Disfruten :) No tengo mucho que decir más que en las notas final, tal vez…
Disclaimer: Miraculous es propiedad de Thomas Astruc y Vampire Kinght de Matsuri Hino
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VAMPIRE KNIGHT
NOVENA NOCHE
PROMESA DE SANGRE
En la zona más vieja de Paris, el bonachón Tom Dupain camina recordando su plática de hace unos momentos con uno de los que podría llamar "sus superiores", aquellos que por tanto tiempo han querido frenar su idea de la convivencia entre humanos y vampiros. Una idea que el joven Agreste apoyó desde hace mucho tiempo.
—Parece que no has escuchado mis llamados —le recrimina una mujer de aspecto oriental —. ¿Cómo está el pequeño Jouvet? Sabes lo que opinamos sobre esto, ¿vamos a esperar hasta que sea demasiado tarde?
—No sé de que hablas —respondió sonriente acomodando unos anteojos que llevaba puestos —. Mi hijo está muy bien.
— Ja, tú hijo… Bueno, sólo tengo que ver el reporte que nos dará Théo, si dice que es peligroso sabes bien que no lo dejaremos pasar por más tiempo.
—No tienen nada de que preocuparse, "Sociedad de Cazadores", se puede confiar en el tratado de paz del instituto Françoise Dupont —sin más salió de aquel sitio.
—Tientas demasiado tu suerte, Dupain…
No tenía que ser la persona más astuta del planeta para entender que era lo que ahora sus retoños estaban haciendo por el bien de su propio bienestar. Adrien llevaba quejándose desde el principio por dejar que las cosas continuasen de la misma forma, pero no podía simplemente ir en contra de los propios deseos de dos jóvenes que por más que desease no podía mantener atados por siempre. Ellos debían comenzar a saber las consecuencias de sus actos.
Ha escasas calles de la entrada al enorme terreno escolar se detuvo para observar una tienda de postres. Su mirada de alguna forma se volvió cristalina y en su mente apareció una figura femenina que reía junto a él al estar comiendo un quiché.
—Espero que esto esté bien para Marinette, Sabine…
. . .
El ruido de la sangre pasando de su cuello a la garganta de aquel llamaba hermano era lo único que percibía. Asustada, ¿estaba asustada? A fin de cuentas, Nath era un vampiro alimentándose de su fuerza vital, uno de los actos que más podía llegar a temer. Pero a pesar de que en otra situación podría estar tensa, llorando, rogando piedad, ahora no era el caso, él era… Es un ser querido.
—¿Estás bien? —el pelirrojo se alejó de ella, recargándose en la pared con la respiración pesada.
—No logro controlar mi sed de sangre —limpió los restos de aquel líquido de sus labios y barbilla —. Aun cuando odio a los vampiros, aun cuando no quiero lastimar a nadie… Soy tan despreciable porque simplemente me he dado por vencido.
Su expresión estaba llena de dolor, reflejado principalmente en sus ojos y su ceño fruncido. El corazón de la azabache se estrujaba en su pecho, su respiración se paraba por verlo de esa forma.
—Entiendo que tomas sangre fresca es una solución temporal, después…
—Decir "me doy por vencido" es demasiado, ¿acaso olvidas nuestra promesa? Aun cuando detestas esto, aun si me odias debemos contener ese monstruo dentro de ti.
— ¿Está bien para ti que te odie?
—¡No debiste haberte dado por vencido! Sólo porque tu lado vampiro pide sangre, no es malo que busques controlarte de esta forma… Si me odias, si odias a los vampiros, ¡está bien!
—¿Y tú te encuentras bien?
Notó que la cabeza del pelirrojo estaba baja, con su mano cubriendo sus ojos. Los labios del muchacho temblaban y un pequeño brillo resbalaba por su barbilla. Nerviosa, la chica intentó cambiar de tema.
—¡Oh! Sí, estoy bien. No soy anémica, sabes que siempre he sido saludable. Con un buen sueño reparador podré ir mañana a clases sin problema.
—¿Segura?
