Hooooola~

He vuelto!

Antes de dejaros con el fic, tengo un par de cositas que comentaros al respecto:

1. Lo más importante: mi nombre érase una vez fue isacullen-timeguardian, quizá me conocíais por ese, pero he cambiado de nick y ahora soy Lena Lawlipop. ¡Lo siento por la confusión que pueda ocasionar!

2. Respecto al fic: tengo toda la intención de acabarlo, no os preocupéis. Puede tomar meses o años, pero pienso hacerlo. De hecho, tenía intención de acabarlo este año como tarde, pero la vida es muy puñetera, así que no sé cómo acabará la cosa.

3. También sobre el fic: he estado revisando los capítulos anteriores, y creo que no he conseguido expresar bien algunos detalles, así que los voy a ir reemplazando con sus versiones corregidas, os iré avisando cuando las haya hecho. De momento no he corregido ninguna, pero para cuando suba el próximo capítulo espero haberlas arreglado ya todas... no voy a cambiar mucho, sólo algunos aspectos de diálogo y detalles en descripciones o cosas que no encajan ( : Maya habla de que Nick va a tener un caso pronto, pero como he dicho más adelante, es imposible que haya sido así porque como ya sabemos, el pobre ya no era abogado, así que o Maya pone excusas muy malas o yo tuve un lapsus. Pista: fue lo segundo XDU) Así que eso, iré arreglando cositas, ya os avisaré por si queréis echarles un vistazo cuando estén arregladas.

Yyyyyyy creo que nada más de momento. Espero que disfrutéis del fic, este capi es un poco largo, unas diez hojas de word (eso es largo comparado con otros capis) así que espero que os guste y adelante, sin más demora, el fic.

Disclaimer: no poseo nada referente a la saga Ace Attorney, excepto la trama de este fanfiction y a Violet. Violet es mía D (?)


Franziska's POV

Me desperté con el canto de los pájaros en el alféizar de la ventana. Girándome, enredé mis piernas entre las sábanas y las de Miles, y tanteé en busca de su mano. Él, aún dormido, se limitó a pasarme el brazo por la cintura y pegarme más a él. Era comienzos de invierno, y, aunque no hacía tanto frío aquí como en Alemania, no era tampoco el lugar más cálido del globo, de mood que despertar arropada por el calor de Miles era la mejor forma de despertar posible. Sin apartarme, me giré hasta estar boca arriba y reflexioné sobre todo lo ocurrido en los dos últimos días. Envueltos en la seguridad de no conocer a nadie en el avión, había sido fácil. Las luces apagadas, el quedo rugido de las turbinas, la presión en los oídos que nos aislaba de la realidad... Los niños dormidos, y nosotros cada vez más estresados. Estaba claro que la tensión tenía que liberarse de alguna manera, y en cierto mood, era mejor esta que otra, por ejemplo en forma de peleas. Pero ahora no estábamos solos, ¿estábamos siendo lo suficientemente cuidadosos?

También me intrigaba la lectura de cartas de Violet. "Harás un viaje... te enamorarás..." En efecto, había viajado, pero, ¿me estaba enamorando? ¿De nuevo? Y esa mirada suya... "Has tenido mucha suerte, Franziska..." Sacudí la cabeza. Tampoco estaba segura de querer entenderlo, no me gustaba especular. Sólo generaba decepción.

Miré a Miles. Tentativamente, alcé una mano y acaricié la curva de su cuello, su clavícula y sus hombros desnudos. En algún momento se había quitado la camisa de pijama, creía recordar, aunque cierto era también que no le había permitido llegar muy lejos la noche anterior. Algo avergonzada, me acomodé bien el pijama y me senté junto a él, amparada en que él dormía. Muy lentamente, pasé los dedos por la superficie de su torso, incluso me atreví a intentar hacerle cosquillas, de las cuales huyó torpemente sin llegar a despertarse. Sin embargo, que mis dedos encontrasen interesantes sus pezones probablemente sí fue la causa de que abriera los ojos y gimiera al verme.

- Dios mío, Franziska, ¿qué...?

- No te despertabas – argumenté rápidamente, alejándome – Me voy a cambiar, date prisa.

- Pero, ¿qué...?

Le dejé hablando solo y me metí al baño contiguo, espiándole por una rendija de la puerta. Se incorporó un instante, se miró, y, con un quedo gemido frustrado, se dejó caer de nuevo sobre la cama, girándose entre las mantas y hundiendo la cabeza en la almohada. Vago.

