Muchas gracias a todos los que le han dado una oportunidad a este nuevo proyecto continuación de "Conexión cuántica" ( story/68551977-conexi%C3%B3n-cu%C3%A1ntica-miraculous-ladybug-fanfic ).
Disclaimer: Miraculous Ladybug no es de mi propiedad intelectual ni similar. Marie Tompson Hatsukoi pertenece a MaJo Arvi y, Alee-Ku Mclean Toripuretto y Alex McLean Toripuretto pertenece a Alex Reyna.
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NUEVOS HÉROES
CAPÍTULO 1
VIEJOS AMIGOS
Una cabellera rubia era mecida por el viento. Aquella pertenecía a un hombre joven parisino de apenas 23 años de edad que tomaba un café americano en una de las mesas que estaba fuera de una cafetería. Su sonrisa reflejaba lo mucho que anhelaba esta salida para liberarse un poco del estrés de los entrenamientos para ser el nuevo guardián de los Miraculous. En un momento a otro, el encargado del establecimiento se sentó frente a él.
– Se te ve de buen humor, Adrien. ¿Acaso tener a Marinette lejos te ha servido? – Mencionó de forma burlona el muchacho.
El mencionado levantó la mirada con un poco de enfado observando a su acompañante. Aquel chico llevaba por nombre Alee-ku Mclean Toripuretto, era un compañero desde la secundaria que cursaba un año arriba que el de él y Marinette. Lo conocieron porque un día su ahora prometida se le quedo viendo en la entrada del colegio debido a la heterocromía que Alee presentaba. Aquel joven siempre había sido algo llamativo y una inspiración para la portadora del miraculous de catarina.
Actualmente él era dueño del café que atendía con su hermana, también era heredero de una gran empresa, pero todo se lo había dejado a su tía con quien se crió. Todo lo de aquel pequeño y elegante lugar había sido diseñado por su hermana, incluso los uniformes que consistían en una camisa de botones de color hueso con pantalón café y un delantal de rayas verticales con ambos colores; era simple, pero resaltaba los dotes de ambos hermanos.
Alee-Ku era un joven alto y delgado, con un cabello tan largo –que solía amarrarlo en una coleta de caballo alta– que le llagaba al suelo el cual gustaba teñirlo de castaño aunque él fuese rubio; como había dicho presentaba una heterocromía singular con el ojo derecho de color azul y el otro de color verde con una pupila alargada de forma vertical. Su tez era pálida, haciendo que contrastase mucho con su cabello y sus ojos, al igual que con su único accesorio, una especie de collar de perro que siempre portaba en el cuello. Al hablar denotaba un acento inglés que solía remarcar aún más cada que atendía a los comensales en su café; ese aire extranjero invitaba a ir una y dos veces más.
– Claro que no. – Respondió el ojiverde sorbiendo lo que aún quedaba en la taza. – Simplemente buscaba relajarme.
– Si tú lo dices…
– ¡Señor Agreste! ¡Alee-ku! – Una voz dulce los llamaba. – ¡Buen día!
Junto a ellos apareció una muchachita un poco más baja que ambos, de cabello café rizado con un par de mechones azules. Sus enormes ojos azul cielo mostraban la felicidad que el encuentro con ambos varones le proporcionaba. A pesar de su vestimenta algo rudo, con una camisa roja a cuadros, unos pantalones negros ajustado con algunas rasgaduras y unos botines de tacón pequeño del mismo color, se le veía como una niña dulce.
– Buenas tardes Marie. – Saludó Adrien dándole un apretón de manos.
– Hola, señorita. – Habló el dueño del café.
– Es bueno encontrarlos, justo iba a ver al maestro Fu.
– ¿Algo en especial? – Preguntó curioso el rubio-castaño sujetando la hebilla que estaba en su coleta.
– No, sólo debo ir a dejarle unos macarrones que le encargó a mi madre.
– Entiendo. Será mejor que te acompañe o me reñirá por llegar después que tú. – El modelo se levantó de su lugar, sacó su billetera y dejo en la mesa la cantidad necesaria para pagar la bebida. – Otro será el día en que podamos hablar largo y tendido, Alee.
– Claro. – Respondió.
– ¡Hasta luego! – Así como saludó, se despidió la pequeña.
Caminó acompañada del joven heredero del imperio Agreste. Ninguno de los dos observó una ligera mueca siniestra que el jefe del lugar hacía; este sacó su celular y llamó a alguien.
No tardaron mucho en llegar, puesto que la cafetería estaba ubicada a unas cuatro cuadras del centro terapéutico del anciano de origen chino. Cuando Marie iba a abrir la puerta, Adrien se transformó y desvió con su vara una flecha que apuntaba directo al estómago de la fémina. Recién llegaba y ya empezaba el entrenamiento. La menor sonrió divertida con lo que estaba pasando, admiraba demasiado a aquel adulto por su arduo trabajo.
