¡Hola a todos!
Sí, he escrito muy rápido este capítulo que incluso no he tardado más de dos días en redactarlo XD Disfrútenlo y por favor participen en la encuesta final ya que es muy importante para mí. ¡Y claro, no se pierdan el especial en el próximo capítulo! :D
Disclaimer: Miraculous es propiedad de Thomas Astruc y Vampire Kinght de Matsuri Hino
OoOooOoOoOoOoOoOoOoOoOo
VAMPIRE KNIGHT
PRIMERA NOCHE
LA CLASE NOCTURNA DEL INSTITUTO
– ¡Todos atrás, por favor! – Indicaba una joven Marinette con el cabello corto amarrado en dos dulces coletas. – ¡Saben que hay toque de queda para todos los alumnos de la clase diurna, así que por favor vuelvan a sus cuartos!
Para la chica era prácticamente imposible contener a tantas personas que intentaban invadir el camino que conducía a la puerta de los dormitorios de la luna, en los cuales residían los alumnos de la clase nocturna. Unas personas muy especiales en aquel instituto.
Este colegio, mejor conocido como Françoise Dupont, es una prestigiosa escuela privada –de tipo internado– en las afueras de Paris. Una escuela que divide a los estudiantes en dos grupos: la clase diurna y la clase nocturna. Entre ambos grupos se rotan el uso de las instalaciones, pero se tiene prohibida la convivencia en entra ambos grupos de alumnos por una razón muy importante.
Aunque la verdad lo que puede ser más molesto de eso es que no quieran hacer caso a estas indicaciones y cuando hay el cambio de turno por la tarde, todo se vuelve un total caos a la salida del dormitorio de los alumnos que toman clase por la noche.
Los gritos de chicos y chicas se hicieron presentes en aquel lugar, dando por aviso que las enormes puertas que todos observaban estaban siendo abiertas. La fémina de ojos cielo tuvo que apresurarse para mantener un buen espacio en que los otros alumnos pudieran pasar para ir a su clase.
Algo que era curioso en aquella escuela es que los uniformes de ambos turnos eran contrastantes. El de la clase matutina constaba de falda o pantalón y saco negro, con una playera blanca y listón o corbata roja; mientras que en la clase nocturna era al revés, falda o pantalón y saco blanco, camisa negra y la corbata o listón del mismo color, rojo. Claro que aquel uniforme tan único portaba varios detalles como botones con forma de rosa y para los chicos un pisa corbatas con el logo escolar. Claro, eran un instituto de élite en todo el mundo, sería casi un pecado no tener ropas tan elegantes y únicas. Un uniforme digno de las pasarelas de la alta costura de Paris, sobre todo porque, aunque muchos alumnos lo portaban, era hecho a la medida de cada uno e incluso podía a ser llegado a personalizarse en pequeños detalles que no fueran contra las normas escolares.
– ¡Deténganse! – La chica estaba sufriendo al mantener a sus compañeros calmados, pero los entendía.
Todos los alumnos de la clase nocturna eran otro nivel para aquellos simples mortales ya que todos y cada uno (aunque eran pocos) eran realmente hermosos, guapos; eran como ángeles de rostros fríos en la misma tierra.
Era tanto el impacto que tenían que, si no hablaban, todas las personas que se reunían para verles no rompían ninguna de las reglas del cambio de turno. Cada uno de aquellos seres de aura blanca caminaba a las instalaciones escolares, portando su paquete de libros en sus manos. Cada una de esas personas eran diferentes, pero mantenían un aire muy similar.
– ¡Buenos días chicas! – Saludo uno de ellos que iba al frente. De tez morena y cabello negro, siempre solía llevar audífonos de diadema en el cuello. Su nombre era Nino Bellamy. – ¡Veo que están tan bellas como siempre!
Bastaron esas pocas palabras para que las muchachas de la multitud enloquecieras y terminaran tirando a la delegada de clase al piso. Esas eran las cosas que más le irritaban, a veces los alumnos de la clase nocturna no cooperaban con ella para contener a la multitud. Por esas cosas agradecía la maravillosa idea de siempre usar una lycra bajo la falda, así podía tener más libertad de movimiento y cuando pasaran esas cosas, no tendría que preocuparse por que alguien viera algo más.
