Minna! He REGRESADO!

:D

No saben lo feliz que estoy porque en estas pasadas vacaciones he escrito muchísimo para tan poco tiempo, así que ahora tengo este y otros dos capítulos terminados!

Eso sí, los subiré con moderación, porque sino no me llegan hasta las siguientes vacaciones!

Ya tengo toda la historia planeada, así que sé seguro que la voy a terminar, así que no se preocupe nadie. Y bueno, a lo importante.

Subiré capi, o intentaré subirlo, en el plazo de un mes.

Y aquí hago un llamamiento a Rocktulador, que sé que va a leer esto (?) y que más o menos le importa porque (recordemos) este fic es su regalo de cumpleaños (y pienso hacerlo entero y subir el epílogo el día de su siguiente cumpleaños este año, así como dato)

Rock-chan: si ves que se me está pasando de fecha, pls, recuérdamelo! Probablemente estaré de exámenes ;)

Volviendo al resto, si alguien quiere recordármelo también, que no dude en darle a review o por PM y yo contesto, que eso sí lo veré por la notificación

Thankies a todos por cooperar conmigo por mi falta de cabeza para fechas!

Este capi, como premio por haberme esperado tanto tiempo (u.u gomengomen, desde enero creo que no publico D: o febrero...? no importa, la cosa es que fue hace mucho, gomen) es extra largo, L-sized! Son diez páginas de word, sí, sé que no es mucho, pero oye, que los otros eran cinco o seis. No sé qué me pasa que no avanzo más de ahí xD

Y ya, voy a dejar de ser tan pesada porque los aburro y no van a comenzar nunca a leer que es lo interesante xD

Por último gracias a todos por leer, los adoro, los quiero un montón, incluso a esos que leen pero no dejan review ni ponen en favoritos, que digo yo que alguno habrá (?) pues a esos también los quiero, espero que disfruten un montón leyendo mi fic. BESOS, GUAPOS Y GUAPAS. SÍ, VOSOTROS, LOS QUE ESTÁIS LEYENDO ESTO. :3

Disclaimer: Ace Attorney no me pertenece, es propiedad de Capcom, lo que sí me pertenece es esta trama, el OC Violet, y cualquier definición o explicación inventada de los hechos paranormales que plagan mi fic.

Update (17/06/2014): este capítulo ya está corregido, puede que se someta a más cambios que se avisarán en los próximos capítulos publicados, o, en caso de ser después de finalizado el fic, en el summary.

~Lena Lawlipop


Franziska's POV

- No tengo palabras. De verdad, Franny, no las tengo. Nunca había visto algo así. Casi parecen vuestros hijos, si no os hubiera conocido de pequeños. No sé realmente qué decir.

- Ya... – miré a los niños, que correteaban por la casa. Bueno, ella correteaba, Miley la seguía tranquilamente. Suspiré, y devolví la mirada a Violet, que también les observaba, perpleja – ¿Qué quieres que te diga? Aparecieron de pronto, y... No sé, ya no sé qué hacer. Llevan aquí desde el sábado... ¿No será malo?

- Debo admitir que no es la primera vez que oigo hablar acerca de gente que afirma hacer viajado en el tiempo; sin embargo, sí que es la primera vez que lo veo con mis propios ojos... no sabría decirte. Dijiste que Miles había hablado con una amiga vuestra que es médium, ¿no es así? - me ruboricé, y asentí. Aún no podía creer que me hubiera hecho eso – Creo que deberíais ir a visitarla. Es probable que ella sepa más que yo.

- Ya veo...

- Aunque, si quieres, ¡puedo leerte las cartas! - se echó a reír, sabedora de que no era real, pero sí divertido. Sonreí. Le había dicho incontables veces que no, pero... Me encogí de hombros y arqueó las cejas, sorprendida. Luego recogió las cartas que siempre tenía en su mesita, las barajó y comenzó a sacarlas con tranquilidad – ¿Sabes...? La gente que está inquieta o indecisa recurre a las cartas sin darse cuenta. Dice mucho de tu estado de ánimo que me hayas dicho que sí – me volví a ruborizar y me encogí de hombros. Ella sonrió – Diría que te sienta bien hacer de madre.

- No digas esas cosas, por favor. Es sólo que... no me gustan las cosas que se salen de mis esquemas.

- Necesitas control, puedo entender eso. Oh, vaya, tienes buenas cartas, Franziska... Esto dice que te enamorarás, harás un viaje... Tomarás decisiones importantes. Algunas buenas... y otras no tanto...

- Para – me crucé de brazos – Te lo estás inventando para poder decirme "te lo dije" después – pareció ofendida -

- Yo no hago esas cosas, Franziska, y me molesta que lo insinúes.