Ellos no tenían más de un año de conocerse, pero por su curiosidad había descubierto el secreto de los Miraculous. Gracias a todo ello supo las historias de cuando Hawk Moth era el villano de Paris, cómo lo capturaron y las nuevas misiones que se les había otorgado a Ladybug y Chat Noir. Simplemente eran dos personas admirables, una pareja que no era para nada egoísta ya que habían puesto el bienestar de otros, por encima de su compromiso.
Esa admiración la llevaba a ser una gran fanática. Cada día que apoyaba en el entrenamiento de Adrien, solía estar viendo los viejos videos que estaban en el Ladyblog donde se veían las luchas de los héroes parisinos. A todos les causaba cierta ternura viéndola frente a aquella diminuta pantalla de su móvil gritando cada una de las habilidades que poseía la pareja.
Marie era hija de Thomas Thompson, un veterinario muy reconocido en la capital alemana, y Martha Hatsukoi, una pastelera de origen japonés que viví en Alemania junto a su marido, la hermana menor de esta y un montón de animales que su esposo adoptaba cada dos por tres. Habían aceptado que su hija se fuese a vivir a Paris con el objetivo de acostumbrarse a aquel lugar, puesto que su idea era estudiar una nueva licenciatura que se impartía en aquel lugar, una que se trataba sobre el dibujo tradicional, el diseño gráfico y la digitalización de las obras tradicionales; algo único en su tipo.
Para ser una jovencita próxima a entrar a la universidad, muchas veces llegaba a comportarse como una niña pequeña, todo gracias a su forma dulce de ser y sus actitudes tan curiosas. No era muy alta, sólo tenía 160 cm de altura. Delgada, con cabello corto y ligeramente rizado. Su melena era de un color chocolate, acompañada de dos mechones azules a cada lado de su rosto en el cual poseía dos enorme orbes azul cielo, una nariz respingada y una boca pequeña. Siempre gustaba vestir una blusa roja a cuadros, unos pantalones negros rasgados y tenis negros con manchas grises. A veces llevaba un gorro negro con borde rosa que hacía juego con una bufanda corta; esos sí, nunca faltaban sus dos pulseras rojas en la mano derecha y una muñequera negra en la izquierda. Muchas veces su vestimenta resultaba demasiado contrastante con su forma de ser.
– Maestro. – La muchacha llamó al sabio.
– ¿Qué pasa Marie? – Le preguntó mientras la veía tirada en el piso boca arriba.
– ¿Cuándo podré conocer a la señorita Marinette?
En el momento en que mencionó el nombre de aquella mujer con la que compartía el color de ojos, se pudo escuchar como Chat Noir había tirado todo lo que estaba cargando. Fu lo regañó por el desastre que había ocasionado, a lo que el hombre respondió con los ojos cristalinos. Él era el que más quería que su prometida regresara.
– Lo sé, Adrien. – El mayor suspiró. – Pero debes de ser capaz de mantener la serenidad aun cuando a ella le esté sucediendo algo.
– Perdón. – De alguna forma su mirada se volvió sombría.
– Ese es el deber que tendrás. Lo lamento.
– Perdoname a mí también. – Se disculpó la chiquilla desde lejos.
– No te preocupes Marie, fue mi culpa.
Una sonrisa melancólica adornó el rostro del portador del Miraculous gatuno mientras recogía lo que estaba en el piso para retomar nuevamente el entrenamiento donde se había quedado.
De verdad, aquella pareja era digna de admirar.
. . .
– ¿Sospechas que ella regresará pronto? – Un hombre mayor hablaba entre las sombras de una habitación llena de mariposas. – ¿Cómo lo sabes?
– Una corazonada. – Respondió un joven con una ligera risa cínica, el cual se encontraba arrodillado frente al hombre.
Aquel varón parecía ser el portador de un Miraculous, ese joven era conocido como Lord Hirsch y hacía varios años había trabajado con Marinette y Adrien salvando Paris del villano con quien ahora se encontraba hablando. Su traje era una camisa de mangas largas y un pantalón de un color naranja quemado (sin llegar a ser color caramelo), todo ello con un patrón de astas y puntos blancos; en la cintura parecía portar una tela que simulaba un taparrabos. Llevaba unas botas cafés que hacían parecido a unas pezuñas. En su cabeza había unas astas firmes, grandes. Por último, llamaba la atención que no tuviese un antifaz, sino una especie de gafas completas que no permitían observar sus ojos.
– ¿Acaso quieres que vuelva al trabajo? Ya soy viejo para esto.
– No lo es, maestro. Usted sólo se ha vuelto más sabio y puedo apostar que al fin logrará su objetivo.
– Claro que sí.
Aquel veterano rio con fuerza en señal de aprobación de las alabanzas del chico que sólo entrecerraba los ojos con asco. El que realmente cumpliría sus objetivos sería él y no importaba que tuviese que sacrificar en el camino; siempre que no fuese su hermana y su tía, el resto del mundo podía irse al carajo.
Continuará…
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Muchas gracias a quienes le están dando la oportunidad a este fanfic :D Prometo que no se arrepentirán y que disfrutarán TODO lo que leerán aquí. ¡Saludos!