Me lavé la cara acelerada, y luego decidí que una ducha me iría mejor. A ser posible fría.


Miles´ POV

Me vestí deprisa, como un autómata, cambiando mi usual traje de trabajo por unos vaqueros oscuros y un jersey gris y unos zapatos negros. Ayudé a los críos a vestirse también y estaba preparando algo de desayunar en la cocina cuando por fin reapareció Franziska. Tenía el pelo mojado y su blusa rosa palo empezaba a mojarse también, pegándose a la curva suave y sensual de su cuello y hombros. Me concentré en lo que estaba hacienod, esto empezaba a ser suficientemente duro como para permitirme distracciones. Yo había pasado mucho tiempo soñnando esto, probablemente más que ell,a y me estaba empezando a resultar realmente difícil mantener mi caracerística caballerosidad. Y su actitud ambivalente no hacía mucho por aliviar la tensión. Sin embargo, ahora no era un buen momento para hablar de estas cosas, había temas más importantes de los que tratar. Poniéndole un plato de huevo revuelto y tostadas delante, me senté al otro lado de la mesa y lo captó. Suspiró y se rodeó a sí misma con los brazos.

- Tenemos que hablar, ¿no? - eso me tomó un poco por sorpresa, y lo único que pude hacer fue negar con la cabeza, descolocado –

- Sólo quiero tener la mente fría para la canalización – se ruborizó – ¿Por qué pensaste...?

- Olvídalo...

- Insisto – ella dirigió una breve mirada a los niños y alcé las cejas – Bien, luego entonces – bajó la vista y fruncí el ceño – Espera, ¿llevas la blusa mal atada? – se sobresaltó –

- ¡N-no! - Miley se acercó y sonrió. Estando ella sentada y él de pie, quedaba a la altura justa de forma que él no encontró nada en contra para comenzar a atársela bien. Ella se ruborizó, e intentó detenerle – Para, ¡p-para! - le apartó finalmente las manos, justo cuando empezaba a llegar a los botones superiores. Fue ella misma quien los desató y volvió a poner, revelando por un instante un sostén color perla. De encaje. Esbocé una sonrisa y ella se puso aún más roja - ¡Deja de mirarme de una vez! - levanté las manos -

- ¿A estas alturas, Franziska? - le faltó poco para colapsar de la vergüenza y se cubrió el rostro con las manos mientras Miley volvía a sentarse al lado de una Ziska adormilada que no se enteraba de nada. Después me fulminó con la mirada –

- No hablas en serio, n-no acabas de decir eso...

No respondí a eso sino poniéndole una taza de té al alcance de la mano.

- Sabes que lo hago con cariño, mujer.

- ¿Tú ya has desayunado? - asentí -

- Mientras te duchabas.

- Ya veo...


Franziska's POV

Empecé a comer rápidamente, intentando dejar la mente en blanco para poder concentrarme. Todo era de pronto demasiado incómodo, demasiado extraño, me descubría a mí misma desviando la mirada, pensando de más.

Mi pelo acabó por secarse solo, formando ondas, que provocaron las miradas incrédulas de todo el mundo cuando por fin llegamos, a eso de las diez y media, a la mansión principal. Maya me sonrió, y pasamos al hall anterior a la cámara de canalización. La joven Pearl apareció, convertida en su prima mayor, Mia Fey, quien nos saludó con naturalidad, como si ya estuviera acostumbrada a volver de la muerte. Incómoda como estaba, no quise ser descortés, y me limité a quedarme al lado de Miles y los niños. Al menos tenía mi látigo. Tras una larga discusión, finalmente Miles había cedido. Pretendía que lo dejara sólo por no asustar a los niños, ja. Como si eso fuera a ayudar en algo. Ellos no tenían por qué tenerme miedo. Si tenía el látigo, era porque me ayudaba a a no sentirme insegura.

Llegó la hora. Los niños entraron sin miedo, seguidos de Mia, por petición de Miles. Luego me cogió de la muñeca y tiró de mí hasta entrar, y Maya cerró la puerta tras de sí al seguirnos. La oscuridad era apenas interrumpida brevemente por pequeñas velas. Maya y Mia sonrieron. La menor se encogió de hombros.

En realidad todo esto es una parafernalia tradicional, pero me gusta conservarlo. Me recuerda a mi madre – explicó Maya. Yo asentí, conocía la sensación. Yo misma conservaba parte de los objetos y costumbres de mi padre – Bien, comencemos. Sentaros comigo. Mia, ayúdales con lo que sabemos nosotros – ella asintió gravemente – Bien.