- Tch.

- ¿Debería seguir?

- Por favor, hazlo – la animó Miles a mi lado, mirándome con el ceño fruncido – Últimamente está más sensible que de costumbre; te pido que lo comprendas, la situación es un poco extrema – ella sonrió –

- Sí, sí... Lo siento. Veamos. También veo una carta para la muerte... Pero está rodeada de cartas buenas, así que dudo que te pase nada... La última es confusa – admitió al final – Puede significar que entras en un compromiso imporante, o que te defraudan... Y está entre la muerte y el amor, así que es difícil de decir. Tienes muchas cartas buenas, pero...

- No especules, sé que te encanta, pero así está bien, gracias – ella asintió, pero no recogió las cartas, sino que se quedó viéndolas. Cuando por fin las recogió, fue para volverlas a ehcar. Sonrió ampliamente, y se llevó una mano a la cabeza. Miré a Miles, pero él parecía igual de perdido que yo –

- ¿Violet? - me sonrió -

- ¿Quieres mi teoría sobre...?

- Te dije que no... ¿Qué es eso? ¿De quién son esas cartas?

- No puedo decírtelo sin el expreso consentimiento suyo, y ahora no puedo preguntárselo, pero... Creo que has tenido mucha suerte, Franziska. Mucha.

Me dirigió entonces una mirada que yo no había visto desde que éramos niñas. Más concretamente, desde que le prohibí acosarme con el tema de mi capricho con Miles, de cuando era sólo una niña. Me ruboricé, mi respiración atascándose en mi garganta. Levanté las manos para cubrirme las mejillas arreboladas.

- ¡No, no, no, Violet! ¡No necesito más quebraderos de cabeza! No me puedo quejar, de pequeños éramos muy obedientes, pero no es fácil, ¡y ya bastante me cuesta a mí una sola cosa!

- Pero si no he abierto la boca... - Miles frunció el ceño hacia mí -

- No, pero conozco esa mirada, y no, Violet, ¡no! Me tomó años que dejaras de hacer eso, y porque unos críos han aparecido en nuestra casa no te voy a permitir retomar esa mala costumbre – ella sonrió, con esos ojos de nuevo -

- Franziska, tu padre ya no podrá volver... No puede volver a hacerte daño... - jadeé. Me tapé los oídos, por si acaso. Menée la cabeza -

- ¡No! ¡No, Violet, cállate! ¡Silencio, te digo! - bajó la mirada y yo aparté la mía. Suspiré – No quiero que vuelvas a hablarme de eso ni en ese tono nunca más, ¿entendido?

- Te lo dije entonces, Franziska... Esperaré hasta que tú seas la que quiere hablar del tema – asentí. Forzar a Violet era difícil, y, sinceramente, no quería profundizar en el tema -

- Bien, sigue esperand... - una mano pequeñita se posó en mi hombro y levanté la cabeza - ¿Miley?

- ¿Estás bien? - miré al niño, una réplica exacta de Miles cuando era pequeño, e hice un esfuerzo por sonreírle. No, él no había tenido la culpa, como yo pensé en su momento... -

- Sí, sí, descuida... es sólo que no me gusta hablar del tema... Ya he discutido antes con Violet de lo mismo. No te preocupes... ¿Y Franziska? - él señaló detrás de mí, a su copia, y me giré para verle sostener a la bebé. Asentí –

- Violet, ¿querrías cuidar a los críos un segundo? Me gustaría preguntar una cosa a Franziska – comentó Miles, con ese tono suyo que avisaba que pretendía salirse con la suya sin importar qué. Violet asintió, y nosotros nos levantamos -

Salimos al pasillo, cerrando la puerta del acogedor salón de Violet. La puerta era de cristal translúcido, de modo que no encendimos la luz. Se veía lo suficiente. Me apoyé al lado de la puerta, pero Miles me imitó, quedando muy cerca. Suspiré, y me giré a encararle.

- ¿Qué, Miles?

- ¿Qué fue eso, Franziska? Estabas tan tranquila hablando con Violet y de repente empezaste a gritar incoherencias... Me sorprendiste, tú no eres así de emotiva. Ni siquiera con todo el asunto de los niños.

- Eso no es de tu incumbencia – le espeté –

- Puede, pero quiero saber qué está pasando... - le interrumpí, poniendo mi mano sobre su pecho. Me dejó hacer -

- Ahora no es el mejor momento, y sinceramente no quiero contártelo. Así que vamos, cuanto antes acabemos con esto mejor.

