Nueeeevo capi~~
Disfruten mientras puedan bwahahaha~
Nuevamente se me ha alargado así que lo dividiré en dos. Espero poder seguir escribirendo a la velocidad que he sacado este, al menos durante el verano =3
Disclaimer: No poseo Ace Attorney
Capítulo 8: Moriré por ti (I)
Franziska's POV
Me había parecido una idea horrible al principio. Ya nos habíamos tomado un descanso lo suficientemente largo, no quería perder más tiempo. Sin embargo, tras volver a Kurain, habiéndonos despedido de Iris y la sacerdotisa Bikini, tuve que aceptar que aunque no fuéramos a ningún sitio, sería imposible trabajar normalmente y cuidar a los niños a la vez. Miley era maduro para su edad, pero la niña, aunque brillante, aún era demasiado pequeña para cuidarse sola.
Butz no desapareció hasta que Wright no intervino, asegurándole que si volvía a la ciudad encontraría más mujeres guapas que en Kurain, y todos lo agradecimos. No era mala persona, pero era exasperante, y al parecer, sus amigos temían por su seguridad, especialmente cuando decidí que me daba igual asustar a los niños y empecé a usar mi látigo con la frecuencia que era normal en mí. Miles no pareció contento con el cambio, pero no podía quejarse, pues en ningún momento le di a él o a los niños. ¿Quién creía que era yo, una aficionada? Me había tomado mucho esfuerzo controlar mi látigo, pero ahora lo conocía como la palma de mi mano y era capaz de manjearlo a la pefección.
Y, de cualquier manera, látigo o no, eso no le impidió tomarse nuevas confianzas conmigo. Las permití, porque en primer lugar (y como él bien había señalado en defensa propia) era yo la que había decidido dar un paso más y no podía reprocharle que se le antojara algo tan simple como tomar mi mano al andar. No me había sentido con ánimo para contradecirle, no cuando los niños habían aparecido, jugando a algo, tomados de la mano con naturalidad.
La nueva relación de Wright y Fey también progresó con incríble rapidez. O quizá era porque ambos llevaban esperando mucho tiempo, como señaló Miles cuando lo mencioné. En cualquier caso, se veían felices, y no podía culparles.
Cuando llegó el momento de volver a Alemania, aún no tenía una respuesta a la propuesta de Miles. Fey decidió dejar Kurain para acompañarnos al aeropuerto, y los Wright se sumaron. Pearl se quedó para cuidar que nadie echara de menos a Maya Fey, y se despidió efusivamente de los niños, y también de Miles y yo, si bien no con el mismo entusiasmo que habría mostrado unos años atrás cuando nos conocimos. Esa idea me hizo sonreír, y ella sonrió también, algo confundida.
No fue sino hasta que encontramos la sala de embarque, antes de pasar los controles policiales, que Fey decidió llamarme aparte. Dejé a la niña, que llevaba en brazos, al cuidado de Miles, y nos alejamos algunos pasos.
- Gracias - fue lo primero que me dijo - Tenías razón.
- ... oh - Brillante respuesta - ¿Lo dices por...?
- Por lo que me dijiste en el templo, sí - sonrió, exuberante como de costumbre, dejándome un poco perpleja - Aunque no es que me sorprenda.
- Y-ya veo - de pronto, adoptó una actitud pensativa -
- Me dijiste entonces que vosotros... - pude notar cómo empezaba a enrojecer al ver cambiar el rumbo de la conversación - Que era sólo por los niños, ¿no? - asentí - En ese caso, ¿qué haras cuando ellos ya no estén? Porque puedes decir lo que quieras, pero yo aún te veo bastante enamorada - apreté mi látigo, pero no moví las manos, y ella estudió mi expresión en silencio -
- Eso no es...
- No, no es de mi incumbencia - concedió - Pero pensé que tal vez te ayudaría con ello, si lo necesitas - alcé una ceja, escéptica -
- ¿Adónde quieres ir a parar? - se encogió de hombros -
- Lo único que digo es... Ya sé que todo esto no va con tu personalidad, pero, ¿por qué no darle una oportunidad? No necesitas una excusa como los niños para demostrar tus sentimientos, ¿o sí?