Nada más sentarse, su cuerpo comenzó a cambiar, sin siquiera cerrar los ojos o dar signo alguno de concentración. Pude ver perfectamente cómo sus ojos cambiaban de forma y color y estuve tentada de salir corriendo, aunque me mantuve firme. Los niños se quedaron boquiabiertos, claro. Cuando volvió a parpardear, era una persona distinta, que cambió de posición y miró a su alrededor. Su mirada se dulcificó al ver a Mia, quien le tendió una mano para reconfortarla. Bajé la vista con respeto. Misty Fey se sentaba, orgullosa incluso después de la muerte, erguida frente a mí.


Pearl's POV

En cuanto Mia terminó de hablar con los mayores, volví con Trucy al hally, y nos quedamos solos con el Sr. Nich, quien, tras una mirada dudosa, se encogió de hombros y se fue al salón a dormitar en el sofá. Trucy tiró de mí hacia el jardín interior. Nos sentamos en la tarima de madera y ella me sonrió con ilusión. Tenía una idea.

- A ver, ¿qué es esta vez? - me sumé rápidamente, Trucy siempre tenía buenas ideas, generalmente divertidas -

- ¿Has visto a esa pareja? ¿No deberíamos, ya sabes, darles un empujoncito? Se verían bien juntos – me eché a reír -

- ¿El Sr. Edgeworth y von Karma? ¿Juntos? Mm... Quizá, no lo sé. ¿No deberíamos ocuparnos primero de lo importante? - se quedó pensativa un rato y no la interrumpí. Después sonrió -

- Sé cómo hacerlo. Al fin y al cabo, pronto será Navidad...

- ¿Qué propones?

- Quizá juntar a esos dos no es tan difícil después de todo.

- Pero, ¿qué dos? - se puso de pie sin hacerme caso -

- ¡Vamos! Tenemos que apresurarnos.

- Tenemos tiempo, unas horas como pooc, antes de que salgan de ahí dentro – asintió –

- Tanto mejor – me encogí de hombros –

- ¿Me lo vas a contar? - chasqueó la lengua -

- Por el camino. ¿Y los niños? - volví a encogerme de hombros –

- Creo que han entrado también. Igual salen luego.

- Esperémosles, mientras, te contaré el plan – sonreí, y ella empezó a contarme su idea. Poco a poco, sonreí. Podría funcionar... -


Ziska's POV

Miley estaba nervioso, y yo también, aunque dudaba que fuera por las mismas razones. Eran esas dos mujeres vestidas de médium. Una de ellas había salido después de hablar con los demás, y juraría que por el camino se había ido transformando en la niña llamada Pearl. No me gustaban, emitían una sensación muy extraña. Busqué la mano de Miley y me aferré a ella. Él me la estrechó, pero no me miró, estaba atendiendo a la conversación.

Me ruboricé al darme cuenta de que estaba mirándole fijamente otra vez. Miley me había gustado desde que llegó, a pesar de que todos pensaran que yo era demasiado pequeña para entender el concepto del amor, pero nunca me había atrevido a decírselo. Miré a mi yo de mayor con curiosidad. Nunca demostraba afecto por nadie, sólo a veces, por nosotros... ¿Qué me habría pasado? ¿Habría sido capaz en algún momento de confesarle a Miley lo que sentía por él? Empecé a pasearme por el lugar, hasta que la mujer de cabello negro largo nos abrió la puerta y nos dejó salir. Miley me siguió por un pasillo, pero no llegamos muy lejos. Trucy y Pearl nos interceptaron por el camino, diciendo no sé qué de un plan, que hizo reír a Miley, y acabamos siguiéndolas. Luego Miley me lo explicó en alemán, porque hablaban inglés muy deprisa, y me ruboricé. Pero tenía que admitir que sonaba interesante, así que les acompañé a comprar y a prepararlo todo lo mejor que pude.


Phoenix's POV

No estaba pasando por el mejor de los momentos, no, de forma que casi me alivió saber que no tenía que entrar en la cámara de canalización con ellos. En este momento había demasiadas emociones enfrentadas en mi vida. Demasiadas cosas malas. Y estaba el tema de Maya...