- Violet no puede ayudarnos de todas maneras, Ziska – me cogió la mano pero sin apartarla de su pecho. Me di cuenta de que podía sentir sus latidos. Me ruboricé, claro -

- Entonces vámonos a casa. Llama a esa médium y pregúntale si ha encontrado algo, o...

En ese momento él suspiró, atrayéndome hacia sí bruscamente de forma que pudiera abrazarme. Sentí que se me coloreaban las mejillas del todo, y me congelé en el sitio. Ahora también podía oír sus latidos... Volvió a suspirar y empezó a acariciarme el pelo. Le rodeé con los brazos también, algo incómoda.

- Tienes que relajarte. Últimamente no haces más que hablarme como si yo fuera a agredirte de repente... Estoy en tu bando, Ziska, ¿o ya lo has olvidado? Siempre lo he estado y siempre lo estaré.

- No tiene nada que ver con eso...

- ¿Y entonces qué te ocurre? Sé que te molestó que hablase con Maya, pero tienes que reconocer que estamos metidos en una situación bastante particular – respiré hondo, empapándome en su olor -

- Miles... No voy a hablar de eso. Es un tema que no he hablado con nadie desde que era una niña... Y no voy a hacerlo ahora. Haz lo que quieras, no voy a decírtelo.

- Está bien, sólo... Confía en mí, Ziska. Un poquito al menos, ¿vale? Haz un esfuerzo, por los niños... No podemos permitir que les pase nada.

- No hables así, Miles. Te... te lo s-suplico – me mordí el labio – Me molestas.

- Ya. Pero piénsalo, ¿vale? - me las arreglé para asentir -

Me soltó lentamente, aún acariciando suavemente mi pelo, y fui yo la que finalmente me aparté del todo. Odiaba con todo mi ser tener que suplicar nada, pero a la hora de hacer callar a Miles, eran las palabras más simples y efectivas.

Volvimos con Violet, pero ella no tenía nada que pudiera ayudarnos, como dijo al comienzo. Aún así nos quedamos varias horas esa tarde. Hacía tanto que no la veía...

Inevitablemente, fue la hora de volver a casa. Tomé en brazos a Franziska, que se dormía en mi regazo, y la acomodé dentro del chal. Violet me sonrió mientras Miles ayudaba a su adormecida miniatura a ponerse su chaqueta.

- Ha sido un placer volver a veros, Miles, Franziska... Os deseo la mejor de las suertes con todo este asunto. Y... Miles – él sonrió y la abrazó con fuerza. Ella murmuró algo en su oído que le hizo sonrojar. Chasqueé la lengua -

- Vamos, Miles... Los enanos tienen que dormir, y yo también... Maya dijo que llamaría mañana, ¿no? - él asintió -

- Sí, será mejor que esta noche descansemos bien.

- Ha sido una tade estupenda, chicos – Violet revolvió el pelo de Miley, tal y como habíamos decidido llamar al crío, así como Ziska a la niña – Gracias por venir.

- A ti, por recibirnos – contestó Miles mientras nos acercábamos a la puerta. Abracé brevemente a mi amiga -

- Gracias, Violet...

- Por nada, Franziska... Espero haberos ayudado en algo – me encogí de hombros -

- Sabes que no me gusta lo paranormal, pero después de esto, tengo que decir que tu lectura de mis cartas me intriga. Bastante – sonrió -

- Infórmame si pasa algo, ¿sí? - asentí – No te preocupes tanto, Franziska, el futuro puede cambiar con mucha facilidad.

- Ya...

Miles abrió la puerta del auto y todos entramos en silencio. Los niños estaban ya agotados, de modo que condujo rápidamente de vuelta a casa.

Una vez allí, les dejamos en su cama, que aún insistían en compartir, y nos fuimos al cuarto de él. Le miré de reojo, y se llevó una mano a la cara.

- Te cedo el baño. Tú primero, luego hablamos.

Alcé una ceja, pero no dije nada y accedí. Me duché rápidamente, me lavé los dientes y me cambié de ropa. Seguidamente pasó él y yo procedí a secarme el pelo en frente de su espejo. Él pronto estuvo a mi lado, aún en silencio. Le puse el secador en la mano.

- Termina de secarme el pelo – se encogió de hombros y lo hizo -

Me gustaba que me tocara el pelo, tenía que admitirlo. Me relajaba, y me recordaba a mi infancia. En aquel entonces, yo le había amado tanto... Contuve las lágrimas. Miles Edgeworth ya no era parte de mi vida. Tenía que superarlo de una vez por todas... Y él eligió ese mismo intante para suspirar, apagar el secador de pelo y tirar de mí para que cayera sobre su cama. Jadeé, desprevenida, cuando él se dejó caer sobre mí sin avisar. No podía moverme. Le miré a los ojos.

