¿Podéis creerlo? ¡¿El último capítulo ya está escrito?!

Parece mentira! Me ha tomado muchísimo más tiempo del que debería, pero en fin, aquí tenéis el úlitmo capítulo. Quiero escribir un epílogo, que espero que no sea demasiado largo, y como ahora ando de vacaciones creo que podré subirlo pronto.

Por lo pronto, disfruten de este capítulo final

Saludos!


Capítulo 9: Bien está lo que bien acaba


Miles' POV

Me desperté desorientado. No sabía cuánto tiempo había dormido, pero cuando miré a mi alrededor, encontré que seguía en el salón. Franziska dormitaba también, y los niños discutían por un juego de cartas. Cuando me reacomodé en el sofá, Franziska abrió los ojos. Me sonrió en silencio.

- ¿Hm? – su tono de voz era curioso, pero también perezoso. No era algo habitual en ella. Sonreí más ampliamente –

- Ahora vengo – murmuré en voz baja. Ella se incorporó, bajando de mi regazo, y me levanté, poniéndome de pie –

- ¿Adónde vas?

- Quiero buscar una cosa en el desván – fruncí el ceño – Aunque aún no sé qué es.

- ¿Qué narices…? – me encogí de hombros –

- Un presentimiento, una corazonada, no lo sé.

- Bueno…

No dijo nada cuando me fui, simplemente se volvió a recostar en el sofá, observando a los niños sin expresión en el rostro. Me habría gustado detenerme a preguntarle en qué estaba pensando, pero quería poner mis propios pensamientos en orden primero.

Decir que había sido una revelación era poco exacto. Lo que rondaba mi cabeza desde el día anterior era algo que había sabido desde niño. Nunca le había dedicado especial atención, era una idea bastante obvia. Más adelante, tras separarnos durante tanto tiempo, casi lo había olvidado. No podía evitar pensar que, en cierto modo, el accidente había sido la gota que colmó el vaso, me había hecho tomar una decisión.

Estaba enamorado de Franziska von Karma, y no estaba dispuesto a dejar que saliera de mi vida. Nunca había sido una opción, siempre había asumido que estaríamos juntos siempre, de una forma o de otra. La distancia, el tiempo, nos habían hecho crecer, nos habían hecho cambiar, pero no nos habían separado por completo. En ningún momento había sentido que estaba a punto de perderla… A excepción de aquella vez.

Fruncí el ceño levemente, abriendo la puerta del desván. Olor a polvo, a cosas viejas, inundó mis sentidos, pero lo ignoré, aún dando vueltas en la cabeza a nuestro pasado.

Cuando decidí desaparecer de la fiscalía, no me había esperado que Franziska de entre todas las personas fuera a Estados Unidos a buscarme. Sabía que no era de las que se conformaban con explicaciones vagas, pero de ahí a aparecer en Estados Unidos, desobedeciendo a su padre… Cierto era que el hombre estaba en la cárcel, y que ella era ya mayor de edad, pero recordaba bien el terror que solía inspirar en ella cuando era pequeña. Me había sorprendido, y halagado, pero incluso entonces, no había sido suficiente para hacerme ver mis sentimientos… ¿Cuándo, entonces, había sido? ¿Cuándo me había enamorado de ella?

Tal vez durante los casos en los que trabajamos juntos tras su traslado a Estados Unidos. Tal vez durante los casos en los que me ayudó desde su posición en la Interpol. Tal vez, me dije, durante el tiempo en el que habíamos vuelto a vivir juntos en la mansión.

Cuando ella había vuelto a Alemania, no había tenido noticias de ella hasta que una de las sirvientas me llamó para pedirme de favor que hablara con Franziska acerca de alguna de sus muchas terquedades. Poco después, me encontraba volando de camino a lo que ya prácticamente consideraba mi hogar. Como discípulo de Manfred, tenía permiso de residir allí, y las quejas iniciales de Franziska no me amedrentaron. Después, se acostumbró a mi presencia y la rutina nos había atrapado a ambos. Verla en las mañanas a la hora de desayunar, ayudarnos mutuamente con casos, simplemente sentir su presencia en la casa… Probablemente era en estos días en que mis sentimientos habían por fin aflorado, y la aparición de los niños no había sido sino un detonador que los había traído al frente de mis pensamientos conscientes.

Aún tras finalmente actuar de acuerdo a dichos sentimientos, tras hablar con ella… incluso la ansiedad de no saber realmente lo que ella sentía, no había hecho que sintiera miedo alguno a perderla, o al menos, no como el accidente en el crucero me había hecho sentir. El miedo a morir yo mismo había estado presente, pero el miedo a perderla… Había sido demasiado para mí, y ahora lo sabía, sabía lo que tenía que hacer.