Los críos salieron corriendo, supuse que a dar una vuelta, y no tuve que levantarme hasta una media hora después, cuando sonó el timbre. Me acerqué a mirar, pero no eran los niños, como me esperaba, sino un viejo amigo, al que probablemente nadie había llamado. Sonreí cuando no me reconoció y luego, cuando me abrazó con efusividad. Le dejé pasar, ¿qué mal podía hacer? Le dejé hablar todo lo que quiso, alabar a mujeres y quejarse de su suerte, que era lo que hacía siempre, sin apenas intervenir. Al fin y al cabo, me distraía, que era lo que importaba.


Maya's POV

Dejé ir al espíritu de mi madre con lentitu, y parpadeé un par de veces para aclarar mi visión borrosa. Von Karma me observaba, con cierto respeto, y le sonreí, con suficiencia, pero sin rivalidad. Bajó la mirada por un breve instante, y luego la dirigió a Edgeworth. Les miré, inquisitiva. Ellos me señalaron una nota a mis pies, donde aparecían resumidas las conclusiones a las que había llegado mi madre. Fruncí el ceño, y volví a mirarles, pero ellos no estaban mirándome a mí, sino que se miraban entre ellos. Edgeworth le apartó el flequillo de los ojos y le susurró algo en alemán. Ella sólo asintió. Me miró.

- No ha sido muy alentador – admitió –

- Ya, ya veo – levanté el papel – Hay que ir a ver a Bikini.

- Sí, parecía importante, por cómo lo recalcaba – Edgeworth asintió – ¿Cuándo puede ser?

- Saldremos mañana – decidí – Pero probablemente no será hasta pasado cuando Bikini pueda ayudaros.

- Bien.

- Salgamos entonces. Deben estar esperándonos... ¿Cuánto tiempo llevamos aquí dentro? - se miraron y Edgeworth miró en su móvil -

- Casi tres horas. Debe ser casi la hora de comer – se llevó una mano al flequilo – Me siento muy raro, es el cambio horario...

- Sí, nos acostumbraremos pronto, supongo.

Salimos de la cámara de canalización a paso tranquilo, aunque el hecho de oír voces en la sala de estar nos hizo apresurarnos hacia allí. Por suerte, no era ningún desconocido.

- ¡Edgey, Franny! ¡Qué alegría volver a veros! - un borrón naranja se tiró encima de Edgeworth para, acto seguido, tomar la mano enguantada de von Karma y besarla, dejando a ambos paralizados del susto. Antes de que pudiera apartarse, le llovieron latigazos por todas parrtes. Luego me abrazó a mí, lloriqueando como un crío. Sonreí –

- Hola, Larry. Cuánto tiempo sin verte.

- ¡Has crecido un montón, Maya! Dios mío, Nick, ¿cómo es que siempre estás con chicas tan guapas? - el aludido sonrió de medio lado y se encogió de hombros en silencio. Últimamente no hablaba apenas - ¡Y Edgey también!

- ¿Yo qué?

- ¡Tú también estás siempre con bellezas como mi Franny! - él dejó los ojos en blanco y le puso una mano en el hombro, con fuerza, donde Franziska antes le había dado con el látigo - ¡Aaaauuch, Edgey, tío, eso duele!

- ¿Quieres un consejo, Butz? - este asintió con fervor – Lárgate.

- ¡Eeeh! Eso no es algo bonito para decírselo a un amigo al que no ves hace años – Edgeworth se ncogió de hombros y von Karma sonrió – Oye, ahora que lo pienso... ¡Franny, nunca llegaste a posar para mi libro...! - otro latigazo. Nick por fin se echó a reír y condujo a Larry de vuelta a su lado, en el sofá –

- Sabes bien que von Karma es demasiado tímida para ti, Larry... Además, está cogida. Olvídate de ella si no quieres acabar con más cortes que un emo – Larry le miró con curiosidad, y luego se encogió de hombros -

- ¡Phoenix Wright! - él levantó la vista para enfrentar la furia de la fiscal, pero ella pareció ver algo en su mirada, lo que fuera, que le hizo rectificar. Se dejó caer en uno de los sofás inividuales – Hmpf.

En ese momento, Trucy y Pearl aparecieron corriendo y me hicieron ir con ellas a la cocina, donde también estaban los pequeños. Me explicaron rápidamente su plan para juntar a Edgeworth y von Karma mayores, y acepté ayudarles, no haría daño a nadie. Aporté la cámara de fotos, pero tuve que decirles que su plan tenía que esperar. Era hora de comer. En ese momento apareció Phoenix en la puerta y se ofreció a ayudarme. Me negué, y, en cambio, le di la cámara de fotos para que la cuidase. La encendió para sacarme fotos y me eché a reír. Entonces se me ocurrió una idea.

