Bueno, por fin puedo publicar!
xD
Siento el retraso. Antes que nada, me gustaría decir que, para no estar con prisas, el próximo capítulo lo subiré el día 15 de Diciembre, Sábado.
Ahora sí, sin más, disfruten de la historia :D
Disclaimer: Ace Attorney no me pertenece, es propiedad de Capcom. De ser mío, Miles y Franziska no se tratarían tan mal el uno al otro en los juegos :D
Franziska's POV
Después de comer nos fuimos a nuestros respectivos cuartos para estar un rato a solas, y decidí echarme un pequeña siesta. Había pasado una noche horrible, llena de pesadillas o sólo esa sensación de angustia... Algo no iba bien, lo sabía, pero no tenía aún la prueba. Así que entré a mi habitación y encendí las luces. Nunca podría haber imaginado lo que encontré. En el medio de mi cama, un niño, que no tendría más de diez años, estaba durmiendo, aunque parecía un poco... ¿inquieto? Me acerqué y peiné sus mechones plateados, maravillada. El pequeño niño era perfecto. Delicadas facciones formaban su cara, su cabello, de un color plata oscuro, liso, rodeaba su cara como si fuera un ángel dormido. Aunque, no parecía muy cómodo en su sueño. Entonces abrió los ojos. Gritó y se alejó de mí. Levanté mis manos.
- ¡Espera! No te haré daño. ¿Estás bien? - pregunté. Él asintió – Estabas soñando...
- Estaba oscuro – murmuró, tan bajo que casi no lo escuché – Tan oscuro. Yo estaba en un ascensor, con mi padre y alguien más...
- En un... ¿ascensor? - eso me sonaba vagamente familiar... -
- Oh, ¡odio tanto los ascensores! - se sentó, cruzando los brazos de una manera que yo conocía de otra persona... - Por cierto, ¿quién eres tú? Mi nombre es Miles – sonrió inocentemente -
Entonces me di cuenta de golpe. ¡Era la miniatura de Miles! Su cabello, sus modales, incluso la forma en que se cruzaba de brazos para mirarte sin pestañear... El miedo, y los sueños acerca de la muerte de su padre en un ascensor...
- ¿M-miles...?
- Sí, señorita...
- O-oh, ya veo. Mi nombre es Franziska. Franziska von Karma.
- ¡Te llamas como mi hermanita menor! Incluso te ves como ella – sonrió, entusiasmado. Fruncí el ceño -
- Ella no es tu hermana menor, es tu hermana mayor, ¿no es así? - él frunció el ceño también, cruzándose de brazos de nuevo -
- Eso dice ella, pero tiene tres años.
- Y entonces tú tienes... ¿cuántos, nueve, diez?
- Pronto voy a cumplir diez años – asintió -
- ¿Por qué estás aquí, Miles? - miró a su alrededor -
- No estoy del todo seguro. Estaba con Franziska, en el jardín, y estábamos plantando un árbol... - se encogió de hombros – Entonces el árbol fue grande de repente, con un montón de hojas y todo eso... Ella salió corriendo, y yo la estaba buscando en la casa. Entonces me senté aquí un momento y, antes de darme cuenta, estaba dormido. Pido disculpas, señorita von Karma, no pretendía causarle problemas. ¿Es esta su habitación? Solía ser la mía, pero desde que el árbol creció de repente, nada es lo mismo por aquí.
- Sí, ahora que lo dices, yo solía ocupar la habitación en la que ahora está Miles...
- ¿Disculpe?
- Ven conmigo, ¿sí? Quiero enseñarte una cosa. Bueno, más que eso, a alguien.
- ¿Alguien?
- Tengo esa sensación de que vosotros dos vais a ser grandes amigos, ya lo verás.
- Si usted lo dice, señorita – reprimí una risa -
- ¿Cuál es tu apellido, Miles?
- Edgeworth. Miles Edgeworth a su servicio, señorita von Karma -
Llamé a la puerta de Miles y entré sin esperar. Estaba tumbado en su cama, con los ojos cerrados. Los abrió y sonrió.
- ¿Eres tú, Franziska? Dios, ¿aprenderás algún día? Desde que tienes dos años, lo juro, nunca has llamado a mi puerta y esperado.
- Bueno, quizá este niño aquí puede responder a eso – el niño rió -
- Oh, mi Franziska hace exactamente lo mismo. Es tan impaciente...
- ¿Qué diablos...? - se sentó abruptamente y sonreí un poco -
- Ven, Miles. Te presento a ti mismo, casi veinte años más viejo.