Pero, me dije mientras rebuscaba entre cajas de ropa, de zapatos, incluso de juegos de vajillas que tenían pinta de ser caros y delicados, aunque ella hubiera dicho que me amaba entonces, eso no era lo que yo quería. Una declaración de amor tras una experiencia como esa no era demasiado fiable. No porque creyera que Franziska era el tipo de persona que confundiría amor con gratitud, sino porque quería que fuera ella quien decidiera cuándo decírmelo, y no su cerebro bajo los efectos del pánico, el alivio, la gratitud, la hipotermia, y que un psicólogo siguiera con la lista. Me estremecí involuntariamente sólo de recordar cómo yo me había sentido. No quería ni pensar en cómo se había sentido ella, atascada en la escalera bajo el agua, casi a oscuras, quedándose rápidamente sin aire…

Sacudí la cabeza, y seguí buscando. Tenía que estar en algún sitio por aquí…

En cualquier caso, aunque lo encontrara, tampoco podía simplemente pedírselo tal cual. Era demasiado pronto. Ni siquiera se me ocurrían las palabras que decir, ni el tipo de situación que…

Probablemente pasaría mucho tiempo hasta que reuniera el valor para decírselo, admití para mí mismo, al tiempo que abría otra caja vieja y llena de polvo. No estaba siquiera seguro de que buscar esto ahora fuera una buena idea.

Y sin embargo, mientras pensaba esto, mis dedos toparon con la caja desgastada, envuelta en tela de satén rojo que se deslizó bajo mis yemas sin reparo alguno cuando la aparté y abrí la pequeña caja.

El anillo relució bajo la escasa luz de la habitación, y me senté encima de una maleta para sopesar mis opciones. Habiéndolo encontrado, no me quedaba más opción que ordenar tanto mis pensamientos como mis emociones, y esta era una encrucijada que no iba a ser capaz de resolver únicamente con fría lógica.


Franziska's POV

Miles se ve pensativo cuando abandona el salón, y aunque los niños no parecen percatarse de ello, he pasado suficiente tiempo a su lado como para darme cuenta de que hay algo que le ronda la cabeza desde la noche del accidente.

Tras su pasado con los ascensores y la falta de aire, me había sorprendido gratamente ver que no había relacionado los dos incidentes, al menos, no aún. Algo plagaba su mente lo suficiente como para distraerle de los recovecos más oscuros de su pasado, de sus miedos, y fuera lo que fuera, yo lo agradecía. Miles no se merecía sufrir más por algo que pasó hace ya tantos años…

Todo por culpa de mi padre.

Miles había intentado preguntarme en incontables ocasiones acerca de mis pensamientos sobre el tema. Aunque le había asegurado que nunca haría lo mismo que mi padre bajo ninguna circunstancia, y aunque sabía que él me creía, lo cierto es que ninguno de los dos sabíamos muy bien cómo asimilar la información. De una forma o de otra, ambos habíamos confiado en quien creíamos conocer como Manfred von Karma. Teniendo en cuenta que sólo habíamos llegado a conocer su máscara más externa, ¿cómo debíamos sentirnos al respecto? Ni él ni yo lo teníamos claro.

Mi padre había sido una gran influencia para ambos, y tras su muerte, ambos habíamos tenido que reconsiderar nuestra visión del mundo. Miles lo había conseguido fingiendo estar muerto y apartándose de la fiscalía por un tiempo, y tenía que reconocer que ese acercamiento, aunque probablemente efectivo, parecía excesivamente dramático. La noticia me había asustado entonces, podía recordar perfectamente cómo en apenas unas pocas horas me las arreglé para encontrar la forma de viajar hasta allí y buscarle por cielo, mar y tierra si hacía falta. Cuando ocurrió yo aún era menor de edad y las restricciones de mi padre estaban vigentes. Había pasado meses investigando en Alemania, sin apenas éxito. No había dejado mi oficio, pero día y noche, la posibilidad de haber perdido a Miles plagaba mis pensamientos. Cuando llegué a Estados Unidos fue una liberación. Mi fama y mi apellido me precedían, y aunque no encontré muchas caras amigables, tampoco encontré trabas para llevar a cabo mi investigación. Cuando Miles regresó, yo aún estaba haciendo preguntas, buscando pistas entre caso y caso. Había achacado mi suerte en los tribunales a esa distracción, pero cuando no cambió tras su regreso, ambos habíamos tenido una discusión al respecto, que había finalizado conmigo volviendo a casa para reconsiderar mis opciones, al igual que había hecho él.