- ¿Nick? ¿Nos ayudarás con el plan para juntar a von Karma y Edgeworth?

- ¿Plan?

- De Trucy y Pearl – asintió y sonrió -

- ¿Y no somos el blanco? Qué raro – me encogí de hombros, riendo, mientras me sacaba otra foto -

- No creo que se hayan rendido, sólo han encontrado más gente a la que molestar. Se les olvidará en cuanto se vayan y volverán a por nosotors, no te preocupes.

- Seguro que en realidad es una trampa – reí –

- Siempre tan desconfiado...

- Bueno, ¿y cuál es el plan? - sonreí –

- Nick, ¿sabes lo que es... el muérdago?

Se quedó pensándolo un instante y luego se echó a reír. Su risa sonó algo más alegre que últimamente, y sonreí.

- Me apunto, será divertido ver si pican.


Franziska's POV

Cuando nos sentamos a comer, cada cual estuvo hablando con quien quiso de lo que quiso, hasta el postre. Entonces fue cuando Writght hizo la pregunta que todos sabíamos que inevitablemente haría:

- Al final, ¿qué pasó con lo de los críos? ¿Qué dijo Misty Fey?

Nos miramos entre Fey, Miles y yo. Finalmente Miles suspiró y procedió a contarlo él.

- Se mostró muy amable con nosotros. Mia Fey le expuso el problema y después ella estuvo haciendo preguntas más concretas, a veces a los niños y a veces a nosotros. Luego dejó que ellos se fueran y a nosotros nos dijo que no tenía pinta de tener algo que ver con asuntos pendientes sin resolver ni nada de eso, que es su especialidad. Nos dijo que eso era parte de las competencias de Bikini, pero que probablemente así era mejor, ya que la solución era más fácil que si fuera un asunto pendiente. Después habló con cada uno por separado, y nos hizo más preguntas. Aunque desconozco las que hizo a Franziska, las mías fueron en su mayoría acerca de recuerdos de mi infancia y cuestiones emocionales. No sacó mucho en claro, aparte de que no parecía que los niños tuvieran algo que resolver en el futuro.

- ¿Eso ocurre? Creía que lo de los asuntos pendientes ocurría después de la muerte? - intervino Phoenix Wright. Miles asintió -

- Nos explicó que cuando el asunto pendiente es realmente importante y no puede resolverse después de la muerte, se recurre a los saltos temporales.

- ¿Eso significa que no es un asunto importante? - inquirió con ironía –

- Supongo. Dijo que eso por lo general era bueno. Dijo que cuando se trataba de cuestiones emocionales era más frecuente el salto temporal, pero no especificó, dijo que Bikini podría explicárnoslo con más detalle que ella.

- Ya veo... - Wright se miró las manos y lego volvió a subir la vista - ¿Eso quiere decir que vais a ir al templo Hazakura? - yo asentí, Miles se encogió de hombros, haciéndole sonreír – Supongo que os acompañaré.

- ¿Seguro? - me miró y asintió –

- No podemos dejar a Edgey solo, ¡yo también voy! - Miles y Miley pusieron mala cara, pero Ziska se echó a reír con el comentario de Butz. Sonreí también, a regañadientes. Era divertido ver a esos tres juntos, incluso si uno de ellos parecía un muerto viviente. Dicho personaje también se estaba riendo, pero con una nota de sufrimiento clara en su voz. Me miró, inquisitivo, al darse cuenta de que le observaba -

- ¿Qué ha hecho la vida contigo, Phoenix Wright? - murmuré para mí misma, en alemán. Sólo Miles, a mi lado, pudo captarlo. Miró a Phoenix, luego a mí, y sonrió con resignación -

- Bien, voto por empezar a preparar la maleta – Maya se levantó interrumpiendo el momento de contemplativo silencio – Pearl, ve con Trucy y lleva ropa para tres o cuatro días, nunca se sabe. Yo iré a hacer lo mismo. Sr. Edgeworth – le llamó, y le lanzó unas llaves de la encimera – Usted y von Karma pueden ir a comprar cosas para el viaje, tomad – le dio también una tarjeta de crédito y empezó a escribir en un papel. Se lo tendió tras observarlo un instante – Esto es lo nuestro, pagad con esa tarjeta – él se encogió de hombros –

- ¿Y las llaves de qué son?

