Debería celebrar que aún no muero… :v

Disclaimer: Miraculous es propiedad de Thomas Astruc y Vampire Kinght de Matsuri Hino

OoOooOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Lo siento maestro. – Un niño pelirrojo se acercaba bajo el árbol donde un hombre mayor descansaba. – Por mi culpa su ojo…

Te he dicho que no es nada.

Pero… Usted me dijo que huyera y aun así yo volví. – Las lágrimas estaban a punto de desbordar de sus ojitos. – Maestro, yo…

No te salvé para ver esa expresión en tu rostro. – Se había levantado para poder agitar la melena roja. – ¿Acaso quieres que me arrepienta de haber arriesgado mi vida para salvarte?

No entiendo, ¿por qué los vampiros hieren a los humanos?

Es porque son criaturas lamentables que no pueden desafiar sus instintos. – Acomodó sus vendajes que ocultaban la falta de su ojo derecho. – Para ellos yo y otros cazadores de vampiros, como los del clan Jouvet, debemos de cazarlos. Nuestra vida es para eso, ¿lo entiendes Nathanaël?

Si… – Pronunció débilmente.

Los vampiros solo pueden ser nuestros enemigos.

VAMPIRE KNIGHT

OCTAVA NOCHE

RECUERDOS DE UN NIÑO

– ¡Nath! – Marinette lo sostenía lo mejor posible para que no se hundiera en el agua. Su mejor amigo estaba gritando del dolor. – ¡Nath! ¡Nathanaël!

– Aun cuando sea sólo un roce, el dolor infligido será enorme por ser una bala especial para aniquilar vampiros.

– ¿Qué? – La azabache no comprendía nada.

– Nathanaël, aun con tu sed de sangre, deberías ser capaz de mantener tu conciencia, ¿estoy en lo correcto?

Ella seguía sosteniendo con fuerza a su amigo que ante aquellas palabras había dejado de moverse. La mandíbula del chico estaba cerrada con fuerza, temblando, a modo de soportar el dolor que estaba sintiendo en su brazo.

El sonido del arma de fuego que sostenía aquel hombre mayor, el hecho de que su hermano se tranquilizara. No podía ser cierto, ¿estaba dispuesto a morir en ese momento en sus brazos? ¡No lo pensaba permitir! Giró su cuerpo, sin soltar a su compañero, colocándose entre el arma y él. Nadie tendría el derecho de arrebatarle la vida.

– Tú, ¿eres la hija de ese sabelotodo?

– No sé de quién hablas y tampoco sé la relación que tengas con Nath. ¿Pero quién eres para determinar si él vive o muere? – No lo perdería. – No dejaré que muera.

– ¿Incluso si se deteriora hasta un clase E?

– Cla…

– Mari, suficiente. Por favor, maestro.

El arma de fuego continuaba apuntando, directo a la cabeza del muchacho.

– Pero, ¿qué está pasando aquí? – El director estaba llegando en el momento indicado. – Es por esto que sigo que odio a los cazavampiros. ¡Mantén esa cosa abajo! – Se acercó a la orilla de la alberca. – Vamos, salgan de ahí ya.

Cada uno de los jóvenes salió por su cuenta, uno a cada lado de Tom Dupain quien sólo los vio con preocupación por lo que estaba sucediendo en ese momento, sobre todo con la fémina que se colocó desafiante frente al de ojo parchado.

– ¿Quién se supone que eres?

– Théo Barbot, cazador de vampiros y maestro de Nathanaël.

Por su parte, el de tatuaje tomaba un pañuelo que su padre le ofrecía como un método para detener el sangrado de su cuerpo. No se mostraba nada alterado ante las palabras de Théo.

– En verdad eres similar a ese sabelotodo. No te das cuenta que él estuvo a punto de morderte. – Sacó un cigarrillo y lo encendió. – Hago esto por tu bien y el de otros estudiantes, así que deja de culparme.

– Marinette, Nathanaël. – Les habló el hombre de bigote. – Déjenme esto a mí. Vuelvan a sus habitaciones.

Al final, la única que regresó los dormitorios fue la más joven. Impotente y desorientada, no comprendía que era lo que pasaría con la llegada de aquel hombre que parecía conocer a su mejor amigo desde hacía más tiempo. Y sin importar aquello, parecía que quería herirlo sin saber lo que de verdad sucedía en la escuela.

Aquello no era lo único que la asustaba, también estaba el hecho de que las tabletas de sangre fueran rechazadas por el cuerpo de Nath. Su sed no podía ser satisfecha y eso significaba un sufrimiento físico y psicológico para alguien con una mentalidad aun humana.

