NOTICIAS!
NO sé cuándo podré seguir publicando, supongo que en un mes o así podré tener el siguiente capítulo, pero no prometo nada, porque prometí publicar este hace un mes o así, y no he podido por diversas razones D: mis más sinceras disculpas a aquellos que estuvieron esperando. Así que dos datos importantes:
- Esta historia ya está entera planeada, pero no escrita, por lo que tengo FIRME intención de terminarla aunque aún no sé cuándo.
- Debido a una serie de cosas en la vida real (D:) no sé con qué frecuencia podré publicar los próximos capítulos, así que les tengo que pedir paciencia (ToT gomen, gomen...)
Sin más, espero que les guste este capítulo, y muchísimas gracias a aquellos que hayáis leído hasta ahora y espero que penséis seguir haciéndolo.
Un beso
Isacullen-Timeguardian
Disclaimer: Ace Attorney no me pertenece
Update (17/06/2014): este capítulo ya está corregido, puede que se someta a más cambios que se avisarán en los próximos capítulos publicados, o, en caso de ser después de finalizado el fic, en el summary.
~Lena Lawlipop
Miles' POV
Franziska estaba muy callada, inusualmente callada para ella, es decir. Su pequeña yo rodeó mi cuello con los brazos, adaptándose a mi pecho con fluidez. Tenía una vaga memoria de ella de cuando éramos pequeños, y ella nunca fue la niña de los abrazos precisamente. Al menos, no conmigo. Se sentía agradable tener a la pequeña en mis brazos, incluso cuando sabía que no se quedaría. Miré a Franziska. Iba de la mano con mi yo pequeño, se veía tan hermosa... La miré a los ojos y ella se mordió el labio inferior suavemente. Entonces tiró de la mano de mi yo pequeño y empezó a caminar hacia las escaleras.
- Vamos, salgamos al jardín. Seguramente Papa está buscando a estos dos.
- Sí...
Pequeño yo la siguió, feliz, manteniendo su paso con facilidad ya que Franziska, aunque imponente, era de figura menuda y pequeña, y sus pasos firmes no eran muy grandes. Bajamos las escaleras y salimos al jardín rápidamente. Ambos niños se sorprendieron al verlo, mi yo pequeño incluso se soltó de Franziska para echar a correr entre los, ahora crecidos, árboles que había. La pequeña entre mis brazos se removió, pero no se soltó. Giró la cabeza tanto como pudo para observar correr al niño.
- Kawaii... - la miré. Franziska nunca decía esas palabras, no era su estilo. Pero la pequeña no me estaba mirando, sino que observaba a su alrededor -
- ¿Quieres bajar? - dio un respingo y se ruborizó. Sonrió, una sonrisa llena de pequeños dientecitos blancos, y asintió. La dejé en el suelo, y ella echó a correr hacia mi otro yo –
- ¡Miley, espérame! ¡Que me esperes te digo! ¿Dónde estás?
- ¡Aquí, detrás de este árbol! - ambos empezaron a correr y a jugar a perseguirse. Franziska, a mi lado, frunció el ceño -
- Sinceramente, no recuerdo todo esto, si realmente nos hubiera pasado, ¿no deberíamos recordarlo?
- Mm... quizá – asentí – De todas formas, ¿me podrías explicar qué ha pasado? Lleváis un rato hablando de un árbol, o no sé qué...
- Cierto, tú no estabas entonces... el enano me dijo que habían estado plantando un árbol aquí pero que, de pronto, comenzó a crecer muy deprisa. Cuando paró, parece ser que mi pequeña yo se asustó y se metió a la casa. Miley la estaba buscando cuando le encontré.
- Ya veo... ¿Qué árbol era ese?
- Aún no nos lo han dicho. Han salido corriendo.
- Déjales jugar un rato... ¿Pasearías conmigo? - dio un respingo y me miró, ruborizándose levemente. Extendí mi brazo - ¿Franziska?
- A-ah, sí...
Lo tomó, sin pensarlo mucho, y comenzamos a caminar tranquilamente entre los árboles, mirando de reojo a los críos que jugaban a perseguirse. Franziska suspiró.
- ¿Crees que estamos locos?
- ¿Eh?
- ¡Venga ya! ¿Niños que viajan al futuro y se encuentran con sus yos futuros? Eso sólo ocurre en los libros de fantasía.
- Oh, eso... Bueno, no creo que debamos pensar mucho en ello... Acabaremos aún más locos. Además, los locos no se plantean su propia locura, ya sabes.
