No tengo perdón y casi ni lo espero u.u
Os traigo aquí la segunda parte del capítulo seis, espero que aún haya gente leyendo después de tanto tiempo.
Una especial disculpa a Eliette quien me anima incesante a que continúe, probablemente habría tardado mucho más en subirlo de no ser por ella...
Sin más os dejo con el capítulo, espero que lo disfrutéis.
Disclaimer: No poseo Ace Attorney
Recuperando lazos viejos, creando nuevos- Parte 2
Phoenix's POV
Sería de tontos negar el terror irracional que tomó control sobre mí, haciéndome correr detrás de Mata hasta alcanzarla en el hall y tomarla por la muñeca. Me miró, momentáneamente asustada, y luego sonrió, tomando mi mano con suavidad.
-No va a pasarme nada...
-Maya...
-Ven conmigo esta vez. No va a pasar nada, Nick.
No podía decirle que no. Permití que tirase de mí hacia afuera, en dirección indefinida, hasta llegar a un punto en que teníamos que decantarnos por un camino o por otro. O montaña arriba, hacia ninguna parte, o montaña abajo, cerca del puente colgante. Me estrechó la mano y la miré. Avanzó un paso en dirección al puente y ladeó la cabeza.
-Sólo quiero... necesito volver allí, Nick. Quiero aclararme a mí misma algunas cosas – suspiré -
-Tiene que ser allí, ¿verdad? - ella asintió – Está bien, está bien...
-Eres el mejor, Nick.
Me sonrió y el ramalazo de dolor me pilló desprevenido. Sonreí de vuelta de todas formas, y echamos a andar hacia el puente desde el cual yo me había caído, intentando correr a buscar a Maya. Ella dio el primer paso, y no dudé en seguirla. Al fin y al cabo, siempre había sido ella la más lanzada de los dos. Mano en mano, cruzar el puente colgante había sido cosa de niños, me dije según me enfrentaba a la fachada del pequeño edificio donde había estado Maya durante aquel interminable juicio.
En el jardincillo. Maya suspiró. Las manchas de sangre habían sido limpiadas hace mucho tiempo ya, pero yo podía verlas aún grabadas a fuego en mi memoria, y sabía que ella también. Solté su mano para permitirme el lujo de abrazarla por la cintura, y ella se recostó sobre mí sin reparos.
-¿Cuándo fue la última vez que hablaste con Diego? - me preguntó de repente. Negué con la cabeza -
-Hace mucho. Lo sé. Simplemente no puedo hacerlo, Maya. La última vez se enfadó tanto, estaba tan decepcionado... No puedo ir a verle de nuevo, no hasta que no recupere... - ella suspiró -
-Entiendo lo que dices... pero creo que a él le gustaría saber de ti personalmente de vez en cuando.
-¿Le has contado...? - ella negó con la cabeza -
-No es como si yo supiera mucho al respecto de todas formas. Me tienes tan a oscuras como a él.
-Tengo un plan, ¿de acuerdo? Tengo que hacer esto, no sólo por mí, sino también por Trucy...
-¿Cómo está?
-Se lo toma como una aventura, dice que no le importa la situación, pero... Sólo es una niña aún. Está creciendo mucho, y muy rápido, no lo discuto, pero...
-Trucy es una niña, sí, pero es fuerte, Nick. Yo la veo bastante feliz contigo, y después de la vida que llevaría con su padre...
Me encogí de hombros. Trucy ya casi no hablaba de su padre, salvo cuando era necesario, y parecía más contenta que antes...
-Es igual. Vamos, ¿vas a entrar? - señalé al otro edificio, la entrada hacia la cascada. Ella asintió -
-Sí, vamos.
No pude evitar estremecerme cuando pasó su brazo por mi cintura para echar a andar, y habría jurado que la vi sonreír.