- De un ochce. No es último modelo, pero funciona. Es rojo, está afuera. Es de la gente que vivía en la casa donde estáis ahora. Vamos, en realidad es mío, pero no sé conducir.

- ¿Tiene gasolina? - ella asintió –

- Debería, pero puedes usar esa misma tarjeta si tenéis que repostar.

- Vale, supongo...

- Nick cuidará a los niños hasta que volváis – él asintió –

- Bien, en ese caso, nos vamos ya.

Tras intercambiar un par de frases con los niños, en alemán, Miles y yo nos fuimos a la casa donde estaban nuestras cosas. Nos lavamos los dientes, cogimos dinero y un abrigo, y el coche. Una vez de camino, con Miles al volante, él suspiró. Me miró de reojo.

- ¿Me vas a contar ahora lo del desayuno? ¿De qué querías hablar?

- Nada en especial. En serio. Sólo, han pasado muchas cosas muy rápido, y pensé... no sé, pensé que quizá preferías dejarlo ya – frunció el ceño. Permaneció en silencio un momento, y volvió a suspirar, serio –

- No es el mejor momento para hablar de esto, Franziska – me respondió al cabo de un rato. Tomé aire lentamente – creo que deberíamos esperar a resolver primero el problema de los niños – asentí, aliviada en el fondo, y odiándome a mí mimsa por ello – Además... No sé tú, pero a mí me gusta cómo estamos – me ruboricé –

- ¿Q-qué insinúas? - él rió –

- No insinúo nada, sabes perfectamente lo que hay. Siempre me has pedido sinceridad y siempre la has tenido.

- ¿Qué es lo que quieres exactamente, Miles?

- Ya lo sabes, Franziska. Te quiero a ti, tanto de ti como pueda tener.

Me estremecí. Esta conversación estaba tomando el rumbo equivocado. ¡Él no tenía que declararse, no así, no ahora...! Mantuve la vista fija en la carretera, frente a mí. Pasaron unos instantes, quizá un par de minutos.

- ¿Franziska...?

- Sigue... conduciendo. Sigue conduciendo, y no te distraigas, Miley.

- Lo lamento, fui muy rudo, decirlo de esa manera...

- Al contrario, me alegra que lo hayas dicho. Es sólo que no tengo una respuesta, por ahora.

- Esperaré – había un tono de promesa en su voz –

- Miles...

- Esperaré lo que haga falta, Franziska.

- Hmpf. Haz lo que quieras.

Estuvimos relativamente en silencio hasta llegar al centro comercial más próximo y durante el tiempo que nos llevó encontarr aquello que Maya nos había pedido. No fue sino al llegar a la sección de farmacia que volvió a surgir el tema. Más concretamente, cuando se paró en mitad del pasillo.

- Franziska – estaba muy serio, y por un momento no lo capté. Luego ví la fila de cajitas al lado de donde se había parado, y me ruboricé, abriendo un poco más los ojos, sin saber qué decir o qué hacer. ¿Por qué estaba tan nerviosa de repente...? - Franziska – volvió a llamarme. ¿Qué rayos...? Cuando ladeó la cabeza, por fin comprendí qué intentaba preguntarme. No me atreví a girarme para irme –

- Haz... Haz lo que quieras – me tomó de una mano, en silencio, esperando - ¡Miles!

- Franziska, esta... tregua. Lo que sea. ¿Qué tan lejos piensas llevarlo?

Me giré entonces, o más bien lo intenté, pero no me lo permitió. Bufé, y acabé por quitarle la ofensiva cajita que tenía en la mano con fuerza, de modo que cayera en el carro. Alzó una ceja.

- ¿Puedes dejar de ser tan melodramático? - pedí entre dientes. Sonrió -

- ¿Puedes dejar de sobrerreaccionar?

- ¿Cómo rayos pretendes que conteste?

- ¿Sí o no? Con eso habría valido.

- ¡Eso es cuando estás seguro de tu respuesta! - ambos nos quedamos un poco perplejos cuando eso salió de mi boca. Miré a otro lado, sin saber ya dónde meterme para ocultar mi vergüenza, y él se ruborizó también, intensamente –

- L-lo siento, no pensé que tú...

- Espera, ¿qué pensaste si puede saberse? - reaccioné – No soy una adolescente, vale, ¡pero tampoco soy tan mayor como para que des esas cosas por sentado!

- L-lo siento. Supongo que a veces olvido lo joven que eres en realidad...

