17. Aprendizaje

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Los días habían pasado lentamente, entre tareas y exámenes sorpresa, por lo que las sesiones sexuales de la pareja de héroes se habían visto opacada ya que el cansancio estaba siendo el pan de cada día. ¡Pero el fin de semana había llegado! Y eso significaba una cita especial.

Para Marinette, era la primera vez que iba tan temprano a aquel sitio, siempre solía hacerlo ya pasada la media noche que parecía un poco más activo el lugar, por lo que le preocupaba que Jean y Angela no se encontrasen en aquel momento o simplemente el local estuviese cerrado. Por todo caso, le pidió a su pareja que fuesen más tarde para así sentirse más segura. Claramente él accedió.

Mientras tanto darían un paseo cerca de la casa de la chica, así podrían comer algo casero y después partirían a dar un paseo más largo donde hicieran otro poco de tiempo.

Cuando el reloj marcaba las 7:24 pm, ellos estaban pasando por la puerta polarizada del local mostrando a la pareja besándose de forma desenfrenada sobre el mostrador principal. Aunque notaron la presencia de los jóvenes, no pararon y les hicieron una seña de que dieran una vuelta por la farmacia para ver lo que había.

La azabache notó que estaba un poco errada, no era del todo una farmacia, ya que casi todo el sitio estaba lleno de productos relacionados al sexo y sólo una quinta parte era de alimentos y medicamentos de uso común que, estaba segura, también estaban ligados un poco al tema sexual.

Por su parte, el modelo, se había plantado frente a un exhibidor de lubricantes. Estaba maravillado con las variedades que había y lo discretos que al mismo tiempo se veían pues eran fáciles de hacer pasar por pasta de dientes o hasta sobres de shampoo. Sin chistar, tomó los que más llamaban su atención, siendo los primeros los que creía que tenían oportunidad de no sólo probarse, sino de continuar usándose en distintas sesiones y de diferentes modos.

Su novia se asustó un poco, aunque al final resultaba ser excitante ver el entusiasmo que el chico ponía en mejorar lo que sentían en la cama.

– Vaya, pareces niño en dulcería. – Comentó Jean apareciendo junto a ellos.

– Soy un niño y esta es mi dulcería favorita. – Le respondió Adrien que continuaba escogiendo. – ¿Tendrás alguno de esos que también se usan para masajes eróticos?

– Son los de base aceite.

– Gracias.

– Veo que regresaste con tu chico. – Ahora la mayor intervenía.

– Eh, sí… – La franco-china se mostraba nerviosa, cohibida.

– ¿Buscaban algo en particular? – Preguntó el dueño. – No creo que sólo lo trajeras a llevarse la mitad de la tienda.

– No… Queremos preguntar algunas cosas y resolver dudas.

– Y supongo que no tienen a nadie más, que no sean sus padres, para resolverlas.

– Así es. – Respondió al unísono la pareja de una forma un tanto decaída.

– Entonces los escucharemos.

Colocando un letrero de que volverían pronto en la parte exterior de la puerta, llevaron a los adolescentes a la parte de atrás, donde se encontraba la sex shop para poder hablar con mayor comodidad. Arrastraron algunos de los muebles de los vestidores y se sentaron de forma circular.

– ¿Y bueno?

– Creo que hay muchas cosas que nos gustaría saber… – Comenzó Marinette. – Algunas dudas son mías, otras de él…

– Comencemos de chico a chico. – Insistió Jean.

– Esto… – Ahora sí que el rubio estaba nervioso. – Me gustaría saber cómo durar más antes de eyacular.

– Vaya, eso quiere decir que esa señorita te sabe dominar bien… – El comentario ruborizó a la ojiazul. – Para ser simples, es algo que depende de cada hombre y sus gustos. Para unos sirve detenerse, para otros imaginar cosas desagradables, para otros darse un pellizco o incluso jalar hacia abajo sus testículos. No hay una fórmula mágica y tampoco funciona todo el tiempo. Lo mejor es que lo pruebes de a poco y te entrenes para soportar mejor. Para la mayoría, el tener una buena condición física, significa mayor resistencia.

