo que te dije antes era real, todo lo que siento por ti. Y…la verdad es que cada vez que hablabas de mí, con Cat Noir, no podía dejar de sentir que eras la única que lograba ver cómo era realmente, más allá de esa máscara de perfección que me fuerzo a usar todos los días. A pesar de que cómo Adrien no pude darme cuenta de lo estupenda que eras, tú nunca dejaste de creer en mí ni de estimarme. Y luego, al acercarme como Cat Noir y descubrir quién era Marinette, no pude evitar enam-
Pero no pudo continuar, pues el teléfono de la chica comenzó a sonar. Eran sus padres, llamando.
— D-disculpa —se excusó para ir a atender al living. Sólo querían asegurarse de que todo estuviese bien.
"Jé, si supieran…".
Adrien se quedó esperando en la cocina, aún cabizbajo. Por mientras, observó lo que la chica tenía sobre el mesón de la cocina. Al parecer quería hacer tostadas francesas. Sin ganas de ser un estorbo, comenzó a prepararlas mientras ella seguía conversando por teléfono.
Lamentablemente era más difícil de lo que parecía. Y en un momento, una enorme llama de fuego creció casi hasta el techo, logrando que el rubio se espantara.
— ¡D-demonios!
— ¡¿Qué está pasando aquí?! —corrió ella hacia la cocina y apagó la llama, para luego tirar el ardiente sartén al lavaplatos. Sólo ahí ambos pudieron respirar tranquilos— ¡¿Qué fue lo que hiciste?!
— ¡Só-sólo le puse algo de aceite!
— ¡¿Cuánto?!
— Un poco más de la mitad de la botella, claro.
— ¡¿Qué?! —su cara de horror le hizo entender que había hecho mal las cosas.
— ¡Lo lamento mucho, Mari! ¡Yo creí que así se hacían así las tostadas francesas y…!
— ¿Tostadas francesas? Pero sí yo iba a hacer sándwiches.
— ¡¿E-eh?! Oh no, ¡que torpe! —se golpeó la frente, frustrado—. De verdad lo siento mucho. ¿Oh?—pero la chica ya no lo miraba enojada, al contrario se reía como si le hubiesen contado un chiste.
— Ay gatito, ¿qué voy a hacer contigo? —por primera vez en horas, desde que vio a Adrien frente a ella en vez de a Cat, pudo volver a sentir que estaba de nuevo en confianza junto a su amado gatito, y no frente al perfect sex simbol que la tenía como boba durante años.
Al verla reír relajada, como antes, él también sonrió, hasta que se unió a sus risas.
Luego de una hora limpiando y cocinando, pudieron cenar. El rubio la ayudó a recoger la mesa y comenzó a lavar los platos, a la velocidad de luz versión caracol…
Marinette lo observaba luchar para que la losa quedara impecable, mientras lo miraba como estudiándolo.
"Es él, Adrien es Cat Noir. Todo este tiempo que me gustaba uno y rechazaba al otro, se trató de la misma persona, y jamás lo noté, siempre pensé que eran muy opuestos. No pude ver más allá".
Una parte de ella quería acercarse a él y abrazarlo por la espalda, pero tras dar un paso, se detuvo. Aún era extraño y confuso, sentía que abrazaba a Adrien y no a su Cat Noir. Todavía no los podía ver como uno solo.
"Entonces, desde que le conté a Cat sobre mis sentimientos, Adrien lo supo todo. Tal vez por eso es que trataba de acercarse más a mí en clases. Pero… ¿cómo debo actuar ahora? Él sabe lo que siento…por ambos. ¡Ahora que lo pienso, él aún no tiene idea de que yo soy Ladybug! ¿Debería decirle?".
— ¡Princesa! —se volteó a llamarla, con su típica sonrisa traviesa, logrando que ella se sorprendiera y sus mejillas enrojecieran—. Qué tal, ¿eh? —le mostró todo limpio y reluciente— ¿Verdad que lo hice bien? —la miraba entre orgulloso y ansioso de esperar su reconocimiento.
Con ese gesto pudo entender mejor las cosas, él era su gatito, con o sin la máscara. Se rió suavemente y se dio vuelta para volver a la sala de estar.
— Buen trabajo, gatito, ahora eres todo un experto.
— ¡Sí! —se auto-apoyó él, mientras se secaba las manos y la seguía.
Ya era muy tarde, hora de dormir. Pero la chica se veía algo incómoda. No quería que él se fuera, ni que durmiera con ella, aún se sentía cohibida.