No podía comprender un dolor de tal magnitud. No sabía si era comparable a lo que sintió desde que fue convertido en vampiro hasta el mes anterior en que probó la sangre de la guardiana escolar. ¡No! Seguro era igual o peor, ya que, al probarla, era lógico que tuviese el recuerdo del sabor y la sensación de placer que producía en su cuerpo vampírico. ¿Qué podía hacer por él?

– ¿Mari? – Alya se había despertado por los murmullos de su amiga.

– Lo siento, ¿te desperté?

La morocha negó con la cabeza mientras se levantaba para acostarse en la misma cama de la ojiazul.

– Te he visto muy preocupada últimamente. – Acomodó los mechones azules de la otra. – ¿Puedo ayudarte en algo?

Con tan suave gesto, las lágrimas brotaron sin parar. Un abrazo la reconfortaría, pero no evitaría que se sintiera inútil al proteger la vida de su hermano.

– Lo siento, Alya…

. . .

Cansada, tuvo que asistir a clases. Durmió poco y aun así estuvo alerta, esperando a que Jouvet apareciera en algún momento, pero no sucedió. Mucho menos al momento del cambio entre la clase diurna y nocturna.

Terminó sus deberes principales para buscar al director y preguntarle directamente que fue lo que se había hablado el día anterior. No era del tipo de personas que se quedara con los brazos cruzados. Si conocía los detalles, estaba segura de que podría hacer algún tipo de cosa.

Fue directo a la oficina de su padre pero no se encontraba ahí por lo que pensó en ir a su habitación donde a veces también dormía Nath o ella, pero tampoco tuvo suerte. En lo que sí, tuvo suerte fue en encontrar al hombre de coleta de caballo.

– ¿Qué le sucedió a Zero? – La azabache sujetó a Theo de la chaqueta. – No vino a clase y el director Dupain tampoco está aquí. ¡Dime que le sucedió!

– Lo aislamos. – Respondió secamente.

– ¿A-aislado?

– No me sorprendería que perdiera el control algún día. Esto es sólo una forma de prevenir cualquier incidente antes de resolver ese problema.

– Pero… ¿Está bien? ¡Dime donde se encuentra!

– Vete. – Continuó su camino. – No tengo tiempo para hablar contigo

– Por favor, dígame que piensa hacer con Nath. – Lo siguió por los pasillos.

– No tengo nada que decirte niña. Ahora dejame en paz. Soy el profesor sustituto de la clase de ética para los vampiros, voy tarde.

Barbot abrió una enorme puerta que se erguía delante de ellos y sin darle oportunidad a la jovencita, la cerró. Justo frente a las narices de aquellos seres nocturnos, un cazador se abría pasó con el pretexto de dar cátedra.

– Soy Théo Barnot, su profesor sustituto de ética. – Su rostro era adornado por una sonrisa burlona. – ¿Encantado de conocerme, vampiros?

– Qué curioso es que tengas el mismo nombre que el cazador de vampiros número uno. – Mencionó irónica Chloé.

– Así que este es el hombre responsable del disparo de anoche. – Añadió Nino.

– Relájense todo, no vengo con la intención de matarles. – Colocó sus libros sobre el pedestal frente a él. – Tengo más de una licenciatura. Soy un educador calificado.

– La última vez que oí de ti estabas en un lugar bastante lejano de Europa. – Adrien comenzó a hablar desde el fondo del salón mientras hojeaba un viejo libro. – ¿Vienes recolectando información de esta clase o tiene un objetivo entre nosotros, Profesor Théo?

– Todo eso y más, Agreste. Sabes, si te duermes en clase, tal vez lo añada a tus reportes.

– Tomaré nota, profesor…

Cada uno tomó asiento en el lugar que deseaba sin hacer ningún ruido innecesario, siguiendo las órdenes del líder de la clase sobre ser amables con el profesor y obtener conocimientos de una persona que conoce el mundo mejor que ellos.

Sin demasiados percances y pocas preguntas, la clase concluyó para que el de parche abriese la puerta y se encontrara por segunda vez en el día a la guardiana de la escuela.

– ¿Te quedaste aquí todo este tiempo? Pensé que habrías ido a buscar a Nathanaël.

– Confió en su palabra de que Nath está bien. Sólo pensé que usted era el que estaba en verdadero peligro de ser cortado en pedacitos por la clase nocturna. – Esquivó la mirada burlona del mayor. – No quiero que eso suceda mientras yo pueda evitarlo.

– Que buena chica, pero no hay nada que puedas hacer. – Le mostró el otro lado de uno de sus libros de texto, el cuál había sido atravesado por un pequeño cuchillo de doble filo. – Si realmente quieres verlo, está en la habitación del ala privada del director.