– Oye, ya que hablamos de cuerpos masculinos… – La heroína tragó saliva pesadamente. – ¿Cómo encuentro la próstata?

– Ja, ja, ja, ja, ja. Eso sí es un punto curioso, ya que lo mejor es por medio de la inserción de un objeto al ano del varón.

El gato palideció. Ni en sus más locos sueños se imaginaba algo entrando por esa zona y que le agradase lo suficiente para pedir más.

– No te preocupes, amigo. – Le abrazó el chico más alto. – A veces se puede sentir por el perineo.

– Pero nada mejor que la toquen directamente. – Añadió Angela. – Por cierto, espero que le hayas dado muchos orgasmos a esta pequeña.

– Si, siempre. Incluso han sido tan intensos que ella ha…

– ¡Calla! – La muchachita era un tomate ahora.

– ¿Tuviste un squirt?

Terminó asintiendo ante la pregunta. Le provocaba una enorme vergüenza el tener orgasmos tan intensos que terminasen de esa manera. La sensación final era maravillosa, pero lo que veían antes, esa impresión de querer orinar le resultaba incómoda y le hacía temer a que no fuera una eyaculación femenina y se convirtiera en golden shower.

– ¡Maravilloso! Tienes una cualidad física que no muchas mujeres tienen. Aprovéchala, te permitirá experimentar cientos de cosas y ser más sensible al tacto de tu novio.

– ¿Pero y sí…?

– ¿Orinas? No sería malo. – Sonrió la joven. – Además, tu vagina y clítoris producen una inflamación que muchas veces la uretra se ve "cerrada" y hasta que concluyas el acto sexual, no podrás ir al baño. Claro, no siempre es así. De todas formas, el hecho de que haya orina implicada no tiene por qué generarte una molestia, a ninguno.

– Así es. – Asintieron los dos varones.

– Tu cuerpo siempre puede reaccionar de formas diferentes y eso es bueno. Incluso el de tu chico. Es válido experimentar todo tipo de cosas diferentes, eso les permitirá generar nuevas experiencias y saber si hay más cosas que les gusten además de las "normales". Que pase una vez, tampoco significa que tenga que continuar pasando si fue una prueba para conocer si es del gusto de ambos.

– La sexualidad es algo amplio y no sólo tiene que ver con que "cojan rico". También tiene que ver con aspectos biológicos básicos como el ciclo menstrual de la chica y también los ciclos que tiene el hombre con respecto a su producción de espermatozoides. Saber que pasa en sus cuerpos durante todo el acto, el cómo cambiarlos o intensificarlo. – Tomó una bocanada de aire. – Te daré un ejemplo. En el coito, la sangre va a los genitales, inflamándolos y dándoles mayor sensibilidad. Si por ejemplo, al darle sexo oral a tu novia, succionas su vulva para aumentar la hinchazón y el flujo sanguíneo, al momento de penetrarla te sentirá mucho más. Eso si, si lo haces demasiado fuerte, puede que después termine mal.

– ¡I-increíble! – Adrien lo observaba maravillado mientras Angela estaba apenada por saber que eso era una experiencia de ellos dos. – ¿Puedo venir por ayuda? Tú Sabes…

– ¡Claro! – En respuesta, el tendero alborotó la melena dorada.

– Supongo que ya va siendo hora de irnos…

– Aún es pronto. Además, les puede gustar alguno de nuestros cuartos. – Anunció la empleada. – ¿No les gustaría rentar alguno?

– ¿Cuartos? ¿Cómo un mot…? – La azabache no entendía.

– ¡Claro! – El heredero Agreste estaba entusiasmado, por lo que aceptó con dinero en mano. – ¡Vamos!

Tomando la mano de su novia, fue guiado por la dueña de la tienda que los abandonó al llega frente a una de las tantas puertas de un largo pasillo detrás de la tienda. Ese era un sitio que la azabache no había visto en sus dos visitas anteriores. ¿Qué tipo de cosas estarían del otro lado de la puerta?