- E-edgeworth, ¿qué crees que...? - se acercó, se acercó mucho. Tanto, que por un instante pensé que me besaría -

- Mírate, Franziska. Llevas toda la tarde así... Desde aquello que dijo o hizo Violet... No sé lo que fue, pero quiero que me lo cuentes. Me destroza verte tan intranquila.

- N-no sé de qué me hablas. Es cierto que perdí la compostura en aquel momento en casa de Violet, pero fue una tontería, y me niego a contártelo, Edgeworth. Punto final.

- ¿Por qué nunca confías en mí, Franziska? ¿He hecho algo mal? Siempre he procurado pensar en ti a la hora de tomar decisiones... ¿Es que en algún momento te he herido? - suspiró y apoyó la cabeza en mi hombro, prácticamente pegado a mí. Se me empezó a acelerar el pulso, y traté de apartarle, sin éxito. Bufé -

- Edgeworth, ¿quieres dejar de ser tan dramático? No es que no confíe en ti, sólo, es muy personal, ¿vale? No me hagas esto, hermanito... Cuando esté preparada, te lo diré. Si llego a estarlo – rió, haciéndome cosquillas con su respiración, y volvió a mirarme a los ojos con ironía -

- ¿Estás segura de eso que acabas de decir? Es raro verte prometiendo respuestas, y aún más raro verte admitiendo no estar preparada – bufé de nuevo y aparté la vista. Estaba tomándome el pelo -

- Tómame en serio de vez en cuando, Edgeworth, podría serte útil – me guiñó un ojo y me besó suavemente en la mejilla, muy cerca de la comisura de la boca -

- A sus órdenes, Srta. Von Karma – murmuró. Se veía casi seductor -

En ese momento pasó de lado a lado a su extremo de la cama y se metió bajo las mantas con gracia. Me le quedé mirando, y si no me le tiré encima fue por pura vergüenza. Solía olvidar lo estimulante que podía llegar a ser este hombre si se lo proponía, y, por ahora, lo estaba consiguiendo. Es decir, gatear por tu cama de esa manera debería ser ilegal. Traté de controlar mis pensamientos y el alocado latido de mi corazón, y me giré para entrar a la cama yo también. Sólo habían pasado tres noches, y aún era algo incómodo, pero tenía que admitir que era muy relajante despertar cada mañana en sus brazos, con sus manos enredadas en mi pelo, o en la cintura de mi pijama. Ver a Miles nada más despertar era un privilegio que se me había retirado de niña, y ahora comprobaba que tenía que haberlo retomado antes. Porque sí, este hombre, que antes que cualquier cosa era mi rival, también era mi debilidad. Sentir cómo trataba de enfocar su vista al despertar, su sonrisa al verme, cómo se sentían sus dedos al peinar mi cabello en las noches hasta que uno de los dos cayera dormido, o en las mañanas para despertarme si él lo hacía antes que yo...

Él apagó la luz y buscó mi mano. Tiró de mí hacia sí, y me rodeó con sus brazos, y no pude evitar dejar escapar un suspiro. Apoyé mi mejilla en su pecho y cerré los ojos. Sabía que él podía sentir mi pulso acelerado, mi respiración entrecortada y el calor casi febril que se desprendía de mi piel cada vez que estaba él cerca. Sí, lo sabía. Pero en momentos como estos, no me importaba.


Miles' POV

/Flashback/

Observé, atónito, cómo Franziska aparecía en el marco de la puerta, vestida con la ropa de su difunta madre y la niña en brazos. Llevaba una falda larga con faldones, recta, de color rojo, zapatos delicados negros y una blusa de aspecto antiguo, pero de un blanco suave. Se había recogido el pelo con hoquillas y maña en un moño alto... ¿A qué estaba jugando con mis hormonas? Se encogió de hombros.

- Ziska encontró la ropa de mamá, no he sabido decirle que no...

- Ya... - asentí, un poco sin pensar, y se ruborizó -

- ¿Y bien? ¿Qué dice Fey? - aghh... Odiaba darle malas noticias -

- Dice que es probable que su madre sepa algo, pero que para hablar con ella será necesario ir a Estados Unidos...

- Estarás de broma, ¿vamos a viajar hasta allí con dos niños? ¿Sabes lo difícil que va a ser? - se giró, y llamó a Miley. Él apareció pronto, y ella dejó a Ziska en el suelo a su lado – Miles y yo tenemos que hablar, niños. Enseguida iré a veros, mientras tanto, id al estudio – volvió a mirarme – Espero que tengas algo más que añadir. Algo como una buena excusa para hacerte caso.