- ¿Qué quiere decir, señorita von Karma?
- Míranos. Somos tú y tu Franziska, veinte años más viejos.
- En realidad, diecinueve – precisó Miles, señalando al niño – Ya que ya no usaba esa chaqueta cuando cumplí diez.
- Señorita von Karma, este hombre soy... ¿yo?
- Sí, Miles. Él es tú. Y yo soy tu hermana mayor, Franziska.
- Tú no eres mayor – dijeron los dos al unísono. Se miraron -
- Yo... Yo sólo... Pro-tes-to – murmuó Miles – No puedo creer que realmente me estoy viendo a mí mismo en pequeño.
- Sí, es un poco escalofriante.
- Señorita von Karma... - el niño aún estaba a mi lado. Le miré -
- ¿Sí, Miles?
- Si él es yo... ¿Dónde está su otro tú, es decir, mi Franziska?
- Yo... No lo sé. No la he visto. ¿La has visto tú, Miles Edgeworth?
- No, yo he estado aquí todo el tiempo
- Ella huyó cuando vio el árbol creciendo tan deprisa. Apuesto a que se asustó y no quiso que yo lo viera – ambos sonrieron, el mayor, con pura picardía. Me ruboricé -
- B-bueno. Entonces, tendremos que encontrarla. Quiero decir, encontrarme.
- Sí. Y después llevar a esos dos al pasado de nuevo.
- Agh. Esto no puede estar pasando de verdad. A lo mejor estamos borrachos, o algo, o quizá había alguna droga alucinógena en nuestra comida...
- Sólo tranquilízate, Franziska. Vamos a buscarte y después veremos que está pasando, ¿vale? Tu yo de tres años puede causar muchos problemas si la dejamos sola, créeme.
- Muy gracioso – fruncí el ceño y ellos sonrieron de nuevo -
- Solía hacerte de niñera, Franziska. Eras muy dulce cuando tenías tres años – me ruboricé – Aún así, si estabas asustada o enfadada, eras un verdadero problema. Lo siento, pero es la verdad.
- D-de todas formas, vamos – asintió y se levantó -
- Señor Edgeworth... Bueno, ¿puedo llamarte Miles? - empezó el niño, mientras bajábamos las escaleras de la mansión von Karma -
- Por supuesto, tú eres yo.
- Sabes, no puedo esperar a ser mayor, ¡eres tan guay! Estoy muy emocionado al saber que seré como tú algún día – Miles se ruborizó -
- Vaya, gracias. Estoy seguro de que darás lo mejor de ti para ser un buen fiscal.
- Fiscal. Sí. - despeinó al crío, sonriendo -
- Sabes, un día lo entenderás todo. Entonces acabarás aceptándolo, y podrás realizar tus sueños, Miles. Sólo aprovecha la oportunidad, ¿vale?
- Pero... Sin ánimo de ofender, señorita... ¡El señor von Karma da tanto miedo! Me odia, lo juro... - intercambiamos una mirada y Miles se encogió de hombros. Alineó sus rostros -
- Escucha, Miles. El señor von Karma no va a ser tu padre. Papá murió, ¿vale? - el niño asintió una vez – Pero él te dará una casa, un lugar que algún día llegarás a llamar hogar, una perfecta hermana mayor que jugará contigo a voluntad cuando quiera, y que te ayudará inmensamente otras veces, y, lo más importante, te enseñará un montón de cosas que tienes que aprender, ¿vale? Porque, por mucho que duela, la vida con papá ya terminó.
- V-vale... - el pequeño sorbió por la nariz y bajó la mirada – Gracias...
- Lo siento mucho, Miles. Tú sabes cuánto lo siento.
El niño asintió de nuevo y le miró a los ojos. Entonces, sonrió.
- Lo haré lo mejor que pueda. ¡Algún día, seré justo como tú, ya lo verás!
- Estoy seguro de eso, Miles.
- ¡Miley! - oímos entonces. El crío se dio la vuelta -
- ¿Dónde estás, Franziska? ¡Ven aquí, esto es serio!
- ¡No me pillas! - canturreó una voz de bebé. Me ruboricé -
- Esa no soy yo.
- Oh, sí lo es. Algunas veces puedo estar una hora o dos así – el niño saltó los tres últimos escalones - ¡Franziska!
- ¡Miley!
Una diminuta niñita, que no mediría más de sesenta centímetros de altura, apareció brevemente en la esquina. Miles pequeño corrió hacia ella, pero ella desapareció enseguida, riendo. Pillé a Miles mayor sonriendo con ternura y le dí con el látigo suavemente. Él saltó.