Abriendo la puerta, frente a sus ojos aparecía un cuarto tapizado en negro, rojo y dorado. Una cama con dosel y pesadas telas colgando de este. En una de las paredes, aparecían algunos artilugios para juegos sexuales, nada demasiado rebuscado ni salvaje, lo suficiente para experimentar algo básico.

– ¿Sabías de esto?

– Bueno… Vi el anuncio fuera de la tienda cuando me traías aquí. – Explicaba el varón poniendo atención a los juguetes. – ¿Te gustaría probar algo?

– ¿Contigo? Siempre.

Quitó de su lugar, los objetos de los que haría uso, intentando que su chica no los viera. Atrayéndola a uno de los postes, la esposó de tal forma que no pudiese separarse de la cama, después simplemente le colocó un antifaz para que no pudiese observarlo.

– Oye, pero aún tengo mi ropa.

– No te preocupes por eso…

Levantó la falda de la joven para observar las pantimedias que estaba usando ese día, justamente unas de gatito que él le había regalado unos días atrás. Agradecía que fueran esas, porque había comprado un par extra para cumplir su idea.

– ¡N-nooo!

Aquella fina prenda estaba siendo rasgada, para mostrar una ropa diminuta que no dejaba demasiado a la imaginación. Se hincó frente a la entrepierna de la joven y removiendo a un costado la ropa descubrió que su novia había decidido depilar por completo su intimidad, dejando una vista maravillosa de su vulva enmarcando una rosada vagina.

Sin pronunciar palabra, vació el contenido de un sobre de lubricante de chocolate en aquella zona. Luego devoró con ansiedad; mordidas suaves, lengüetazos fuertes y besos intensos.

Marinette hacía lo posible por no gritar el placer que sentía, se encontraba apenada debido al sitio en el que se hallaba, con personas que hasta cierto punto eran sus conocidos. Mordía su labio, apretaba los dientes que rechinaban entre si intentando lo imposible, porque en el momento en que el ojiverde introdujo la lengua en su vagina, fue imposible callar.

Nunca hubiera imaginado que una parte tan blanda del cuerpo pudiese ponerse lo suficientemente rígida para penetrarla una y otra vez. Poseía la medida exacta para rozar su punto G, en la parte anterior de su cavidad, aunque no era sólo el tacto lo que estaba por llevarla al orgasmo sino la perversión de cómo lo estaban haciendo. Se imaginaba a sí misma sentándose en el rostro del chico, decidiendo el ritmo con que se llevaba a cabo el sexo oral.

Al borde de caer en el orgasmo, el contacto concluyó. Infló sus mejillas, molesta, pero antes de quejarse un golpe en su interior le hizo completarlo. Una fuerte embestida, introduciéndolo hasta el fondo le hizo explotar en un grito que liberó el mayor éxtasis que pudo haber sentido jamás.

– Otro orgasmo… Por favor… – Jadeaba levantando más su trasero.

– Con gusto. – Gruñó su amante.

No podían durar demasiado, sus teléfonos estaban comenzando a sonar una y otra vez. El ritmo rápido podía escucharse por el golpeteo de los cuerpos de ambos.

Adrien se agachó, buscando los pechos de la fémina para apretarlos con muchísima fuerza. Esta chilló para enseguida sentir como la vagina se estrechaba, oprimiendo su pene, en señal del segundo orgasmo que alcanzaba, un momento perfecto para terminar igualmente.

Aún agitado, respondió el teléfono de su compañera.

– Disculpe señora Cheng, acabamos de salir de ver una película. Marinette fue al baño. Sí, claro. – Salió del interior de la joven que casi se delataba. Se retiró el preservativo y acercó su miembro a la boca de ella. – Vendrán por nosotros, no se preocupe. Así es. – Un suspiró se escuchó de parte del muchacho que retiró su miembro. – Hasta luego.

– Adrien… – Replicó la joven.

– ¿Qué? – Le otorgó una nalgada. – Hora de irnos…

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Si, si… Se va a acabar el mundo he actualizado varias historias en la madrugada xd Igual no muchos las leen porque soy poco constante con mis actualizaciones :U Pero se hace lo que se puede. Gracias de antemano para los que siguen ahí 3 Les aviso que ya entré a clases :'v Sorry, not sorry.