Lo sé, he tardado demasiado en actualizar este fic (no, la verdad es que no xD), pero no había inspiración para adaptar ni mucho menos tuve luz ;_; El transformador que alimenta la zona donde vivo ya ha fallado tres veces en los últimos 8 días D: Sufro /3 Bueno, conseguí al fin escribir :v ¡Disfruten!
Disclaimer: Miraculous es propiedad de Thomas Astruc y Vampire Kinght de Matsuri Hino
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VAMPIRE KNIGHT
SÉPTIMA NOCHE
FIESTA DE CUMPLEAÑOS
Algunas criaturas viven en la oscuridad, son bestias que toman forma humana para alimentarse de nuestra sangre: vampiros. Por otro lado, hay humanos que dedican toda su vida a cazar a esta especie para mantener a salvo a nuestra raza; los cazadores…
La mente de Marinette se encontraba en blanco, disfrutando con lentitud la cena que su padre había preparado para ambos jóvenes.
Para Nathanaël era igual, sólo dejando pasar cada uno de los diálogos que aquel hombre dirigía para ellos. Sabía que por cortesía debía responder sobre la comida que con tanto esfuerzo había realizado con lo que llevaron del pueblo, pero después de todo lo sucedido… Era difícil no pensar en las acciones que no realizó. En lo que el vicepresidente del dormitorio de la luna había hecho y él no.
– No interesa… – Suspiró Tom. – Al menos ambos están comiendo bien.
Cada uno seguía hundido en sus pensamientos, recordando los hechos de la mañana y el trabajo que debían de realizar en una hora como máximo.
– ¿Algo sucedió en la ciudad? – La actitud del director había cambiado sorprendiendo al par de jóvenes. – Marinette está herida.
– E-esto… – La fémina no sabía cómo explicarlo, pues ninguno de los dos había comunicado la situación.
Lo cierto era que no se trataba de su elección, sino por lo que el vicepresidente del dormitorio contrario les había comentado; si querían saber los detalles sobre dicho incidente deberían de asistir esa misma noche al hogar de los vampiros en el territorio escolar.
– ¡Cierto! Casi lo olvido, esto es para ti Nathanaël. – De uno de sus bolsillos sacó un estuche. – Si no me equivoco ya tuviste que acabarte las que tenías.
– ¿Estás enfermo? – Curioseó la azabache.
– No, sólo son tabletas de sangre. – Agitó frente a los ojos ajenos el paquete traslúcido. – No te aturdas, de ahora en adelante esto será algo común.
– Comprendo…
– No te preocupes por eso, hija. Aun cuando estas tabletas son para contener el apetito de sangre, son muy parecido a comer para no sentirse mal.
El pelirrojo se levantó de la mesa un tanto irritado, que hablaran sobre esos deseos tan inmundos que compartía con los verdaderos vampiros no era algo que le gustase escuchar.
Para la chica esas palabras eran algo muy diferente. Su padre parecía saber todo sobre su compañero, sobre los vampiros y muchas cosas más que tenían relación con estos. De ahora en adelante deseaba saber más, llegar a conocer a profundidad que era todo lo que la rodeaba en la academia, con su amigo y con Adrien.
Comenzaría esa misma noche.
– ¡Espera! ¡No deberías de acompañarme con un ataque en mente! – Se sentía un poco nerviosa por ver al muchacho cargar su arma. – Te agradezco tu preocupación, pero estaré bien. Deberías regresar.
– Si no hay ningún problema, no debería de preocuparte. – Guardó su pistola bajo su chaqueta. – Además, ¿tu querido Agreste no te pidió que cuando volvieras a ir tendría que acompañarte?
– Bueno, eso dijo él… Aunque sé que no te sientes del todo cómodo al venir aquí.
– Lo hago por ti. – Avanzó, notando que el muro que dividía los dormitorios estaba a pocos metros.
