Lo sé, no pude contenerme a escribir este segundo capítulo eweU ero es que quería llegar a esta parte XD Si me pongo más loca es probable que tengan el capítulo cuatro más tarde :B Pero no sé…
Disclaimer: Miraculous es propiedad de Thomas Astruc y Vampire Kinght de Matsuri Hino
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VAMPIRE KNIGHT
CUARTA NOCHE
LA PROMESA
La ojiazul estaba demasiado sorprendida por lo que estaba viendo, porque aun cuando las evidencias eran claras, le seguía pareciendo algo imposible que su hermano fuese un vampiro. Pero, sobre todo, que le había atacado para beber directo de su cuello
Nathanaël se sentía perdido, afligido, no entendía por completo lo que estaba sucediendo, sólo se dejaba guiar para calmar ese instinto que tanto tiempo había retenido. Su garganta al fin se aclaraba y con sus pupilas dilatadas observaba a su amiga, frente a él, como si le llamase a tomarla nuevamente.
– Marinette… – Sabía que debía de calmarse, regresar a ser él mismo. – Yo…
Se acercó con lentitud a la joven, pero ella asustada se alejó un paso. En cuento se dio cuenta, ella llevó sus manos –que antes cubrían la herida de su cuello– a su boca, no quería mostrarse así frente a él.
– Mari. – Adrien hacía su aparición, subiendo las escaleras que estaban detrás de la mencionada. Sus brillantes ojos se posaron sobre la enorme herida de la que aun emanaba sangre. – Juvet, así que finalmente has caído a la sed de sangre de las bestias.
La hija del director estaba asustada por la expresión que el rubio estaba dedicando a su compañero. Recordó aquella escena de su infancia donde había matado al vampiro que le había amenazado con beber su sangre, Nath lo había hecho… ¿Lo mataría? Sin pensar dos veces se interpuso entre ellos, protegiendo al de uniforme negro.
– ¡No lo hagas, Adrie…! – o terminó de hablar, pues se desvaneció, cayendo en los brazos del pelirrojo que estaba perplejo.
– ¿Marinette? – Intentó moverla un poco para ver que reaccionara.
– Tu sed debió de ser insaciable para haber drenado su sangre al punto de que no pueda estar en pie. – Sin dejarle hacer algo, la tomó en brazos y continuó hablando. – La sangre de Marinette, ¿fue en verdad tan deliciosa?
– Nath… – Trató de hablar. – Adrien, por qué… ¿Por qué Nathan… ?
– Descansa. – Le pidió, al igual que a Tom que se encontraba detrás de él. – Director, por favor.
– Lo sé.
Avanzó cargado a la muchacha para llevarla a la enfermería donde limpiaría la herida que le había hecho su contraparte. Para ella en vez de sentirse feliz por estar en los brazos de su enamorado, sólo pensaba en cómo se encontraba su aliado en el manejo de los alumnos de la clase nocturna.
– E-estoy bien, puedo hacerlo sola. – Habló regresando a la realidad, sentía como el ojiverde la sentaba en la cama de la enfermería. – De verdad, estoy b-bien.
– No. – La sujetó de la barbilla y movió su rostro. – Déjame ver.
– Nhh… – Gimió de dolor.
– Ya casi dejó de sangrar, pero es una herida profunda. – Tocó con suavidad el cuello, palpando los agujeros que estaban en su piel. – Te mordió muy agresivamente. – Vio cómo las lágrimas salían a borbotones desde los preciosos zafiros de la chica. – ¿Te duele?
– ¿Ah? N-no… – Limpió rápidamente su rostro.
– ¿Le temes a los vampiros ahora?
– …Huh. – Negó con la cabeza lentamente, intentando no lastimarse.
El muchacho Agreste se levantó para ir por los instrumentos necesarios para cuidar de la herida, la limpió como era debido, pero entendía que el llanto de su acompañante no era por el ardor de la yodopovidona, sino porque entendía perfectamente que aquel que llevaba tanto tiempo conviviendo con ella y odiando a los vampiros, le había atacado para alimentarse de ella.