- No te atrevas, Miles Edgeworth
- Lo sé, lo sé, no pertenecen a este tiempo, aunque incluso tú tienes que admitir que nos veíamos lindos. Mírame... Nunca me di cuenta de cuánto te amaba entonces. Solía pensar que tú lo único que querías era causarme problemas, que me odiabas.
- No te confundas, Miles, te he odiado, una parte de mí aún lo hace. Sólo que ya no lo muestro tanto – él sonrió -
- Sí, lo sé. Sabes, solía pensar que te veías casi mona cuando decías que me odiablas. Casi.
- Tch.. Tú tonto tonto con tus tonterías... Vamos, ayúdame a encontrarme. Lo mejor que podemos hacer es acabar con esto antes de que alguien más nos vea.
- Sí, está claro que no es la mejor idea.
Rápidamente bajamos tras los niños, pero no se les veía por ninguna parte. Después de un rato buscándoles, me paré. ¿Qué tal si habían vuelto a su tiempo?
- Franziska, si tuvieras que encontrar un lugar para esconderte de mí, ¿dónde sería? - me preguntó Miles entonces. Me encogí de hombros -
- Tenía tres años, ¿cómo se supone que lo recuerde?
- Bueno, ¿dónde te esconderías ahora?
- No lo haría – hizo una mueca y sonreí – No lo sé, Miles Edgewoth, ¿en tu armario? ¿Detrás de las cortinas? ¿Debajo de mi cama?
- Empecemos con las cortinas – dijo la voz de Miles pequeño. Me giré para verle mover las cortinas del corredor. El espacio detrás de ellas estaba vacío – Bueno, parece que no.
- Vamos a revisar mi cuarto – suspiré – Solía ser tuyo, ¿no es así?
- Sí, señorita.
Miles extendió su mano a su miniatura y el niño se dejó guiar hacia la habitación. Cuando éramos pequeños, solía ser de Miles, ya que él siempre había sido el favorito de Papa, y la habitación de Papa estaba conectada a esa, pero cuando los dos se mudaron a los Estados Unidos me la quedé, cambiando mi pequeña y vieja habitación por una habitación doble mucho mayor. Al menos durante un año, nadie excepto los criados, ni siquiera mi Papa, se dio cuenta. Era la prueba perfecta de cuánto le importaba a Papa, pero entonces yo era muy pequeña para verlo. De todas formas, Miles nunca me la pidió de vuelta así que simplemente me la quedé.
- ¿Franziska? ¿Sigues con nosotros? - bromeó. Me ruboricé -
- S-sí.
Abrí la puerta de mi propia habitación para encontrarla aparentemente vacía, aunque una mirada me dijo lo contrario.
- El armario – señalé – Está abierto, ya que es imposible cerrarlo desde dentro. Recuerdo pensar alguna vez que me gustaba cómo podía meterme en tu armario a jugar sin que Papa lo supiera.
Y Miles pequeño abrió la puerta
La escena que encontré frente a mí era la última cosa que estaba esperando. Me ruboricé, y Miles rió. Miles pequeño no se dio cuenta, y caminó hacia ella.
- Franziska, te he estado buscando, esto es serio, ¿okay?
- ¿Oh, sí?
- Sí. Venga, vamos. Deja eso ahí.
- ¿Es tuyo?
- Por supuesto que no – Miles pequeño rió y le observamos mientras cogía mi lencería roja de las manos de Franziska. La dejó a un lado cuidadosamente sobre una pila de otras ropas de lencería que mi yo bebé había sacado del cajón. Había algunos sujetadores, un par de tangas, calcetines... Incluso creía haber visto mi liguero rojo. Me ruboricé cuando vi a Miles mayor mirarme, con las cejas arqueadas -
- Pero, ¿no es esta tu habitación? - yo pequeña preguntó, distrayéndonos -
- No, no en este tiempo.
- ¿Eh?
- ¿Recuerdas el árbol?
- ¿Sí...?
- Hemos viajado en el tiempo al futuro, así que ahora estamos veinte años en el futuro. ¿Ves a esa señorita? Eres tú – yo pequeña frunció el ceño. Después negó con la cabeza -
- No puedo entenderte, Miley – cambió al alemán y sonreí, recordando lo difícil que era mantener nuestras conversaciones en inglés. Él siempre hablaba demasiado deprisa para mí -
- Tch. Escucha, ven aquí – le hablé en alemán también y ella me miró. Quitándome el guante izquierdo, le enseñé una marca de nacimiento. Ella jadeó y comparó nuestras manos -
- ¡Tienes la misma marca que yo!