- ¿Qué sentimientos? - se echó a reír, y tomó mi mano antes de que pudiera detenerla -
- Puedes mentirte a ti misma, von Karma, pero no a mí. No soy la Maestra Kurain porque sí, sino porque soy la mejor. Soy consciente de las almas que me rodean, vivas o muertas, a un nivel que tú no podrías siquiera imaginar - sus ojos brillaron, fieros, llenos de un orgullo que no había estado presente cuatro años atrás. Sonreí -
- No lo dudo - sonrió también -
- En ese caso, créeme cuando te digo que tus sentimientos por Edgeworth no tienen nada que ver con los niños. Están ahí, quieras o no.
- Aunque digas eso - empecé, y ella hizo una mueca de exasperación que me obligó a ocultar una pequeña sonrisa bajo una mano, lo cual pareció sorprenderla. Me señaló -
- Me tomo eso como una pequeña victoria, que lo sepas - asentí, divertida -
- Aunque digas eso - repetí, y ella alzó las cejas - Eso.. no es tan fácil de incorporar a mi vida.
- ¿No serás tú la que piensa que es peor de lo que es?
- Es posible. Siempre me ha gustado tener las ideas muy claras. Conceptos difusos como el amor se me escapan - pareció considerarlo, pero luego negó con la cabeza -
- Pero puedes hacerlo. Ella puede - señaló a mini yo, y Miles nos saludó al captar nuestra mirada. Alcé la mano levemente en respuesta y Maya la tomó, elevando ambas manos unidas para saludar con más entusiasmo. Me ruboricé, apartándome de ella, quien simplemente rió - Creo en ti. Puedes hacerlo - sus palabras y su expresión eran dulces, y me aparté -
- No necesito apoyo moral - ella se limitó a sonreír, y supe que no me había creído -
Al regresar al lado de Miles y los niños, Wright sonreía de forma enigmática, al igual que Miles, por lo que preferí no preguntar nada. Tomando la mano de Miley en la mía y una maleta en la otra, me giré para acercarme a los controles de policía. Un toque en un hombro me detuvo, y al girarme, unos dedos me rozaron la oreja, y me tendieron un naipe. Mentiría si dijera que me sorprendió, pero Wright sonrió de nuevo, ofreciéndome la carta con insistencia, y solté la maleta para tomarla. Era un as de picas. Sencillo, con pinta de pertenecer a una baraja barata de cualquier bazar. Le miré, esperando una explicación, pero lo único que dijo fue:
- Suerte, von Karma - asentí, debatiéndome entre guardar o tirar el naipe. Miley tomó esa decisión por mí, quitándomelo para verlo, con el ceño fruncido -
- Es sólo un naipe - concluyó, igual de confundido que yo -
- Sí, es como este - oímos entonces. Ziska jugaba con el as de corazones, desde los brazos de Miles, quien se veía sorprendido - Estaba en tu bolsillo - y lo señaló, en el pecho de la chaqueta, apropiadamente a la altura de sus manos. Miles abrió la boca, presuntamente para preguntar algo, pero con una mirada de reojo a Wright, acabó por esbozar una sonrisa, un leve rubor adornando sus mejillas -
- Un as de corazones... - murmuró, casi para sí mismo. Al lado de su padre adoptivo, Trucy Wright soltó una risita, pero Wright no pareció darse por aludido -
- Esto me recuerda - entrecerré los ojos - Uno de los casos que no llegué a tomar, en casa, estaba lleno de estas basuras del tarot que tanto le gustan a Violet - la mirada que me dirigió Miles me asustó - ¿Qué...?
- ¿Violet? - ladeé la cabeza - Ella... ¡Ella dijo...!
- No creo en las lecturas de cartas - aseveré. Él hizo una mueca, y Wright se rió -
- Por mí es mejor si no crees en ello - entrecerré los ojos -
- Bueno, ahora estoy segura de que esta carta significa algo - él se encogió de hombros -
- Pero no sabes qué - la sonrisita de triunfo que esbozó fue la que le garantizó los latigazos que le empezaron a llover, pero los aceptó entre risas, intentando protegerse como pudo -
- Así te pudras, Phoenix Wright - él aún sonreía cuando me giré para irme -
- Mucha suerte a ambos - fue lo último que le oí decir -
Franziska's POV
Miley y Ziska aún intentaban descifrar el significado de los naipes cuado el avión despegó. Miles, en cambio, parecía relajado. Torcí el gesto. Nuevamente, la decisión era mía. Él había elegido ya, dejándome atrás una vez más... Cerré las manos en puños, rehusándome a tal idea, y tomando una decisión apresurada que esperaba no lamentar después.