¿Él siempre había sido un vampiro o es acaso qué había algunas partes de su historia que se había saltado? Su cabeza no paraba de dar vueltas, mareándola, causándole vértigo e incluso náuseas.
– Adrien. – La puerta de la habitación se abrió. – ¿Podrías regresar al salón por un rato? La clase nocturna se está inquietando por el aroma de sangre en el aire.
– Claro. – Colocó el apósito auto adherible en el cuello femenino para retirarse. – Con permiso.
– Llevé a Nathanaël de regreso a su habitación, ahora está más calmado. – El rubio apenas escuchó eso, se retiró con rapidez. – Te lo hemos ocultado por tanto tiempo, tienes todo el derecho a estar aterrada, especialmente después de esto. – Su padre se mostró entristecido. – Perdóname, Marinette.
– ¿Cómo pude haber sabido que era un vampiro? Durante estos cuatro años…
– Lo sé, es porque él aún era humano hasta hace cuatro años. – Se sentó al lado de su hija. – Hace cuatro años, la familia Juvet fue atacada por vampiros, Nathanaël apenas sobrevivió. Cuando lo encontré, tenía las marcas profundas de una mordida en su cuello.
– P-pero… Cuando yo lo… ¿Entonces…?
– Solía ser humano, pero ahora es vampiro.
– ¿Por qué fue mordido? – Aunque no lo parecía, estaba temblando.
– Marinette, ¿tú crees la leyenda que dice que los humanos que son mordido por vampiros se transforman también en vampiros?
– N-no lo sé…
– Es verdad. – La expresión del hombre era cada vez más seria. – Pocos son los vampiros que pueden hacer esto, sólo unos pocos. Los vampiros de sangre pura.
– Sangre… Pura…
– Hija, tú no tienes que preocuparte. Nathanaël no es uno de ellos, así que no te convertirás en vampiro.
Yo no sabía nada…
La mente de la ojiazul se sentía afligida, había dejado el miedo de lado. Durante todo ese tiempo él había estado sufriendo solo, soportando un dolor tan agonizante que lo llevaba al extremo de aislarse cada vez más. Esa era la principal razón de porque siempre había estado solo, porque muy en sus adentro estaba asustado por lo que había vivido en aquel lugar que fue su hogar, junto a su familia.
Siempre oculto en esa fachada de chico malo, escondiendo lo que de verdad sentía para no herir a otros. Era seguro que sabía cuál sería su fatídico fin conforme el tiempo pasara, una existencia que dependía de tomar la vida de terceros.
El odio que tenía hacía aquellos seres nocturnos no era más que un maldito rencor por arrancarle todo lo que él conocía, por volverlo uno de ellos. Su único objetivo era…
. . .
– Es extraño que Nathanaël falte a clase. – Susurró Alya a su mejor amiga durante la clase de química.
– Lo sé… – Marinette tocó su cuello adolorido. – Se enfermó desde anoche.
– Ya veo…
La mente de la azabache seguía perdida en el mar de pensamientos dirigidos a su amigo y hermano. Ahora comprendía más de él. Sabía a la perfección que, si por él fuera, si tan sólo pudiera, mataría a todos los vampiros e incluso a sí mismo para evitar la existencia de dicha especie.
Lo que menos deseaba es que hiciera algún tipo de locura. Lo conocía lo suficientemente bien como para saber que no había asistido a clase porque estaba pensando o haciendo algo que al final terminaría no sólo preocupándola a ella, sino también al director. Es más, hasta eso podría llegar a perjudicar a Adrien y el resto de la clase nocturna si hacía lo que estaba pensando.