– ¿Estás bien Marinette? – Un joven de rostro angélicas y cabello rubio se acercó para tomarle del brazo como forma de ayuda. – Entiendo que siempre son difíciles de controlar.
– ¡A-Adrien! – Su rostro estaba ardiendo. El nerviosismo le hizo levantarse de golpe y dejar a aquel muchacho hincado frente a ella.
Aquel chico era Adrien Agreste, el presidente de la clase nocturna y el dormitorio de la luna; bien podría tratarse del chico más codiciado por las jovencitas que asistían a clases por la mañana. Una persona que conocía desde siempre, o por lo menos desde que ella recordaba, alguien a quien no solo admiraba.
– ¡Estoy bien! – Aseguró ella acomodando su ropa y cabello. – Todos gracias a usted.
– No seas tan formal contigo Marinette. – Se levantó y le otorgó una suave sonrisa. – Sabes que eso me hace sentir triste.
– ¡Oh, no! No, no quise… – Estaba haciendo algunos movimientos extraños frente a él, olvidando por completo que cientos de alumnas veían esa escena. – ¡Es porque salvaste mí vida!
Si, aquel chico de élite era la persona que había rescatado a la pequeña azabache en una noche nevada de diciembre bajo la torre Eiffel.
Hace diez años…
– No te preocupes por eso. – Se atrevió a revolver el cabello de la joven, sobre todo su fleco. – Sucedió hace mucho tiempo.
La mano de aquel joven fue retirada instantáneamente por otro varón, uno de cabello rojo y mirada afilada. Al igual que Marinette usaba un uniforme negro, demostrando que se trataba de alguien perteneciente a la sección diurna del instituto.
– Las clases van a comenzar, Agreste. – Sus palabras parecían retarlo.
El mencionado se soltó del agarre tan torpe de su compañero, rio por lo bajo y se dirigió dónde estaba el resto de sus compañeros de clase que ya no estaban siendo asediados por los chicos y chicas del turno matutino.
– Me estás asustando, señor delegado. – Dijo en forma irónica.
Comenzaron a retirarse, dejando un aire frío a su paso. El pelirrojo notó como todos los de blanco le miraban de manera fulminante sólo por tratar al hombre de ojos esmeralda de esa forma.
– A-Adrien. – Una joven de cabello castaño, corto y rasgos asiáticos se acercó ofreciendo una rosa a su superior. – Esto, ¿aceptarías este pequeño presente?
– Gracias. – Exclamó tomando la flor.
La joven logró su cometido, pues los delegados hablaban sobre lo que hacía unos momentos sucedió.
– Sabes, no es mi asunto si quieres algo con Agreste, pero conoces las reglas. ¿O ya se te olvidaron?
El que la estaba reprendiendo era ese mismo pelirrojo, dirigiendo sus orbes turquesa al sonrojo que su compañera estaba teniendo a causa de lo que le recordó. Aquel chico también era uno de los delegados, alguien que Marinette conoció hace también bastante tiempo, Nathanaël Jouvet. Prácticamente era un hermano para ella, pues vivían en la misma casa desde hace tiempo y cuidaban uno del otro, aunque de forma muy diferente a la usual.
Aunque la noche que llegó a aquella casa junto a Tom Dupain, él se mostraba como alguien tímido, con los años fue cambiando su personalidad para que los otros no pasaran por encima de él como cuando comenzó su trabajo como delegado durante su época de secundaria. Ahora casi todo el tiempo se mostraba sereno, con el ceño fruncido y su facha de chico malo era bien complementada con su tatuaje que tenía entre el cuello y la clavícula, además de algunas perforaciones en ambas orejas.
– ¡Calla! Ya lo sé… – La joven hizo un puchero. – Son distintos a nosotros.
Porque la clase nocturna no era sólo un grupo de élite de estudiantes que cautivaban a más de una persona. Ellos ocultaban un secreto más grande que cualquier otro.
Vampiros, eso son.
