13. Tú eres más especial
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Había sido bastante atento al ir por ella para ir a su casa, sabía que Adrien si la había invitado a ver una película pues desde que estaba con los primeros síntomas de que su periodo se aproximaba le había prohibido cualquier tipo de acercamiento demasiado sexual. Y eso incluía los besos apasionados que iban acompañados de traviesas caricias.
Estaban en su habitación, sentados en el sofá viendo la enorme pantalla frente a ellos. Marinette ni siquiera había prestado atención a que película era, sólo entendía que trataba de una especie de invasión zombie y que el audio original no era francés.
Buscaba la oportunidad para acercarse a él y comenzar con la acción, pero estaba siendo muy complicado. Esto parecía una especie de ruleta rusa, ya que no sabía en qué momento alguna de sus acciones iba a dar efecto, aunque por el momento todo parecía negativo. Sabía que si quería algo debía ser completamente directa.
Se levantó frente a él, daría un disparo certero. Levantó un poco la falda negra que estaba usando en ese preciso momento; se sentó sobre él, quedando cada uno de frente. Ella lo besó con insistencia, tomando las grandes manos del chico, posicionándolas en sus caderas que de a poco se iban desarrollando.
El rubio quedó un poco atontado por las acciones de su novia, pero no se negaba a lo que estaba obteniendo de su parte. Debía admitir que poder tocar de esa forma su cuerpo era algo único y que adoraba. Para sus dieciséis se había desarrollado bastante bien, pero se notaba que aún le faltaba pulir ciertas cosas como por ejemplo el tamaño de su cadera que seguro aumentaría un poco en un par de años. Eso no era para nada malo, le daba una figura de reloj de arena que podría desmayar a hombres y mujeres.
Sus pechos no eran tan grandes como los de los de muchas actrices, pero tenían un buen tamaño que llegaba a sobresalir de la palma del chico. Eran justo la medida ideal para él. Le encantaba pensar que el cuerpo de ambos estaba el hecho el uno para el otro, así como también se encontraban sus sentimientos.
No necesitaba decir nada, continuaba con el beso mientras jugaba apretando los glúteos y muslos de su novia que tenía tan cerca de él. Demonios, esa mujer sabía lo mucho que le gustaba que tomase la iniciativa junto a besos apasionados y rápidos.
– Adrien... – Pronunció ella entre besos.
– Mari...
Decir el nombre de ambos en ese momento era algo similar a clamar por más, implorar porque las cosas avanzaran. Que todo el fuego que llevaban dentro causara el mayor incendio en esa enorme habitación en que sólo estaban ellos dos.
Esta vez las cosas serían rápidas, así que la azabache jaló del cuello de la camisa al chico. La pareja se levantó y siendo guiada por la fémina, terminaron encerrados en el baño, quedando justo frente al espejo.
Ella se retiró la blusa y el sostén, dejando a la vista sus pechos que permitió que su novio tocara delicadamente mientras la otra desabrochaba el pantalón masculino. Apenas lo logró lo bajó, junto a la ropa interior, lo suficiente para dejar a la vista el miembro fálico. Bajó su propia ropa, levantando un poco su falda nuevamente y tomando el pene, lo colocó en la entrada de su vagina.
– E-espera, necesito...
– Está bien así. – Giró el rostro, observándolo sobre su hombro. – Termina en mí. Por favor...
Ese pedido, su sonrojo, la forma en que lo hizo... ¡Esa chica lo tenía loco en cualquiera de sus facetas!
Con una mano sujetaba el cuerpo femenino, con el otro apuntaba a aquel pequeño espacio virtual que se abrió en cuanto él dio la primera embestida. Desde donde se encontraba no podía verse a sí mismo, pero si era posible ver el rostro excitado de su chica que mordía su labio intentando no soltar ningún ruido. Con cierta malicia, apretó uno de los pezones para luego deleitarse con la preciosa expresión de placer. Estaba teniendo el mejor espectáculo.
