Lo sé, no pude contenerme a escribir este segundo capítulo eweU ero es que quería llegar a esta parte XD Si me pongo más loca es probable que tengan el capítulo cuatro más tarde :B Pero no sé…
Disclaimer: Miraculous es propiedad de Thomas Astruc y Vampire Kinght de Matsuri Hino
OoOooOoOoOoOoOoOoOoOoOo
En aquella blanca habitación, ahora manchada en carmín, caminaba apaciblemente una mujer rubia de vestido rosa. Sus manos y boca estaban llenos de sangre y a sus pies se encontraba un jovenzuelo que compartía el color de su cabello con el nuevo decorado de la habitación.
– ¿Te duele? – Preguntó irónica la joven mujer sin obtener respuesta, solo jadeos del chico. – ¿Estás asustado? – Se agachó y lo sujetó por las mejillas para ver su mirada de odio en aquella pálida cara. – Tus padres cazaron a cada miembro de mi amada familia. Esta es mi venganza, ya que la familia Juvet son infames cazadores de vampiros.
El muchacho intentó girar la mirada, buscando a alguien que al parecer no se hallaba en aquel lugar. La mujer le impidió continuar, así que con la poca fuerza que tenía, se zafó del agarre golpeándose contra el piso.
– Ja. – Se levantó y sacó un pañuelo para limpiar sus manos y boca. – Este es mi derecho como una de sangre pura.
VAMPIRE KNIGHT
TERCERA NOCHE
VAMPIROS ENTRE VAMPIROS
Hace seis años…
– Marinette, los padres de este chico fueron asesinados por un vampiro. – Fueron las primeras palabras que dijo Tom en cuanto la pequeña abrió la puerta del sencillo hogar.
Era una fría noche de invierno.
– Es un milagro que haya sobrevivido. – Entraron al lugar. – Por favor, cuídalo mientras se queda con nosotros, ¿de acuerdo?
– Va-vale. – Hacía mucho que la niña no había visto una escena similar.
– Aún está cubierto de sangre, así que prepárale un baño. – La puerta de la casa volvió a abrirse. – Tengo que ir a hablar con la policía, intentaré no tardar demasiado.
Solo los dos chicos se quedaron en aquel lugar. La azabache intentaba hablar con él, pero no obtenía respuesta, ni siquiera veía que su nuevo inquilino se moviera ni un centímetro. Fue a preparar la bañera con agua caliente y cuando estuvo casi llena regresó en búsqueda de su nuevo amigo quien seguía inmóvil en el mismo lugar.
– Vamos a darte un baño, ¿sí? – Notó que sus pasos eran temblorosos, así que se acercó a ayudarle. – ¿Está bien si te toco? – Lo abrazó para ayudarlo a andar. – Vamos.
Entraron al cuarto de baño y aunque le estaba dando indicaciones, él no mostraba signos de querer hacer algo.
– La bañera está lista con agua caliente. Tómate tu tiempo. – Se paró frente a él y no pasó nada. – Emmm… ¿Entonces? – Se sentía afligida al verle así. – T-te ayudaré a sacarte la ropa.
Su mirada se mostraba inquieta, cerca del cuello del chico parecía que existía una enorme herida pues la sangre era demasiada. ¿O era acaso que esa sangre pertenecía a alguien más y no sólo a él?
– Te limpiaré.
Nerviosa, tomó una toalla del perchero y la mojó con el agua de la tina. Comenzó a limpiar, frotando cuidadosamente para no herirle aún más.
– ¿Te duele? – No obtuvo respuesta.
El chico seguía perdido en su mundo, sin siquiera ver a la joven de ojos azules que se sintió aliviada al ver que su compañero no mostraba heridas de haber sido mordido por el vampiro que atacó a su familia.
Para ella era sorprendente que él estuviese tan neutral y ella tan asustada, cuando quien debía de sentir miedo en ese momento tendría que haber sido Nathanaël.
. . .
– Hey, despierta.
– ¿Nath? – Comenzó a frotar sus ojos mientras se acomodaba en su asiento. – ¿Qué pasa?
– Ya me voy a "realizar el deber de los delegados" y todo eso. – Se acercaba a la salida del salón. – Una vez que tus clases extra terminen, alcánzame.
– E-entendido. – Dijo nerviosa, notando la palidez de su amigo, similar a la de la noche en que lo conoció.
El joven delegado caminó en dirección al camino habitual que lo llevaba hacía los dormitorios nocturnos, pero por los chillidos de las féminas y los aullidos de los chicos, supo que alguien diferente andaba por los pasillos y no era mentira. Adrien, acompañado de Chloé, estaban caminando en dirección al edificio administrativo.
