CAPÍTULO 3: ¿Quién manda ahora Malfoy?
No puede ser, él no Se dijo Malfoy al darse cuenta de quién sostenía la lista de "nuevos principiantes" Weasley, Ronald Weasley. ¿Acaso sería él el jefe? Imposible. —aunque podrá ser,— se dijo así mismo—Pertenece al trío de oro…puede ser lo que quiera, por salvar al mundo mágico—terminó imitando la voz de un niño pequeño. Malfoy y todos los principiantes estaban en una fila esperando a ser nombrados, Ron parecía revisar los nombres; mientras un rubio se escondía detrás de su compañero. Malfoy miraba la cara del pelirrojo y en ese instante, supo que lo acababa de descubrir cuando el pelirrojo dejó de mirar la lista con los ojos muy abiertos y la cara muy roja como si no se pudiera creer lo que acababa de leer, acaso había leído "Draco Lucios Malfoy Black" el Weasley paso la vista por toda la fila de "principiantes" y Draco no tuvo más remedio que salir de su "escondite" y recordar que él era un Malfoy y los Malfoy no se acobardaban ante un Weasley. Así que se ergio y puso su mejor cara de indiferencia ante la pesada mirada del pelirrojo. Entonces noto como el joven extendía una macabra sonrisa y se acercaba hacia él: —Vaya, vaya… que tenemos por aquí…
—Ahórrate las guasas Weasley. —Reprocho el muchacho mientras Weasley dejaba de sonreír para parecer lo más temible que podía, ahora era el turno de Malfoy que tuvo que retener una carcajada para no reírse de Ron delante de todos, por haber intentado intimidarlo, Ronald Weasley intentando asustarme, esto será divertido Pensó.
—Tranquilo Malfoy, creo que tú no tendrás que hacer fila, sígueme. —Siseo Ron mientras caminaba al despacho de Harry.
Draco lo siguió silenciosamente, no se podía creer lo humillado que se sentía, pero no se iba a echar atrás, claro que no; deseo poder insultar al pobretón que, lo guiaba pero sabía que sería una muy mala idea. Quería el trabajo.
"Tock… tock…"Golpeó Ron la puerta donde Harry ultimaba los últimos detalles que tenía que dar a los nuevos. —Harry puedo…—Dijo el pelirrojo asomando la cabeza por el hueco de la puerta, mientras Malfoy intentaba mirar por encima de este. —Es que…
—Si si Ron pasa, dime que ocurre. —Contestaba el joven jefe de aurores, sin tan siquiera mirarlo, seguía poniéndose nervioso al hablar con mucha gente aunque después de pasar bastante tiempo enseñando a sus propios compañeros en Hogwarts, cuando fundaron la Orden de Dumbeldore, todavía no podía evitar sentirse un poco asustado.
—Es que…- Repitió Weasley exasperando aun más a Draco.
—Es que un ex mortífago, se ha presentado para ser auror. —Completo con total frialdad Malfoy, mientras Potter se giraba lentamente y Weasley lo fulminaba con la mirada.
—Ron déjanos un momento. — El pelirrojo iba a protestar cuando Harry le lanzo una mirada de advertencia; así que tal como entró salió de la habitación desenado saber que planeaba decirle su amigo, a su mayor enemigo, pero de una cosa estaba seguro esa mañana iba a ser grandiosa.
Draco estaba muy tenso y nervioso y si Potter se negaba a dejarle ser auror: —Suéltalo ya Potter…—Dijo este intentando que sea una orden en lugar de una súplica, en cambio el joven solo le devolvió una mirada aun sorprendida. —Si no me vais a dejar… eh… me voy…
—Calla un momento Malfoy— Replicó el moreno dejando boquiabierto al Slytherin. —Nadie te está echando ni prohibiendo nada. —El rubio quería responderle como se merecía por haberle hecho callar pero temía hacerle cambiar de opinión así que se mantuvo callado.
—Esta bien, solo unas cuantas preguntas, quiero que seas sincero— Continuo Harry haciendo un gran esfuerzo por ser educado con Malfoy mientras este solo asentía. — ¿Por qué quieres ser auror? ¿Dónde has estado estos tres años? ¿Cómo se qué no nos traicionaras? Y—Harry hizo una pausa y Malfoy ya sabía que pregunta venía continuación—¿Hubieras, lo hubieras… matado? a Dumbeldore—los dos muchachos se tensaban. — Aquella noche —Con esta última pregunta los dos se miraron como si algo les hubiera trasladado a Hogwarts en ese momento. Pero para Draco esos recuerdos no eran iguales que para Potter y quería terminar con el asunto enseguida.
—Siempre quise, pero ya sabes mi familia, mi apellido, mi padre…-Empezó a responder intentando que no se le trabara la voz. —Con mi madre en Italia muggle. No tengo con quién traicionar a nadie, deberás fiarte de mí. Nunca. —Terminó de responder a todas y cada una de las preguntas y estaba seguro que nunca antes había respondido a nada con tanta sinceridad. Harry asintió y esbozo una fugaz sonrisa.
—Bien, no necesito nada más, ahora sal con el resto. —Malfoy asintió y se giro hacía la puerta. —Una cosa más, no hagas que me arrepienta de confiar en ti. —Draco se giró lo suficiente para verle la cara y con una mirada no hizo falta más.
Cinco minutos después:
— ¿Cómo? ¿Por qué? ¡Es Malfoy!