- Siempre he vivido centrada en mi trabajo, ya lo sabes. Empecé demasiado joven, y tuve que hacer ciertos sacrificios. Entre ellos una vida social y sexual adecuada a mi edad en cada momento, ¿algún problema? No creo que sea un crimen, de todas formas, si nunca he tenido la ocasión, al fin y al cabo, sólo tengo veintidós años – me crucé de brazos, y él se puso aún más rojo. Negó con la cabeza en silencio, alzando las manos en un gesto arrepentido –

- Lo siento de verdad, Franziska. No lo pensé así, perdóname.

- Hmpf. Ya te dije que hagas lo que quieras...

Él sonrió entre aliviado y avergonzado, y yo volví a girarme y seguí andando.

Por suerte, a partir de ahí sí que no hubo más momentos incómodos hasta volver a la villa Kurain. El sitio estaba a dos horas en tren, lo cual hacía unas dos horas y media en coche. Cuando llegamos, era ya de noche. Bajamos primero nuestras cosas, y luego fuimos a la mansión principal. Miles sonrió.

- Mira, han puesto una guirnalda en la puerta... A lo mejor han empezado a poner lo de Navidad – asentí –

- Entremos, ¿no?

Él abrió la puerta, ya que nadie abría, y nos encontramos la entrada vacía. Fuimos a dejar las cosas en la cocina, y esperé en la puerta mientras Miles dejaba las bolsas sobre la encimera. Se acercó.

- ¿Estás preocupada por algo? - inquirió en voz baja. Estaba a mi lado, y me apoyé en el marco para poder verle bien, ya que me sacaba una buena cabeza. Y casi me caigo - ¡Hey! - me cogió de los brazos antes de que me cayera del lado de la cocina del marco y alzó las cejas - ¿Qué...?

- Muérdago.

- ¿Qué? - dejé los ojos en blanco -

- Que han puesto muérdago. Me atrevo a decir que a propósito – él alzó la mirada al marco y se echó a reír – Aunque no es Navidad...

- ¿Y qué vas a hacer?

- ¿C-cómo...? - me ruboricé - ¡Y yo qué sé!

- Bé-sa-me... - murmuró, en alemán, muy cerca de mi oído. Me ruboricé aún más. Mis ojos se cerraron solos al sentir su nariz tocando la mía, sus manos en mi cintura. Me cogí de sus hombros, súbitamente mareada. Le dejé besarme lentamente, casi sin tocarnos más que los labios. Luego apoyó su frente en la mía – Te diría feliz Navidad, pero no corresponde – comentó en voz baja –

Iba a responderle algo ingenioso, cuando de repente, una lluvia de aplausos y grititos nos interrumpió. Sentí cómo Miles me quitaba el látigo de las manos antes de que pudiera dar a nadie y cerré los puños, enrojeciendo como un tomate.

- ¡Franny and Edgey, sitting in a...! - abrí mucho los ojos y grité rápidamente para silenciar al idiota que se había atrevido a cantar aquello –

- ¡Butz! - me sorprendió que Miles se me uniera. Me tapé la cara, muerta de vergüenza –

Las voces de la niña fueron lo que me sacó del momento. Lloriqueaba, exigiendo ver no sé qué vídeo. Probablemente nos habrían grabado, me dije, y ella no nos habría visto...

- No hay nada que ver... – comentó Miley – Estoy seguro de que no ha pasado nada, Franziska.

- ¿Y por qué? - exigió ella - ¡Es perfectamente posible!

- Por posible, sí. Pero estamos hablando de nosotros mismos, ¿recuerdas?

- ¿Y eso qué? - él bufó -

- Vamos, Franziska... ¿Tú y yo? ¿En serio? ¡Si sólo eres una niña pequeña! No seas ridícula.

Todo pareció congelarse, en especial mi miniatura y yo. Recordaba perfectamente las veces que Miles me decía esas cosas sin saber el daño que hacía. Pero mi miniatura estaba a punto de llorar, y me apresuré a cogerla en brazos, en lágrimas por la memoria. Se echó a llorar y la acuné suavemente. Le quité la cámara a Maya y busqué el vídeo, dando a play y enseñándoselo lo antes que pude. Parecía confusa. Viéndolo desde fuera, en verdad, Miles y yo nos veíamos bien juntos... Me abrazó pensativa.

- Esto no será lo peor – le aseguré en alemán, de forma que sólo Miles y Miley podrían entendernos – Va a doler mucho más, lo sé – esto lo susurré en su oído – Pero podrás con ello... Piensa que los resultados son lo que cuentan.

