12. Odiando el carmín
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Marinette llevaba dos días ignorando las proposiciones sexuales de su novio debido a su menstruación que cómo siempre la había sorprendido. Para ella era un fastidio, pues no era regular y debido a su estrés cómo heroína, algunos meses no presentaba la regla.
Debía admitir que, el hecho de que el rubio le dijera que no le importaba tener relaciones de esa forma, le parecía un detalle adorable para su desastre sangriento. Ella no aceptaba por la pena que le causaba, bueno... También por el desastre que aseguraba el mantener relaciones en ese estado.
Era tanta esa incomodidad en aquello días que ni cuando se bañaba se atrevía a tocarse en actitudes eróticas, y eso ya era mucho para una joven con una sexualidad tan vívida.
– ¡Ahhh! – Bufó la azabache con una almohada sobre su rostro.
Le frustraba sentirse así. Era como si toda esa confianza y fortaleza se fueran por la alcantarilla. Por lo menos, no tenía que lidiar con cólicos, pero si con un SPM molesto que se convertía en un dolor de pechos durante tres o cuatro días que era lo que solía durar su periodo. Gracias a ello ahora estaba molesta por tener que ir a salvar a Paris en su estúpido traje ajustado.
– Marinette, quejarte no ayudará en nada.
– ¡Claro que sí! – Chilló viendo a su compañera. – Me quita mucha frustración.
Volvió a lanzar un quejido agudo, se levantó para activar sus habilidades y sin pensar demasiado fue directo hacía el lugar de la lucha. Quería terminar rápido para que esa incomodidad se fuera. Había sido tonta y no se había vuelto a colocar el sujetador que tanto le incomodaba, pero ir saltando por los edificios o moverse para esquivar los ataques del villano le estaba hartando demasiado. ¡Odiaba ese par de tetas que ni siquiera eran tan grandes!
Rogaba a todos los dioses que le ayudaran a vencer más rápido al villano, pero no podía sola y Chat Noir no se encontraba atento, bueno... Si lo estaba, pero no a lo importante. Su mirada deseosa se posaba en sus pechos con los pezones erectos debido a la fricción del traje sobre su piel.
Intentó molestarse con el gato, pero no podía. Su mirada parecía desnudarla en su cabeza. Verlo así... Le estaba excitando. Sólo llevaba unos cuantos días sin actividad sexual y por algo tan simple como la vista de su compañero sobre su cuerpo, las insinuaciones de sus palabras, los gestos que le estaba dedicando durante la batalla.
– Pervertido... – Susurró a su amigo en un segundo en que se cruzaron durante la pelea.
La muchachita no quería hacer uso de sus habilidades, ya que eso significaría que no podría verse después con su querido felino, pero como la buena heroína que era no debía de poner a los parisinos sobre un tonto deseo.
Apenas vencieron al akumatizado pensó en retirarse, pero no podía, aún estaba intranquila por lo de hacía un momento y eso la llevó a detener al rubio que no se extrañó demasiado con la actitud de la de traje rojo.
– Por favor, veámonos en algún sitio. – Lamía sus labios. – Yo quiero...
– Pero aún estamos a plena luz del día, my lady. – El chico se burlaba un poco de las ideas de su compañera. – ¿Dónde podría ser? Además, estamos a punto de destransformarnos.
– Chat... – Rogaba que él pudiese idear algo. – Por favor...
El héroe tenía una sonrisa de victoria por lo que estaba implorando la otra; esta era situación que nunca se habría imaginado, ni en sus mejores sueños húmedos podía suponer que este tipo de cosas le pasarían al lado de la que tanto admiraba. Podía orillarla a revelar su identidad para que finalmente lo hicieran como dos civiles, pero si se equivocaba en que ella no era Marinette, eso terminaría siendo un engaño poco agradable para ambos, aunque siendo sinceros... La verdad es que estaba más que seguro de que su novia era la que estaba detrás de la máscara. Bueno, igualmente si revelaban sus identidades todo aquello no sería divertido.
– Te enviaré una dirección en treinta minutos, cuando mi kwami se recupere. – Señaló las opciones telefónicas de su bastón. – Me aseguraré que el sitio esté disponible.
– Cla-claro.
Ella observó como el gato se retiró con más prisa, mientras ella iba a la parte más alta de un edificio con un techo que le permitiría ocultarse con facilidad.
La transformación se deshizo, y sin darle muchas explicaciones a Tikki le pidió que comiera sus respectivas galletas para recuperar energía pues tenía que atender algo importante como Ladybug. La kwami no comprendió a que se refería, pero sospechaba que tenía que ver con esas insistencias sexuales que tanto tenía su portadora. Eso no tenía nada que ver con ella en realidad, así que sólo asistió y probó los deliciosos bocados chocolatosos.
