Al otro día, la noche había caído, suavemente, tras una tarde de paseo y sexo. Drake le había dado ciertas indicaciones y ahora ella lo miraba, de pie en la sala.
- ¿Por qué no querías que preparara la cena?- Le preguntó ella- ¿Acaso vamos a salir?
- No precisamente- La miró, sonriendo, viendo que había seguido su consejo- Te lo pusiste. Bien…
- ¿Me dirás porque me puse esta falda? No es tu favorita.
- No, pero tengo pensado algo y necesitaba esa falda…
- Sam…
- Es una sorpresa…- Acarició su rostro- Hoy quiero que hagas lo que yo diga.
- ¿En serio?- Arqueó una ceja.
- Te gustara, bobita- Rozó su cuello con los dedos- ¿Podrás?
- A veces tengo miedo de tus planes ¿Lo sabes? De todos modos ¿Qué planeas?
- Ya te he dicho que me encanta verte disfrutar. Así que eso pasará hoy, pero… diferente… Quiero estar un poco en control de eso…
- ¿Fetiche nuevo?- Ella tocó sus labios.
- ¿Los roles son un fetiche?
- Más o menos. Supongamos que sí.
- Nuevo fetiche entonces.
- Amo tu inventiva- Besó su barbilla.
- ¿Empezamos?
- Creí que íbamos a cenar antes.
- Vamos a cenar durante- Le sonrió, con aire travieso.
- ¿En qué me metí?- Ella fingió preocupación.
Drake besó sus labios, deliciosamente, antes de agacharse. Ella lo miró, confundida, mientras le hacía pasar por una de sus piernas, una liga rosada elástica, con preciosos encajes, la cual subió bastante, hasta la mitad del muslo, por debajo de la falda.
- ¿Oprime mucho?- Preguntó él.
- No ¿Para qué es?
- Ya verás- La miró, viendo que la liga quedaba perfectamente oculta, gracias a que la falda llegaba hasta sus rodillas- Perfecto.
- Me intrigas…
- Y tú me encantas- Le dijo, poniéndose de pie.
Edna rio tiernamente. Le encantaba esas contestaciones que ignoraban el tema y que estaban destinados a elogiarla. Y él lo hacía precisamente porque esa risa tierna iluminaba su alma.
- Voy a pedir la cena- Le dijo él, sonriendo.
Llena de curiosidad, lo vio tomar el teléfono de la casa y llamar al pequeño restaurant de Giethoorn, que llevaba comida a domicilio. Pidió algo y tras oír que tardaría unos diez minutos, colgó.
Luego solo la abrazó y se quedó con ella, ignorando su intriga, chequeando su reloj.
Tiempo después, volvió a mirar, notando que ya había pasado el tiempo suficiente.
- Bueno, ahora que la comida llegara en unos pocos minutos, es hora de empezar- Dijo él, tomando algo de una bolsa.
- ¿Qué?
Samuel volvió a agacharse, prácticamente metiéndose debajo de la falda por completo.
- ¿Qué haces?- Murmuró ella.
Pero lo que Shaareim sintió era que él enganchaba algo en la liga de su muslo. Algo más bien firme. Luego, con su delicadeza usual, suavemente apartó su ropa interior y colocó algo dentro de su vagina.
- ¿Sam?- Lo miró salir y ponerse de pie.
- Rum Rum- Sonrió él, tocando algo en lo que tenía en la liga.
De inmediato una vibración suave se apoderó de su interior, cosquilleándola, abrumándola un poco.
- ¡Sam!- Ella tanteó el aparato en su muslo.
- No, no- Él tomó sus manos y miró sus ojos- No lo apagues linda… ¿Te duele o algo?
- Dios… No, pero…
- Entonces déjalo. Quiero verte reaccionar a eso…
- Es difícil…
- Y esta al mínimo… Ahora… Cuando venga el repartidor, iras a tomar el pedido.
- ¿Q-que? No… no…
- No te lo he preguntado- Le guiñó el ojo, muy cerca.
- A veces… te… odio…- Murmuró antes de gemir- Samy…
- Ten cuidado- Rio- No hagas eso con el repartidor o creerá que le gustas.
El timbre sonó firmemente. Él sonrió ampliamente y ella lo miró temerosa.
- No, no…- Murmuró ella- Sam, no puedo.
- Yo no iré…- Se sentó en el sillón y le extendió el dinero- Ve… O no se irá, y no comeremos.
Edna lo insulto, en árabe. Dificultosamente fue hacia la puerta, la abrió y atendió al muchacho con toda la educación y prisa que tenía. Cerró, dejando el paquete en el suelo, sosteniéndose de la pared.
- Sam- Gimió, mirándolo, viendo que se acercaba sonriendo con aire perverso- Bastardo…
- A comer- Tomó la bolsa.
Drake la miró profundamente durante toda la leve cena, concentrado en ella, comiendo lentamente, viéndola temblar y gemir, acariciando su mejilla, preguntándole si algo le dolía. Ella solo quería terminar.
La vio cerrar los puños, quejarse, sudando.
- ¿Edy?- Sonrió.
- Ya no… Samy…- Gimió con fuerza- Por favor… Ya no… En serio… Ya no aguanto…
- Te creo… Ven…
Él la condujo hasta recostarla boca arriba en el sillón. Se sentó al lado, levantando suavemente su falda.
- Samy…- Ella se movió suavemente- Samy…
- ¿Quieres algo en especial, cariño?- Acarició sus piernas.
- Hazme llegar… rápido…
Drake sonrió. Tocó el aparato, poniéndolo al máximo.
- ¡Diooooosss!- Edna gritó, torciéndose- ¡Saaaamyy!
Lejos de dejarla sola, él velozmente metió sus dedos por debajo de su ropa interior empapada, encontrando su clítoris increíblemente firme, el cual frotó con fuerza. No tuvo que esforzarse por demasiado tiempo, ya que varios segundos después la oía gritar y tensarse de placer.
Él apagó el aparato y se lo quitó, sonriendo.
Pero se sorprendió al verla ponerse de pie y empujarlo contra el respaldo del sillón.
- ¿Princesa?- La miró, fascinado, mientras ella le desabrochaba el pantalón.
- Te necesito- Se quitó la blusa y la falda, velozmente- Sácalo…
- Wow- Se apresuró a bajarse el pantalón, mientras veía la desnudarse- Wow…
- Todo- Ella tomó su camisa y la abrió con un solo jalón, arrancándole los botones.
De inmediato se sentó en su cintura, de cara a él, cubriéndolo, moviéndose con fuerza.
- Ho si…- Murmuró él, agarrando su cintura.
- Fuerte…- Ella se sujetó del respaldo tras su esposo- Fuerte… Sam…
Ambos lo hicieron con lujuria, con cierto aire a desesperación. Samuel no se preocupó por medir su fuerza, sabiendo que eso era precisamente lo que ella quería.
Fue más de media hora de bestialidad, sudor, gemidos, gruñidos y fricción, tratando de saciar un hambre súbita por sus cuerpos.
Todo lo que quedó, fueron los dos, estáticos, abrazados, agitados.
- Maldito bastardo- Murmuró ella, descansando el rostro en su hombro- En cuanto te recuperes… lo haremos de nuevo…
Drake rio, suavemente.