Durante semanas fui incapaz de desentrañar mis emociones. Estaba enfadada, herida tanto en mi orgullo como en la confianza que creía que podía depositar en Miles, pero por encima de todo, estaba asustada. Siempre había obedecido las normas establecidas por mi padre sin dejar lugar a dudas. Ahora que sabía que mi padre era un asesino, no podía obedecerle más, ni aunque quisiera. Tenía que elegir cómo orientar mi vida profesional y personal sin la guía de nadie por primera vez en mi vida, y aunque nunca lo admití ante nadie, en ese momento fue cuando por fin aprecié el verdadero significado de ser un prodigio. ¿Acaso habían olvidado todos que sólo tenía 18 años? No era una niña, pero esta era una situación completamente ajena para mí. Aunque me rehusé a dejar la fiscalía, en parte gracias al consejo de Miles en el aeropuerto y en parte por pura terquedad, era consciente de que tenía que replantearme ciertas cosas.

Con cierta reticencia y ayudada únicamente por el paso lento pero inexorable del tiempo, acabé por comprender los métodos de Miles, y aunque no los adopté en un principio, me encontré cada vez más preocupada por la verdad y menos por el veredicto del juez.

Había dejado atrás los métodos de mi padre en mi trabajo, pero no llegué a desprenderme de sus doctrinas, su rigidez, su orden en mi vida personal. No le había dado importancia, en parte porque mi vida privada era escasa, por simple falta de tiempo, y en parte porque la idea de desprenderme de mi personalidad me aterrorizaba. Había dejado de lado esos pensamientos, y no los había vuelto a visitar hasta… hasta que los niños llegaron, supuse.

Entreabrí los ojos desde el sofá para observarles, aún inmersa en mis pensamientos. Después de todo lo que habíamos pasado juntos, si Miles decía que me amaba, no podía a buena fe no creerle. Le había prometido una respuesta, se la debía, y tras el… lo del barco, sentía que era el momento preciso para reordenar mi vida. A menudo, los grandes cambios en mi vida habían sido condicionados por algún cambio o evento importante. Este podía ser otro de esos momentos, y, en vista de la situación, no quería desperdiciarlo.

¿Estaba lista para dejar atrás mi máscara de perfección y superioridad? Sí, creía que sí. Necesitaría tiempo para acostumbrarme, pero estaba bastante segura de poder hacerlo. Los niños, verme a su cargo, ya habían ayudado con el primer paso. Miles probablemente no dudaría en tomar mi mano y guiarme en el resto del camino.

Tomé aire profundamente. Esto no era un interruptor on/off. Era una decisión, era un propósito, una meta. Una visión de futuro, desde la cual podía por fin afirmar que…

… que yo aún le amaba. Que le necesitaba a mi lado. Que quería una vida junto a él.


Miles' POV

Cuando regresé al salón tras esconder la cajita en la chaqueta del perchero, encontré a Franziska aún dormitando en el sofá. Los niños me llamaron para un juego de cartas entre tres, y estaba a punto de aceptar cuando nos avisaron de que la comida estaba lista.

Una mano pequeña sostuvo la mía entonces, y cuando vi que era Franziska, mi corazón dejó de latir por un instante, e inmediatamente después me sentí ruborizar levemente, pero ella se limitó a caminar a mi lado hasta el comedor mientras sus dedos se entrelazaban con los míos, llevando mis sentimientos al límite. No me atreví a preguntarle qué estaba pensando, y ella me soltó al llegar al comedor. Rió entre dientes cuando saqué su silla para ella.

- Voy a llamar a Violet después de comer – comentó con tono calmado –

- ¿Le vas a contar…?

- Sí, creo que sí. Pero no por teléfono, se preocuparía.

La comida transcurrió con tranquilidad. Si no lo supiera, no habría sido capaz de imaginar que Franziska había pasado por una situación tan traumática apenas un día atrás. Comía y bebía normalmente, hablaba con los niños normalmente, y aunque sabía que había algo fuera de sitio, un detalle que se me escapaba, me vi incapaz de ponerle nombre.

Había algo en sus pensamientos, decidí mientras ella hablaba con Violet por teléfono. Algo que la preocupaba, y que la distraía. Me habría sorprendido más si no fuera así, pero al mismo tiempo, no pude evitar preguntarme si ese algo tendría... bueno, conexión conmigo. Desde la última sesión con Bikini y Misty, ambos habíamos tenido mucho en qué pensar. La idea de tomarnos unas vacaciones para pensarlo con calma nos había parecido buena, pero, claro estaba, a quien estuviera manipulando nuestro destino no le había gustado un pelo. Eso de que casi nos tragara el mar era suficiente como señal divina para mí, incluso cuando yo no creía en poderes sobrenaturales. O al menos, quería no creer en cosas de esas, incluso a pesar de tener pruebas tangibles de su existencia. Me gustaba mi lógica.

Había una niebla espesa cuando salimos hacia la casa de Violet, una niebla blanca como la nieve que caía silenciosamente sobre nuestras cabezas. Me aseguré de que las cadenas del coche estuvieran puestas antes de abrirlo, pero aún así, el trayecto me mantuvo en tensión. No sabía qué tal soportaríamos otro accidente, y no podía permitirme dejar las cosas a manos del azar porque, claro estaba, no se pondría de nuestra parte.