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Adrien ya no se encontraba en su faceta como héroe, sólo escuchaba a Plagg molestarle por las ideas que le estaban cruzando por la mente.
Había ido a uno de los edificios que pertenecían a la compañía de su padre, los cuales estaban algo alejados del punto donde anteriormente se encontraba. Se trataba de uno de los talleres menos concurrido, que sólo usaban los pisos inferiores, dejando los últimos dos desocupados y con completo acceso para los Agreste. Cada una de las habitaciones de esos pisos estaban siendo utilizadas como bodegas de maniquíes, telas y mobiliario de oficinas. Por seguridad tendría que usar donde se encontraba el último material, pues era el que nunca solicitaban.
Tomó camino por la puerta de la azotea y comenzó a bajar, apenas encontró el cuarto más adecuado abrió una de las ventanas para que el polvo no se acumulara mientras movía las cosas. Tan rápido como le fue posible, colocó algunas mesas juntas, las sillas las puso a un costado de la puerta para cubrirla y que nadie fuera; pasó a otras de las habitaciones y robó unas de las telas para ponerlas en los costados donde había otros muebles, también en el piso.
Lo hizo deprisa, así que no es como que fuese el mejor lugar para lo que tenía planeado. Sería su primera vez con la heroína, no podía hacer mucho si debían de improvisar el lugar donde estuviesen ya que, a menos que se vieran por la noche, podrían quedarse en la Torre Eiffel o algún sitio similar.
Giró el cuerpo y notó que su compañero negro ya había terminado de alimentarse, así que sin decir más se transformó para enviarle su ubicación a la chica que esperaba ansiosa su mensaje.
Mientras él esperaba, se dejó caer en el piso para descansar un poco la espalda que le dolía por el mover todas aquellas cosas sin tener mucho cuidado. Cerró los ojos a modo de descanso. Debía admitir que tanta actividad sexual estaba requiriendo más energía de la que él creía poseer, con el trabajo adicional que su padre le había dado la última semana y los enfrentamientos contra akumas... Lo más probable es que terminase enfermo como mínimo.
– Aun así...
No podía decir que se arrepentía de lo que estaba haciendo, más bien se emocionaba cada que estaba cerca de realizar cualquier cosa con connotaciones sexuales, pero posiblemente pronto tendría un punto de quiebre poco agradable. Si se enfermaba de gravedad, seguro Ladybug descubriría más rápido que su identidad como civil era la del modelo Agreste.
– ¡Quiero disfrutar más de esto! – Chilló en forma de puchero.
– Prometo que lo haremos. – Le respondió una voz femenina.
La azabache estaba en el marco de la ventana, por lo que no le fue difícil saltar y cae sobre el muchacho que reposaba con cuidado en el piso. Se acercó y le plantó un beso suave en los labios, intentando aprisionarlo bajo ella, pero ese no era el plan que ahora tenía el felino. Tomó impulso, haciendo girar ambos cuerpos para cambiar las posiciones.
Se abrió el traje lo suficiente, quitando la parte superior, permitiendo aún que el traje cubriera su bóxer. Para ella no era la misma suerte, la despojó de todo, dejando ver sus pechos inflamados, sin algo que los cubriese y algo particular en la prenda inferior.
La chica se apenó al instante, había olvidado por completo que al hacerlo notaría que estaba usando una compresa porque estaba con el periodo. Al parecer un tampón no hubiese sido tan penoso, pero con eso dentro no habría podido hacerlo a menos que se lo retirase y eso podía ser aún más incómodo de pensar.
– Así que mi olfato no se equivocaba. – El rubio jugueteaba con el cuello contrario. – Con que era eso...
– Gato tonto...
Mordió a la chica, después la ayudó a levantarse y la colocó contra una de las mesas. Ella sujetó con firmeza el mueble, sintiendo como el de traje negro tocaba su piel con sus garras, sobre todo el cómo se enfocaba en sus senos que recibían el roce creando una sensación de dolor placentero; siendo sincera, no sabía cómo describirlo.
La última prenda sólo bajó hasta sus rodillas para enseguida ser penetrada, provocando un grito ahogado que más se semejaba a un gemido grave. La sangre de su menstruación estaba siendo usada como un lubricante natural, por ello no estaba resultando incómodo o doloroso para ninguno de los jóvenes ansiosos de sexo.