– De ahora en adelante estaremos en su territorio. – El rostro de la chica cambió a uno serio. – Como lo suponía, la atmosfera es diferente…
En un instante ambos habían vuelto a sacar sus armas, apuntando de mala forma a Chevalier y Bellamy que se habían aparecido junto a ellos. Parece que ese era el tipo de bienvenida que debían espera de los chupasangre.
– ¿Qué quieren? – Pregunto el de cabello de fuego.
– Hemos venido a escoltarlos por órdenes del vicepresidente. – Respondió el más alto.
– Eso es correcto. – El moreno se veía molesto. – Max no lo pidió, de lo contrario no habríamos venido.
Avanzaron por el pasillo que los conducía a la mansión que todos los hematófagos compartían. A lo largo del camino pudieron ver a algunos de sus compañeros nocturnos y otros que no conocían demasiado bien. Todas las miradas estaban puestas sobre ellos, atentos a sus movimientos.
Sabían a la perfección que esas actitudes siempre solían reservárselas en las aulas, pero esta vez estaban en su propio ambiente, disfrutando de ser quienes son, retirándose con descaro el disfraz que siempre portaban frente a los humanos del colegio.
– Por aquí. – Les indicó Kim al llegar frente al subjefe. – Aquí están.
– ¡Vinieron! – Comentó alegre el muchacho de apellido Pelletier. – ¡Marinette! ¡Nathanaël! ¡Esta noche es mi fiesta de cumpleaños! ¿No es genial?
La actitud del aficionado a los cálculos era muy diferente a lo que habitualmente veían. Estaba demasiado motivado y feliz, reluciendo como si tuviese su propia aura blanca; algo muy distinto al resto de los invitados.
– Ammm… ¿Puedo saber cuántos años cumples? – Preguntó la ojiazul intentando tener de qué hablar.
– ¿En términos humanos o de vampiros?
– Vampiro…
– Ya tengo 18, soy todo un adulto ahora. – Sus actitudes eran demasiado exageradas, como la de un niño que se cree grande. – Así que como regalo aceptaré un beso de Marinette.
– ¡No vine aquí a jugar! – Ella estaba avergonzada por esa actitud sosa. – ¡Estoy aquí como delegada para saber sobre el incidente de esta tarde! – Respiró a modo de tranquilizarse. – No puedo pretender que nada sucedió. Para comenzar, dejar la escuela es en contra de las reglas, pero al final… Eso no se compara con el tema de ese vampiro…
– Esta bien. – Nuevamente su actitud mostraba superioridad. – Pregunta, todos aquí saben sobre eso.
– ¿Quieres decir que vampiros peligrosos rondando por las calles no son comunes?
Las poses de todos, incluso la de Nath seguían cambiando. Había una cierta resistencia a contarle todo lo que estaba relacionado con ese accidente a la joven delegada que parecía desconocer demasiadas cosas para el lugar en que se encontraba.
– ¿Qué era exactamente ese vampiro? – La voz femenina temblaba.
– Ese era un vampiro "ex humano", de lo más bajo.
– ¡Nino! – El cumpleañero le regañó por ser tan directo
– E-explicate.
– Marinette… – Max suspiró, para comenzar tan larga explicación. – En la sociedad de vampiros aquellos en lo más alto son llamados "sangre pura", y un número reducido son llamados "nobles". Después podemos ver a los vampiros normales, aquellos que sus habilidades son pocas, casi nulas por su sangre mestiza. Aun así, en este lugar sólo versas nobles.
– Eso no importa… – Se entrometió el DJ.
– Claro, disculpa. – El administrador continuó. – Para ponerlo como una pirámide, los vampiros "ex humanos" son los que están por debajo de todos. La verdad es que no se les considera ni siquiera como verdaderos vampiros. Son conocidos como "clase E".
– ¿Cla-clase E…?
– Para ponerlo de forma correcta, es la clase final. – Intervino Kim. – Hablando de eso, Juvet debería saber todo esto, después de todo es miembro de una familia de caza vampiros.