– ¡Ya vuelvan a sus habitaciones, mocosas! – Bramó Nathanaël con todas sus fuerzas. La verdad las más pesadas de controlar eran las mujeres, con los hombres sólo bastaba voltear a verlos para que huyeran. – ¡Odio tener que lidiar con sus gritos cada minuto de cada maldito día! ¡Váyanse ya si no quieren ser reportadas y no tener permitido salir de sus habitaciones! – Las chicas corrieron con miedo del demonio pelirrojo, causando que los varones presentes rieran a todo pulmón, pero ahora les tocaba. – ¡También ustedes, idiotas!
Gracias a eso todos salieron corriendo mientras gritaban y reían un poco, con el fin de llegar a sus dormitorios donde podrían irse a las zonas de descanso sin tener que soportar al par de delegados estrictos. Aunque como ya se habrían dado cuenta era por una razón que iba más allá de unas simples de convivencia. Aquel trabajo como delegados, prefectos, era una fachada para el verdadero objetivo de aquella pareja: ser guardianes de la escuela, para proteger el secreto de la clase nocturna.
– Llegas tarde. – Le otorgó un golpe en las costillas. – ¿Esta vez qué fue?
– ¡Tch! No te importa. – Empezó a caminar hacia el edificio administrativo.
Desde hace mucho tiempo siempre ha habido conflictos entre humanos y vampiros que se han llegado a ocultar como simples sucesos históricos de guerras entre pueblos vecinos o naciones que buscaban más poder adquisitivo. La verdad tras ello era que en todas esas disputas había siempre involucrados seres nocturnos que manejaban sus influencias.
En Francia y todo el mundo, sólo un grupo selecto de personas sabe sobre ese pasado y este presente, porque la existencia de vampiros es una realidad aterradora. Bien sabíamos que los vampiros controlaban desde su oscuridad gran parte del mundo, desde las grandes compañías o los gobiernos de países poderosos hasta los mercados mayormente clandestinos. Todo aquello alrededor del mundo, en cada parte de él.
La razón por la que los estudiantes de este colegio no conocían aquel secreto era tan simple, era porque se había decidido romper todo contacto entre ambos turnos.
– Esto es ridículo. – Nath se quejaba como cada noche frente al director. – ¿Cómo demonios esperas que nosotros dos podamos lidiar con esa manada de chupa sangre y toda esa bola de gritonas idiotas?
– Admito que es algo difícil de lidiar cada noche. – El hombre bonachón bebía una taza de chocolate caliente junto a unas galletas caseras. – Gracias por tu esfuerzo, Nathanaël.
– ¡No salgas con lo mismo! – Era fácil que explotara. – Encuentra alguien más, ella es una completa inútil para este trabajo.
– ¿Qué te pasa? ¡Tú siempre llegas tarde o peor, nunca llegas nunca!
– Imposible. – El adulto bebió con cuidado. – Sabes que su rol es crítico. Si las ambas clases logran coexistir exitosamente ustedes serán los únicos en que podré confiar. – Suspiró. – Además, es un trabajo sin gratificación, con largas jornadas nocturnas, sin dormir y faltas de respeto. Nadie lo tomaría ni de chiste. Y, estoy seguro de que mis amados hijo e hija no me decepcionaran.
– Tal vez hayas cuidado de mí, pero yo no recuerdo haberme vuelto tu hijo. – Su ira se reflejó en un golpe contra la mesa que dejaría una abolladura en el mueble de madera.
– Tu siempre tan obsesionado con los detalles… – Respondió el Tom.
Era una persona realmente serena y un poco dramática al hablar de sus sentimientos con los jóvenes. Un hombre de porte curioso, expresión suave y de gran cuerpo. Le gustaba mucho cocinar postres que todo el tiempo consumía. Vestía siempre de forma casual. Alguien que siempre gustaba de cuidar el largo de su poblado bigote.
– Marinette, tú eres más cercano a él que yo, ¿no tienes nada que decir? – Preguntó a la chica que bien sería su hermana.
– Bueno… – Ella jugó un poco con sus coletas. – Creo que ambas clases se llevan muy bien. Simplemente estoy feliz de ayudar. – Sonrió donde el chico con piercings.
– ¡Eres tan buena chica, Marinette! ¡Estoy muy orgulloso de ti! – El mayor se levantó de su escritorio, emocionado. – ¡Marinette entiende muy bien mis ideales pacifistas! Yo… Yo sueño con que algún día deje de existir esa oscuridad, aquel ciclo de odio entre vampiro y humano. Creo que la juventud de sus corazones y mentes finalmente podrá construir un puente entre ambas razas para que vivan en completa armonía. ¡Esa es la gloria de este colegio!