Para la franco-chica era algo penoso, pero no era como si le desagradara. Claro que le generaba cierta vergüenza ver sus expresiones llenas de tanta lujuria, del placer; pero es que era eso mismo lo que la hacía sentir todavía más excitada, verse a sí misma rendida ante placeres carnales tan cotidianos que podía disfrutar cuando quisiera. Podía ver todo lo que el joven tras de ella hacía.
Primero notó las yemas de los dedos en sus hombros, cerca de su clavícula, llegando a su cuello para deshacer su típico peinado. Con cierta torpeza deshizo las coletas, dejando su cabello alborotado, mezclándose más fácil con el sudor de su cuerpo por la actividad que estaban realizando.
La cabeza de él se apoyaba en su espalda arqueada permitiendo que la respiración caliente y agitada se percibiera con su piel. Si era sincera, no iba a aguantar mucho con todo lo que sus ojos percibían, con todo lo que su interior sentía, con cada impulso que llegaba a través de su piel.
Los dedos del Agreste se enterraron en su piel. Ella entendió que él tampoco soportaría mucho.
Era penetrada una y otra vez, con más velocidad y fuerza. Nuevamente ese sentir ligeramente cálido en su interior la invadía, era como si una dulce cálido explotara muy dentro de ella, llenándola de un sabor exquisito e incomparable. Pero ella no había alcanzado el orgasmo como la vez anterior, le faltaba tan poco... Justo el chico salió apenas vació todo dentro de ella y un ruido demasiado agudo se hoyó en el cuarto de baño. Marinette necesitó sujetarse del lavamanos y encorvarse sobre este.
– ¿Estás bien? – El ojiverde se asustó por la reacción tan violenta.
La saliva de la chica salía sin piedad, con una acción tan simple había experimentado un orgasmo tan corto e intenso que la dejó sin habla, casi sin control de sus músculos y su voz.
– S... Si. – Era apenas un hilo de voz.
– ¿A-acabas de tener un orgasmo? – Estaba sorprendido. – Woooow.
– ¡Ca-calla!
Ella se acomodó la ropa, notando que estaba vez no hubiese ensuciado su ropa. Tomó su brassier y blusa para salir de aquel pequeño espacio, sabía que el necesitaría limpiar mucho más que ella.
Se colocó lo que restaba justo fuera de ahí, con una mirada perdida y la bilirrubina al máximo. Su corazón latía muy rápido por todo lo que había pasado; apenas medio estuvo lista, perdió el equilibrio para terminar sentada en el piso de la habitación de su amado.
– Increíble... – Una enorme sonrisa adornaba su rostro rojo.
Bajó a su vientre, tocándolo. Era una suerte estar en esos días del mes y no tener que preocuparse demasiado por si quedar o no embarazada, aunque ahora que lo pensaba debía ser más prudente, ya que incluso en esos días tenía posibilidades de terminar preñada. Suspiró se comenzó a hacer a la idea de que mejor sería tomar una pastilla del día siguiente, no quería arriesgarse demasiado. Más tarde saldría a comprarla.
Mientras trazaba su plan de que debía salir a la media noche transformada para ir a una farmacia de 24 horas, su novio estaba detrás de ella, viendo como ella hacía todo tipo de gestos.
– Prométeme que lo volveremos a hacer... – Se había agachado a abrazarla.
– ¡Claro!
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Continuará...
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Nos leemos en otro fic/capítulo. ¡Buen día!
¡Esperen! Les dejaré un pequeño extra de como fue la ida por las pastillas para Marinette XD
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EXTRA
Pastillas anticonceptivas
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Salió con cuidado por la ventana de cuarto, saltando de tejado en tejado debía de llegar a la zona cercana a los centros nocturnos, pues por ahí podía encontrar una farmacia que trabajase todo el tiempo y donde no le conocieran.
Estaba a unas cuantas calles cuando se quedó pensando sobre cómo demonios entraría a comprar y que era lo que debía preguntar. Aún era una menor de edad que hacía unas semanas había tenido que comprar condones porque su novio era bastante penoso con respecto a que lo atendiesen en una tienda, aunque también debía entenderlo un poco... Bueno, esta vez era algo diferente, ¡ella estaba yendo por pastillas para no quedar embarazada! Ok, eso había sido por su locura con el gato negro y con su novio.