Cuando llegamos a casa de Violet, ella nos esperaba mirando desde una ventana. Al entrar, saludó efusivamente a los niños y nos abrazó a Feanziska y a mí. Sonrió, haciéndonos pasar al salón donde la última vez había leído las cartas a Franziska. Nos sentamos, y ella nos ofreció té, iniciando ella misma la conversación:

- ¿Qué ha ocurrido? No os esperaba de vuelta hasta dentro de algún tiempo aún. ¿No habíais decidido ir de crucero? - Franziska y yo intercambiamos una mirada, y luego ella misma tomó la palabra, relatando lo sucedido -

Tal y como había predicho Franziska, Violet se asustó. Nos llevó unos cuantos minutos asegurarle que todo estaba bien, y aún así, cuando se calmó aún parecía preocupada. Cuando Franziska terminó su relato, le tomé el relevo para contarle acerca de nuestras ideas sobre lo que nos habían dicho las sacerdotisas. Eso le hizo pensar, y por un instante, el único ruido en la habitación fue el de los niños jugando con un mazo de cartas que Violet les había prestado. Luego, Violet suspiró.

- No estoy muy segura de cuál será la razón por la que estén aquí, pero no termino de estar de acuerdo con la conclusión de las sacerdotisas - Franziska ladeó la cabeza - Dijeron que intentárais volver a vuestros antiguos sentimientos... Yo no creo que eso sea una razón de suficiente peso como para traer a estos dos niños al futuro. Ahora mismo, su situación es difícil. No puedo hablar por ti, Miles, pero conozco a Franziska desde que era un bebé. Estaba sola, incomprendida, y canalizaba toda su necesidad afectiva hacia ti. Recuperar eso, en primer lugar, no me parece posible y, en segundo lugar, me parece peligroso.

- Fingiré que no te he oído, sigue hablando - farfulló Franziska entre dientes, claramente avergonzada pero de acuerdo, lo cual hizo sonreír a Violet -

- Creo que sabiendo lo que sé ahora mismo... Lo más probable es que estos niños hayan venido para evitar que os perdiérais el uno al otro completamente.

- Nadie estaba perdiendo a nadie antes de que aparecieran...

- ¿Estás segura? Sí, estábais viviendo juntos, pero habíais pasado mucho tiempo separados, mucho tiempo sin confiar plenamente en el otro como hacíais antes... Y la aparición de estos niños ha mejorado vuestra situación, ¿no es así?

- ¿Por qué sería algo tan importante como para que ellos vinieran?

- No cuestiones al destino, Franziska. Es una fuerza poderosa.

- Tienes que estar tomándome el pelo.

- ¿Has pensado en aquella lectura de cartas, Franziska? - la interrumpió Violet -

- ¿La que hiciste la última vez que vine?

- La misma.

- Ha pasado por mi mente - admitió - Miles la mencionó hace poco - Violet asintió -

- Podría ser una coincidencia. O podría ser el destino. Al fin y al cabo, acerté. Te enamoraste, has hecho un viaje, y respecto a qué decisiones tomarás, yo diría que teniendo en cuenta que en el barco casi os... - sacudió la cabeza - Asumo que esa no fue la mejor decisión que has tomado. Y sin embargo, te veo feliz, y eso me dice que has decidido algo bueno últimamente - esbozó una sonrisa llena de picardía que sacó un sonrojo a Franziska, y me abstuve de preguntar qué sabía Violet que yo no - Y respecto a la última carta... Supongo que aún es pronto para decirlo, ¿eh?

- Sigo convencida de que te lo inventaste - masculló, pero no lo decía en serio. Violet se rió -

Hubo un breve silencio, en el que Miley levantó la cabeza.

- ¿Estáis hablando de cartas? - inquirió, recordándonos a todos que mi alemán de niño había sido algo pobre. Violet asintió con una sonrisa - ¿Sabes lo que significan estas cartas? - sacó su nueva agenda, y de entre las páginas, extrajo las dos cartas que nos había obsequiado Phoenix. Violet ladeó la cabeza y las tomó -

- Un as de picas - enunció, hablando despacio para que Miley pudiera seguir la explicación - Es una carta peligrosa. Habla de incertidumbre, de cambios en tu camino, de comienzos de cero. Y tu as de corazones es una carta gentil. Habla de sentimientos por fin liberados, de amor y pasión. Es una carta de buena suerte. Diría que eres afortunado de tener ambas, hacen una combinación con un futuro prometedor - se las devolvió -

- G-gracias - murmuró el niño, comenzando a ruborizarse casi tanto como Franziska y yo. Violet nos miró a todos de hito en hito -

- ¿Qué pasa?

- Phoenix les dio estas cartas - aportó Miley, dejándolas en la mesilla del café, en una esquina. Violet se echó a reír -

- ¿Wright? ¿El abogado?