Bikini's POV
Estaba siendo una tarde agradable. La nieve seguía cayendo, cada vez con más fuerza, pero dentro estábamos bien cubiertos y calentitos. Los niños habían sacado un juego de parchís, y la pequeña Trucy iba ganando, seguida de cerca por la pequeña Franziska, apenas un bebé, pero en perfecto control de su cuerpo y mente. La fiscal adulta dormitaba, sentada en el regazo de su hermano adoptivo, aunque algo me decía que su relación era mucho más complicada que eso. Ambos sostenían una sola taza de té sobre la rodilla del fiscal. Vestían ropa casual y abrigadora, y tenían pinta de estar bastante relajados los dos, incluso cuando no quitaban el ojo de encima a los niños.
Suspiré. Odiaba dar malas noticias, pero mi espalda no se equivocaba. Larry terminó un dibujo, y decidí decirlo cuanto antes.
-Está nevando demasiado, si esos dos no se dan prisa se quedarán atrapados hasta mañana, o cuando se detenga, y con el viento que hay, y las probabilidades de terremotos de la zona, sería peligroso ir a buscarles.
-¿Terremotos? - el niño alzó la cabeza, blanco como una sábana, y le sonreí intentando tranquilizarle -
-En esta zona suele haber pequeños temblores de vez en cuando. No hay nada de qué preocuparse, te lo aseguro, el templo está perfectamente adaptado para pasarlo sin problemas, la sala de canalización en concreto es la más segura – él asintió -
-Seguro que ya están de vuelta – murmuró la fiscal – No creo que sean tan tontos por segunda vez – entonces me fijé en el fuerte abrazo al que la tenía sometida el Sr. Edgeworth. Ella no se quejaba... ¿me estaba perdiendo algo? Iris nos interrumpió -
-Maya me comentó hace tiempo que tenía intención de llevar a cabo una rutina de meditación de Kurain en la cascada cuando viniese la siguiente vez, así que cuando supe que veníais, acomodé un futón y varias sábanas y toallas allí... También algo de comer. Incluso si se quedan atrapados, estarán bien. - asentí -
-Bien, supongo...
Maya's POV
Cada vez nevaba más, y podía notar la preocupación de Nick en su brazo alrededor de mi cintura. Le conduje hacia la entrada de la cascada, y una vez allí le miré a los ojos. Se veía cansado, derrotado, y asustado. Estaba tan cerca... sería tan fácil... Pero también había tristeza en su mirada, y no me atreví.
-¿Qué hacemos aquí realmente, Maya? - me preguntó entonces -
-Meditación – respondí, suavemente – A los dos nos hace falta – se atragantó, apartándose un paso, su palma aún sobre mi cintura. Encajaba ahí como la pieza de un puzle -
-¿Yo? ¿Qué tengo que hacer yo? - le sonreí -
-Tranquilo. Quien va debajo de la cascada soy yo – él asintió – Tú sólo colócate frente a mí donde yo pueda verte todo el tiempo.
-¿Sólo eso? - abrió la puerta a la cascada y entramos -
-Un poco de meditación no te vendría mal, pero hagas lo que hagas, no te muevas de donde te hayas sentado y no cierres los ojos – volvió a asentir y miró a su alrededor, notando las mantas y comida que Iris había dejado. Sonrió -
-Lo tenías todo planeado desde el principio, ¿verdad? - sonreí, avergonzada -
-Culpable, Su Señoría – esbozó una sonrisa melancólica -
-Anda, date prisa. Me preocupa la nieve...
-Probablemente tengamos que pasar la noche aquí... No es ideal, pero has sido tú el que ha salido corriendo detrás de mí – parpadeó -
-No me importa. ¿Cuánto tiempo estaremos meditando? - fue mi turno de sorprenderme, Nick solía quejarse mucho más -
-No estoy segura... Puede que una hora o puede que toda la tarde. Llevo un tiempo dando vueltas a muchas cosas y necesito tomar una serie de decisiones importantes, necesito meditar, relajarme...