– Soy tonta. – Golpeó su rostro.
Bajó a un callejón cercano y se destransformó. Avanzó un par de calles y ahí estaba la farmacia que también fungía como un mini súper. Frente a ella estaba una parejita de chicos (al parecer homosexuales) que decidían animadamente que condones de sabores debían de comprar para el sexo oral. Espera, ¿para eso se supone que sirven los preservativos de ese tipo? Se sentía completamente estúpida por creer en lo que le dijo Rose hacía un tiempo, que sólo era por simple capricho y no tenían una función. Cuando regresara a casa buscaría un poco más en internet.
Un poco menos apenada se acercó a donde estaba uno de los trabajadores. Era un joven de pelo negro largo, con un mechón gris platinado en su fleco que cubría apenas un tercio de su rostro. Miró a la jovencita, socarrón.
– ¿Condones?
– ¿Eh? Hoy no... – Idiota. – Digo, no, eso no. Yo... Pastillas.
– ¿Día siguiente?
La forma de verla como si él supiera todo del mundo le estaba apenando demasiado a ella, por tanto, sólo asintió suavemente con la cabeza.
– ¿Una o dos tomas?
– ¿Disculpa?
– Es la primera vez que las compras, ¿no es así?
– ¿Se nota mucho?
– Demasiado. – El chico se giró y tomó un par de cajitas que estaban en la parte superior de un estante. – Sólo varían en la cantidad de levonogestrel que contienen. La de una toma la tomas a la brevedad posible, la de dos es una enseguida y la otra hasta doce horas después. ¿Eres despistada?
Esa pregunta era absurda, pero respondió instintivamente que sí. El tendero le ofreció la caja con una pastilla.
– Tómala ahora mismo. – Le puso de frente una botella de agua. – Mientras más pronto mejor.
Marinette le extendió el papel moneda y el cobró mientras ella abría la caja. Estaba algo temerosa, pero al ver lo diminuta que era, la tomó incluso sin necesidad del agua; el beber sólo fue una formalidad.
– Si llegases a vomitarla, vuelve a tomar. – El chico le estaba dando muchas instrucciones.
– Eso es desagradable.
– Lo sé, pero sino no tendrá efecto.
– Comprendo.
– O puedes hacer la otra. – Se acercó un poco más a la heroína. – Puedes meterla por tu vagina.
– ¿Qué cosas dices? – Gritó asustada.
– Oye, te lo digo enserio. – Bufó el moreno. – ¿Acaso no conoces tú cuerpo?
Ella bajó la cabeza, se sentía como una tonta al hablar de cosas sexuales con un completo desconocido. Con todo lo que había pasado últimamente con su novio ella ya se creía toda una experta y era todo lo contrario, le falta un mundo por conocer.
– No te preocupes, te explico. – Se cruzó de brazos, recargándose en el mostrador. – Aquel sitio puede absorber con facilidad muchas cosas, si introduces la pastilla puede absorber más rápido la sustancia activa que imposibilita la fecundación.
La parisina quedó maravillada por aprender algo nuevo con aquella persona.
– ¡Gracias!
El tendero le extendió la hijita que venía dentro de la caja del medicamento, el resto lo tiró. Un poco confusa ella lo tomó y leyó un poco lo que veía ahí indicado.
– Asegúrate de leerlo, es información importante.
– De nuevo, gracias.
– No te preocupes pequeña. – Le revolvió el cabello. – Soy Jean. Puedes venir aquí si tienes alguna duda. Además... – Se acercó a su oído. – En la parte de atrás tenemos una sex shop.
Parecía que humo salía de los oídos de la jovencita. Sus mejillas se bañaban en carmín, ese color que empezó con sus locuras de ese día.
Agradeció como pudo, sin demasiadas palabras. Corrió directo a casa, sin transformarse en Ladybug hasta que tuvo que subir a su habitación. Era bueno conocer a alguien como ese chico, pero todo lo que le había dicho le apenaba demasiado.
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Ahora sí. Terminamos este capítulo XD Si consideran que el extra debería ir en un capítulo aparte, háganmelo saber para que lo separe :) ¡Hasta luego!