- Campeón de póker también - suspiré - Es un tipo... excéntrico.

- Excéntrico y melodramático - añadió Franziska. Asentí -

- Sus cartas os van como anillo al dedo - comentó Violet, divertida - Creo que me cae bien, ese tal Phoenix Wright.

- De hecho, Violet... - la voz de Franziska tenía un tono extraño en ella, casi tímido - Hay algo que quería preguntarte a solas. Miles, ¿podrías...?

- Sin problemas - me levanté, llamando a los niños - Te esperaremos en el coche - ella asintió -

- No tardaré mucho.

Violet se levantó también para darnos un cálido abrazo. Sonreí. Violet había sido amiga de Franziska por tantos años ya que eran prácticamente hermanas. Era algo menor que yo, pero mayor que Franziska, y siempre nos habíamos llevado bien. Al igual que aquella vez antes de que partiéramos hacia Estados Unidos, se puso de puntillas para susurrarme al oído:

- Te deseo mucha suerte, Miles. Franziska no es fácil de conquistar - me reí, y ella también, y esta vez añadió - Aunque algo me dice que ya has tenido mucha suerte.

- ¡Eh! - se quejó Franziska entonces - ¡Dejad de cuchichear! - Violet se rió una vez más, mientras que un latigazo impactaba en mi brazo, y me limité a apartarme antes de que le siguieran más -

- Tranquila, mujer. Tranquila. Hasta pronto, Miles - asentí, tomando a Ziska en brazos y partiendo en dirección al coche. Miley me siguió -

Tomó a Ziska de mis brazos para que yo pudiera abrir el coche con facilidad, y se sentó en el asiento trasero con ella, que parecía adormilada tras el té caliente, y una tarde de juegos. Miley estaba pensativo y, observándole a través del espejo retrovisor, me di cuenta de que no sabía qué estaba pensando.

- Miley - me miró - ¿Todo bien? - él desvió la mirada -

- No quiero que resolváis este caso - murmuró, tomándome por sorpresa - No quiero volver a mi época. No quiero volver con el Sr. von Karma. No quiero que me dejes solo - 'otra vez' resonó en mi mente, palabras que él no había dicho pero que yo sabía que las pensaba. No era un recuerdo, ni una voz. Simplemente una certeza. Bajé la vista -

- No vas a estar solo - acabé por decir - Fíjate bien. Tienes a Ziska contigo - él bufó -

- Sí. De mucha ayuda va a ser otra von Karma. Claro.

- Ya sé que no está nada claro para ti ahora mismo, pero créeme, las cosas mejoran con el tiempo. Franziska siempre estará ahí para ti cuando la necesites. - no intenté mentirle diciéndole que él haría lo mismo por ella, pero él no pareció notar la falta de reciprocidad en mis palabras y preferí no interferir con el pasado -

- No termino de ver cómo una niña pequeña me va a ser de mucha ayuda, pero si tú lo dices...

- Franziska no será una niña para siempre - le recordé. Él se encogió de hombros -

- Me da un poco de miedo saber la respuesta, pero... - me giré para verle de frente. No me miró a los ojos al decirlo, y a pesar de la escasa luminosidad por la niebla y el atardecer, supe que se había ruborizado - ¿De verdad... de verdad tú... yo... y ella?

- ¿Recuerdas esto? - le pregunté en vez de contestarle directamente, sacando la cajita de mi chaqueta y dándosela. Con cuidado de no despertar a Franziska, la abrió, y sonrió. Asintió - Lo he sacado esta mañana del desván. Creo... no sé cuándo lo haré. Puede que sea pronto o puede que dentro de mucho. Pero creo que...

- ¿Vas a hacerlo? ¿Vas a pedírselo con el anillo de compromiso de mamá? - su voz era apenas un murmullo, pero no era un juicio, sólo una pregunta. Parecía estar asimilándolo - Huh. El Sr. von Karma no va a estar contento... - me eché a reír -

- No pienses en eso ahora - le distraje, recuperando el anillo y guardándolo de nuevo a buen recaudo -

- Entiendo. Ella... es importante, entonces.

- Franziska von Karma es una persona muy especial. Cuídala - él asintió con seriedad, y le sonreí - No estás sólo, Miles. Vas a estar bien. Todo va a estar bien. Puede que tarde un poco, pero todo se arreglará.

No me contestó, pero supe que me había entendido cando se sentó mejor en su asiento, acunando a Franziska casi con ternura.


Franziska's POV

- Así que por fin te has decidido - las palabras de Violet no eran una pregunta, sino una afirmación, y parecía muy convencida de que tenía razón. Me crucé de brazos. -

- Lo dices como si te pareciera fácil.