-Vale, vale... Déjame saber cuándo puedo moverme – cogió una toalla y una manta y se sentó en una zona donde no se mojaría pero aún estaría lo suficientemente cerca como para poder mirarnos a los ojos bien. Se echó ambas prendas por los hombros y deseé poder hacer los mismo, pero no podía, por mi rango, entrar bajo la cascada con más ropa que mi túnica blanca - ¿Estarás bien?
Asentí con una sonrisa, y no dije más. Descalzándome, entré al agua, apretando los dientes y concentrándome en lo que iba a meditar.
Restauraciones en Kurain...
Otro paso. No sentía los dedos.
El examen de Pearls...
Otro paso. El dolor en las pantorrillas me entumecía.
Mejorar la comunicación en Kurain...
Otro paso. Otros dos. Aún no estaba bajo la cascada, pero no podía respirar...
El problema de la tradición, demasiado estricta...
Otro paso. Ya estaba frente a la cascada. Metí una mano, un brazo.
El niño con poder de médium que ha dejado perplejo a la aldea entera...
El otro brazo. La túnica pesaba, el dolor era casi insoportable.
Mia quiere ver a Diego...
La cabeza... El pelo se me pegó a la cabeza, y el impacto del agua casi me obliga a apartarme. Apreté los dientes, girándome hasta mirar a...
Phoenix...
Cuando abrí los ojos para mirarle, me guiñó un ojo. Me ruboricé, o lo habría hecho de no estar bajo un agua tan fría, y me permití una breve sonrisa. Afiancé los pies sobre el suelo de roca lisa bajo la cascada y dejé caer los brazos a los lados del cuerpo. A estas alturas era ya incapaz de sentir la mayor parte de mi cuerpo, salvo mi corazón, latiendo demasiado despacio, los pulmones a punto de estallar, mi diafragma luchando por expandirlos, y el cuello, tenso, sosteniéndome la cabeza erguida contra la fuerza del agua. Lo único que tenía claro era que me dolía todo el cuerpo.
Tenía que... concentrarme. ¿Qué tenía que estar meditando? ¿Qué había pretendido...? Ah.
En ese momento mis ojos por fin se enfocaron como debían, y fijé la vista en Nick, en sus ojos azules que conocía tan bien. Qué era lo demás, no lo recordaba, pero él...
Había estado enamorada de él por más tiempo del que podía recordar. Me había ayudado en incontables ocasiones, y me había salvado la vida más de una vez. Cuando yo tuve que volver a Kurain, seguimos hablando por cartas, incluso venía de visita de vez en cuando. Sin embargo, justo cuando pensaba que por fin podría pasar algo, él perdió su título de abogado y tuvo que empezar a hacerse cargo de Trucy... Volvimos a las cartas, cada vez más esporádicas, y a una que otra llamada telefónica.
Ah, sí, tengo que hacer algo con las comunicaciones en Kurain...
Se animó bastante cuando empezó a elaborar ese plan que no me había contado aún para qué era, lo suficiente como para aparecer por Kurain un día de visita, aprovechando que Trucy había empezado el colegio y tenía una excursión. Coincidió con la celebración del cumpleaños de Pearls, si no recordaba mal, y la de otro niño del pueblo. Se habían hecho amigos, y tuvieron una fiesta doble.
El examen de Pearls tiene que ser más adelante. Aún no soportaría esta temperatura en la cascada. El niño, por otro lado, tiene que empezar ya. Si tan sólo los ancianos cedieran un poco con tanta tradición absurda... El niño no puede ser discriminado sólo por ser varón. Y antes de todo esto, hay que remodelar las salas de entrenamiento. Están anticuadas, y es peligroso usarlas.
No hablaba de ello, y yo había aprendido a respetar su silencio. No había sido fácil al principio, pero poco a poco me había dado cuenta de que lo que necesitaba era espacio. Así estábamos ahora, y hablábamos más, pero nunca respecto a ese juicio. Me lo ocultaba a propósito, y no podía culparle. Sólo... me gustaría que me lo contara... Que confiara un poco más en mí. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que realmente le pregunté. ¿Debería...?