Chat tomó a la fémina por el cuello y con ello la forzaba a que al ser embestida su miembro entrase por completo. Los dos gemían a su forma, tratando de no hacer demasiado ruido pues la ventana estaba abierta, la puerta no estaba asegurada y, después de todo, en ese edificio había personas que podían atraparlos in fragganti.
Todo aquello les estaba pareciendo lo más sensato y normal del mundo, pero era claro que todo se trataba de una locura a causa de las hormonas alborotadas de los héroes parisinos que no eran más que unos jóvenes inexpertos en la vida.
– My lady... – Bajó el ritmo de las penetraciones. – ¿Puedo...?
– ¿Qué?
– Tú sabes... Terminar, dentro.
La piel de la nuca se erizó ante tal pregunta. Nunca había pensado en esa posibilidad, vamos, que ni siquiera había pensado en mantener relaciones mientras tenía aquello, así que no sabía que responder. Era casi imposible que algo como un embarazo sucediera, eso lo sabía muy bien, pero decirle tan deliberadamente que aceptaba y le gustaba su idea...
Asintió con la cabeza, cerrando los ojos con fuerza y conteniendo el aire junto a un par de gemidos que se escapaban por lo bien que se sentía justo donde estaba tocando.
– Vale.
No escuchó nada más, sólo pudo sentir todo lo que le era entregado con fuertes embestidas. Su boca se estaba secando de tantos gemidos que intentaba volver simples suspiros.
Mordió su labio inferior y dejó que un suave orgasmo la invadiera, provocado por un nuevo sentir dentro de ella. No era como que su interior fuese golpeado por algo, pero podía percibir, aunque fuese un poco, la calidez de la eyaculación del rubio.
Él recargó su barbilla en el hombro derecho de ella, esperó a que suavemente volteará y la besó con ternura para mientras sacar su miembro que ya no estaba tan erecto.
Ambos bajaron la mirada a sus entrepiernas, al piso que estaba bajo ellos y también a sus trajes. Definitivamente hacerlo en esos días del mes era desastroso, pero les daba otro tipo de sensaciones diferentes a lo usual. Sonriéndose aun comenzaron a arreglarse para regresar el sitio un poco a su lugar.
Chat Noir dijo que se desharía por su cuenta de la tela que habían ensuciado, por lo que la Catarina no se preocupó demasiado por lo que haría. Le agradeció por lo de ese día, ella sería la primera en retirarse. Se volvieron a besar a modo de despedida y continuaron el resto del día.
Marinette de camino a su hogar se quedó pensando en lo sucedido. Necesitaría un baño primero, tal vez también lavaría su ropa interior, pues al parecer tanto alboroto permitió que se manchara, no estaba muy segura. Aunque dejando eso de lado, quería experimentar con su novio lo mismo que había hecho con su compañero. Pero, ¿cómo les diría a sus padres que quiere ir a ver a Adrien? Estaba algo insegura de si era algo bueno.
Tomó su mochila que dejó en la terraza de su hogar, bajo y terminó su transformación para entrar normalmente por la panadería.
– Hija, pensamos que irías directamente a ver a Adrien. – Le indicó su madre.
– Ummm, es que ya sabes. Necesitaba venir a casa. – Respondió avergonzada.
– ¡Cierto! – Su madre se disculpó y la acompañó a las escaleras. – ¿Saldrás más tarde con él?
– Si es eso, debería de venir por ti y regresarte aprovechando que cuenta con chofer. – Intervino Tom.
– Aun no sé, él no me ha... – Su teléfono vibró en su bolsa. – ¡Oh! Me invitó a ver una película. Pasa a las siete por mí.
– Está bien, pero no llegues después de las diez. – Sentenció su padre.
– Pero mañana es sábado... – Exclamó la azabache.
– Si llegas tarde hoy no te levantarás temprano para ir a su casa y pasar todo el día en su casa... – Sonrió su madre.
– E-entiendo...
Ser de sueño pesado y necesitar descansar bastante para recuperarse a veces no era muy agradable, sobre todo cuando se trataba de lo que tenía que hacer.
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Continuará...
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Quería hacer el capítulo más largo y publicarlo hace varios días, pero fue bastante complicado pensar de forma lógica donde podrían tener relaciones ChatNoir y Ladybug; no podía poner un encuentro en un techo o en un monumento porque estaban a plena luz del día (en mi imaginación), por lo que intenté montones de cosas XD Incluso pensé en la casa Agreste, pero revelaría muy pronto las personalidades civiles y no quería eso. Cómo dice Adrien: "¡quiero disfrutar más esto!"
Sin nada más que decirles, espero que tengan un buen día :3 ¡Saludos!