Ella lo entendía muy bien, en el interior seguía siendo ese niño que se preocupaba y le afectaban demasiado las cosas. Con ella podía ser como siempre era, no tenía porque estar todo el tiempo en esa fachada de chico rudo que no encajaba demasiado bien con, a veces, sus verdaderos sentimientos.
—Tú también debes ir mañana a clases, ya has faltado mucho.
—Supongo…
—Anda, descansa un rato, yo iré a patrullar —fue por su chaqueta y tomó la cajita de primero auxilios—. Si quieres puedes alcanzarme para cuando salgan los de la clase nocturna.
El muchacho sólo observó como ella salía de la habitación. Necesitaba un tiempo a solas para relajarse, por lo que continuaría con una de sus pinturas que guardaba en aquel sitio para que su hermana no la viera.
Por mientras, la de coletas salió, divagando en sus pensamientos. Comprendía a la perfección que aquellos humanos que ofrecían su sangre como alimento para los vampiros eran severamente castigados, pues era considerado uno de los pecados más grandes contra la humanidad. Nadie debía saber de dicho acuerdo que ahora tenía. Ni siquiera un sangre pura como Adrien…
—Marinette, ¿a dónde vas? —justo aquel en quien pensaba apareció en el mismo camino.
—Yo, voy a la sección de la clase nocturna.
—Ya ha terminado, me he asegurado de que todos vuelvan a sus habitaciones.
—N-no lo sabía, se me habrá pasado la hora…
—Entonces, ¿debería decirle al director que estás en los jardines a horas inadecuada?
—No…
El de uniforme blanco se acercó a ella sujetando un mechón de pelo entre sus dedos.
—Las puntas están mojadas, ¿lo lavaste?
Un pequeño brinco para alejarse. No debía descubrirlo, él no. Pero los largos dedos del vampiro ya delineaban la orilla del vendaje en su cuello.
—¿A-Adrien?
Ninguno estaba dispuesto a hablar de dicho error, ninguno quería admitir la situación. El rubio quería matara a Nathanaël, pero no ahora, no frente a Marinette o la haría llorar. La abrazaba celosamente, acariciando la melena húmeda de la jovencita que tanto añoraba.
—Dime, ¿desde cuándo ya no me hablas? —Agachó su cabeza, permitiéndole olfatear a la chica —. En estos 10 años es todo lo que ha cambiado de ti.
Tenía razón, conforme el tiempo había transcurrido en sus vidas ella comenzaba a alejarse de una persona de la que sabía a la perfección que se encontraba enamorada. Pero a pesar de estar envuelta en el tratado de paz entre humanos y vampiros, más iba comprendiendo que su vida soñada junto a Adrien estaba alejada de ser realidad, especialmente por esa razón que tantas veces le repitieron.
Fue el mismo quien la alejó, comprendía que lo que estaba haciendo no era lo mejor para ninguno de los dos en este momento.
—Buenas noches, Marinette.
—Buenas noches, Adrien…
No se arrepentía de lo que había hecho con su mejor amigo, comprendía que era lo mejor que podía hacer con esta situación, pero eso no calmaba para nada su corazón que dolía. Pensando que su superior no la veía, corrió a los dormitorios femeninos de la clase diurna.
—Un sangre pura abrazando a una niña de esa manera —Théo Barbot aparecía tras uno de los árboles del camino—; no entiendo porqué rompiste la tradición para favorecer a esa chica. Deberías saber lo que acaba de hacer, después de todo la evidencia era fresca.
El de ojo parchado reía por la mirada que el noble le estaba proporcionando mientras encendía un cigarrillo. La temperatura descendía y pequeñas ráfagas de viento aparecían en el jardín escolar.
—No importa, empieza a ser incómodo esperar una respuesta honesta —cambió a una actitud seria —. ¿Cuál es tu razón para no hacer algo a Nathanaël?
El tabaco que apenas iba poniendo en su boca fue cortado a la mitad por una de esas ráfagas de aire que bien comprendía era parte de las habilidades sobrenaturales que el ojiverde poseía.
—Para no perderla, por su puesto.