— Princesa, te ves cansada. ¿Quieres que me vaya? Puedes ser honesta conmigo —se le acercó nuevamente, poniéndola nerviosa.
— Yo… yo no… —bajó la cabeza, confundida. ¿Qué debía decirle? Pero el rubio lo interpretó como si efectivamente quería que se fuera.
— No te preocupes por mí. Buenas noches, princesa —hizo una ligera reverencia— ¡Plagg, es hora de irnos! —se acercó a la puerta.
— ¡Espera! —le tomó la mano, sin pensarlo. Ambos se sonrojaron por el contacto y ella lo soltó como si quemara—. N-no quiero que te…vayas.
— ¿E-estás segura?
— Sé que no estás acostumbrado a estas cosas, pero… ¿quieres dormir…?
— ¿Sí…?
— ¿En el sofá?
— Oh —casi parecía que un balde de agua fría le cayó en la cabeza. Pero para él era mejor eso que irse y dejar todo así. Después de todo, sentía que merecía darle un tiempo a ella, y su espacio, para que se adaptara a la idea—. Está bien. ¿Me das una manta?
— ¡C-claro! Enseguida vuelvo —fue a su habitación por unas frazadas y una almohada. Ahí notó como Tikki y Plagg estaban sentados en la ventana, abrazados, mirando el cielo. Ni siquiera se dieron cuenta de su presencia.
"Claro, ellos deben conocerse desde antes. Pero… ¿está bien que Plagg sepa que yo soy Ladybug?". Dejó ahí el tema por el momento y bajó a armarle su nueva cama a su compañero de clases.
— Listo.
— Gracias, princesa.
— Avísame si necesitas algo, ¿sí?
— Okey.
— E-entonces, buenas noches —musitó despacio, avergonzada, mientras se volteaba para irse. Pero el de ojos esmeralda la detuvo, tomando su mano— ¿Eh?
— Y-yo…sólo quería decirte que… —quería gritarle, mejor dicho, que le gustaba mucho, que quería estar a su lado para siempre. Pero algo lo detuvo, tenía miedo de su reacción, porque todavía se notaba que ella no se sentía en plena confianza con él como se sentía con Cat Noir. Y eso le dolía.
El rubio, en un intento de romper eso, se acercó a su rostro, tomando su mejilla con una mano y se dispuso a besarla, pero antes de rozar su piel, ella se hizo para atrás, nerviosa.
Ahí lo entendió, no podía obligarla a estar lista. Era mejor no forzar las cosas.
— B-buenas noches, Marinette —la soltó y se acostó, dándole la espalda, tratando de que ella no viera sus tristes ojos verdes. Mientras que ella comenzaba a retirarse despacio, sin dejar de mirarlo.
Finalmente llegó a su pieza. Los kwamis estaban sobre una manta, en su escritorio. Plagg se había quedado dormido sobre las piernas de Tikki, mientras ella lo acariciaba.
— Hola, Marinette —la saludó radiante. La chica no recordaba haber visto a su amiga kwami tan feliz antes, ¡y ella de por sí era feliz!
— Wuau…
— ¿Qué? —le preguntó, mientras lograba dejar a Plagg ahí sobre la manta, sin despertarlo, para ir junto a ella.
— Es que…ustedes se ven muy bien juntos.
— ¿Ah sí? —preguntó sonrojada y algo nerviosa, pero sin dejar su gran sonrisa.
— Sí. Te gusta, ¿no es verdad?
— ¡Claro que me gusta! Pero…yo diría que es más que eso, hemos vivido muchas cosas juntos, desde hace siglos. Yo amo a Plagg, desde que tengo memoria.
Eso logró que Marinette se sonrojara y la mirara sorprendida por la ligereza con la que su amiga admitía algo así.
— Tikki…
— Yo no veo mi vida sin él, Marinette. Y estoy segura de que tú algún día sentirás eso también.
Los ojos zafiros se sorprendieron un poco, y luego cayeron al suelo, pensativos. Una sonrisa triste acompañó el clima.
"Creo que ya lo entiendo…".
Marinette se puso su pijama y luego apagó la luz. Despacio, comenzó a bajar las escaleras, hasta llegar al sillón. Estuvo a punto de decir algo, pero prefirió acostarse junto a Adrien, abrazando su espalda, sin decirle nada. Aunque lo sintió tensarse.
— ¿Ma-Marinette?
— Y-yo…quiero dormir c-contigo… —musitó a penas. La sonrisa del Agreste no tardó en aparecer y se volteó despacio, para quedar frente a ella. La abrazó por la cintura y ella quedó con sus manos en el pecho masculino.