Se cruzó de brazos, y por un momento sólo la miré. Dios mío, sí, siempre había pensado que era hermosa, pero por el amor del cielo, ¿qué estaba pasando últimamente conmigo? Ella empezó a impacientarse.

- ¿Y bien?

- P-porque... ¿te ves realmente bien con esa ropa? - se echó a reír, sinceramente, y perdí todo aire en los pulmones. Una imagen mental de Franziska cogiéndome de la chaqueta, de puntillas para besarme, asaltó mi imaginación en el peor momento posible. Sacudí la cabeza para enfriarla – N-no lo sé, Ziska, porque es necesario y punto. No veo el mal, y no tenemos por qué quedarnos por siempre... Podemos regresar después... - suspiró y se acercó hasta que su perfume invadió mis sentidos. Se me aceleró el pulso – Ziska, ¿va todo bien? - volvió a suspirar -

- Lo estoy intentando... No es tan fácil, ¿sabes? Convertirme en "madre" de dos críos de repente... Ambos lo estamos haciendo lo mejor que podemos y aún así, no sé, ¿no tienes la sensación de que algo se escapa del cuadro? - me encogí de hombros -

- Yo no tengo tu sexto sentido, Ziska – se ruborizó -

- No me pongas diminutivos, o me confundiré con la niña...

- Pero ella no está ahora, Ziska... - miró a otro lado, enrojeciendo aún más, y me pregunté, como de costumbre, qué estaría pasando por su cabeza -

- No me estás tomando en serio, Miles. Hay algo que se me escapa.

- Zis, por mucho que lo pretendamos, ambos sabemos que no somos una familia. Es normal que haya cosas fuera de sitio – se quedó pensativa y luego se encogió de hombros -

- Quizá sea eso, la idea de que somos una familia extraña.

- Para empezar, tú y yo ni siquiera estamos juntos, no de esa forma, y ellos tampoco son nuestros críos, somos nosotros mismos.

- Y-ya... - se ruborizó – Puede que sea eso, sí.

Esta era mi oportunidad, me dije. Ahora estaba distraída o algo así. La tomé de los brazos para que me mirase y traté de sonar razonable.

- Ziska, tienes que entender que los niños no pueden quedarse aquí por simpre... Tenemos que ayudarles a regresar. Probablemente al volver pasarán malos momentos, cada uno los que le toquen, pero, ¿no crees que las consecuencias valen la pena? – volvió a desviar la mirada, y volvió a suspirar –

- Sí, lo sé, lo sé... Vete a mirarles, voy a buscar billetes de avión y una forma de conseguirles pasaportes – la detuve –

- Siento informarte de que van a tener que ser falsos, Ziska – puso mala cara – Sus huellas dactilares coincidirán con las nuestras.

- ¡Maldita sea, ¿por qué nosotros?! – lanzó su inseparable látigo contra la pared, estallando al fin. Suspiré. Me permitió abrazarla por detrás y, aunque no estaba llorando, su voz sonó quebrada – No quiero hacer esto, Miles...

- Lo haré yo... Tranquilízate, te lo ruego.

- Miles, no, es que no lo ves... Esa no es la solución...

- Es la única solución.

En ese momento, un grito nos distrajo a ambos. Tenía pinta de ser Miley. Echamos a correr, la niña se reía a carcajadas y señaló el armario del estudio. La miré sin comprender, hasta que Franziska abrió la puerta como una exhalación para sacar de él casi en brazos al pobre Miley. Una ola de comprensiva claustrofobia me recorrió. Él se abrazó a ella con fuerza, sin abrir los ojos en ningún momento.

- Eso no fue bonito, Ziska – la regañé. Ella seguía sonriendo –

- ¡Pero estamos jugando!

- A Miley no le gusta entrar a sitios pequeños, oscuros y cerrados, Ziska, y tienes que respetarlo – la voz de Franziska sonaba algo melancólica, lo cual picó mi curiosidad, pero no dije nada –

- Pff... No eres divertido, Miley – se cruzó de brazos, y él, que ya había abierto los ojos, la miró enarcando las cejas –

- Bien, juega tú sola si tanto te aburro – se soltó despacito de Franziska y se fue de la habitación. Ziska, con los ojos como platos, le siguió –

- ¡Eh!

- ¿Qué quieres?

- ¡Venga! ¡Vamos, estábamos jugando!

- Pues ya no.

- ¿Por qué?

- Tú dijiste que te aburro.