La de coletas se giró hacía su amigo, que había regresado a su estado natural, a la defensiva. Sabía perfectamente que él provenía de ese tipo de familia, pero no tenía conocimiento de que supiera sobre ese tipo de cosas, después de todo, perdió su familia bastante joven. A esa edad él no tendría que saber sobre ese tipo de cosas, ¿o no?
– Vampiros exhumanos. – El delegado respondió a las palabras del vampiro. Lo sabía. – Se hundirán eventualmente al nivel de la clase E. Su voluntad se debilita poco a poco, hasta que alcanza su "límite" o "ruptura".
– Entonces tendrán una sed incontrolable de sangre, atacando a humanos imprudentemente. – Nuevamente Max tomaba la palabra. – Debido a esto tienen que ser controlados por los vampiros nobles.
– ¿Controlados?
– A veces ocurre algo y ellos escapan de nuestro control, atacando a la sociedad humana.
– Hoy oí un reporte que decía que un clase E vagaba fuera de nuestra querida institución. – Adrien había entrado en escena con Aurore detrás de él, sorprendiendo a más de uno. – Es por ello que le pedí a Max y Chloé que fueran a cazarlo por orden mía.
Todos los nobles asistentes estaban un poco intranquilos, pues el hecho de que su líder apareciera en un evento social con tantas personas era poco común, casi imposible de que sucediera. No entendían por qué se encontraba ahí si no se trataba de una reunión realmente importante.
– Entonces es vampiro…
– Mari, ¿por qué no reportaron esto al director Dupain?
– ¡Eh! Esto… Como delegada tenía que escuchar las palabras de Max y…
– Viniste a este lugar tan peligroso…
– Pensé que sólo reportar este asunto no sería suficiente. También quería confirmar esto por mí misma.
– ¿Por ti misma? – El rubio parecía algo irritado. – Bueno, veo que atendiste mis palabras de que la próxima vez debías venir con Nathanaël.
El líder de aquel grupo de vampiros se sentó en un sillón de tipo victoriano, en la parte más alta del lugar para que todos le vieran. Haciendo este un además, los dos jóvenes que se encargaban de cuidar al alumnado del Françoise Dupont subieron las escalinatas para estar cerca del Agreste que se mostraba imponente al resto. A la derecha del asiento rojo estaba la rubia Aurore Beauréal, por lo que ellos se fueron hacia el puesto contrario.
– Marinette, ven. Siéntate a mi lado. – Le solicitó Adrien.
– ¡Eh!
– Sólo ven.
La joven se sorprendió en demasía por dicho pedido. Notó el cambio de ambiente, pues no sólo las mujeres presentes le vieron de forma amenazadora, sino también los varones presentes; al parecer ninguno de sus subordinados quería que una humana como ella se acercara a su líder.
Giró a ver a su amigo pelirrojo que intentaba hacerse el desinteresado de la situación que se estaba formando en ese instante. ¿Qué se supone que debía de hacer?
– N-no, gracias.
– Mari…
Que le llamar de esa forma le recordaba a cuando era pequeña. Con esa actitud era casi imposible negarse a aquel vampiro de nívea piel. Se sentó junto a él, con algunos centímetros de separación, pero eso no era lo que su amigo de la infancia buscaba; posando su mano sobre el hombro más lejano de la chica, le obligó a acercarse mucho más a él. Básicamente la estaba abrazando de forma posesiva.
– El lugar más seguro es a mi lado. – Recitó cerca del rostro de la azabache apenada.
– A-Adrien…
El muchacho artista copió la posee que la guardiana del rubio tenía, permitiéndose escuchar con mayor atención la plática que estos comenzaban a entablar.
– Lamento mucho que te hayas topado con la "cazería", nunca me hubiera imaginado que te encontrabas ahí. Sin embargo… – Susurró al oído de la chica. – También incumpliste las normas escolares por estar en un lugar como ese.
– Pe-pero nosotros fuimos por cosas del direc…
– Fuiste herida por el vampiro, ¿verdad? – Bajó su mano, tocando el codo herido de la contraria. – Debe doler…
– No, es sólo porque fui muy descuidada.
– Los vampiros exhumanos nunca debieron de ser creador.