- Miles Edgeworth - me miró, aprensivo ante el uso de su nombre completo. Tomé aire - Espero que estés seguro de que quieres irte de crucero con nosotros. Sería terrible si el movimiento errático del barco te asustara.
Sí, tenía que admitir que la confusión y el ligero horror que se reflejaron en su cara en esos instantes valía la pena. Totalmente.
Franziska's POV
Nada más llegar a casa, Miles se ofreció a buscar un crucero lo antes posible, y de esa forma, dicidimos que si íbamos a hacerlo, al menos lo haríamos bien. Así era como nos habíamos criado, todo tenía que ser perfecto, y no había razón para cambiar de idea. Con esto en mente, elegimos un crucero turístico por el Meditarráneo. A pesar de ser principios de inviero, este pequeño barquito continuaba su ruta siempre que tuviera clientes y el clima lo permitiera. Ignorando los comentarios burlones por mi parte, Miles argumentó que el movimiento del mar era más calmado que el de un terremoto, y que no habría ningún problema.
Y así, dos días más tarde, estábamos en un pueblecillo en la costa sur de Francia, desde donde partiría el barco. Era colorido y las tiendas estaban llenas de gente comprando regalos para la Navidad. Lo cual me recordaba... Miles pareció darse cuenta al mismo tiempo que yo. Ladeé la cabeza, observando a los niños jugar. Estábamos en una plaza, haciendo tiempo para embarcar.
- ¿Crees que deberíamos...? - parecía algo confuso -
- Quizá. Para ser sinceros, hace mucho que no celebro la Navidad... Especialmente no después de que Papa... - asintió -
- Recuerdo que solíamos celebrarlo con una cena especial, y que los regalos no podían abrirse hasta la mañana del 25.
- Sí. Recuerdo que a mí me parecía normal, y que a ti te parecía una nueva forma de tiranía - se echó a reír -
- Sí. Mi padre siempre me dejaba abrirlos por la noche del 24, aunque no me dejaba jugar con nada hasta el día siguiente.
- ¿Crees que...? - se encogió de hombros -
- Sí, supongo que sí. ¿Quieres que vaya yo? - me ruboricé -
- Deberíamos ir todos, ¿no crees? - él también se ruborizó levemente - Podríamos... volver a celebrar la Navidad juntos.
- C-claro - concedió - Buena idea.
Se levantó, y llamó a los niños, y la escena me resultó tan familiar que me provocó un escalofrío. Yo misma había advertido a Miles que no se encariñase con los niños, desde que aparecieron el primer día, ¿cómo había llegado a esta situación?
Con la excusa de querer ir a conocer el pueblo, paseamos por las calles sin rumbo fijo hasta dar con regalos que consideramos apropiados. No nos resultó difícil, dado que sabíamos de sobra nuestros propios gustos. Nos repartimos la tarea de escondérselo a los niños, mientras que uno pagaba, otro distraía a los enanos con otra cosa. Finalmente, y ya con el tiempo justo, regresamos al puerto, donde un acogedor barquito nos recibió. No era el más grande que había visto, pero tenía pinta de tener más de un piso. Me pregunté cuántos habría en el casco, bajo el agua, y cuando nos ofrecieron un plano, descubrí que había cuatro en total, dos bajo la cubierta, y el comedor y la sala de baile en el piso superior. Nuestro camarote se encontraba en el primer piso, el más bajo. Las minúsculas ventanitas apenas dejaban ver nada a través del grueso cristal y las oscuras aguas, aunque eventualmente pasaba un pez.
Nos dieron una hora para dejar nuestras cosas, acomodarnos al vaivén de las olas, antes de comenzar a explicar el recorrido y los métodos de evacuación en caso de emergencia. Toda la tripulación escuchó con atención, y en su momento me pareció cómico. Momentos más tarde, cuando nos dejaron libres de nuevo, ya había dejado de prestarle atención, a pesar de recordar a la perfección cómo desatar los botes de emergencia, o cómo desatascar una puerta de cualquier camarote en caso extremo.