- Cierto. Y entonces, ¿qué hacemos con ellos?
- De momento, vigilarles y cuidar de ellos. No podemos arriesgarnos a que les pase algo.
- Ya...
- Por cierto, Franziska... Me gusta tu vestido hoy – ella se miró y esbozó una sonrisilla irónica -
- ¿No me digas...?
Pero no llegué a contestarle, ya que Franziska pequeña gritó, y ambos salimos corriendo a ver qué ocurría. Por suerte, no estaban muy lejos, apenas algunos metros. Parecía haberse caído mientras corría para que Miles no la atrapara. Franziska llegó primero y aupó a la pequeña hábilmente, sentándola sobre su regazo en cuclillas. Parecía a punto de llorar, pero por supuesto, no lo haría.
- ¿Estás bien, te has hecho daño?
- Q-qué va. Sólo me he tropezado – Franziska le apartó las manos de la rodilla y descubrió unos pequeños raspones que no parecían profundos. Asintió y dejó a la niña en el suelo –
- Vamos a lavártelo y luego buscamos el árbol de lque estábais hablando. Debe de ser de los más nuevos, ¿no? - me miró y me encogí de hombros -
- Sinceramente, yo no tengo ningún recuerdo de haber plantado un árbol nunca, ni antes ni después de venir a la mansión von Karma. Que yo recuerde, estos árboles han sido siempre árboles adultos. Dudo que encontremos alguno significativamente más joven.
- ¿No deberíamos poder recordarlo?
- ¿Hablas de lo de haber viajado al futuro? - ella asintó - ¿Quién sabe? ¿Y si al volver perdemos la memoria o algo así? - me dirigió una mirada escéptica y me encogí de hombros de nuevo – No me mires así. Después de todo, si existen los viajes en el tiempo, ¿por qué va a ser imposible perder la memoria?
- Puede que tengas razón – concedió –
- Anda, averigüémoslo. Lo único que podemos hacer ahora es ayudar a estos niños a volver a su tiempo.
Tomé a Franziska pequeña de los brazos de la mayor, y la senté en el bordillo de la fuentecilla que había en el centro del jardín de los von Karma. Franziska se acercó y me observó en silencio mientras yo limpiaba la pequeña herida con suavidad. Yo pequeño tomó la mano de Franziska pequeña.
- Lo siento mucho, estaba corriendo muy deprisa.
- No, es culpa mía... No miré por dónde iba.
Franziska, a mi lado, dio un respingo. La miré.
- Yo nunca habría dicho algo así, ni siquiera con tres años, Miles Edgeworth. Lo digo en serio – susurró en inglés, deprisa -
- Vamos, vamos... Sí que lo habrías hecho. Siempre y cuando tu padre no estuviera cerca. Eras mucho más abierta de pequeña – le sonreí, aunque ella, frustrada, me fustigó con su látigo. Con fuerza - ¡Hey!
- Que no, te digo.
- Ya, ya... Lo que tú digas.
Terminé de lavar la rodilla de Franziska pequeña y le acomodé el flequillo con suavidad. Me sonrió y tendió los brazos para que la bajara de vuelta al suelo. Así lo hice, y luego ella se giró hacia su yo mayor.
- El árbol es aquel. Recuerdo que tenía esa forma.
- Sí, debe ser ese – asintió Miles pequeño -
Nos acercamos, con curiosidad contenida, pero el árbol era sólo eso, un árbol de lo más normal. No ocurrió nada cuando mi yo pequeño lo tocó, ni tampoco cuando Franziska pequeña dio una vuelta a su alrededor, dubitativa. Me acerqué yo también, hasta poder apoyar la espalda contra el tronco. Llamé a Franziska con un gesto, pero no quiso acercarse.
- ¿Va todo bien?
- Este árbol, es raro. No me gusta, Miles Edgeworth, lo digo en serio. Aléjate. Alejaros todos.
- ¿Eh?
- ¿No lo notas? Es como... como una energía... Lo cierto es que no es la primera vez que lo siento. Es la misma sensación de que hay algo fuera de sitio que cuando esa Fey trae de vuelta a los muertos.
- Bueno, en este caso ocurre igual. Nos ha traído a dos personas cuyo presente es nuestro pasado. Es como traer a nuestro presente a alguien cuyo presente es el pasado porque está muerto. Nunca me lo habías contado, es curioso que tengas ese tipo de sensaciones... ¿lo sabe Maya?