– Como sea… – El muchacho estaba cansado de esas escenas. – Ire a patrullar, te dejo a este loco para ti sola.
– ¡Nath!
La puerta se cerró de golpe. No le gustaban ese tipo de actuaciones de aquel hombre que se hacía llamar su padre.
– Es una lástima, pero entiendo muy bien a Nathanaël. – Regresó a su forma calmada. – Dentro de la comunidad de vampiros hay muchos que aun buscan presas humanas, y que hablar de aquellos que se dedican a negocios ilegales. Entiendo perfectamente que ahora mismo sería un desastre si el secreto de la clase nocturna llegara a salir a la luz sin tomar varias medidas preventivas.
– ¡Adrien jamás permitiría eso! – La azabache explotó por las emociones de su corazón. – ¡Sé que hay muchos vampiros como él que también buscan un futuro pacífico!
Palabras tan conmovedoras de la joven realmente le hacía sonreír, pero también le hacían pensar cientos de cosas que ella desconocía ahora mismo.
– ¡Es por eso que todo estará bien, director! – Ella era capaz de separar la imagen de su padre de la del director. – ¡Déjala a nosotros los guardianes!
Su emoción era tanta que sin pensarlo salto por la ventana del despacho. Sabía muy bien el camino y era muy buena en ese tipo de cosas, por lo que no tenía miedo de hacer ese tipo de maniobras que para los ojos de otros resultarían peligrosas.
Los recuerdos en la mente de la chica iban invadiéndola. Ella no era capaz de recordar nada antes de los cinco años, antes de aquella noche nevada en que Adrien la había salvado de su primer contacto con un vampiro malvado. Él la llevó al hogar del director de la academia Françoise Dupont, un instituto que apenas se estaba formando en la ciudad luz.
Yo no tenía nada…
A pesar de todo, la joven fue acogida en aquel hogar por el señor Dupain llegando a criarla como su propia hija. Después habría de llagar Nathanaël a aquel lugar, pero eso era otra historia… Aquella noche, en la víspera de Navidad era tomada en cuenta como el día de su nacimiento como Marinette Dupain.
Por aquel gesto de alguien tan importante como Adrien Agreste, es que ella creía firmemente en los ideales de Tom: que los humanos y los vampiros podían vivir juntos sin ningún problema.
En aquella academia, ambos prefectos debían continuar con sus vidas escolares como el resto del cuerpo estudiantil. Casi siempre eran castigador por quedarse dormidos en sus primeras clases, algo normal si se trabaja durante casi toda la noche y dormir, claro y sin tener privilegios. A pesar de trabajar en ese lugar, los profesores matutinos tampoco sabían la identidad de los estudiantes de la clase nocturna.
– ¡Yawn! – Un bostezo al despertar de parte de Marinette – Castigada otra vez, ¿no?
– Es tu culpa por salir toda lo noche. – Le reprendió su mejor amiga, Alya Césaire. Una joven de piel canela y cabello castaño con mechas naranjas. – No sé cómo puedes dormir con esta luz. Eso es algo que sólo un vampiro haría.
– ¡Eh! – Por un segundo se asustó.
– No crees realmente en vampiros, ¿o sí?
– Claro que no, sólo bromeaba. – Le mostró su teléfono celular. – Y si existieran, yo ya los estaría investigando.
Ese tipo de comentarios le ponían la piel de gallina, ella era una de las personas que más mantenía alejada de su trabajo como guardiana escolar; sabía muy bien que podía ser muy insistente con sus investigaciones. Gracias a ella todo el mundo sabía quiénes eran los alumnos más populares de la clase nocturna, además de ser quien proporcionaba fotos a todo el instituto sobre ellos.
– ¿Vendrías conmigo al castigo? – Rogó la ojiazul. – ¡Por favor, Alya! Es bastante molesta estar sola con ese tonto.
– No me digas… – Obvio las cosas su amiga. – Vale. Aunque yo creía que ustedes eran buenos amigos.