— Princesa, lamento no haberte dicho antes que era yo.
— No, está bien, fui yo quien te pedí no revelar nues- ¡tu identidad! Así que, es mi culpa.
— ¿Te molesta que sea yo?
— ¿Eh?
— ¿Qué yo sea Cat Noir?
— ¡C-claro que no!
— ¿Te decepciona?
— ¡En lo absoluto, Adrien! Sólo que…fue muy sorpresivo. Estaba acostumbrada a estar con Cat Noir y a no preguntarme quien era el chico tras la máscara. Sólo…me dejé llevar.
— También yo —confesó, algo apenado.
— ¡Un momento! Entonces, cuando le dije a Cat que estaba enamorada de ti, en verdad me estaba declarando, sin saberlo —razonó, como tratando de convencerse de que hizo lo nunca antes se había atrevido a hacer.
— Lo lamento, princesa; nunca quise pasarte a llevar. Quise decirte quien era en esos momentos, pero al oír tus motivos para que no me quitara la máscara, me pareció mejor respetarlo.
— Entonces, aquella vez…cuando le dijiste a Chloé que no podías aceptar sus sentimientos…
— Sí, le dije que me gustaba otra chica, y esa chica es…
— Ladybug —concluyó ella.
— Así es; pero luego comencé a acercarme a ti, como Cat Noir, y a conocerte mejor, a confundirme…
— ¿Eh? —ella lo miró sonrojada y sorprendida.
— Y de pronto me di cuenta de que ya no podía negar lo que sentía por ti, por más tiempo.
— A-Adrien… —él le tomó la barbilla.
— Me gustas, princesa. Cada día me estoy enamorando más de ti…
"Adrien…"
Ella se le acercó, con lágrimas en los ojos, sin poder resistirse más a ese cálido contacto que tanto adoraba tener con su mejor amigo y fiel compañero. Presionó sus labios contra los del rubio, quien no esperó ni dos segundos para corresponderle de igual forma. Adrien la acercó más a su cuerpo abrazándola por la cintura con más fuerza, mientras ella enrollaba sus brazos en el cuello del de ojos esmeralda. Sus labios se acariciaban con una intensidad no registrada anteriormente en ellos. Adrien apretó suavemente el labio inferior de Marinette, logrando que ella entreabierta un poco la boca, y así, su intrusiva lengua pudo hacerse paso hacia esa cálida cavidad de la de ojos zafiros.
Adrien comenzó a colocarse sobre la chica, sin aplastarse, y sin dejar de besarla con la misma pasión. Marinette sentía como su cuerpo se derretía ante el demandante beso y el calor emanado del cuerpo de Adrien. A lo único que atinaba era a enredar sus dedos en los cabellos dorados de su querido amigo.
Lentamente, casi sin pensarlo, el rubio comenzó a levantarle la polera de su pijama. Sin prisa, su traviesa mano comenzó a subir y caminar hasta que se topó con uno de los pechos de Marinette. Con la yema de los dedos comenzó a acariciar la base de esa delicada zona.
— ¡Ah! —los gemidos de su amiga no se hicieron esperar. Era excitante para ambos ese tenue contacto.
Con algo de valor, subió totalmente su mano y la dejó sobre su pecho. Pero la chica se sobresaltó, como si hubiese despertado de ese ensueño.
— ¡E-espera! —le pidió sacando su mano.
— ¿Estás bien? D-discúlpame, me dejé llevar.
— N-no, es que…no estoy lista todavía para esto.
— No te forzaré a nada, princesa— le besó la frente y se quitó de encima, pero sin dejar de abrazarla—. Esperaré a que tú quieras hacerlo también. Ella le sonrió más tranquila.
— Gracias, gatito —Ese era el Adrien y el Cat Noir que ella adoraba.
Del que se había enamorado.
Y así se quedaron, abrazados y sonrojados en el sofá, conversando hasta que el sueño finalmente los venció.
Esa sí que fue una dulce y buena noche para ambos.
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¡Hola chicas/os! lamento haberme tardado un poco más, es que tuve que re-hacer todo el capítulo porque el primero no me convencía jaja Les informo que sólo quedan dos capítulos más c: Espero que les guste el final.
Quiero agradecer a Guest y a junengrey por sus reviews :D a todos aquellos que me dan su apoyo para continuar esta historia hasta el final!
espero sus opiniones del capítulo, la próxima semana se viene el penúltimo c: besos!