- Por supuesto que no lo sabe. No habría sobrevivido a sus bromas, y entonces la canalizada sería yo.
Sonreí levemente. Contrariamente a la creencia popular, Franziska tenía su propio sentido del humor, algo seco y oscuro, pero divertido para quien sabía apreciarlo. Luego me encogí de hombros y extendí los brazos hacia ella.
- Nunca te hizo daño estar cerca de Maya mientras canalizaba. Ya sabes que sólo pueden canalizarse espíritus.
- Estos niños nos son espíritus, ya lo sabes. Tú mismo has traído a la pequeña en brazos – me eché a reír -
- Sí, sí... Los dos estamos igual de perdidos en esto. ¿Vienes o no?
Recelosa, se acercó hasta tomar inconscientemente mi mano. Mm, mal movimiento. Tiré de ella rápidamente hasta hacerla caer contra mi pecho. Se ruborizó muy levemente cuando rodeé su cintura con los brazos.
- ¡Idiota! ¿Por qué has hecho eso?
- Añade dramatismo al asunto, ¿no crees? - ella contuvo la respiración por un instante, y me demoré contando las prácticamente invisibles pecas en su rostro, medio escondidas bajo la base de su maquillaje. Ella se removió y la dejé ir -
- Vaya, gracias...
- No te enfades. Sabes que no puedo evitarlo, soy así de tonto – se echó a reír -
- Demasiado romántico para tu propio bien, en mi opinión.
Miles pequeño se echó a reír, haciéndonos sonreír a ambos, y Franziska le revolvió el pelo con cierta ternura. Aunque intentara no mostrarlo, tenía cierta debilidad por los niños.
- Bueno, veamos – empecé. Los niños se acercaron más, quedando Franziska la más alejada de mí – Contadnos exactamente todo lo que ocurrió antes de plantar el árbol – ellos cruzaron una elocuente mirada y Miles pequeño se encogió de hombros. Eso me preocupó un poco, iban a ocultarnos algo. Miré a Franziska -
- Bueno, no me digas que no peudes descubrir una simple contradicción, Miles Edgeworth – sonrió. Los niños fruncieron el ceño, pero no contesté -
- Adelante, entonces, contadnos.
Franziska pequeña señaló a Miles pequeño con la mano abierta.
- Cuéntaselo tú, Miley.
- Oh, bueno... ese día comimos, eh... manzanas. Muchas manzanas. Guardamos las semillas y vinimos aquí a plantarlas. Nos llevó un rato encontrar un buen lugar y los utensilios necesarios, alrededor de una hora. Después cavé un hoyo en el suelo y Franziska acomodó las semillas dentro. Después lo volvimos a tapar y lo regamos. Y, al regarlo, fue cuando comenzó a crecer de golpe. Era... hipnotizante, de alguna manera. Cuando pudimos apartar la vista, creo que ya habíamos aparecido aquí.
Me quedé en silencio un instante, pero no le hice repetirlo todo. La idea de comer manzanas no tenía ningún sentido.
- Supongo que te habrás dado cuenta ya, Miles, pero este árbol no es un manzano – él miró a un costado -
- Vale, vale. No sé de dónde salieron las semillas. Pero el resto da igual.
- ¿Y de dónde salieron entonces? - me giré hacia Franziska pequeña, quien se encogió un poco sobre sí misma –
- ¿Y yo por qué debería saberlo?
- Porque Miles no lo sabe, asumo que las semillas las has encontrado tú en alguna parte – negó tranquilamente con la cabeza -
- Sí, pero resulta que no lo sé. Y no tienes ninguna prueba.
- No necesito ninguna prueba – Franziska chasqueó la lengua y restalló su látigo en el aire –
- ¿Sabes algo? Me cansé de esperar a que lo averigües por las buenas – se acercó a mi yo pequeño y, de un movimiento fluido y rápido, enredó su látigo en su cuello, casi como si le fuera a ahogar – A ver, empieza a hablar. ¿De dónde sacaste las semillas? - habló en alemán, y comprendí qué estaba planeando. No estaba seguro de que asustar a la niña fuera una buen idea, era muy pequeña... Mi yo pequeño, de todas formas, no parecía asustado en lo más mínimo. Sostenía el látigo con las manos, pero se veía que ninguno de los dos estaba haciendo fuerza. Nos miramos un instante, pero luego él desvió la mirada hacia la pobre criatura. La niña abrió mucho los ojos y se llevó las manos a la boca -
- ¡N-no, no le hagas daño! Y-yo... ¡estuve jugando con Violet en la mañana! ¡L-lo siento, lo siento mucho! Sé que tenía que estar estudiando, pero hacía mucho que no la veía, y es tan divertido plantar semillas... - estaba temblando. Franziska y yo nos miramos –
- Está bien... N-no voy a ser yo la que te regañe... - una honda tristeza me inundó al ver cómo Franziska liberaba a Miles pequeño con la compasión rebosando de sus ojos azules. De modo que recordaba las duras jornadas de estudio a las que su padre la sometía... -
- Bueno, ahora que ya sabemos que las semillas te las dio Violet, ¿qué hacemos? No es como si fuera un dato muy particular, no exactamente.