– ¡N-no es eso! Es decir, Nath siempre está tan malhumorado y es tan pesimista que me resulta deprimente.
– Marinette, te escuché. – El joven de ojos turquesa le habló ya que estaba sentada cerca de ella, en el último asiento de la clase.
– Lo sé, por eso lo digo. – Le sacó la lengua a su hermano.
– Bueno, es cierto. – Era normal seguir ese juego. – Siempre esta serio, pero de una forma tan espeluznante que incluso los chicos no se acercan a él.
El joven de cabello de fuego bufó y abrió su cuaderno donde comenzó a dibujar el diseño que portaba en su cuello. Por un instante lo observó con mucho detenimiento y con mucha frustración lo rayó con fuerza causando que la hoja se rompiera.
Sus ojos se movieron donde se encontraba la joven Dupain, que formaba toda una escena con su amiga que huía de aquella sala con el pretexto de que estaba oscureciendo y debía ir a su dormitorio o sería reprendida por otros superiores. Tronó la lengua, sabía que se arriesgaría a tomar fotos de los estúpidos chupa sangre.
. . .
Era cierto, la oscuridad reinaba en aquel recinto educativo, uno que ahora era ocupado por alumnos uniformado de blanco. Su clase parecía un desorden, claro que hacían caso a su profesor que claramente también era un vampiro como ellos, pero eso no impedía que mientras tanto charlaran o se sentaran en las mesas.
– Todos los presentes somos los primeros en probar estas nuevas y revolucionaras tabletas de sangre. – Pronunciaba con temple el catedrático. – No sólo somos el orgullo de esta institución, sino también somos el orgullo de nuestra raza.
– Por alguna razón dudo eso. – Se atrevió a retar las palabras una muchacha rubia y ojos azules de nombre Chloé Bourgeois.
– De todas formas… – Interrumpió un joven moreno, parecido a Nino pero con gafas diferentes y un estilo más intelectual. Max Pelletier realizaba algunos cálculos en su mente. – Sólo somos un grupo de estudio que no representa ni más que el 0.0004% de la población de vampiros en el mundo.
– No sé mucho de eso. – Era otra chica la que hablaba. Bajita, con cabello rosa alborotado y mirada zafiro, desafiante: Alix Kubdel. – Pero, después de todo, coexistir con los humanos de esta forma es un gran paso, ¿cierto Adrien?
– Así es. – Cerró su cuaderno y observó a toda la clase. – Después de todo, tenemos que agradeces al director por todo lo que aprendemos aquí.
– Claro, así será. – Concluyó otra chica de piel almendra, cabello castaño y facciones sutiles, llamada Lila Guillory.
Mientras tanto, en la azotea de un edificio cercano, Marinette y Nathanaël se encontraban observando todo a su alrededor, buscando que los alumnos de la clase nocturna no salieran de sus respectivos salones y que aquello del turno matutino salieran a buscarles.
Por un instante, la mirada de la joven se posó sobre aquel que era su salvador en la infancia. Se mostraba serenos mientras daba un discurso a sus compañeros, después tomaba asiento en su sitio, uno que casualmente parecía ser el de ella. ¿Acaso sonrió por sentir su mirada? Sus mejillas se tornaron carmín por la idea.
– Así que, ¿cómo está tu Adrien Agreste, tu héroe, esta noche?
– ¡N-no es como si estuviera viendo a Kaname! O algo por el estilo… – Las palabras del pelirrojo la pusieron muy nerviosa. – Sólo me aseguraba que todos en la clase nocturna se estuvieran portando perfectamente. Y bueno, parece que nadie de la clase diurna esté andando por aquí tampoco.
– …
– ¡Parece que tendremos una noche pacífica! – Sonrió feliz. – Tal vez ni siquiera necesitamos estar aquí.
– No digas tonterías. – De nuevo regresaba a ese semblante de molestia. – El director cree que los estudiantes de la clase nocturna son pacifistas, pero yo no lo creo. No bajaré la guardia ni un segundo. En serio, no comprendo como un adulto como el director puede cooperar con ellos.
– Nath…
– Incluso tú lo has dicho. La razón por la que ellos se ven como humanos, unos muy bellos, es sólo para que puedan cazarnos con mayor facilidad.