Como no habíamos traído casi ningún equipaje excepto ropa, no perdimos el tiempo desempacando nada. En cambio, volvimos a cubierta para dar un paseo. Ninguno de los niños parecía mareado, aunque Miley estaba obviamente incómodo. Le di un toque en el hombro, y me miró inquisitivo.
- ¿Te sientes bien, Miley?
- No me gusta cuando el suelo se mueve, pero me acostumbraré.
- Avísanos si necesitas algo - asintió, pero no le dio tiempo a decir nada, ya que Ziska apareció a su lado, tirando de él para investigar por ahí. La siguió con pasos lentos y calculados - ¿Y tú? - me giré hacia Miles, y él pareció sobresaltarse con la pregunta -
- ¿Yo?
- ¿Estás bien?
- Sobreviviré - me aseguró, divertido. Lo dejé estar - ¿Qué quieres hacer?
- Pronto se pondrá el sol - asintió -
A pesar de sus palabras, estaba claro que no confiaba tanto en su equilibrio como decía. En silencio, antes de que pudiera autocensurarme, me permití tomar su brazo con delicadeza, dándole un punto de apoyo al tiempo que le guiaba hasta la barandilla del barco, desde donde podríamos observar el mar. Se sorprendió, pero una sonrisa cálida se instaló en su rostro poco después, y tuve que apartar la mirada antes de devolverla, confundida ante las contradictorias emociones que amenazaban con dominarme.
- Gracias - murmuró, colocando su mano sobre la mía, en la parte interna de su codo -
No contesté, y cuando volví a mirarle él aún sonreía levemente, observando a los niños caminar por ahí hablando de algo, y al mismo tiempo inmerso en sus pensamientos. Por la forma en que sus dedos acariciaban rítmicamente los míos, asumí que estaría repasando las palabras de las sacerdotisas acerca de nuestro caso. Observé sus dedos tamborilear sobre los míos, detallando cada línea y plano de sus manos, la forma en que las mangas de su jersey de cuello vuelto abrazaban sus muñecas, y recordando cómo se veía sin dicho jersey, me hizo pensar distraídamente que quizá tenía preferencia por algún deporte. Mi mente no era fácil de detener cuando divagaba, por lo que no tuve tiempo de reprenderme por ese tipo de pensamientos, ocupada ya en intentar recordar si alguna vez le había oído decir algo de deporte, o si, siquiera, le había visto con ropa que no fuera de trabajo o casual. En la mansión von Karma había una sala destinada a satisfacer necesidades básicas para un deportista, pero realmente nunca había recibido demasiado uso. Yo visitaba el pequeño gimnasio una vez al día durante apenas algunos minutos, con el único propósito de correr en la cinta y practicar mi puntería con el látigo. Después de eso empezaba mi día de trabajo, por lo que era raro verme en ropa de deporte. Quizá Miles hacía lo mismo. O quizá no le gustaba el deporte. ¿Qué hacía en su tiempo libre? ¿Seguía leyendo casos viejos? Tal vez jugaba al ajedrez. No estaba segura de cuándo había empezado a interesarse por dicho juego. Siempre había sabido jugar, pero yo nunca le había visto hacerlo desde que me enseñó a mí cómo hacerlo. Y, sin embargo, tenía un tablero en su oficina, lo cual señalaba que seguía siendo una de sus aficiones. Chasqueé la lengua, molesta ante la inmensa cantidad de interrogantes que podría plantearle, cosas que Ziska podría nombrar acerca de Miley sin dudarlo, pero que, tras todos estos años, yo no podría siquiera adivinar. Qué... frustrante, podía resultar.
Los dedos se cerraron en torno a mi mano suavemente, pero no levanté la vista de ellos.
- ¿Va todo bien? - asentí -
- Dime, Miles Edgeworth... - él esperó en silencio durante el breve instante que me llevó ordenar mis pensamientos - ¿Por qué la mayoría de tus trajes son magentas? Recuerdo que de niños tu color favorito era el azul marino oscuro.
- No quería que pensaran en mí como von Karma junior si me vestía del mismo color que tu padre, y al mismo tiempo, él me habría matado si se me ocurría vestirme de forma más discreta. Con el tiempo he aprendido a apreciar este... look, digamos.