Reconócelo, Maya. Eso es lo único que realmente necesitas sacar de tu mente. Lo demás son decisiones simples, fáciles de tomar. ¿Dar el paso o no? ¿Se cerrará aún más si lo sigo intentando? Podría pasar como con Diego, que se negó en redondo a hablar con Mia hasta que se descubrió la verdad... Pero a ella se lo contó al final. Y ahora...
Me ruboricé. Mia me había prometido miles de veces que ella nunca, nunca usaría mi cuerpo para nada más que hablar, y yo creía en ella. Pero me constaba que yo era el único obstáculo, me lo decía el leve sabor a café en mis labios, el picor de mis manos, y el ver la palma dibujada en la mejilla de Diego, quien sólo sonreía tristemente y se iba.
Yo nunca les reproché nada. ¿Qué era un beso? ¿Quién era yo para decirles que no? Dahlia les había hecho mucho daño a los dos, no se merecían lo que les había tocado. Mia siempre me pedía disculpas, yo nunca las aceptaba. Yo lo único que quería era... A Nick.
Sus ojos seguían observándome tranquilamente, supongo que se había dado cuenta de que ya estaba meditando. Cuando enfoqué bien la mirada, pude observar que se había ajustado las mantas mejor, y supuse que la nieve sería ya muy intensa. Lo mejor sería salir ya.
No había decidido nada, ¿o sí? En el fondo sólo quería... Sólo quería saber.. Quizá debería preguntarle. Quizá él había estado meditando también, quizá...
Era mejor no emocionarme demasiado.
Levanté los brazos entumecidos para ponerlos sobre mi cabeza, disminuyendo la presión y sacándola de la cascada, rápidamente seguida del resto del cuerpo. El aire estaba congelado. Phoenix se puse de pie, y nada más llegar a la orilla me quitó el pelo mojado de la cara, enrollando una toalla alrededor. Luego extendió la que tenía sobre los hombros frente a mí, y me hizo una seña con la cabeza.
-Quítate esa túnica, te cogerás una pulmonía. No miraré.
Esbocé una sonrisa pícara.
-No me importa que mires, Nick – se ruborizó -
-Lo sé. No te importan muchas cosas. Pero a mí sí, hazlo por mi paz mental, Maya – me eché a reír y asentí, tirando de la tela para despegarla de mi piel y quitármela como pude. Hice lo mismo con mi ropa interior, envolviéndome en la toalla que sujetaba con rapidez. Aún conservaba algo de su calor corporal y lo agradecí mientras me dirigía a la pila de ropa seca que Iris había dispuesto para mí. Él se alejó hacia la entrada. -
Encontré otra túnica, dos en realidad, una más grande que la otra, y ropa interior. Había un sujetador, pero me quedaba pequeño y lo dejé a un lado. La genética se había tomado su tiempo, pero afortunadamente no sería plana el resto de mi vida. Bragas blancas,y calcetines hasta las rodillas, también blancos, de lana. Me puse las dos túnicas, una encima de la otra, y dejé la toalla con mi ropa mojada, estirada sobre unas rocas. Me envolví en una manta y me acerqué a Nick. Estaba mirando la entrada con gesto preocupado. Cuando intenté abrir la puerta, el viento me detuvo. Suspiró.
-Antes vi un hornillo a gas... - comenzó -
-Allí – lo señalé – Cerremos la puerta a la cascada, sólo entrará más frío. Enciéndelo, hay que calentar esto.
-Pero no hay ventanas abiertas...
-Sólo un momento – insistí – Además, mira – recogí las latas de sopa y alubias hechas – algo habrá que cenar, no sabemos cuándo parará la tormenta – asintió -
-Está bien.
-Podemos abrir la puerta a la cascada si se hace difícil respirar.
No dijo más, sólo asintió de nuevo y comenzó a trabajar con el hornillo de gas.