La mirada de la chica de coletas se había abierto por completo, su forma de actuar no le sorprendía, pero esas palabras. En el fondo de su corazón sabía lo ciertas que eran, tanto que le dolían. No quería creer que alguien como Adrien fuese ese tipo de ser.
– Iré a patrullar. – Como siempre, buscaba alejarse de ella.
No te comprendo…
Lo sabía, desde el día que ellos se conocieron en la humilde morada Dupain. Su amigo había quedado huérfano, sin una familia que le cuidase, después de que ellos fuesen asesinados por vampiros. No sabía los detalles y mucho menos era capaz de preguntar algo a el muchacho por el miedo de abrir una herida, o tal vez de rasgarla aún más porque no estaba segura de que algo así hubiese sanado en tan solo cuatro años. Aquella noche lluviosa en que llegó…
Fue la primera vez que vi odio puro en los ojos de alguien.
Incluso, aunque quisiera ocultarlo ella entendía por completo que, en esa realidad, en la existencia de los vampiros, todo siempre era blanco o negro. No existían los puntos medios. Incluso era muy probable que aquellos padres que no recordaba igual fueran asesinados por esa especie de hematófagos.
La resignación llegó a su mente, no podía darse ese tipo de distracciones mientras trabaja y bueno fue el momento, un par de chicas andaban por los jardines escolares buscando tener algún contacto con la clase nocturna. Como siempre hacía, bajo de un salto, utilizando los árboles para amortiguar su caída.
– ¡Ustedes dos! – Les llamó llegando al suelo. – Nombre y sección. Saben que salir de la zona asignada que tiene por las noches está estrictamente prohibido según la normativa escolar. Es muy peligroso, regresen de inmediato a sus habitaciones por favor.
– Sólo vinimos a tomarle fotos a los estudiantes de la clase nocturna. – Habló una de las jóvenes que ayudaba a su amiga que parecía lastimada. – ¿Cuál es tu problema?
– El problema lo tendrán ustedes si no atienden a lo que les digo. – Ser retada por otros alumnos, podía llegar a irritarle mucho. Pero al notar que una de ellas estaba herida, tuvo un leve susto. – ¿Estás sangrando? Esto Es malo…
Como pudo levanto a aquella pareja de chicas y las empujó en dirección a los dormitorios del sol.
– Rápido, vayas a sus dormitorios. – Quería sonar seria, pero la preocupación la invadió.
– ¿Por qué? – Ambas chicas se quejaron por el trato, mostrando una clara oposición.
– Sólo váyanse, por fav…
El aire se había vuelto pesado, incluso se podría que decir frío para el mes en el que se encontraban. La muchacha levantó su falda mostrando unas ataduras que le permitían llevar una especie de barra de metal extensible. No dudó en sacarlas y apuntar a aquella persona que estaba tras de sí.
– ¡Alto! ¿Quién está ahí? – Su arma fue esquivada fácilmente por los dos hombres presentes.
Uno de ellos era el que siempre provocaba los tumultos de chicas en el cambio de turno, Nino; mientras el otro era un alumno que pocas veces llegaba a hablar, aunque su actitud rebelde por las normas sólo era detenida por el presidente de su dormitorio, se trataba de Kim Chevalier.
– ¡Qué susto! – Ninguno de los chicos parecía responder a las acciones de Marinette. – No esperaba menos de la hija del director.
– ¡No puede ser! – Las jovencitas ahí presentes estaban sorprendidas, hablando al unísono. – ¡Son Kim Chevalier y Nino Bellamy de la clase nocturna!
– Olimos sangre y decidimos venir a echar un vistazo. – Habló el moreno. – Eres muy cruel Marinette, después de todo vinimos aquí especialmente a verte. – Aquel chico colocó las manos sobre las almohadillas de sus auriculares, cerró los ojos y aspiró firmemente. – Es un olor adorable, el olor de tu sangre. – Susurró, lo suficientemente alto para que las jóvenes confundieran lo que decía con un halago.
– No se atrevan a ponerles un dedo encima, ¡o no te perdonaré!
– ¿Te caíste? – A pesar de ser amenazado, el vampiro tomó la mano de la ojiazul.
– Ese olor del que hablas… – Recién se dio cuenta de un raspón que se había hecho en la mano al ayudarse con el árbol para bajar.