No me estaba esperando esa respuesta. Cuando finalmente levanté la vista, incluso sus ojos sonreían, no con ironía o con la emoción de un desafío, sino con calidez, con una emoción agradable que me llenó de un calor súbito e impredecible, y supe que me había ruborizado. Él no hizo ninguna mención a ello, y le presenté una nueva pregunta antes de que se le ocurriera comentarlo.
- ¿Significa eso que tu color favorito actualmente es el magenta?
- No. Es el azul hielo. - la mano que tenía sobre la mía se movió, hasta tocar la punta de mi nariz con un dedo, y entendí exactamente a qué tonalidad de azul se estaba refiriendo al ver sus ojos centrados en los míos -
Su dedo se deslizó por mi mejilla, y su pulgar rozó mis labios, y por un breve instante me planteé apartarle de un manotazo, pero él mismo retiró la mano tras unos segundos, de forma que no pude hacerlo. Por un momento, ninguno dijimos nada, y antes de que pudiera preguntar más, él me interrumpió con una pregunta de su propia cosecha:
- Recuerdo que de niña, tu padre nunca te permitió usar pantalones... ¿Cuándo comenzaste a hacerlo? - parpadeé. Había olvidado eso... -
- Cuando dejaste Alemania, y él se fue contigo, decidí que me vestiría como yo quisiera mientras él no me viera. Como empezó a pasar más tiempo contigo que conmigo, nunca lo supo - asintió -
- Sin embargo, sigues usando vestidos como ropa de trabajo, incluso ahora que él ya no está - me encogí de hombros -
- No me disgustan los vestidos. Llevar falda no me hace menos profesional, pero sí me hace ver más linda - arqueó las cejas y esbocé una sonrisa - Esté o no esté mi padre, me gusta ver perfecta. Esa es la reputación de un von Karma, independientemente de los crímenes que cometiera mi padre para mantenerla. - repentinamente, su mano elevó mi barbilla para besarme, y traté de empujarle un poco, sin demasiada fuerza. Cuando se alejó, hice una mueca, no del todo en contra del contacto físico, pero sí algo incómoda. Seguíamos en medio de la cubierta, al fin y al cabo - ¿A qué ha venido eso?
- Hm... - mantuvo sus ojos cerrados - No estoy del todo seguro. Pero me alegra ver que conoces tu propio camino, distinto al de tu padre y al mismo tiempo, tan similar. Es como si... como si fueras distinta, pero a la vez la misma, y cada cosa que descubro de ti sólo me hace ver que cada vez me enamoro más, o quizá siempre estuve enamorado y no lo supe... - me noté ruborizar más y más con cada palabra que salía de sus labios, pero le dejé hablar. Suspiré cuando calló -
- En verdad nada es igual a como era antes, ¿no es así? Así se supone que debe ser... - él emitió un murmullo afirmativo, finalmente abriendo los ojos para mirarme -
- Así se supone que debe ser... - no dijo nada más, pero supe que tenía algo en mente. Esperé, pero no dijo nada si es que llegó a alguna conclusión -
Poco después aparecieron los niños, peleándose porque Miley había rechazado tajantemente explorar adónde llevaba el ascensor, de forma que me ofrecí yo a acompañar a mi curiosa versión en miniatura. Cuando volvimos, ambos Miles obervaban la puesta de sol, y nos situamos a sus lados para acompañarles. No éramos los únicos. el resto de pasajeros también miraba a su alrededor, ensimismados, cada uno con sus cosas.
Cuando el sol se ocultó del todo, las luces del barco se encendieron, y la gente comenzó a hablar en susurros entre sí, creando una atmósfera agradable a pesar del frío de la brisa marina.
Comenzamos nuestro camino hacia el comedor, en el piso superior. Era una habitación bastante grande, llena de mesas y sillas fijas al suelo, y decorada cálidamente en tonos rojos y dorados. Algunos adornos navideños coronaban la estancia, que empezaba a llenarse lentamente. Un camarero nos atendió, sonriendo a los niños de forma amable.