- Violet es experta en asuntos paranormales. Deberíamos ir a verla.
- ¿Violet es una psíquica o algo así? - sonreí – Hace mucho que no sé nada de ella. Era muy buena amiga tuya cuando érais pequeñas, y yo también la quería mucho... Pero después tuve que volver a los Estados Unidos y no sé que fue de ella.
- En absoluto, Violet es costurera, y por lo que sé, una muy buena. Oí que además, llevaba una relación bastante buena con un hombre de su edad, y creo que dijo algo de matrimonio. De hecho, me lo dijo hace una semana nada más.
- ¿Se casa? Tenía... Tenía cuatro años más que tú apenas, ¿no? - ella se encogió de hombros -
- Ya sabes que ella nunca dice mucho de sí misma. Fue sólo un comentario que me dio en qué pensar – asentí lentamente –
- ¿Y qué tiene ella que ver con nuestros niños? - un leve escalofrío me recorrió al decir eso. Sonaba tan... como si fuéramos... Ella me miró de reojo un instante, y supe que estaba pensando lo mismo. Luego sacudió la cabeza lentamente, como pensando -
- A Violet le gusta todo ese rollo paranormal, a lo mejor se le ocurre algo que podamos hacer. Además, es una buena amiga mía, no dirá nada acerca del tema si se lo pedimos.
- Sí, eso es una gran ventaja. Quizá tengas razón
- Siempre la tengo – sonrió con suficiencia – Vamos. Tenemos que alistarnos y coger una chaqueta o algo. Hace demasiado frío.
- ¿Y ellos...? - se encogió de hombros de nuevo -
- Tu ropa debería estar guardada en el ático. Saquemos algo.
- ¿Sigue allí?
- Debería. Nadie la ha movido – asentí -
- ¿Y ella?
- Le pondré una mantita o algo, creo que no conservo nada de cuando era tan pequeña.
- Habrá que comprarle algo – me encogí de hombros, pero ella asintió -
- Cierto. No sabemos cuánto tiempo se quedarán.
- Ya...
Aún nos quedamos por el jardín un rato, dando vueltas, pensando opciones, hasta que a los niños les empezó a entrar frío. Una vez dentro, Franziska me dio la llave del ático y me dirigí allí a buscar algo para mi yo pequeño mientras ella iba a buscar con qué abrigar a la más pequeña. Sólo tenía tres años, ¡era casi un bebé! Hablaba con propiedad, sí, y era increíblemente despierta para su edad, sí, pero, ¿cómo íbamos a cuidar de ella? No me había atrevido a expresar mis preocupaciones en alto, porque sabía que Franziska se habría reído (aunque estaba seguro también de que las compartiría, en el fondo), pero poco a poco empecé a caer en la cuenta de que en cuestión de una hora había pasado de ser un simple fiscal a ser el niñero de nuestras versiones en miniatura. Suspiré y empecé a rebuscar, mientras mi yo pequeño me miraba, envuelto en mi chaqueta roja, demasiado grande para él.
Finalmente, encontré unas cajas al fondo con etiquetas, cada una con años que las diferenciaban. Saqué la de la edad de yo pequeño y la abrí. Franziska apareció en ese momento, con la niña en brazos, y tuve que reconocer que, por un instante, se me cortó la respiración. La miré en absorto silencio, mientras ella sorteaba obstáculos y se acercaba.
- ¿Has encontrado algo?
- Acabo de encontrar la caja, estaba muy guardada...
- Es muy vieja. No puedo creer que ya han pasado casi veinte años. En fin, ten. Ya busco yo algo, acabaremos antes.