- ¿Fácil? No. Pero las dos sabíamos que ocurriría - suspiré -

- No quería revivir estos sentimientos, ¿sabes? Ya dolió bastante la primera vez - ella asintió, comprensiva, y esbocé una sonrisa titubeante -

- ¿Qué ha cambiado? - inquirió, siguiendo mi propio hilo de pensamiento. Me encogí de hombros -

- No pude evitarlo - esta vez fue su turno de sonreír, una sonrisa llena de picardía, y dejé los ojos en blanco - No me refería a eso.

- Va todo junto - le restó importancia - Continúa.

- Bueno, ya sabes la mayor parte. Han pasado muchas cosas en estos últimos días... creo que es una oportunidad. Del destino, si quieres verlo así.

- Y vas a tomarla - asentí -

- No sé adónde va a llevarme, pero creo que es lo correcto.

- ¿Se siente como si fuera lo correcto? - parpadeé - Ya sé que no te guías mucho por tus instintos o tus sentimientos, pero haz un esfuerzo. ¿Se siente bien?

- ¿S-supongo? Es la opción que duele menos - ella asintió, aparentemente satisfecha consigo misma -

- Entonces yo digo que tomes el toro por los cuernos y se lo digas cuanto antes. ¿Sabe él que desde pequeña...?

- Como te he dicho, han pasado muchas cosas. Claro que lo sabe, recuerda que tuvimos que hablarlo con...

- No me refiero a eso. Claro que sabe que estabas enamorada de él, sólo hace falta ver a esa niña. Me refiero a que si sabe exactamente cómo te sentías, y con eso me refiero a cuánto daño te hizo al marcharse.

- Se marchó porque tuvo que hacerlo. No se lo puedo reprochar.

- No se lo puedes reprochar, pero se merece saberlo. En mi opinión, al menos. ¿Habéis hablado de eso?

- Quizá, de lejos... Puede que alguna vez saliera el tema, pero...

- Creo que debería saberlo, pero es decisión tuya, Franziska.

Asentí. Había aprendido a escuchar los consejos de Violet, aunque luego no siempre le hiciera caso. Se hizo un silencio, y viendo su expresión pensativa, no la interrumpí. Finalmente, se puso de pie, y me sonrió. Tenía una idea.

- ¿Podría acompañaros de vuelta a ver ese árbol?


Franziska's POV

Miley estuvo inusualmente callado en el viaje de vuelta, y aunque algo me decía que Miles tenía que haberle dicho algo para que estuviera así, no tenía ninguna prueba. Para cuando llegamos a la mansión había dejado de nevar, pero la niebla seguía siendo espesa, y era difícil ver nada. Incluso tras encender las luces desde la mansión, no se veía apenas un par de metros más allá de nuestras narices. Dimos algunos pasos por el jardín, pero no había forma de ver gran cosa. Violet suspiró.

- De acuerdo, ¿qué tal si nos separamos? - sugirió Miley de pronto. Ziska, quien aún estaba somnolienta pero se había despertado, se agarró a él con más fuerza para que no la bajara al suelo y él bufó - Bueno, ella viene conmigo.

- Yo iré con vosotros también - se ofreció Violet inmediatamente - Por si se te cansan los brazos de sostenerla.

- Cualquier cosa gritad - comenté, haciendo reír a Violet -

- Vamos a cazar árboles mágicos.

Apenas unos segundos después no se les veía tras la niebla, aunque aún podíamos oír sus pasos. Poco después, el silencio inundó el jardín de nuevo, y me giré hacia Miles para movernos también. Asintió, tomó mi mano, y echamos a andar.

Sabía lo que estaba haciendo Violet y, sinceramente, no podía culparla, pero ¿era este realmente el momento adecuado para esto...?

"Ah, sólo díselo..."

Entrelacé nuestros dedos y simplemente lo dejé caer.

- Te amo, Miles Edgeworth - él dejó de andar para mirarme, sorprendido -

- ¿S-sí? - no pude evitar reírme de él -

- Sí, eso he dicho, ¿no? - entrecerró los ojos, y soltó mi mano para cruzarse de brazos. Hice un puchero, divertida viendo su confusa reacción a mi repentino cambio de personalidad. Tras un momento, decidí darle un respiro. Esta vez con más seriedad, posé mis manos sobre sus entrecruzados antebrazos. Dejé que mi látigo colgara de mi muñeca hasta que se deslizó hasta el suelo con un golpe amortiguado por la hierba - Lo he pensado mucho. Quiero tomar esta oportunidad, la que no tuve cuando fui una niña, la que me ofreces ahora... Quiero hacerlo.

- Bien... Esto es... repentino - tuve que coincidir. Me encogí de hombros -

- Sí. Me pareció que ya que tenía una respuesta, sería mejor decírtelo cuanto antes - asintió -

- Entiendo. B-bien... podemos intentarlo, entonces.

- Un von Karma no "intenta" las cosas, Miles Edgeworth - le recordé con una sonrisa. - Las hace.