Las comidas con los niños se habían convertido poco a poco en un momento realmente agradable. Normalmente, no tenían preguntas acerca de lo que sería su futuro, por lo que nos ahorrábamos explicaciones. En las escasas ocasiones en las que habían preguntado por Papa, habíamos conseguido evitar la pregunta con relativa facilidad. Por otra parte, sabedores de que las comidas en casa, con Papa, eran tan silenciosas como incómodas, permitíamos que los niños hablaran con libertad. Aunque al principio había sido un poco vergonzoso vernos actuar de forma tan infantil, cada vez era más familiar, e incluso conseguían hacernos reír con sus ocurrencias.
Tras el postre, el camarero nos informó de los horarios del salón de bailes, que se usaba también como sala de entretenimiento durante el día. Ziska, más emocionada de o que ninguno esperábamos, quiso, según sus propias palabras, "dar un uso por fin a tanto vestido", y nos acercamos al salón de baile, donde algunas parejas habían empezado ya a acercaarse a la pista y bailaban al ritmo de una pieza de jazz. Miles me sorprendió al ofrecerle a Miley una mano y dejar que el niño le arrastrase con él. Cuando volvieron, tanto Ziska como yo quisimos saber qué había sido eso, a lo que nos dijeron, que era una afición de su padre y sus colegas. Por no ser menos, fue Ziska quien tiró de mí para bailar una pieza de vals que comenzó a sonar después. Miles y Miley discutían algo cuando regresamos, y Miley tiró de Franziska, con determinación, empezando a decirle algo en alemán y tono conspiratorio, haciendo sonreír a Miles y ruborizar a la niña.
- ¿Qué le pasa? - les observé bailar, siguiendo el ritmo, pero de forma casi descoordinada, debido a sus diferencias de altura -
- Hm... Creo que tiene un plan para algo... Aún no estoy seguro.
- ¿Un plan? - se encogió de hombros, siguiéndoles con la mirada -
- Probablemente... algo como lo del muérdago que montaron Maya, Pearl y Trucy.
Asentí. Tendría sentido, aunque me sorprendía un poco viniendo de Miley. Me pregunté distraídamente qué tendría en mente, y si debería preocuparme. Aún no les habíamos explicado lo que realmente habíamos averiguado en la última sesión con las sacerdotisas, en parte porque no terminábamos de comprenderlo nosotros mismos y, en parte, porque no sabíamos cómo explicarles qué estaba pasando sin darles demasiados detalles del futuro. Si les decíamos que teníamos que igualar nuestros sentimientos a los suyos, si les decíamos que ahora era Miles quien estaba enamorado de mí, y no yo, ¿qué reacción obtendríamos?
No tuve tiempo de pensar en ello, ya que la canción terminó, pasando a ser un vals clásico, y los niños se acercaron con paso decidido. Ziska se dirigió directamente hacia mí, y pude ver en su mirada que su plan era perfecto. Ladeé la cabeza, con curiosidad, casi, preguntándome en qué momento de mi vida mi convicción había sido mayor: si de niña, o ahora. ¿Sería capaz de convencerme?
- ¿Verdad que cuando sea mayor podré bailar un baile romántico con Miley y ser correspondida? - Miley a su lado dejó los ojos en blanco, y tuve que sonreír - ¿Verdad?
Fue Miles quien le contestó, adelantándose un paso y extendiendo una mano hacia mí. También sonreía. La tomé con gracia, asintiendo.
- Claro que sí, Ziska - contesté, y mi voz sonó cálida, amable, un tono de voz que mucha gente no sería capaz de imaginar en mí -
Miles y yo habíamos bailado en numerosas ocasiones, en eventos, en clases... Pero nunca en una situación como esta. Al ir creciendo, los bailes fueron quedando relegados, recuerdos ocultos por la vergüenza y la desilusión de un amor no correspondido. Tomar su mano, posar la otra sobre su hombro, y ceder al ritmo que la música le pedía al cuerpo, fue una experiencia electrizante, y no me atreví a levantar la mirada de nuestras manos, al menos no al principio, no hasta que las elevó para poder hacerme girar, y no me quedó otra opción. Cuando mis ojos alcanzaron su rostro, pude notar que sus mejillas portaban un tono carmín, probablemente similar a las mías. No pude evitar esbozar una tímida sonrisa que él devolvió.
Fue fácil entrar en la música, y lo hicimos con una sincronización que nos era casi desconocida. Pronto, el silencio que antaño hubiera sido necesario para concentrarnos en el ritmo, dio paso a la necesidad de palabras, y fue Miles quien cedió primero.