– Si, es tu propia sangre…
– Gra-gracias, pero… – Intentó zafarse del agarre, pero no funcionaba en lo absoluto. Él era mucho más fuerte. – Por favor, no… ¡Nino!
– Tú, estás… – Su rostro se acercó a la mano de la joven protagonista de su interés. – Tentándome.
Se atrevió a morder la palma de ella, mientras las otras chicas observaban asustadas por notar la presencia de afilados colmillos en la dentadura blanca de su ídolo. La azabache sólo soportaba el dolor por las perforaciones que estaba recibiendo, necesitaba mantener la compostura y no dejarse vencer por un par de idiotas que sólo buscaban molestarla a ella.
– ¡Detente ya, Nino! – Hizo caso separándose y las muchachas al verle con la boca llena de sangre simplemente se desvanecieron en el césped.
– Quiero más. – La voz del varón estaba llena de deseo. – ¿Puedo tomarla de tu cuello?
– ¡No te atrevas! – Volvió a forcejear, pero le era imposible. La sujetaba tan fuerte que moverse un poco le causaba más dolor. – ¡Déjame ir!
– Tomar sangre en los terrenos de la escuela está prohibido. – Al fin Nathanaël hacía su aparición, salvando de otra herida a Marinette. Un arma de fuego estaba apuntando directo a la cabeza del atacante. – Embriagándote por el olor de la sangre. ¡Ja! Finalmente muestras tu verdadera naturaleza, vampiro.
– ¡Nath, no!
– Pero si sólo fue una pequeña probadita…
El hematófago le observó calculadoramente, buscando irritarle y lo hizo. El tatuado no dudó en hacer uso de su arma, pero justo a tiempo fue movido de su objetivo, evitando que el tiro fuera a dar al cráneo del ser nocturno que seguía incrédulo por la amenaza.
– ¡Tonto, no deberías disparar! – Tomaba su mano, apuntando al cielo. – ¡Las chicas están bien!
– Eso me asustó un poco. – Rio el moreno.
– ¿Qué demonios? – Kim vio el árbol que recibió el disparo, tenía un brillo y una energía singular.
– Se llama Bloody Rose. – Alguien se acercaba, el presidente de la clase nocturna. – Deberían ser más cuidadosos, sobre todo tu Nino. Esa arma fue hecha especialmente para matar criaturas como nosotros.
Aquel chico que siempre solía verse sonriente, ahora mostraba una actitud oscura, algo inusual en él. A cada paso que daba la tensión aumentaba. Tomó del cuello a su compañero morocho e indicó al otro que se colocara junto a él.
– Yo me haré cargo de este par. El director necesitará un reporte completo de los sucesos.
– Agreste. – Reclamó el que era sujetado.
– ¿Está bien eso, Jouvet? – Aquel vampiro superior cuestionó a su contraparte.
– Nath…
– Sólo alejalos de mi vista, Agreste. – Giró su rostro, evitando ver toda la escena hasta que los chupa sangre partieran.
– Kim, ¿por qué no detuviste a Nino? – El ceño del ojiverde de fruncía cada vez más. – Eres tan culpable como él en esta situación. – Giró su rostro a la única chica consiente del lugar. – Marinette, nosotros nos encargamos de las chicas.
– ¿No tendrás problemas con ello?
– No te preocupes. – Le dedicó una sonrisa de calma. – Las llevaremos con el director y modificaremos su memoria.
– Entiendo… – Ese tipo de cosas le desagradan a la muchacha.
– Lamento todo esto. – Avanzó con sus compañeros, pero nuevamente volteo a verla. – Espero que esto no haya despertado malas memorias.
– ¡Oh, no! ¡No te preocupes por eso!
Ella observó cómo se retiraban del lugar, con una mirada tal dulce a aquel joven de cabellos dorados. Aunque su mirada ilusionada y llena de brillos fue interrumpida por su hermano que simplemente tomó su mano y la vendó con su corbata.
– Vámonos, aún tenemos que lidiar con las chicas.
– Pero ellos…
– Después de que les cambien los recuerdos, tendremos que cargarlas hasta la enfermería. No pienso dejar que eso estúpidos chupa sangre les toquen de más. Además… – La jaló de la muñeca. – Este lugar apesta a sangre. ¡Me enferma! El hecho de que a ellos les guste el olor es una prueba más de que son animales brutos.