Franziska's POV
Estábamos ya a punto de meternos en la cama, tras la cena, cuando Franziska se tropezó con algo y se cayó. Frunció el ceño, y lo mismo hice yo al ver que no había con qué caerse, apenas segundos antes de oír un grito ahogado en el baño y ver a Miley salir corriendo. Le agarré de la muñeca para detenerle. Iris apareció en el marco de la puerta y, entre las dos conseguimos llevar a los niños a la sala de canalización. Para cuando llegamos, el temblor que sacudía la tierra era más que obvio. El sonido de la tormenta de nieve no ayudaba. Miley no respondía a Ziska, quien se estaba empezando a asustar, ¡y dónde estaba Miles?
-Miley, tranquilo... - oí a la niña decir. Dejé de mirar a mi alrededor. ¡El niño! -
"Céntrate. Recuerda lo que te pidió en el coche. Respira hondo"
Me agaché junto a ls niños y envolví a Miley en mis brazos. Eso le hizo al menos levantar la cabeza. Ziska me imitó.
-Relájate... No va a pasar nada. Estamos a salvo. Estamos seguros aquí, Miley. No nos va a pasar nada... respira hondo... Mira, estás asustando a Ziska. Serénate. No estás en peligro.
Poco a poco, noté cómo su respiración se estabilizaba, incluso aunque fuera excesivamente controlada, podía ver que estaba más tranquilo. Abrazó con fuerza a Franziska y no la soltó, y pude devolver mi atención al resto.
Iris y Bikini estaban sentadas juntas, aparentemente meditando, aunque de vez en cuando echaban un vistazo en nuestra dirección. Tras unos interminables minutos, el temblor no pasaba. Me puse de pie y anuncié:
-Tengo que encontrar a Miles – Iris asintió, y miré a Ziska – Quédate con Miley, y no le sueltes – le dije rápidamente en alemán. Ella asintió también -
Volví al pasillo, pensando dónde podía estar. ¿El baño de nuestra habitación? Era el último sitio donde le había visto. Me acerqué a trompicones a la habitación, pegada a la pared para no caerme. No recordaba haber pasado un terremoto de ese calibre en mucho tiempo. ¡Y tan largo...! Cuando llegué me encontré a Miles sentado en el suelo al lado de una columna. Estaba un poco pálido, pero parecía calmado. Me miró, a punto de decir algo, cuando se fueron las luces. Le busqué a tientas y aferró mis manos.
-¿Miley? - susurró. Le abracé, sentándome en su regazo -
-Con Ziska, Iris y Bikini, en la sala de canalización – noté su asentimiento, y luego sus brazos en torno a mi cintura -
-¿Está bien?
-Sí, estaba bastante calmado cuando me fui. Estaba con Ziska.
-Bien...
-Tú... ¿Tú estás bien? - él volvió a asentir -
-No es ideal, pero creo que sobreviviré – esbozó una sonrisa débil -
-Hagámoslo mejor, entonces – arqueó una ceja pero no le hice caso. Podía notarle temblar, incluso mientras el suelo temblaba bajo nosotros. Atrayéndole hacia mí de una forma muy similar a como había hecho con Miley, empecé a acariciarle el pelo – Intenta pensar en otra cosa, cualquier cosa.
Se dejó hacer, apoyando la cabeza en mi hombro y afianzando su agarre sobre mi cintura, hasta el punto de que, descubrí, se me hizo imposible moverme. No me importó. Por un momento, ninguno dijimos nada. El temblor empezaba a remitir, aunque aún quedaban pequeños movimientos. Uno particularmente brusco nos sorprendió. Él jadeó, momentáneamente asustado, pero luego su respiración volvió a la normalidad.