- ¡No es justo! – él se giró y la zarandeó. Detuve a Franziska, al tiempo que fruncía el ceño. Yo nunca habría... –

- ¡No es justo que juegues con mis sentimientos Franziska von Karma y lo has hecho toda tu vida! ¡Prácticamente te puedo asegurarque lo seguirás haciendo siempre! – ambas parpadearon perplejas - ¿O me equivoco! – me miró, enfadado. Le sonreí, y me encogí de hombros con resignación –

- Es parte de su encanto, y lo sabes, Miley.

- ¡Esto no tiene nada de encantador! ¡No quiero a nadie cerca si lo que le hace feliz es verme sufrir!

- ¡Basta! – gritó la niña. Contenía las lágrimas cuando se abrazó a un muy sorprendido Miley. Sonreí. Él podía darse por vencido ya; Franziska, cuando era sincera, era el arma más letal – Basta, Miley...

- ¿Pero q-qué estás diciendo...?

- ¡Que no sigas, Miley, para! – asi sí que se echó a llorar - ¡Y-yo no quiero verte sufrir! ¡S-sólo era un juego! Yo... ... no quiero, ¡no quiero que me dejes sola, Miley! – él se ruborizó, y sonreí con nostalgia. Me miró, y me encogí de hombros –

- Franziska es ahora, aún muy pequeña para entenderlo, Miley – le murmuré – Aún muy pequeña.

- No es eso... – meneó la cabeza mientras acariciaba el cabello de la niña, pegada a su cintura – Es sólo que sabe cómo manipularme.

- Yo también lo pensaba... pero, ¿sabes algo? Ella es aún demasiado pequeña para hablar de manipulación – me eché a reír – Dale tiempo.

- ¡Eh! – Franziska se quejó, dándome con el látigo. A estas alturas, estaba acostumbrado al picor de mi piel tras el impacto -

- No, no, no puedes quejarte. Tu padre te influenció muchísimo, pero eso fue a partir de los seis o siete, cuando de verdad comenzaste a parecerte a él – volvió a darme con el látigo y se giró hacia su escritorio. Frunció el ceño, abrió un sobre, y luego soltó su contenido como si quemara, de forma que cayeron al suelo... –

- Eh. Esto tiene que ser una maldita broma.

- ¿Qué es...?

- Pasaportes, Miles... Pasaportes de los críos...

- ¿Qué nombres tienen? – me miró como si hubiera perdido la cabeza –

- Pues lo nuestros, ¿cuáles sino? – me encogí de hombros - ¿Alguien sabe de dónde salió esto? No me gusta esta broma – pero no tenía pinta de que ellos supieran nada, y ella suspiró – Voy a buscar un vuelo a Estados Unidos en estos días, Miles, ocúpate de los niños un rato, ¿quieres? – asentí, guiándoles hacia afuera –

- Id al salón, iré en un instante – eso hicieron, y me giré hacia Franziska, quien tecleaba con rapidez en su ordenador - ¿De dónde...?

- No me mires a mí, ya te he dicho que no lo sé. Tú ahora ocúpate de hacer la maleta. Acabo de encontrar un buen vuelo, nos iremos pasado mañana.

/Fin flashback/

Y con esas, aquí estábamos. Acabábamos de pasar el control policial con los extraños pasaportes, y estábamos en la sala de espera del aeropuerto. Miley leía un libro en alemán con extrema concentración, y Ziska recitaba la tabla de multiplicar del siete al revés. No le tomé mucha importancia, ella siempre se había enorgullecido de sus matemáticas. Miré a Franziska, que peinaba el largo cabello azuloso de la niña con dulzura, al ritmo de la tonada infantil que acompañaba a la tabla. Parecía ensimismada en sus pensamientos, de modo que no la interrumpí. Poco después, embarcamos al avión.

Las cosas transurrieron con normalidad las primeras horas, durante las cuales los niños aún estuvieron entretenidos. Luego, obviamente, encontraron alguna razón para pelearse, hasta que Franziska estalló y les separó, poniéndose en el asiento entre ellos. Miley se cruzó de brazos a mi lado, no muy contento con el errático movimiendo del avión.

Cuando, después de cenar, Ziska se durmió, Franziska permitió que Miley se sentara con ella y la cuidara. Para cuando por fin se durmieron los dos, fue cuando me dirigó la palabra. Le sostuve la mirada, y muy lentamente, pasé mis dedos por su cabello, intentando relajarla. Su semblante se endureció.

- ¿Qué te preocupa?

- Me preocupan muchas cosas, Miles

- ¿Como por ejemplo?

- Los pasaportes. Los niños. Lo que van a decir cuando volvamos. Tú y yo. Yo a secas. Nada tiene sentido, Miles – se quejó. Pero yo me había quedado con una frase en particular –

- ¿Yo y tú? – se tensó, y se mordió las mejillas por dentro acaricié el mentón para que lo relajara – Bebé, háblame, ¿qué...?