La noche avanzó sin más suceso y unas horas antes del amanecer los vampiros regresaron a sus habitaciones sin mayores incidentes. Mientras tanto, Marinette y Nathanaël discutían en el baño del director por diversas razones, como por qué él se quitaba la ropa frente a la joven sin importarle que le viera. Tal vez cuestión de costumbre o sólo buscar hacerle rabiar con la idea de que no la veía como una mujer.
También en los dormitorios de la luna se daban una variedad de acontecimientos. Adrien recién salía del baño y ya tenía citados a los implicados, en los incidentes de horas atrás, dentro de su habitación para darles una suspensión de diez días.
– Aun así, creo que ha valido la pena. – Nino seguía hablando cual niño encaprichado. – No creo que pueda aguantar vivir con tabletas por mucho tiempo, además de que la sangre de Yuuki era realmente deliciosa…
Sin esperarlo, Adrien golpeo a su compañero que tanto pronunciaba palabrería absurda. Aquel roce abrió una herida en su mejilla, una que sangraba con lentitud, pero que bastó para manchar los dedos de su superior.
– ¿Perdón?
La atmósfera de aquel cuarto oscuro esa pesada. Kim y Nino estaban algo temerosos por el temperamento de su líder.
– Lo lamento… – Pronunció el moreno saliendo del lugar con su cómplice sabiendo que aquella sangre bastaba para tomar un poco de su vitalidad, así su superior tomaría algo distinto a las asquerosas tabletas que antes mencionó.
No importaba que pasara en cualquier lugar, cuando Marinette llegó a su cama observó su mano ya curada recordando el torpe vendaje que le hizo el chico de ojos turquesa. Un escalofrío le recorrió de pies a cabeza y nuevamente esa frase de su salvador inundó su mente mientras el sueño la dominaba.
Hay secretos que se ocultan con sangre, Marinette.
Continuará…
OoOooOoOoOoOoOoOoOoOoOo
¡Fin del primer capítulo! ¡Yuhu! Realmente esta adaptación me ha resultado más fácil de lo que creía (sufro mucho con Lip Smoke para ser sincera XD) a pesar de laaaaaaaaaaarga que es y de lo mucho que me mata estar por tanto tiempo en la computadora. Hoy domingo tengo evento (convención de anime) y me toca llevar puesto, así que de paso mientras me daba breaks de esto, me ponía a trabajar en lo que llevaré.
Les comento dos cosas: la primera es que al final dejaré una pequeña encuesta así que… ¡PARTICIPEN! :( Y la segunda es que dejaré otro capítulo que no es capítulo XD Donde deje algunos datos sobre el fic que quiero comentarles 3 ¡Gracias por leer!
ENCUESTA SENSUAL~
1. ¿Nathanaël debería tener un gemelo? Mi idea original era un no, pero hablando con un amigo fan de VK (cofcofUnExcofcof) estuvimos hablando sobre como hubiera sido la relación de Shizuka y Zero si Ichiru no hubiese existido, me dio muchas ideas, pero sería algo mortal escribir (aunque admito que sería algo épico). Así que les dejo esto a su decisión. Si existe el gemelo o no, ya tengo bien planteado todo.
2. ¿Les agrada que cada capítulo del fanfic sea igual a un capítulo del manga? Admito que siempre he trabajado así en mis adaptaciones de un manga a un fanfic (la verdad es que no, sólo en un yaoi no lo trabajé así) y para ubicarme me hace las cosas más simples, pero no sé qué piensan de la extensión de cada capítulo. Yo tengo que transferir más o menos 50 páginas de dibujos a un texto adaptado. Coméntenme su opinión.
3. ¿Alguien que sepa dibujar y quiera hacer ilustraciones de los personajes con el uniforme escolar? Vale, esto ya es puro deseo mio XD Tengo las imágenes especiales de cada personaje, los detalles de la vestimenta de cada uno y sobre todo el dibujo del uniforme (con sumo detalle) de los artbooks de la serie, así que por eso no se preocupen XD
¡Gracias de antemano si participan! Me habrán salvado :'3