- Sí, sí... - descruzó los brazos, pasándose los dedos por el pelo y tomando una respiración honda - ¿Puedo preguntarte qué te hizo tomar esta decisión? ¿Violet, quizá?

- No... Han pasado tantas cosas estos días que supuse que si iba a replantearme mi vida... - me encogí un poco sobre mí misma, sintiendo la familiar sensación de vulnerabilidad de la que llevaba huyendo tanto tiempo haciéndome cosquillas en el cuello - Era un buen momento para esto también. Y además... bueno, ya dolió bastante cuando era pequeña. Dejarte ir, me refiero - pareció descolocarle un poco, y su expresión se volvió seria de nuevo -

- ¿Te refieres a cuando volví a Estados Unidos y tú te quedaste aquí?

- Sí.

- Esa no fue una decisión que yo pudiera cuestionar, Franziska.

- No te estoy echando la culpa, pero eso no hizo que doliera menos, y no lo puedo ignorar sin más. Dolió. Papa se fue contigo y la responsabilidad de cuidar la mansión y la reputación del apellido recayó sobre mí, una niña de trece años. Y lo hice, a la perfección, como se esperaba de mí, pero no se sentía bien, los días eran largos y aburridos, y nadie con quien pudiera hablar se tomaba la molestia de pensar en mí como una persona, como un igual. El poco contacto humano que tenía era Violet, y en esa época ella estaba empezando la universidad y no estaba cerca todo el tiempo. Me dejaste atrás. Te fuiste a un país que te acogió como al hijo pródigo, tus viejos amigos te admitieron de vuelta, lucharon por ti y te ayudaron. Y yo me quedé aquí, sola, y aún atada por las normas de mi padre, incluso cuando él no estaba aquí no me atreví a desafiarle. Estaba sola, asustada, con el corazón roto, y con una farsa disfrazada de libertad y de falso poder. Dolió, Miles. Y no fue tu culpa, pero tampoco fue la mía, y no puedes pedirme que me arriesgue a volver a eso, no de nuevo.

Se hizo un silencio. Poco a poco, yo había ido levantando la voz, y cuando dejé de hablar, de pronto el vacío del jardín, el silencio, dio paso a la ilusión de la sordera. Entonces, él suspiró, y todo volvió a la normalidad.

- Lo siento, Franziska. No lo sabía - murmuró - Sabía que había sido difícil... No pensé que...

- Ya no importa - suspiré - Pero... supuse que deberías saberlo.

- Sí. Sí, me alegro de que me lo hayas contado.

Esta vez, cuando el silencio cayó sobre nosotros, no había tensión en el ambiente. Había resignación, la sombra de un dolor pasado, aceptación, cariño, comprensión, complicidad... Había mil cosas en una, y en mi particular estado de paz tanto mental como emocional, tuve que reconocer que Miles sabía elegir un momento, ya que cuando le ví bajar a una rodilla, sus manos desapareciendo en su bolsillo brevemente antes de presentarme una cajita con un anillo, no sentí ni el más mínimo temor. Una sonrisa se extendió por mi cara, y él pareció relajado cuando las palabras fluyeron de su boca en un sencillo susurro:

- Franziska von Karma... ¿Me harías el honor de casarte conmigo? - tomé sus manos entre las mías y sólo entonces noté el breve temblor que recorría su cuerpo -

- Claro que sí.

Me abrazó con fuerza, con calidez, protector, y sentí algunas lágrimas rodar por mis mejillas. Cuando se apartó, no era la única con los ojos húmedos. Me besó con sencillez, y luego deslizó el anillo en mi dedo.

- No tiene que ser pronto... cuando estemos listos. Pero quiero prometerte que nunca más te dejaré sola, Franziska - una risa entre nerviosa y complacida se hizo paso por mi garganta -

- Tonto... eso lo sé - entrelacé mis dedos con los suyos - Cuando estemos listos, ¿huh?

- Cuando tú quieras - respondió, y supe sin necesidad de despegar la vista de mi nuevo anillo que estaba sonriendo -

- ¿Hace cuánto que tienes este anillo? - rió entre dientes -

- Esta mañana. Pero era el anillo de compromiso de mi madre. Es... tradición familiar, supongo. Si hay alguno de tu madre que te guste más, puedes usarlo... Mi familia nunca fue muy estricta con las tradiciones, pero los von Karma...

- No - le interrumpí - No metas a mi apellido entre nosotros. Me encanta este anillo, Miley - levanté la vista, y su mirada estaba llena de orgullo, tanto, que me sentí ruborizar - Me gustaría... Me gustaría poder pasar mi apellido a futuras generaciones. Pero no lo haré, y nadie más lo hará, ya que no tengo hermanos varones. Así son las cosas. No necesito mi apellido para ser feliz.

- Franziska von Karma-Edgeworth - murmuró, y ambos nos encogimos de hombros, inseguros - No sé, Ziska...