Apenas terminó la frase, la muchachita corrió al edificio exclusivo del rector en búsqueda de su amigo. Quería saber si estaba bien, si su salud no se había visto afectada ni sus emociones. Estaba realmente preocupada por el pelirrojo.

No tuvo necesidad de tocar, pues la puerta se abrió ante una agitada Marinette que notaba la mirada atónita de su hermano.

– Deberías irte. – Intentó cerrarle la puerta, pero ella se interpuso para evitarlo.

– No. ¿Por qué debes quedarte aquí? ¿Sólo porque él lo dice?

– Esa persona, Théo. Era el guardián y maestro de mi hermano y yo. Era casi una niñera, pues mis padres apenas estaban en casa. – Soltó el agarre de la puerta, permitiendo que la ojiazul lo viera. – A una corta edad, vi mi primer vampiro clase E. Se trataba de la enfermera de la escuela en la que asistíamos; una mujer elegante y hermosa. En realidad, era una mujer que fue convertida en vampiro y había escapado del control de los nobles. Un día perdió el control frente a nosotros. El maestro nos protegió y a causa mía, por creer que él estaba equivocado y una enfermera siempre debía ser buena, recibió un impacto en su ojo, uno que iba dirigido a mí. Era un niño tan ingenuo…

– No.

– Viéndola perder el control por la sed de sangre. Viendo su cabeza cortada para eliminarla… Fue la primera vez que sentí temor por los vampiros. Lo que le sucedió al maestro me enseñó que cualquier exhumano algún día terminará así, por lo que si él quiere matarme…

– No, estás equivocado. ¡Tú solo quieres darte por vencido y abandonar todo lo que tienes! – Se encontraba entre el enojo y la tristeza, gritando sus sentimientos. – Me dejaste tu arma… ¡Así que no te alejes de mí!

– Mari, no…

– Nath, ¿por qué no me miras?

Mantenía su cabeza gacha, a un costado. No tenía la voluntad para ver los ojos cielo de la chica.

– Déjame entrar.

No podía negarse a ella, a quien estaba más cerca de comprenderle. Aquella mujer que más lo había cuidado y procurado en los últimos años.

La guardiana lo tomó de la mano y lo guio al cuarto de baño de la habitación. Desabotonó con pena su chaqueta para retirarla y después comenzar a abrir un poco su blusa blanca.

– Nadie nos encontrará aquí así que, por favor, continúa lo que estabas haciendo ayer.

El de melena carmín estaba atónito ante las palabras de su amiga de infancia. Algo en su interior no se permitía negarse ante la mirada suplicante de ella, adornada del rosa en sus mejillas que mostraban lo apenada que se sentía al acercarse tanto a él en esas condiciones.

– Finalmente he llegado a la conclusión de que hay una cosa que puedo hacer.

– ¿Q-qué estás intentando…?

– Esta es la mejor solución, Nath. – Lo tenía arrinconado contra la pared de azulejos. – Toma mi sangre para saciar tu sed. N importa si es sólo algo temporal.

– Por favor, detén esto. – En el chico aparecía una respiración agitada. – No podría perdonarme a mí mismo si te hago algo como…

– Lo sé. Pero lo he pensado mucho.

– Lo… Siento…

Dejándole caer y atrayéndola hacía él, inclinó la cabeza de Marinette para morder sin escrúpulos el blanco cuello femenino. Sin soltarlo, abrazando al chico para calmar el dolor que también le estaba provocando el herirla.

– Haremos algo imperdonable siempre que sea necesario, Nath…

. . .

– Adrien, está a punto de terminar el receso. – Kim se asomó al pasillo donde su líder se encontraba. – La clase pronto comenzará.

– La clase de ese viejo siempre es aburrida. – Rio entre dientes. – La economía no es lo mío… Por hoy, me retiraré. Dile a Alix que la espero en mi habitación cuando las clases terminen.

– Claro.

El rubio comenzó a caminar en dirección a los dormitorios de los vampiros, sin dejar de posar su mirada en la luna menguante que poco iluminaba los jardines escolares.

– Marinette, tú siempre has sido una persona tan bondadosa…

Continuará…

OoOooOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Gracias por su apoyo y lamento mucho lo que tuvieron que esperar por una actualización ;w; Realmente me siento mal por no ser tan constante como deseo, pero a fin de cuentas esto lo hago por diversión así que se hace cuando se puede ewe Espero que al terminar de escribir este comience a trabajar en el siguiente capítulo XD ¡Saludos y buen día!

Siguiente capítulo: Promesa de sangre