– ¿Pe-perdón?
Él comenzó a desabotonar el saco y la camisa de Marinette, levantando de a poco este para encontrarse con un vendaje que protegía la zona lastimada.
– Hace mucho tiempo, cuando la batalla entre vampiros y los cazadores estaba en su punto más feroz, algunos de los nuestros querían convertir a los humanos en sus similares para incrementar su capacidad de batalla. – Poco a poco las vendas caían. – Sin embargo, los vampiros nobles han tomado el deber de controlar lo que queda de esos vampiros. Algunas veces incluso necesitan de ser "cuidados" por nosotros…
– Cazar un vampiro es responsabilidad de un cazador de vampiros. – El delegado se mostró irritado por lo que contaba el otro.
– Entonces, ¿por qué no lo mataste en ese momento? – Había dado en el clavo. – Déjame quitar el dolor de tu herida, Mari…
Ella no entendió muy bien hasta que observó al líder de la clase nocturna lamer la zona dañado de su brazo. De alguna forma ardía, pero no como si esta fuera a empeorar, era algo diferente que la estaba poniendo nerviosa, agitada.
– ¿O es acaso que sentiste lástima por él, Nathanaël?
Todo había cambiado en segundos. La mirada esmeralda del más fuerte ahora era afilada, retadora hacía el pelirrojo que estaba apuntándole directo a la cabeza con su Bloody Rose. Los presentes no estaban para tolerar tales actos contra el que los lideraba, por lo que el aire, los árboles y lo que se encontraba ahí comenzó a crujir por cómo es que estos expresaban sus habilidades queriendo matar al asqueroso cazador que intentaba revelarse en aquel territorio.
Marinette estaba estupefacta, podía notar como el cuello de su compañero de clase estaba sangrando, pues la guardaespaldas del rubio le había amenazado con la mano directo a esa zona vital, rasgando lo suficiente para que el líquido carmín brotara de ese sitio.
– Está bien. – Mencionó Agreste aún con la herida de la hija de Tom entre sus labios. – El que habló de descuidadamente fui yo.
– Nath…
El que aquella joven pronunciara su nombre le hizo bajar su arma, causando que todos los vampiros le dejasen de amenazar.
– Eso me dio un susto. – Mencionó el subjefe de dormitorio.
– Ese bastardo de Juvet se atrevió a apuntar con un arma a Adrien. Ni siquiera cortarlo en pedacitos me satisfaceria. – Nino aun agitaba su mano que crujía por el hielo que estaba en su palma.
– Olvídalo. Sabes que no puedes hacer nada.
– Trataré de soportar esto mientras esté en la escuela. Sabes que no iré contra el tratado de paz del director Dupain. – Si dirigió al de melena roja. – Pero no lo olvides, es sólo por la presencia del joven Adrien que nos reunimos aquí en la academia.
– Es porque… – La dueña de Artemisa parecía fuera de sí. – Adrien es un sangre pura.
– Pareces sorprendida. – De nuevo estaba esa mirada y esa sonrisa sólo para ella de parte del mencionado. – ¿Asustada?
– De hecho, desde hace mucho te he temido un poco. Aún ahora…
– ¡Que cruel de todos olvidar porque estamos reunidos aquí! – Max retomó el rumbo de la festividad. – No importa si son vampiros o humanos, todos son mis invitados de honor.
Para Nathanaël esta era la peor fiesta a la que alguna vez había asistido…
. . .
– Una expresión tan seria, ¿acaso está en su etapa de rebeldía? – Preguntó aquel que parecía usar harapos como ropas al ver una foto de los delegados.
– Sabes que no es esa clase de chico… – Afirmó el director. – La chica de al lado es Marinette. Aunque es un año menor, es bastante fuerte. Ese día fue el primero de clases.
– ¿Qué? ¿Primer día? – El acompañante golpeó la mesa. – ¿Dejaste que se atrasara un año?
– No te preocupes demasiado, sus resultados son buenos. Se atrasó en secundaria.