– No esperaba verte por aquí, Juvet. – Pronunció el rubio de forma fría. – ¿Marinette no está contigo hoy?
– … – Avanzó entre la pareja. – Ella tiene clases extra hoy.
– Por cierto. – Giró el rostro con una expresión de desagrado. – ¿Cómo te sientes?
Nathanaël sintió una punzada mezclada con la amenaza de aquel que era su superior hablando de los grados escolares. Volteó violentamente, viéndolo con desconcierto.
– Cuídate. – Sentenció el ojiazul antes de marcharse.
Por su parte, la mujer que lo acompañaba lo observó por sobre su hombro con una expresión de pocos amigos.
El pelirrojo huyó del lugar, evitando empujar a cualquier alumno que se le cruzara. Ya casi era el cambio de turno y debía de mantener a raya a sus compañeros si es que no quería que les pasar algo; después de todo, no confiaba en aquellos seres nocturnos.
– Oh, Adrien, Chloé. – El director estaba entrando a su oficina.
– Espérame aquí. – Le ordenó el muchacho a su compañera y entró junto con el administrativo a la habitación. – Director Dupain…
– Tenía la sensación de que vendrías hoy. – Pronunció calmado el hombre bonachón.
– ¿Cuánto más planea dejar a Nathanaël Juvet en la clase diurna? Usted mejor que nadie sabe que no le queda mucho tiempo antes de…
– Sabes que no soy yo quien toma esa decisión.
– ¿Va a arriesgar lo que hemos hecho por el capricho de un mocoso? – El joven de ropa blanca golpeó con la palma la mesa.
. . .
Mientras la reunión entre el representante de la clase nocturna y el director se llevaba a cabo, ninguno de los vampiros se encontraba en su salón. Nathanaël intentaba buscarlos, pero de nuevo estaba ese maldito dolor, por lo que estaba intentando calmarse en una de las zonas más altas que el plantel le proporcionaba.
Ese momento de aparente calma se vio interrumpido por los mismos alumnos que se supone que él debía contener. No dudó ni un segundo en sacar su arma para apuntar a la que más se acercó a él, Chloé Bourgeois.
– ¿Qué quieren, clase nocturna? – Cuestionó retador recuperando su postura sin dejar de apuntar su arma a la rubia.
– De verdad eres una escoria. – Respondió ella. – ¿Por qué Adrien está tan interesado en ese humano? No lo soporto.
– No tiene sentido que te sientas celosa. – Habló una castaña. – Lo mismo va para todos.
– Lila… – Rechinó los dientes la ojiazul.
– Si Kaname se entera de esto, se pondrá furioso. – Externó Max. – Nathanaël, tú también deberías guardar eso, ¿sí…?
Intentó tocar al pelirrojo, pero lo que se ganó fue el ser arrojado por el chico armado. Eso lo llevó a quedar a los pies de Alix y Kim que llamaron ridícula su forma de intentar calmar al delegado.
– ¿Así que es Agreste la razón por la que decidieron juntarse y atacarme? – El muchacho rio comenzando a tronarse el cuello. – Me gustaría verlos intentándolo, vampiros. He estado esperando una oportunidad como esta.
– ¡Deténganse ahí! – Marinette se hizo paso usando su vara como una jabalina para saltar sobre los hematófagos. – ¡No está permitido pelear! ¿No leyeron eso en la guía del estudiante?
Kim, Max y Lila se giraron a mirar a Chloé que fue la que le dio la idea al resto del alumnado.
– Sin importar si se trata de Nath o de un estudiante de la clase nocturna el que trata de empezar una pelea, como delegada, no lo permitiré. – Ella estaba en un modo defensivo mientras hablaba.
– Mira, ¿no podemos olvidarlo y ya? – Se rascó la nuca Kim.
– Está bien. – Suspiró la aparente reina rubia. – De todas maneras, no vale la pena. Volvamos a clase.
Guardó su arma en el estuche que solía llevar. Se giró para ver a su amigo que no tenía una expresión muy agradable.
– ¿Qué sucede, Nath? No importa lo que sea, puedes hablarme de ello. No entiendo por qué últimamente no has sido tu mis… Mo… – La mirada era cada vez más horrenda. Intentó acercarse, pero él le apartó con el brazo.
– Déjame solo.
. . .
– Sabía que no podría engañarte a ti, Adrien. – Se acomodó unos anteojos para leer unos documentos que estaban sobre el escritorio. – Tu siempre has sido extraordinario. Un linaje sin rastro de sangre humana… Incluso entre vampiros, eso es extremadamente raro. – El muchacho no se inmutaba ante las palabras. – El haber heredado los poderes y habilidades de los más antiguos vampiros; criaturas temidas incluso por otros vampiros. Los vampiros entre los vampiros, los de sangre pura.