- Eso no justifica mucho – me susurró de vuelta –

- No justifica, pero ayuda. Sé fuerte. Yo sé que puedes – asintió y la bajé al suelo. Nadie pareció atreverse a comentarlo, y aproveché el silencio para señalar a Maya y Wright, preparando la cámara – Eh. No pienso ser la única ridícula que cae en la trampa.

Ellos se miraron, sin comprender, y luego vieron cómo ambos estaban bajo el marco de la puerta del salón. Wright se ruborizó Maya también. Le miró, expectante, pero él no la besó. Le dirigió una mirada que rozaba entre el deseo, el dolor y algo parecido a... ¿una disculpa, quizá? Con una sonrisa culpable, se inclinó, y la besó.

En la frente.

No me caracterizo precisamente por mi empatía, pero tenía que reconocer que ese gesto me dolió incluso a mí. La mirada de dolor de Maya me resultó tan conocida que, una vez se separaron, no pude evitar poner mi mano en su brazo y mirarla a los ojos como consuelo. Sonrió y asintió, quise creer que con cierto matiz de agradecimiento. Me hice una nota mental de hablar con ella luego, y le devolví la cámara con su foto en silencio.

- En fin – fue Miles quien deshizo el hechizo – Tenemos un viaje largo mañana, así que creo que habría que irse a dormir. - asentí -

- Opino igual.

- ¿Puedes llevar a niños primero? Quiero hablar con él – me pidió rápidamente en alemán. Me encogí de hombros y asentí -

- Despedíos, chicos...

Eso hicieron, Miley un poco enfadado y Ziska aún cabizbaja. No les dije nada, no quería intervenir. Los acosté en su cuarto, cada uno en una de las dos camas, aunque sabía de sobra que acabarían cambiándose en algún momento. Como no me quedaba otra, me puse el pijama y me metí en la cama a esperar.


Miles' POV

Prácticamente arrastré a Phoenix a la cocina, aunque él se dejó hacer de todas formas. Me miró, inquisitivo, pero esperé a que Larry se fuera del todo para preguntar:

- ¿Se puede saber qué te traes con Maya? - eso pareció sorprenderle –

- Edgeworth...

- Estás haciéndole daño, en caso de que no te hayas fijado.

- ¿Y von Karma y tú? ¡Ayer mismo me dijiste que no estabais juntos! - me encogí de hombros -

- Eso es distinto, porque en realidad no estamos juntos juntos. No en ese sentido. En fin, no evites el tema – suspiró –

- No... quiero hablar de eso ahora. Mejor en otro momento, si no te importa.

- ¿Cuándo?

- No lo sé, ¿cuándo acabéis con lo de los críos?

- Wright... no, Phoenix. Creo que es hora de retomar esa amistad – me sonrió débilmente – Phoenix, no le hagas esto. A mí me tomó mucho darme cuenta de lo mal que lo estaba pasando Franziska y ahora lamento muchas cosas que dije e hice... Hazla feliz. Se lo merece.

- Si no lo dudo... Pero... - por un momento pareció estar a punto de romper a llorar –

- Ya lo hablaremos. Ahora me voy a dormir. Haz lo mismo – asintió –

Me apresuré a volver con Franziska, quien me miró con curiosidad. Pero no le dije nada, sólo que tenía que hablar con él y que se lo contaría si conseguía que él me diera permiso. No puso objecciones, de modo que lo siguiente que hizo fue mirarme de reojo y alzar un dedo.

- Hoy no.

- ¿Qué...? - luego recordé la escena en el supermercado y me dejé caer a su lado sonriendo – Ni lo menciones, mañana tenemos un viaje largo y tenemos que dormir.

- Me parece bien – se acercó y la abracé –

- No te voy a forzar nunca, a nada, Ziska... Ya lo sabes.

- Sí, sí... lo siento. Sólo clarificaba. - sonrió con superioridad, ruborizándose igualmente –

- Descuida... Buenas noches, mi princesa de hielo. - rió en bajo –

- Gute Nacht, Miley...

Y con esas, entrelazó sus piernas con las mías y así permanecimos hasta caer dormidos, cada uno en brazos del otro.


Eeeeeeeen, fin, y esto es todo por hoy!

Espero que os quedéis por aquí, ya no me atrevo a prometer nada respecto a más capis, sólo que espero que sea pronto, a ser posible en unas dos semanas~

Besos, gracias por leer, y aún más gracias a aquellos que os toméis un minuto para dejar un review!

~Lena Lawlipop