Cada uno tomó su respectivo camino. Siendo así que el tiempo transcurrió como debía ser hasta que la mañana llegó y las aulas se llenaron de estudiantes humanos, entre ellos la joven guardiana que intentaba prestar atención rogando que su compañero entrara por la puerta trasera como siempre hacía cuando rara vez llegaba tarde.
Ese mismo chico que no había dormido toda la noche y ahora mismo seguía debatiéndose entre irse de la academia o quedarse como se lo había prometido a la joven que desde que se conocieron le cuidaba. Tanta era la inmersión en ese tipo de pensamientos que no prestó demasiada atención cuando su maestro entró abriendo las cortinas de la habitación.
—Qué horribles hábitos los que estás tomando, ¿por qué tener cubiertas todas las ventanas?
No respondió, sólo cerró los ojos por la enorme cantidad de luz que percibían sus ojos cansados por la falta de sueño. Toda la noche había estado terminando una de sus más recientes pinturas, así que hacía poco se había sentado en el piso para descansar la espalda e intentar dormir de alguna forma.
—¿Cómo está tu hombro?
Incluso alguien como él había dejado pasar un detalle tan importante como ese.
—El arma que usé está hecha para matar vampiros, incluso aquellos con la habilidad de curación rápida no pueden recuperarse tan rápido a menos que tomen sangre fresca.
La misma arma volvía apuntarle y aún a pesar de tener la energía suficiente para moverse algo en sus adentros se lo impedía, como si un tipo de miedo le mantuviese fijo al piso. Pero debía de irse de ahí, no se permitiría morir ahora que ella le apoyaba por completo de una forma que era considerada la peor para un ser como él.
Marinette llegó corriendo, jadeaba por el recorrido que había hecho desde las aulas hasta aquel cuarto de aislamiento en que se encontraba su amigo. Apenas alcanzó a escuchar los ruidos que le rodeaban, el gatillo siendo accionado, el grito de ella rogando porque nada le pasara y su mano alejando de su frente la pistola anti-vampiros.
—¿Acaso no es algo bueno que sea yo quien te mate?
El joven Jouvet no tenía el valor de responderle, después de todo estaba faltando a la palabra de aquel que llamó maestro desde corta edad. Este mismo soltó el arma con que le había apuntado y dejó que su alumno la tomase por la parte del cañón.
—¿Acaso lo has olvidado? "No dejaré que te arrepientas de haber perdido tu ojo derecho por salvarme", ese día me hiciste una promesa —se llevó una mano al rostro —. Verte así me hace querer matarte, siento que debo hacerlo para sentirme cómodo, incluso feliz.
—Maestro…
—Mientras aun puedas luchar, pelea por lo que tienes en tu corazón —le dio la espalda, molesto —. La vida que ahora escoger es la de la sangre fresca, así que no huyas Nathanaël.
Asintió, aceptando ese nuevo destino que estaba forjando.
—Y tú, pequeña.
—¿Pe-pequeña? —se sintió ofendida por el tema de su estatura—. ¿Q-qué pasa?
—Una vez que se descontrole, debes detenerlo.
Comprendía a la perfección en lo que consistía tener bajo vigilancia a su compañero.
—Todo es por su bien, de ahora en adelante depende de ti.
—Pero… Lo atacó en la piscina…
—Si hubiera querido matarlo, lo habría hecho. ¿Crees que soy tan malo para fallar un tiro a esa distancia? ¡Debes estar bromeando! —El moreno cargó su maleta, pero mejor la dejó en ese sitio—. ¡Agh! Mandaré a alguien después por esta maleta. Soy un hombre ocupado, tengo suficiente trabajo para no vagar cargando esto.
Marinette no comprendía muy bien todo ese cambio de ser de parte del mayor, pero se quedó en una orilla, dejando que las cosas sucedieran como si no estuviera ahí.
—Adiós —fue lo único que dijo el pelirrojo sin subir la vista.
—Ja… Quiero verte bien en nuestro próximo encuentro, ¿entiendes?
Continuará…
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Y tras tanto tiempo y mucho trabajo mental os traigo actualización ewe En un rato subiré el especial, así que no duden en leerlo :D Ya para después dejaremos el capítulo 10 ;) ¡Saludos!
Siguiente capítulo: Especial: El trabajo de un prefecto