– Ja…
– Ha sido enteramente a tu apoyo que la clase nocturna se ha comportado como lo ha venido haciendo hasta el momento.
– Director Dupain, lo digo en serio. He soportado esta situación hasta ahora por mi profundo respeto por usted, pero ahora, por el bien de los estudiantes normales, Nathanaël debe ser controlado. – Sus dedos estaban enterrándose en la madera del escritorio. – ¿De verdad planea dejar que ese chico destruya toso por lo que hemos trabajado tanto tiempo? No quiero oír la misma respuesta a la misma pregunta, no puede dejarse influenciar por el odio que tiene ese chico.
– Sus padres fueron asesinado por un vampiro, es un verdadero milagro que lo salváramos de ese mar de sangre… – Tragó pesado. – Debe haber otra manera.
– No nos hagamos tontos, el que asesino a su familia no fue un vampiro normal. Ella era una sangre pura como yo. – Se estaba enojando. – ¡Usted sabe lo que significa eso! ¡Usted sabe lo que en realidad paso esa noche y aun así…!
– Lo que tú quieres es que lo aleje de Marinette…
– ¡Tch!
. . .
– ¿Es que él aún no confía en mí? – Se preguntaba a sí misma la de coletas mientras miraba al horizonte. Estaba sola en aquel techo. – Llevamos tanto tiempo de conocernos y él aún no puede ser honesto conmigo. ¿Es que tengo algo de malo? – Sacudió su cabeza. – No, yo… Estoy segura que él quiere hablar de esto conmigo, pero no se atreve, ¡necesito ir a buscarlo!
Tomó el mismo camino que su amigo había tomado y comenzó a llamarlo por los pasillos, buscándolo para encontrarlo cerca de las escaleras del siguiente piso.
– ¡Nath!
– Te dije que te alejaras… – Se mostraba errante, jadeante. – Mari… Nette…
– ¿Nath? – Corrió a su auxilio, pero fue sujeta por él, inmovilizándola. – ¿Eh?
– No veas… – Su mano derecha sujetaba el rostro femenino y con la izquierda sujetaba sus muñecas son fuerza. – Por favor… No te muevas…
– ¡N-Nath! – Su piel se erizó al sentir como el aliento caliente del chico golpeaba su cuello. – E-espera… – Sintió el tacto húmedo de la lengua del joven. El nerviosismo y el calor la estaban haciendo pensar que su amigo buscaba su cariño, pero…
Sin decir nada, su piel era atravesada por una especie de puntas afiladas. Justamente una de sus venas había sido herida y la sangre salía con cierta fluidez. Sus músculos se tensaron, el dolor estaba siento insoportable; ardía. No entendía nada. Su mente estaba en blanco, daba vueltas. Su cuerpo se sentía cada vez más débil y liviano.
– ¡Nathanaël! – Se removió en aquel lugar y como pudo se liberó a pesar de aumentar el tamaño de la herida. – ¡No!
Su cuerpo tambaleante se mantuvo en piel con ayuda del barandal de la escalera. Estaba anonadada por lo que sucedía, parecía que no lo comprendía, pero al ver los ojos carmesíes de su compañero entendió todo o eso creía.
Ojos como la sangre.
Colmillos que sobresalen.
– Mari… Nette…
Una bestia de forma humana.
– ¿Q-qué…?
– Perdóname…
. . .
– ¡Los humanos que son mordidos por un vampiro de sangre pura se convierten en vampiros!
– Eso lo sé, Adrien… – Desvió la mirada. – Sé que Natahanaël fue mordido por…
– Una vez que un sangre pura muerde a un humano, sólo hay dos posibilidades. – Interrumpió el vampiro. – Si tiene suerte, la sangre es suficientemente tóxica para matarlos. De no ser así, deben soportar la agonía de una lenta transformación para convertirse finalmente en vampiros. Es una tortura que otros vampiros no pueden imaginar… Aunque él no volverá a ser humano nunca más. – Tocó su frente. – El haber suprimido por seis años esos instintos… Eso toma más fuerza de la que jamás podré comprender.
Un aroma que fácilmente identificaba llegó a su nariz. Esto debía de ser una broma.
– Maldito…
Continuará…
OoOooOoOoOoOoOoOoOoOoOo
Nadie ha leído el fic ;w; Eso pasa porque no actualizo rápido XD Joder, ya ni modo… Igual lo terminaré a su debido tiempo uvu)r Buen día a todos.
Siguiente capítulo: La promesa