Cogí torpemente a Franziska pequeña de sus brazos, no muy seguro de lo que tenía que hacer. Al fin y al cabo, no tenía ninguna práctica. Miré a ambas, estaban hermosas. Franziska no llevaba su ropa de trabajo habitual, sino que llevaba unos vaqueros azules pegados y un jersey azul oscuro con cuello en V que contrastaba deliciosamente con su piel nívea, con sus ojos azul hielo. No recordaba la última vez que la había visto con algo que no fuera una falda o un vestido. La niña, por el contrario, sí que seguía llevando la misma ropa de antes, pero iba envuelta completamente en un enorme chal que alguna vez el Sr. von Karma le había traído a su hija de París. No sabría ponerle nombre a la tela, tan suave, tan cálida bajo mi tacto. Finalmente Franziska encontró mi ropa, y se la pasó a mi yo pequeño, quien se la puso inmediatamente, cambiando unos pantalones cortos por unos vaqueros oscuros y unas botas de cuero marrones. Sobre la camisa y chaleco que llevaba, se puso una americana negra y una bufanda gris. Aunque quedase mal que yo lo pensara, tenía que admitir que mi yo pequeño estaba muy guapo así vestido. Pasé por mi cuarto para coger una chaqueta y mis llaves y cartera, y regresé con los otros al hall. Franziska y yo nos miramos.
- ¿Y ahora...?
- Voy a llamar a Violet antes de ir – decidió – A lo mejor no está en casa.
- Buena idea.
Y así lo hizo. Violet contestó, sin embargo, tras unas pocas palabras pareció quedar claro que no podríamos ir. Franziska negó con la cabeza y colgó poco después.
- Aunque parezca increíble, hasta dentro de tres días Violet no puede. Le he dicho que le haremos una visita entonces.
- Bien. Pero, ¿y si para entonces ya se han ido? - se encogió de hombros y reacomodó a Franziska pequeña en sus brazos –
- Entonces iremos solo nosotros y no le diremos nada del asunto.
- ¿Y ahora?
- Vamos a dar una vuelta. Podríamos ir a la biblioteca...
- Dudo que encuentres algo interesante en los libros. La mayoría será ficción o de dudoso origen – se encogió de hombros otra vez –
- ¿Se te ocurre algo mejor?
- Se me ocurre que quizá Maya podría saber algo.
- ¿Fey? Ese será mi último recurso, recuérdalo.
- Vamos a merendar algo primero – sugerí – Tal vez se nos ocurra algo así.
- ¡Sí! - ambos niños se apuntaron enseguida, y Franziska sonrió levemente, asintiendo -
- Está bien. Vamos a tomar algo por ahí.
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Encendí la calefacción de mi coche, que arrancó con un suave ronroneo del motor. Miré a Franziska, que sostenía a su yo pequeño en su regazo, y a mi yo pequeño por el retrovisor, en el asiento de atrás. Arranqué y conduje en silencio, en dirección a una cafetería a la que alguna vez había ido con Franziska.
Sin embargo, durante la merienda no descubrimos nada, excepto lo difícil que podía resultar cuidar de nosotros mismos.
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Franziska se dejó caer, agotada, en el embozo de mi cama. Le sonreí, y ella se ruborizó. Iba a decir algo, pero sonó mi teléfono, y me hizo señas para que lo cogiera.
- ¿Diga?
- ¡Edgeworth! - suspiré -
- Wright, ¿qué pasa? ¿Te das cuenta de que estoy al otro lado del mundo?
- No importa, la llamada la paga Maya. Al fin y al cabo, es ella la que quería llamarte.
- ¿Oh?
- Dijo algo sobre un presentimiento y sobre llamarte. Lleva todo el día igual – me encogí de hombros –
- Pues pregúntale qué le pasa...
- No quiere decírmelo, pero eso da igual... Te oigo cansado, ¿va todo bien allá?
- Todo va bien. Estoy cansado porque es de noche, Wright.
- Hmm...
- ¿Qué?
- Oh, nada, nada... No te preocupes. Eh... Te paso con Maya, ¿vale? Creo que por fin se ha decidido.
- Vale...
- ¡Sr. Edgeworth!
- Oh, hola, eh, Maya...
- ¿Le ha ocurrido algo últimamente?
- ¿Estás hablando con Maya Fey? - inquirió Franziska al mismo tiempo. Asentí y le pedí silencio con la mano. Se puso de pie – No le vayas a decir...
- Han aparecido en mi casa dos niños que dicen ser Franziska y yo de pequeños – solté rápidamente, huyendo de Franziska y encerrándome en el baño contiguo –
- ¡Lo sabía, sabía que algo así ocurriría!