Nunca sabría qué estaba pensando, supuse, cuando de pronto se apartó, apenas lo suficiente como para buscar a tientas mis labios con los suyos. Me estremecí cuando me besó intensamente, un poco perdida, durante los pocos minutos que le tomó al terremoto detenerse del todo. Cuando se apartó de nuevo, con la respiración acelerada, y apoyó su frente en la mía, pensé en decir algo, y fue entonces cuando descubrí que no tenía nada en mente. Cero. En blanco. No podía ver nada, pero me habría gustado ver la cara de Miles cuando finalmente nos separamos y dijo con voz algo estrangulada:
-Deberíamos ir a buscar a los niños... - no supe explicar el escalofrío que me recorrió entera, de modo que asentí, poniéndome de pie y ayudándole a hacer lo mismo. Aún se demoró en dejar un pequeño beso detrás del lóbulo de mi oreja derecha antes de soltarme del todo -
Aún a oscuras, los pasillos estaban iluminados por la escasa luz del cielo nocturno, y no tardamos en dar con la sala de canalización. Los niños estaban bien. Miley estaba asustado, pero parecía calmado, dentro de los posible. Tal y como le había pedido, Ziska no le había dejado solo en ningún momento. Iris nos llamó.
-Voy a subir los plomos, con un poco de suerte habrá luz. Sino, traeré velas. No os mováis.
Asentimos, aunque no creo que nos viera. Miles sacó su móvil del bolsillo, usándolo para dar luz.
-¿Estamos todos bien? - preguntó Bikini. En mayor o menor medida, me dije, pero sí -
-Espero que Wright y Fey estén bien también – comenté, a nadie en particular. Miles asintió -
-Seguro que sí. Mañana estarán por aquí.
-No hay luz – anunció Iris desde la puerta, con unas velas – Ayudadme a encender al menos una para cada uno – los niños se ocuparon de eso - ¿Creéis que deberíamos dormir aquí, en caso de que hayan réplicas...? - Miles se encogió de hombros pero Miley asintió con ganas, aún de la mano de Ziska, quien se sumó enseguida. Bikini asintió también, empezando a repartir velas por la sala -
-Es una buena idea. Hacen falta futones y almohadas...
-Miles y yo traeremos los futones, los niños las almohadas, sólo decidnos dónde están – ofrecí -
-Iré con vosotros. Por favor, Sacerdotisa, termine de encender las velas... - le entró las que quedaban. Nos guió hacia una especie de habitación almacén y cargamos futones y almohadas hasta la sala de nuevo. Una vez dispuestos, cada uno eligió uno -
Ziska y Miley acabaron juntos entre Miles y yo, y Bikini e Iris se acomodaron al otro lado de Miles. Apagaron algunas velas, no todas, y nos quedamos en silencio. Bikini roncaba, pero el fuerte sonido de la ventisca lo tapaba un poco. Ziska se acurrucó en su futón, cerca de Miley, cogiéndole de la mano, y así se quedó dormida. Pasando una mano sobre ella, Miles tomó la mía, que acariciaba el pelo de Miley. Me sonrió.
-Gracias... por lo de antes. No quería estar solo – asentí -
-Ni lo menciones...
-Espero que no haya más réplicas mañana, aún así. No me gustaría tener que interrumpir la canalización – asentí. Maya se había ofrecido durante la comida a canalizar a su madre al día siguiente, y Bikini había aceptado -
-No lo creo... Ha sido largo, pero no particularmente fuerte. Podría haber sido peor – estrechó un poco mi mano -
-Tienes razón. Tenemos que concentrarnos en lo que toca ahora... - no parecía muy convencido, o tal vez fuera el sueño que se colaba en su voz -
-Hasta mañana, Miley... - sonrió, pero aún dijo algo más -
-¿Qué es lo que no sé, Franziska? - me ruboricé. No estaba esperando la referencia a nuestra conversación de por la mañana -
-¿Te parece el mejor momento? - se encogió de hombros -
-Llevo un rato dándole vueltas. Suena importante.