- Sí. Eso es porque yo soy tú, pero veinte años más vieja.
- Oh, venga, no seas tonta... Eso es imposible.
- Como sé de sobra que no hay forma de convencerte, te daré una prueba. Conozco tu secreto – se ruborizó -
- No, no lo conoces.
- Por supuesto que lo conozco. Aún recuerdo lo difícil que era que siguiera siendo un secreto, especialmente para Papa. Aunque siempre pensé que lo sabía. ¿Debería decirlo en alto?
- ¡No, no será necesario, te creo! ¡Y él no lo sabe!
- Humm, ¿quién sabe? Pero salgamos de aquí, es claustrofóbico.
- No. Quiero quedarme aquí. Miles prometió que jugaría conmigo.
- Sí, Miles solía ser el único en cumplir esa promesa alguna vez. Pero movámonos, de todas formas, y te enseñaré algo, ¿vale?
- ¿De verdad?
- Bueno, algo así.
- Entonces, ¿tú eres... yo? - preguntó, mientras salíamos del armario y yo lo cerraba con llave, escondiendo un sonrojo al recordar mis ropas todas desparramadas por el suelo. Asentí -
- Sí, eso es.
- ¿Cómo es eso posible?
- No tengo idea, pero parece que tiene algo que ver con ese árbol.
- ¿El que empezó a crecer tan deprisa?
- Ajá...
Ella pareció satisfecha con eso, al menos no siguió preguntando. En su lugar, se distrajo tratando de hacer cosquillas a Miles pequeño. Me ruboricé.
- No recordaba que yo hiciera eso – murmuré. Miles intentó peinar mi pelo con su mano derecha y me moví para evitar su contacto. Sonrió -
- Bueno, yo sí. Eras muy juguetona entonces, tan llena de vida. Para mí eras fascinante.
- Bueno, suficientes recuerdos – Miles sonrió – Vamos a echar un vistazo a ese árbol.
- ¿Al jardín? - yo pequeña preguntó. Miles pequeño asintió y la cogió por la mano antes de que pudiera salir corriendo -
- Sí. Vamos, es hora de ir a casa.
Miles y yo nos miramos, medio divertidos, medio avergonzados, mientras los niños hablaban. Entonces, yo pequeña se echó a llorar en silencio.
- Oh, pequeña... - Miles pequeño la abrazó – No te preocupes, estaremos en casa enseguida, ya lo verás.
- Quiero a mi Papa, Miley, ¿dónde está? No le he visto en el estudio hace un rato... En su lugar, encontré una carta informándome de que su ejecución iba a tener lugar muchos años en el futuro... ¿Qué está pasando, Miley?
- ¿E-ejecución...? - jadeé. Me había dejado esa carta sobre mi escritorio sin darme cuenta... ¡Aunque no es que estuviera esperando a mi yo pequeña a que viniera de visita! -
- Vosotros dos no tenéis que preocuparos de eso – dije con firmeza, cortando a Miles pequeño – Papa está sano y salvo en tu casa, Franziska. No te preocupes.
- P-pero estamos en casa ahora mismo, ¿no? - sacudí la cabeza -
- No, esta es mi casa, que es casi la misma que la tuya pero no es la misma, ¿vale? Vamos. Tenemos que llevaros a casa.
Ella asintió, y Miles pequeño limpió sus lágrimas suavemente. Ella extendió los brazos y él la levantó, suspirando. Entonces Miles se acercó.
- Yo la llevaré, ¿vale? - Miles pequeño asintió y yo pequeña no se quejó -
Entonces una ola de satisfacción me llenó, mientras veía a Miles pequeño tomar mi mano y al Miles mayor llevarme como si fuera su posesión más preciada. Casi parecíamos... parecíamos... Miles se veía increíble con una bebé de cabello azul en brazos... Nos veíamos como...
Entonces me dí cuenta. Nos veíamos como una familia. Padre, madre, hijos. En verdad nos veíamos como una perfecta familia feliz.
Miles me miró a los ojos y me estremecí en silencio. Esto no podía estar pasando.
Miaaww
Franziska y su trauma con los sentimientos. Sinceramente, es bastante difícil escribir fluff desde el punto de vista de un personaje que niega constantemente sus sentimientos XD
Pero también es muy divertido xD
Y hasta aquí el primer capítulo real de la historia. Ya saben, para críticas, para comentarios o sugerencias, sólo denle al botoncito de aquí abajito :D
Me harán muy feliz :D
~Isacullen-Timeguardian~