– Olvídalo, entiendo su desgano de asistir a la escuela teniendo a los de la clase nocturna tan cerca.
– Supongo que ya debes de saber que junto a Marinette se encargan de mantener a raya a los "busca problemas" de la clase nocturna.
– ¿Qué hay de tu tratado de paz? ¿No que confiabas en ellos?
– Claro que confió en ellos, pero no hay duda que esos chicos están llenos de vigor.
– Dejarlo contigo fue un error.
El hombre que habla con el director tenía un semblante serio y algo temerario, mordiendo una especie de palillo y acompañado con su look extraño de viejo oeste haría pensar a cualquiera que se trataba de un actor de alguna película, haciendo el papel del bandido. Su cabello negro, sostenido en una coleta le daba un cierto contraste a ese estilo extraño.
– ¿Qué dices? – Respondió Tom exageradamente ofendido. – En el momento fue la mejor solución. Además, no te he visto en 4 años, me sorprende que sigas vivo y hablándome en este momento.
– Hoy había un clase E en el centro de Paris.
– Ya veo. ¿Hiciste tú trabajo?
– No bromees conmigo Tom. Fue convertido en cenizas de inmediato y sé con seguridad que eso fue obra de tus alumnos de la clase nocturna.
– Claro que eso no es posible. Ja, ja, ja, ja. Nuestras reglas establecen que los alumnos no pueden estar fuera de las instalaciones.
– No se dejarán retener por esa regla trivial.
– Debió ser alguien más. – El hombre bonachón comenzó a hacer poses heroicas. – Alguien que salva a la gente en las calles. Algo así como un gato y una mariquita con poderes mágicos, protegiendo a nuestra amada Paris ocultando sus identidades reales.
– Tonterías de niños. – Cambió el palillo que llevaba en la boca por un cigarro que enseguida encendió. – Los únicos que deberían cazar vampiros somos nosotros, los cazadores de vampiros.
– Jum. – El director hizo una especie de puchero. – Bueno, ¿qué se supone que haces aquí?
– Definitivamente visitarte a ti no es la respuesta. Por supuesto que ver a Nathanaël; tenemos una promesa de sangre.
– Promesa, ¿eh? – La seriedad apareció en el rostro del de bigote. – Solo dejaré que pasen un tiempo juntos como antes.
. . .
La fiesta seguía avanzando, todos hablando amenamente mientras los delegados seguían en las mismas posiciones. La chica podía notar el desagrado e incomodidad que le generaba a su compañero el estar rodeado de los seres que más detestaba, aunque el fuera uno de ellos.
– Adrien, nos vamos. – Mencionó la de orbes azul cielo al jefe de dormitorio.
– ¡Es hora de partir el pastel! – Anunció Max.
– Es un pastel muy grande, ¿no crees? – Detrás de él apareció Lila.
– ¿Te gustaría probarlo? Fue hecho para todos.
– Dame tu mano.
La castaña tomó el cuchillo sin cuidado, cortando la palma de su compañero que no mostró signos de dolor o alguna expresión de molestia.
– Lo siento, me ocuparé de ello.
Sin darle opciones al moreno, ya se encontraba lamiendo la sangre que caía por los dedos hasta llegar a la herida que se posicionaba justo a la mitad de la palma masculina.
– Lo hiciste a propósito, ¿verdad?
– No sé de qué hablas. – Respondió ella de forma seductora, lanzando una mirada a Nathanaël.
El pelirrojo no lo soportó más. El aroma a sangre estaba impregnado en sus fosas nasales; desde el fondo de su cuerpo se estaba quemando en el deseo de consumir aquel líquido carmín que tanto gustaban los vampiros.
– ¿Nath? – Marinette no reparó en que dejaba a Adrien sólo, simplemente fue corriendo en busca de su hermano. – ¡Nath!
– Iré a atenderme está herida, con permiso.
– Lila. – Fue nombrada por la joven Bourgeois que se acercaba riendo.
– Estaba aburrida hasta la muerte.
– Adrien, ¿debería ir por ellos? – Pronunció Kim acercándose donde el rubio.