– Pro-profesora. Necesito ir a la enfermería. – No pronunció nada más y salió corriendo de aquel salón en dirección a la habitación del pelirrojo. – Nath…
Corrió lo más rápido que pudo, tenía un mal presentimiento y lo que menos deseaba era encontrarse una horrible escena. Para cuando llegó, al abrir la puerta se topó con una escena que no esperaba: Él se estaba apuntando directo a la cabeza con su Bloody Rose. No lo pensó dos veces y se arrojó contra él, alejando el arma, cayendo ambos a la cama del chico. Marinette estaba sobre él, abrazándolo fuertemente, alejándole el arma de fuego.
– ¿Qué demonios crees que haces? – Estaba molesta pero, por sobre todo, triste.
– Nada. – Lo dijo de forma tan seca que la exasperó.
– ¡Mentiroso! ¡Le quitase el seguro al arma!
– ¿Por qué viniste?
No supo que responder, sabía que lo que estaba haciendo iba en contra de los deseos del pelirrojo. Estaba siendo egoísta, pero si eso lo salvaba, se comportaría de esa forma.
Antes de responder, las posiciones habían cambiado. Él la tenía tomada fuertemente de las muñecas, impidiendo que se moviera de debajo de él. Acercó sus manos al cuello de la chica, que asustada cerró los ojos, pero lo único que él estaba haciendo era quitar lo que cubría la marca que él le había hecho la noche anterior.
– ¿Puedes oírlo?
– … – Sintió los dedos helados del chico sobre su cuello.
– El sonido que hice cuando tomé tu sangre. – ¿Buscaba asustarla? – Mientras ese sonido corra por mis oídos, no estarás segura conmigo, así que ten cuidado.
El chico se retiró de por sobre ella y tomando una maleta salió de la habitación, dejándola estupefacta por aquella declaración. No entendía que más podía hacer por él, no quería abandonarlo, no quería dejarlo sólo y que poco a poco fuera consumido por el profundo odio que tenía por los vampiros.
Él siempre la cuidaba, aunque no lo admitiese. Siempre había sido ese tipo de persona que demostraba las cosas con palabras ásperas y acciones torpes.
Al levantarse notó la presencia de una foto de ellos dos en la secundaria, la única foto normal que tenían juntos, como los hermanos e hijos adoptivos de Tom Dupain. No podía dejarlo. No quería dejarlo.
Porque él siempre ha estado ahí…
– ¡Espera! ¿A dónde crees que vas? – Corría lo más rápido que su cuerpo lo soportaba, cargando el arma que él había dejado en su cuarto. – ¡Detente ahí! Si no… Te detienes… – Demonios, estaba mareada. – Dispararé…
– Sólo te lastimarás, déjalo Marinette. – Él tenía sujeta el arma también.
– No… – Jadeando, levantó la mirada. – No dejaré que te vayas. No sin escucharme antes.
– No pude siquiera contenerme de morderte, así que… – Se apuntó a sí mismo debajo del cuello. – La próxima vez que ataque a alguien puede que lo mate. – Su mirada era retadora. – Dispárame.
– ¿Ah?
– Me tienes miedo, ¿no es verdad?
Eso no era verdad. No tenía miedo de una persona como él.
– Toma el arma firmemente con ambas manos y apunta directo a mi corazón. – Se estaba posicionando tan cerca que el disparo sería a quemarropa. – No es un crimen matar a un vampiro.
– ¡No! ¡No lo haré! – Lo empujó levemente, molesta, llorando. – Porque ahora entiendo… Cuanto has estado sufriendo. – Hipaba, sollozaba. – No sabía nada entonces, pero… Hemos estado juntos por seis años ya… Yo… Yo no te temo. – Lo abrazaba con fuerza, la poca que aún tenía. – No permitiré que haya una próxima vez. E incluso… Si vuelve a haberla… ¡No te dejaré hacerlo! ¡Te detendré!
Ese día prometí ser la guardiana de Nath…
Continuará…
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Los voy a golpear cada que se pongan de pinches insistentes en que actualice este fanfic ^w^ y no creo que ustedes quieran eso, ¿verdad? :D Bueno, a ver cuándo se me ocurre subir el siguiente :P Bye…
Siguiente capítulo: Dormitorio de la luna.