-Si lo fuera te lo habría dicho ya – dudó -
-Confío en ti. Sé que confías en mí más que en nadie, pero... pero, ¿qué tanto es eso? - parpadeé. Parecía confuso, y estrechó mi mano con fuerza - ¡No! No, espera. No quise decir eso. Perdona, no estaba pensando... - le tapé la boca con la yema de los dedos, soltándome de su mano. Él la volvió a posar sobre la mía poco después -
-Sé perfectamente que no soy Miss Confianzas, pero claro que confío en ti, Miles. Y sé de sobra lo mucho que confías en mí. Pero también sé lo que me has dicho esta mañana y, antes de que empieces a pensar que no deberías haberlo dicho, no, no me ha molestado. Me alegra saber lo que piensas de mí. Pero no quiero meterme en conversaciones emotivas con todo este lío aún sin resolver... Lo siento, no quiero dejarte esperando, pero necesito pensar y ahora no es el momento.
-Lo siento... No tenía intención de decírtelo ahora, la verdad. Ya sé que no es el momento. No sé en qué estaba pensando...
-No le des tantas vueltas. Por favor. Te contestaré, pero no ahora.
-Descuida. Esperaré. Buenas noches...
Phoenix's POV
Acabábamos de estirar el futón que Iris había preparado para Maya, y estaba a punto de sugerirle que yo iría a ver si las toallas estaban lo suficientemente secas como para hacerme de mantas cuando empezó. No había pasado por muchos terremotos, no contaría más de cinco en toda mi vida. Pero había que reconocer que tenían una puntería increíble en este sitio. Maya se rió tras el susto inicial.
-Pobre Sr. Edgeworth... - me cogió de la mano y tiró de mí hacia una esquina señalizada como segura. Esbocé una sonrisa y la seguí -
-Cierto. No parece que haya tenido mucha suerte esta vez.
-¿Pero la tiene alguna vez? - sonreí de nuevo, a mi pesar -
-Yo diría que, con los años, ha ido mejorando... De hecho, me preocupa más el pequeño que el mayor.
-Hm...
Poco a poco, empezamos a notar cómo el terremoto se hacía más fuerte, y noté cómo Maya estrechaba mis manos con fuerza. Miré hacia la sala de la cascada. Para ser sinceros, me preocupaba que la piedra alrededor se agrietara y el agua empezara a fluir hacia afuera, o que se rompiera parte de la cascada y el sumidero bajo el lago quedara taponado y nos inundásemos mientras dormíamos. Abracé a Maya sin pensar, a la espera, pero no parecía que el suelo fuera a dejar de moverse pronto. Ella suspiró cuando, además, se fue la luz.
-Es largo...
-Más de lo que recordaba de la otra ocasión, seguro – ella asintió -
-¿Crees que estarán bien?
-Ya oíste a Bikini antes. La sala de canalización del templo es la más segura de todas...
-Cierto. Cierto, no hay de qué preocuparse.
Se hizo un silencio un tanto incómodo, pero Maya lo solucionó rápidamente rodeando mi cuello con los brazos para responder a mi abrazo y apoyando la cabeza en mi pecho. Sonreí, sintiendo su pelo en mi mejilla. Sabía exactamente lo que estaba haciendo, y dolía saberlo, pero no podría hacer nada, no aún. Me había prometido a mí mismo que cuidaría de ella, y ella se merecía algo mucho mejor que un jugador de póker encubierto con una hija adoptiva que apenas podría mantener. Ella suspiró, como si pudiera leerme la mente. Eso me hizo reír y ella se aparó para mirarme a los ojos. No se apartó realmente, sería más correcto decir que se movió y levantó la cabeza, de forma que de pronto me encontré con su nariz pegada a la mía. Le sonreí.
-Hey – murmuró -
-Hey a ti también – me reí – Oye, ¿no lees la mente, no?
-No – hizo un puchero – Pero no será por falta de ganas, te lo aseguro – me eché a reír de nuevo y ella volvió a apoyar la cabeza en mi hombro – No le veo la gracia...
-Eso es porque esta situación no tiene ninguna gracia – hice un amplio gesto con un brazo – Hay un terremoto y una tormenta de nieve, Maya – me pegó en el brazo -
-¡Entonces no te rías!