- ¿Ah, sí? ¿Y sabes cómo devolverlos a su tiempo? Porque te aseguro que son muy reales, Maya, y son definitivamente nosotros.
- Hm, no, ¿por qué?
- ¡Porque no pueden desaparecer de su tiempo! Entonces nosotros no existiríamos.
- ¡Ah! De acuerdo, investigaré sobre ello. Aunque Pearl va a tener un sesión seria pronto... ¡Le llamaré dentro de cinco días y le diré lo que he podido averiguar! ¡Hasta pronto, Sr. Edgeworth!
- A-adiós...
Ella colgó, con su habitual ánimo imperturbable. Suspiré y me dejé caer contra la puerta. ¿Qué me había hecho contárselo? Lo cierto es que no lo sabía. Lo único que tenía claro es que si esos niños seguían aquí mucho tiempo, la relación entre Franziska y yo nunca volvería a ser lo mismo... Para bien o para mal... Regresé a mi habitación, donde me recibió una serie de fuertes latigazos que me cortaron las manos al intentar protegerme con ellas. Pero Franziska no se disculpó al ver las heridas.
- ¡Estás loco! ¡Te dije que no se lo contases a la Fey! ¡Ahora lo sabrá todo el mundo!
- ¡Pero quizá pueda ayudarnos! ¿Es que no lo ves? Nosotros solos no podemos con esto – le sujeté las muñecas y la empujé hasta sentarla sobre la cama –
- ¡No me importa! ¿Y qué hay de Violet! ¡Ella puede ayudarnos!
- ¡Franziska, por favor! Vas a despertar a los críos por esta tontería – me miró un segundo, sorprendida, y luego asintió en silencio. Tiró con fuerza para soltarse de mi agarre, pero no la dejé, de modo que acabamos tirados en la cama en una pose un tanto... comprometida –
- ¡Miles Edgeworth! - se ruborizó y trató de soltarse, sin éxito –
- Prométeme que no vas a volver a darme – dije, intentando sonar firme. Bufó y asintió. Me levanté – Voy a lavarme las manos antes de que se infecten... Cámbiate antes de que vuelva – volvió a asentir –
Me aparté del todo, y la miré. Esa imagen se grabó entonces en mi mente, por siempre. Franziska, aún tumbada en mi cama, sujetándose las muñecas suavemente, ruborizada y mirándome con esos ojos azules suyos muy abiertos de asombro. Me sentí ruborizar.
- Pero bueno, ¿y ahora qué te pasa? - miró a otro lado y se sentó -
- Nada...
- ¿Estás segura...?
- Nunca me habías hablado así...
- ¿Qué...? B-bueno, tú tampoco me habías dado tanto con el látigo nunca – le mostré las manos, que tenían varios cortes, y se ruborizó –
No dijo nada más, de modo que me fui. Me cambié de ropa y lavé los cortes que, si bien no eran muy profundos, sangraban, y la piel estaba irritada e inflamada. Suspiré. La inflamación bajaría para mañana, pero los cortes no desaparecerían al menos en una semana. Cuando regresé, ella ya estaba en pijama también, sentada en el embozo de la cama. En silencio, ambos nos acostamos y apagamos la luz. Ella suspiró.
- Recuérdame por qué estamos compartiendo cama, Miles Edgeworth.
- Porque los niños no querían dormir separados.
- Ah, sí...
- No es como si fuera la primera vez...
- Éramos pequeño, Miles – su voz era apenas un susurro –
- ¿Qué ha cambiado? - hubo un silencio, y luego ella se giró hacia mí, buscándome a tientas –
- Los dos hemos cambiado, ¿no crees...? Pero tienes razón, en el fondo todo sigue siendo lo mismo...
Finalmente, una mano fría se posó en mi brazo, y poco después apoyó su mejilla contra mi hombro. Sorprendido, me moví hasta acomodarla entre mis brazos, y así nos quedamos hasta que el sueño nos alcanzó.
- Lo siento, hermanito... – murmuró, ya medio dormida, poniendo su mano sobre la mía. Sonreí un poco, pero no llegué a contestar, ya estaba dormido –
Bueno, pues hasta aquí el capítulo segundo!
:3333
Les gustó? Les gustó, les gustó?
Déjenme saberlo, síii? :33
Espero no tardar demasiado en subir el siguiente, demo, para más referencias, mirar la nota de autor del comienzo :P
xD
Saludos
Isacullen-Timeguardian