- No esperaba que aceptases cuando estaba claro que era todo parte de su plan - les miré de reojo. Miley parecía satisfecho, y algo avergonzado, pero Ziska se veía tan feliz... Suspiré -
- Miley no lo sabe, probablemente, pero esto... - estreché su mano un poco - Vernos a nosotros así significa mucho para Ziska, eso lo sé de sobra - él pareció aceptarlo sin más -
- Entiendo. Él... - ladeó un poco la cabeza - Diría que se está acostumbrando a la idea. No creo que esté realmente preocupado por el significado de todo esto.
- ¿No te preocupaba el futuro? - se encogió de hombros, por poco desbaratando nuestro ritmo -
- No particularmente. A su edad, aún era difícil pensar en qué ocurriría cuando creciera. La pérdida de mi padre aún era muy reciente, y era muy pequeño para pensar en el futuro.
- Entiendo... - me sonrió con calidez -
- Te quiero, Franziska von Karma - murmuró, y trastabillé, pero me sostuvo, manteniendo el ritmo al mismo tiempo, sonriendo de nuevo -
- T-tú... - noté que me ruborizaba furiosamente, al tiempo que la canción terminaba - Serás zalamero - se rió -
- Hm, al contrario, creo que era la situación ideal para decirlo.
Regresamos junto a los niños, donde nadie mencionó nada. Ellos aún insistieron en bailar un poco más, y conforme fueron llegando nuevos pasajeros, el tono de las canciones se hizo más rápido, más alegre, y llegó un momento en el que todos estábamos bailando. Pero no duró demasiado. Franziska fue la primera, pero al verla, Miley le hizo eco, ambos con sendos bostezos, señalando la hora perfecta para convencerles de irse a dormir. Miles llevó a la pequeña en brazos, y Miley se cogió de su mano, y así todos bajamos a nuestro camarote. Siempre era tierno verles dormir, y cuando Miley accidentalmente llamó a Miles "papá", fue absolutamente devastador de lo lindo que me pareció. Y, aunque sabía que debería haberme preocupado, cuando Miles le revolvió el pelo entre risas amables, no pude evitar sonreír sin pensar.
Franziska's POV
Era pronto para nosotros, de forma que volvimos a salir a la cubierta para respirar aire fresco. No llovía, pero el frío se colaba bajo los abrigos, de forma que acabamos acurrucados en una esquina poco bulliciosa del salón, aún con gente, aunque ya más calmado. Pedimos un té, y nos sentamos en uno de los pocos sillones libres, cerca de una pared, observando al resto de pasajeros, en silencio. El ambiente era cálido en la habitación, pero el aire nocturno empezaba a disuadir a la gente, creando una sensación de intimidad a medida que las conversaciones se entremezclaban entre susurros y murmurllos.
- ¿Franziska...? - levanté la mirada para encontrarme con la suya, pero no dijo anda más -
- ¿Qué pasa? - inquirí. Él se encogió de hombros un poco, incómodo -
- No sé. Quería romper el silencio - asentí -
- ¿Por qué no me cuentas algún caso que hayas llevado últimamente? - eso pareció sorprenderle - Como antes - sonreí levemente, y él también -
- Bien, si eso es lo que quieres...
Dejó su taza, ahora vacía, sobre la mesilla a nuestro lado, cerca de la tetera, y me rodeó con los brazos, cambiando nuestras posturas para sentarme sobre su regazo y poder abrazarme cómodamente. Sus labios quedaron a la altura de mis oídos, tan cerca que podía sentir su roce en mi pelo cuando hablaba. Me estremecí cuando comenzó su relato.
Mentiría, si dijera que su cercanía no me distrajo más de una vez esa noche, y tampoco sería cierto afirmar que me disgustó.
Y... hasta aquí, por ahora D
Disfruten del fluff y de un poquito más de la trama. Al parecer nuestros queridos fiscales van poco a poco haciéndose a la idea de sus nuevos y recientemente descubiertos sentimientos... ¿será suficiente para devolver a los críos a su época? Con un poco de suerte se verá en el siguiente capi, si no se me alarga aún más (?)
Besoooooos queridos lectores
~Lena Lawlipop