Abrí muchos los ojos y nos miramos, ambos en shock. Habían pasado años desde la última vez que yo había iusado ese tono de voz tan... íntimo... Ambos desviamos la mirada un instante, y me ruboricé. ¿Por qué...? ¡Algo estaba mal conmigo! Su mano enguantada se posó sobre la mía y la miré de reojo, ruborizándome aún más.

- ¿Ves a lo que me refiero? Últimamente nada es lo mismo de antes... Tengo muchas... muchas ideas, muchas emociones enfrentradas ahora mismo – en uno de los actos más valientes de mi vida hasta entonces, subí el reposabrazos entre nosotros y la atraje hacia mí rodeándola con el brazo –

- Déjate llevar un poco, al menos hasta solucionar el tema de los niños. Así estarás más tranquila... Yo no te voy a juzgar por ello, Franziska.

- Esto no es sólo por los niños, Miles... Desde la muerte de Papa, siento que por fin soy libre... pero bajo el peso del apellido von Karma, siempre bajo el apellido.

- ¿Renunciarías a tu apellido, Franziska? - rió brevemente contra mi hombro -

- Sí, tal vez... Más adelante... No lo sé. Lo he pensado mucho. Por un lado pienso en mi padre y los valores que me enseñó, y me digo que por ningún motivo dejaría mi apellido, pero luego me doy cuenta de que así sería aún más libre... Sin ningún tipo de ataduras... - cerró los ojos y, finalmente, se apoyó del todo en mi pecho, su calor envolviéndome – Quizá tenga que ver con que mi padre nunca lo permitió, pero me siento tan libre a tu lado...

Ahora o nunca. Valor.

- Franziska... - las palabras no me salían – Mírame.

Eso hizo, con una sonrisa de tranquila resignación. Acorté lentamente la distancia entre ella y yo, con el corazón en un puño, y finalmente ella la cerró. Sus labios tocaron los míos casi violentamente, a la vez que apagaban las luces, y sentí sus manos en mi pelo. Me estremecí. Había soñado con este momento dormido y despierto, y nunca se había sentido tan bien. Ella suspiró. Cuando nos separamos, me miró a los ojos y sonrió.

- Sólo déjate llevar... - murmuré. Sonrió – Déjame llevarte alto – se echó a reír y volvió a besarme -

- A las estrellas, Miley... Llévame a las estrellas – murmuró entre besos. Um, eso fue demasiado fácil. La miré de cerca, y ella volvió a reírse suavemente, bajito – Estamos en un avión al fin y al cabo, ¿no? - meneé la cabeza y volví a besarla, pegándola a mí tanto como me fue posible. Al fin y al cabo, esto era cosa de una sola ocasión, y ambos lo sabíamos –

Nos besábamos rápidamente, con pasión, casi con desesperación, sin pensar en por qué, perdidos en la sensación de los labios del otro. Tenía que reconocer que yo no era ningún adolescente tímido, pero no sería la primera vez que una mujer se quejaba de mis estándares demasiado altos, por lo que me complació sinceramente oír el gemido ahogado de Franziska cuando finalmente no pude aguantar más y aparté el borde de su blusa para comenzar a acariciar su abdomen. Cuando empecé a besar y mordisquear su cuello, me detuvo, sin aliento.

- L-los niños, Miles... Vas a despertarlos...

- Querrás decir que lo harás – corregí desde su clavícula – Yo estoy siendo silencioso por ahora, ¿o no?

- Estam-mos rodeados de gente, Miles...

- Oh, me gusta cómo dices mi nombre... dilo de nuevo – comenté. Estaba siendo mucho más atrevido que nunca. Franziska tenía ese efecto. Se estremeció al oírme –

- Miles...

- No te oigo – le pellizqué la cintura y jadeó –

- Miley...

- Sólo un poquito más alto, por favor – indiqué subiendo ligeramente mi mano hasta la base de su pecho para enfatizar. Como sacudida por una corriente eléctrica, jadeó y gimió, casi a la vez, y se aferró a mí -

- ¡M-miles! - me apresuré a silenciarla con un beso que ella rápidamente adaptó a un ritmo casi febril, haciendo que nuestras lenguas jugaran entre sí. Una sensación extraña me recorrió entero, casi como una especie de mezcla entre satisfacción y orgullo, y tomé nota mental del asunto: Franziska era especialmente sensible al tacto – S-suficiente... Aléjate. Para. Necesito serenarme o haré algo de lo que podríamos arrepentirnos después – me eché a reír y le acomodé la ropa –

- Estamos rodeados de gente, Franziska, y no haría nada que tú no quisieras. Qué mal concepto tienes de mí.