– No, déjalo. Estoy bien. – Aunque decía aquellas palabras no lo parecía. Estaba agitando su cabello a modo de calmarse.
– Deberías tomarlo mejor, después de todo tu le dijiste a Max que podía organizar la fiesta e invitarlos para verla. – Apretó su hombro, como un modo de ayudarle. – Calma.
– Lo sé. – Se levantó de su asiento, dispuesto a retirarse. – Marinette volverá a mi lado algún día.
El cazador seguía corriendo, buscando deshacerse de esa maldita adicción que no lograba controlar con nada. Ese calor en su cuerpo lo llevó a retirarse la corbata y posteriormente el saco dejándolo en su andar; abrió su camisa, necesitaba calmar las ansias, pero también alejarse de cualquier posible persona que pudiese atacar así que fue en dirección a la zona deportiva del campus.
Mientras tanto su compañera lo buscaba con desesperación, no sabía exactamente hacía donde había ido, sólo tenía como pistas las prendas que había recogido a la salida de los dormitorios de la luna. Sólo pensaba que Nathanaël no había tolerado las actitudes de los seres nocturnos, sin imaginar el resto del pesar que el muchacho estaba cargando en sus hombros.
Avanzando en su andar golpeó con ligereza un tronco, hizo una mueca por el dolor que representaba tocar la herida que por la tarde se había hecho, pero realmente no dolió más que lo habitual. Era cierto que Adrien la había sanado; a pesar de seres que cualquiera pensaría que representaban un mal augurio, a fin de cuentas tenían ese tipo de habilidades casi divinas que podían mejorar a cualquiera. Su corazón parecía sobresalir de su pecho, de verdad le apenaba la forma en que era tratada por el sangre pura de la escuela.
Resbaló con un bulto que había en el piso, pudiendo notar que lo que había pisado era la caja de tabletas de sangre de su amigo. Corrió un poco más, hacía el lado contrario de las pistas de atletismo, estaba el pelirrojo en la orilla de la alberca olímpica, jadeando con fuerza. Se notaba el esfuerzo que realizaba por mantener algo en su boca, pero no lo resistía, lo regresó todo. Al acercarse notó que en el piso parecía estar manchado con sangre, pero sólo eran las tabletas de sangre que se disolvían en la saliva del chico.
– Desde… – Le costaba hablar, así que la azabache se acercó a él, siendo apresada de los hombros. – Esa noche que te ataque. Debo tomar cada noche una de estas, pero siempre me da asco. Mi cuerpo las regresa… ¡No importa cuanto lo intente!
Ya había pasado poco más de un mes desde aquel incidente, no era posible, ni siquiera para un vampiro común, el mantenerse sin consumir algo de sangre y no volverse loco.
– Du-duele… – La tenía aferrada a él, saboreando peligrosamente su cuello. – Nath…
No podía dejar que nuevamente perdiera la cordura, que todos supieran que él bebía sangre cuando quisiera porque no era capaz de controlarse.
Lo tomó de la pierna para desequilibrarlo y así lanzar a ambos al agua. Él al ver el rostro temeroso, levemente iluminado por la luz de la luna, gruñó para soltarla. No era justo que ella sufriera por algo tan estúpido como la sed de sangre.
Ayudándose del otro salieron a flote, buscando la orilla para salir de ahí. Pero apenas salieron, sangre verdadera tiñó el agua. Un hombre de pelo negro y parche había disparado a quemarropa el hombro del menor.
– ¿Ahora debo usar este tipo de armas contra mi lindo estudiante?
– Maestro.
Continuará…
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¡Como me ha sido posible he terminado el capítulo! Tardé varios días en adaptarlo debido a que tiene una de mis escenas favoritas (Kaname obligando a Yuuki a sentarse junto a él) w Bueno, ya quiero escribir el siguiente y es muy probable que lo haga a la brevedad posible ya que tiene otra de mis escenas predilectas XD ¡Feliz año nuevo a todos!
Siguiente capítulo: Recuerdos de un niño