-Maya... - me miró con expresión angustiada y tuve que cerrar los ojos, abrumado. Podía notar sus manos quitándome el gorro para pasar los dedos por mi pelo, tirando de mí hacia sí misma de forma casi imperceptible, sus labios a menos de un par de centímetros de los míos – Maya...
El terremoto finalmente se detuvo, al tiempo que ella dejaba caer el gorro y yo por fin conseguía reaccionar. Me dejé caer de rodillas, ahogando un suspiro y abrazando su cintura.
-Maya, Maya, te lo suplico... - no podía deshacer el nudo de mi garganta – Ten piedad. Sólo soy un hombre, Maya – ella se agachó a mi altura, dejándome esconder la cara en su hombro por el momento -
-¿Cuánto más vas a hacerme esperar, Nick? - su voz era suave, pero podía oír sus lágrimas. La estreché con fuerza al darme cuenta de que, una vez más, la había hecho llorar -
-Maya...
-No me pidas que no espere – me quedé en silencio un instante y ella posó un beso en mi mejilla, en mi sien, en mi pelo, al tiempo que me sostenía – Ya no.
-... necesito algo más de tiempo, y la oportunidad precisa... pero creo... creo que podría probar legalmente que fue Kristoph Gavin y no yo quien falsificó esa hoja de papel hace años – ella no dijo nada, sólo me abrazó con más fuerza por unos instantes - ¿Maya...?
-... gracias por contármelo, Nick. - suspiré y ella se estremeció – Pero... - dudó, pero no dije anda. Si le había dicho eso, ¿qué más daba ya? Respondería a sus dudas -
-¿Sí?
-¿Por qué...? - ah. -
-Maya – me aparté para mirarla a los ojos y ella se apresuró a limpiarse las lágrimas. Lo hice por ella y la vi cerrar los ojos. No estaba seguro de si eso era debido a vergüenza, emoción, o a qué, pero eso no me impidió seguir hablando – M-mira, yo... ya sabes que no soy muy bueno con las palabras, pero... estoy enamorado de ti, y... puedo ver que no te conviene involucrarte en esto, en tu posición en la villa sólo te causaría problemas. No quiero meterte en esto, además. Ya tienes bastantes responsabilidades, y Pearls...
-Tienes que admitir que Pearls estaría encantada – bufó – No me causarías problemas, Nick. Al contrario, quiero estar ahí para ti, ¿vale?
-No lo entiendes – suspiré de nuevo – No tengo nada aque ofrecer. Ni siqueira tengo un oficio decente. Mi vida es una sucesión de problemas uno tras otro. - me puso los dedos sobre los labios para que me callara. Había una fiera determinación en su mirada y aparté la mía – Te mereces a alguien mucho mejor que yo. Alguien que te dé menos problemas y más...
-Nick – su voz contenía una nota de súplica y me callé, aún sin abrir los ojos – Ya basta. Por favor. ¿Cuándo decidiste que los papeles se habían intercambiado? Siempre he sido yo la que nos mete en líos a los dos. Estaré bien. Problemas es mi segundo nombre que nunca te había mencionado – ambos sonreímos y ella deslizó sus dedos hasta mi barbilla – Nick...
-Maya... yo...
No había que ser un genio para averiguar qué me estaba pidiendo, y, por primera vez, no conseguí encontrar una excusa decente a tiempo. Besé sus labios, primero despacio, tentativamente, para dar paso rápidamente a un beso apasionado, anhelante, un beso que ambos habíamos esperado por mucho tiempo. La abracé con más fuerza y ella enredó los dedos en mi pelo, y los dos perdimos la noción de lo que estábamos haciendo.
Y hasta aquí el capítulo! Espero que os gustase, y espero no tardar tanto como con este para traeros el siguiente con la canalización y posible resolución del misterio!
Dejadme saber vuestras opiniones con un review~
~Lena Lawlipop