- Tch. Ese es precisamente el problema, Edgeworth, que sí quiero.

Volví a reírme, pero esta vez era una risa más forzada, que intentaba reprimir un gemido.

- Definitivamente, si los niños tienen este efecto en ti, van a quedarse una buena temporada, Franziska – se ruborizó -

- Silencio, Miles. No me hagas arrastrarte al baño más próximo – se acomodó bajo mi brazo, poniendo su mano en mi pierna, peligrosamente arriba. Tensé la pierna cuando empezó a arañar suavemente la tela que la cubría. Una conocida sensación se extendió por mi cuerpo poco a poco. Siseé y detuve el curso de sus uñas cuando empezó a estar demasiado cerca. Sonrió con malicia, y agarré su muñeca con más fuerza –

- ¿Quieres matarme, mujer? Detente o no responderé de mis actos.

- Oh, por mí no te cortes...

- No me detengo por ti, créeme... Es más bien toda la gente a nuestro alrededor. Y los niños, también – intenté sonar firme, pero mi fuerza de voluntad no había sido suficiente y la suave fricción de sus uñas sobre mí me estaba volviendo loco. Gemí entre dientes y traté de moverme, elevando las caderas inconscientemente. Sólo entonces se detuvo, como tomando conciencia de pronto de la situación en la que nos encontrábamos y de mi estado. Sonrió de nuevo –

- ¿Sabes? Ya no soy una niña pequeña.

- Tontita, siempre serás menor que yo... De todas formas, ¿desde hace cuánto que haces estas cosas? - se ruborizó –

- Desde ahora – admitió. Alcé las cejas – Leo mucho, Miles.

- Ya veo... - por un momento imaginé a Franziska, con ropa de estar por casa, leyendo novelas tumbada en su cama boca abajo, levantando los pies cada poco, lo cual no hizo mucho por aliviar la tensión entre nosotros. Me agarré al asiento con la mano libre y respiré hondo. Ella se echó a reír, y comenzó a besar mi cuello. Me aparté para mirarla y ella enarcó una ceja – Dije que te detengas.

- Sí, te oí.

- Yo también sé jugar a este juego, incluso mejor que tú, me atrevería a decir – eso la descolocó un poco, y desvió la mirada. Se había puesto nerviosa, ¿se podía ser más linda? - Y no creo que quieras comprobarlo, ¿o sí?

- Tal vez... Pero no aquí – se reacomodó bajo mi brazo y suspiró – Buenas noches, Miley... Gracias.

Estaba casi temblando, pero no se apartó. Estaba confundida, había dicho ella, así que era normal que hiciera cosas poco conformes a su personalidad más característica. No era la primera vez que algo le había replantearse su forma de vida, y sabía que lo superaría, así tuviera que cambiar su personalidad entera. Eso ocurrió cuando su padre decidió que su hija menor sería como él, y ella decidió aceptar. Y pensar que antes era una niña tan vivaracha y sincera... Ahora, como adulta, ¿le sería igual de fácil?

Finalmente me dormí, y no fue hasta que llegamos que me desperté, cuando Franziska lo hizo también. Me apartó para moverse y comenzó a despertar a los críos también. Parpadeé un par de veces para acostumbrarme a la luz y me estiré. Bajamos en silencio, y Miley se cogió de mi mano, moviéndose de un lado a otro con nerviosismo. Por supuesto, sabía qué le ocurría. Volvía a casa.

Le cogí en brazos y ayudé a Franziska a llevar las mochilas de mano. Cuando volví a dejarle en el suelo, ya era en suelo americano. Me miró, y me encogí de hombros, pero no tuvo mucho tiempo para pensárselo, ya que Ziska eligió ese momento para soltarse de la mano de Franziska y él salió corriendo detrás hasta conseguir atraparla.

En la salida, tras coger las maletas, nos esperaban Phoenix y Maya. Franziska a mi lado se tensó y chasqueó la lengua.

- Sólo déjate llevar, ¿recuerdas? - le susurré al oído antes de llegar a su lado. Se giró levemente para esconder su sonrojo y su sonrisa. Sonreí para mí mismo mientras nos acercábamos a ellos –


Wiii!

Qué les pareció el fluff?! Qué qué qué?

:D

Y bueno, licencias de autor, licencias de autor everywhere, no se coman la cabeza con el origen del pasaporte por favor xD No lo sé ni yo xD

Si lo invento se los diré, pero no creo xD

Tengan en mente a Violet y el estallido de Franziska, eso sí... *risa malvada*

Besos, amor, reviews?

Isacullen-Timeguardian