- Tendremos tiempo para pensarlo, de todas formas. Nos acostumbraremos.

- Siempre puedes cambiar de opinión...

En vez de seguir dándole vueltas, me puse de puntillas para besarle, y cuando me rodeó con los brazos, es cuando oímos aplausos. Entre la niebla, no fue hasta que Violet y los niños nos rodearon que pudimos ver quién era.

- ¡Enhorabuena! - exclamó Violet, y me sentí ruborizar de nuevo -

- Gracias - murmuró Miles, incómodo, y asentí. La niña llamó mi atención entonces, y la tomé en brazos, dejándole jugar con el anillo en mi dedo distraídamente -

- Pensaba que estábais buscando el árbol - les reproché, no muy convencida -

- Está justo aquí - murmuró Miley, quien sonreía, aparentemente despreocupado, aunque podía ver la duda en sus ojos. Señaló detrás de donde Miles y yo estábamos, y cuando nos giramos a verlo, ahí estaba. Grande, magnificente, sabio y antiguo -

- ¿Por qué un árbol? - me pregunté entre dientes. Violet se adelantó para verlo de cerca -

- Es un símbolo de vida en muchos casos - murmuró - Quizá es sólo una casualidad.

- Es ciertamente algo que no me extrañaría ver en el jardín...

- Creo que es hora de que estos pequeños vuelvan a casa tras cumplir su misión, ¿eh?

- ¿Qué? ¿Ya?

- ¿Qué misión puede ser más importante que uniros por el resto de vuestras vidas? - replicó, y pareció tan convencida que, por un momento, nadie dudó de sus palabras. Miley asintió, pensativo, y luego sonrió -

- Es hora de decir adiós, entonces... - me abrazó con fuerza, y me quitó a Franziska de los brazos, apenas dándome tiempo para despedirme de ella -

- ¿Estáis seguros...? - observé a Miles despedirse de ellos también, casi con prisa. Miley dejó a Ziska en el suelo -

- Si hay que despedirse, cuanto más rápido menos duele - no pude estar o no de acuerdo, porque siguió hablando - ¡Ziska, una carrera hasta el árbol!

Y, sin más preámbulos, echaron a correr. En un acto reflejo, intenté alcanzarles con una mano, pero ya estaban al pie del árbol, tocándolo con sus pequeñas manitas, y para cuando sentí las manos de Miles, de mi Miles, cerrarse en torno a mi cintura, ellos ya habían desaparecido, como si nunca hubieran estado aquí. El árbol permaneció allí, sin embargo, y deseé en mi fuero interno que no desapareciera nunca.

- Buen viaje - les deseó Violet en voz baja. Yo no pude hacerlo, no por unos cuantos minutos. Miles, tampoco -

- Voy a echarles de menos - murmuró después en mi oído. Yo sólo asentí -

Tomé su mano para echar a andar hacia la mansión. Violet se colocó a mi lado libre, pero antes de que se le ocurriera irse también, entrelacé su brazo con el mío y le sonreí.

- Quédate a cenar, Violet.

No discutió

Tras la cena, sí que insistió en volver a casa. Puso una excusa, pero lo más probable es que quisiera darnos tiempo a solas a Miles y a mí. Creo que quizá yo misma estaba esperando que todo se volviera incómodo tras haber pasado el momento, más o menos, pero no resultó ser así. En cuanto Violet se fue, Miles tomó mi mano para guiarme de vuelta a mi dormitorio, y una vez allí besar mis nudillos, y en su mirada una pregunta llena de respeto y amor, que me derritió hasta lo más profundo de mi helada alma.

Volver a nuestra vida normal fue un reto mayor del que esperábamos, pero lo afrontamos juntos, al igual que afrontamos los rumores, los cotilleos, y la insistencia de la prensa ante nuestro compromiso. Ambos éramos figuras públicas bien conocidas, casi más en Alemania que en Estados Unidos, de modo que la atención duró más de lo esperado, pero, como siempre, acabó cambiando de foco. Poco a poco, la vida volvió a la normalidad

El árbol no desapareció. Cada día al salir de casa pasábamos por su lado, y aunque nunca lo hablamos entre nosotros, empezamos una costumbre de hablar a nuestras versiones en miniatura acerca de las cosas más banales siempre que teníamos tiempo.

Miles cumplió su promesa. Desde aquel día, incluso a pesar de los momentos enlos que nuestro trabajo nos mantuvo alejados, cuando él regresó a Estados Unidos, y yo volví a Interpol, incluso a pesar de aquello, no permitió que me volviera a sentir sola nunca. No volvimos a separarnos emocionalmente nunca, y finalmente, llegó un día en el que sentí que no había nada que nos detuviera.

- ¿Miley?

- ¿Sí, Ziska?

- Casémonos.


... la defensa descansa.

~Lena Lawlipop