—Lo sé Ron, pero la guerra terminó y él ya pagó por lo que hizo… además no hay nada que le impida poder ser auror, tómalo de esta forma, ahora eres su jefe. —Estas últimas palabras alegraron al gryfindor que esbozó una macabra sonrisa, su amigo solo dejo los ojos en blanco y se alegro de no tener que esforzarse más por tranquilizar a Ron.
En seguida Harry les explicó en qué consistirían las pruebas por las que tenían que pasar antes de ser aurores, además del reglamento y esas cosas. Antes de dar por terminada la reunión y de pasarles los horarios de sus entrenamientos, una joven castaña, llamada Hermione… llamó a la puerta.
—Harry disculpa…— Se asomó antes de acercarse para hablar con el moreno.
—Hola Herms…—Saludo eufórico el Pelirrojo y esta le devolvió una sonrisa justo antes de pasar sus ojos por una cabellera rubio platino. No puede ser Pensó ¿Malfoy? ¿Auror? La castaña no pudo evitar sonrojarse al ver la sonrisa torcida y burlona que el joven le dedicaba mientras ella lo miraba atónita.
—Dime Hermione…—Dijo Harry, ya cerca de ella, llamando otra vez su atención.
—Eh… hums… ah…si…—Hermione se sintió la persona más torpe del planeta y deseo que la tierra la se la tragara.
— ¿Qué ocurre...? —Preguntó Ron que se acababa de acercar.
Hermione aun notaba como Draco la miraba como si estuviera desnudándola pero decidió olvidarlo. —Ginny me ha dicho que hoy habrá una cena especial y que os avise a los dos ¡ah! Y que invitéis a los gemelos. Yo avisare a Luna que iba de camino. —Terminó por fin la castaña de hablar y salió en cuando sus amigos asintieron.
Hermione salió de esa habitación prácticamente corriendo y se metió en el primer servicio de señoras que encontró. ¿Qué demonios me pasa? Hermione solo es Malfoy No pudo evitar pensar en su nombre sin que su mente lo llevara a visualizarlo sin camisa ya que se había pasado gran parte de la noche sin poder evitar imaginar en cómo sería un Malfoy sin esa prenda que ahora le parecía inútil. Acalorada Hermione se miró en el espejo y se dio cuenta de que estaba más sonrosada de lo normal y se mojó con agua fría. —Bien, ahora respira… respira y sal directamente al departamento donde trabaja Luna. —Se dijo así misma. Y dando la última bocanada de aire giro el pomo de la puerta y salió.
¿Cuánto fueron… tres o diez segundos? Eso tardo Draco en aparecer.
—A dónde vas con tanta prisa…Granger. —Su voz la hizo estremecerse.
—Eso no te incumbe… Malfoy. —Respondió esta sin ni siquiera detenerse. Pero él no iba a ceder tan deprisa.
—Yo solo quería invitarte a comer. — ¿Qué coño acabo de decir? Se recriminó el mismo al instante. Mientras que Hermione paró en seco. La intención de Draco era ir a molestar y humillar a la castaña, necesitaba humillar a alguien para dejar de sentirse tan vulgar por recibir órdenes de los dos amigos santurrones, quería hacerle sentir tan asqueroso y avergonzado como él mismo se sentía en ese momento, pero en lugar de eso, le acababa de pedir una cita, ¿Por qué? Quizá fueron esos pantalones muggles que tanto aprendió a apreciar en Italia y que a ella le sentaban mejor que a nadie. O quizá simplemente hizo algo que siempre había deseado hacer.
Hermione giró lentamente: — ¿Me acabas… a caso tú… no, es una…?
—Joder Granger ya me has oído. —Espeto el rubio furioso por la mirada abrasadora que le lanzaba la gryfindor. —Solo había algo peor que pedirle salir a Granger y era que Granger te rechazara. —Si no quieres me da igual. —Añadió este dándose la vuelta para marcharse y conservar el poco orgullo que le quedaba.
—A las dos. — Dijo la castaña sin tan siquiera levantar la mirada para comprobar si el muchacho seguía ahí.
—Ven a mi casa. —Respondió mirándola muy confundido. Y acto seguido se desapareció.
— ¿Qué he hecho? —Se pregunto Hermione.
— ¿Esta noche? Me parece genial, Neville y yo iremos Herms. —Le dijo Luna a su amiga. Y no sabría decir cuál de las dos jóvenes magas parecía más en otro mundo que ahí.
—Perfecto Luna, me tengo que ir…—Susurro Hermione. Y la rubia asintió un poco preocupada.
— ¿Hermione estas bien?
—Sí, sí. Nos vemos esta noche. —Respondió y se esforzó por dedicarle una sonrisa para tranquilizar a su amiga.
Faltaban dos horas. ¿Debía llevar algo? ¿Postre a lo mejor? ¿Qué debía ponerse? Lo mejor sería no ir. Si eso era lo mejor, aunque… No. Ella era una leona y no se acobardaba frente a una serpiente, aunque sea la serpiente más sexy del mundo. Por qué demonios había aceptado la invitación y si era una trampa para reírse de ella. Igual solo necesita amigos. PERO POR QUÉ ELLA. Por Merlín.
Por otro lado Malfoy luchaba con la comida, había aprendido a preparar algunos platos italianos, la iba a sorprender, pero… por qué quería el sorprender a esa asquerosa rata de biblioteca. Lo mejor era cancelar la ¿cita? ¿NO! no era una cita, solo una comida…tampoco era una comida de amigos, solo una comida para… ¡Para agradecerle por haberle ayudado a limpiar! Si, era eso.
Los dos muchachos estaban listos. Hermione estaba frente la puerta de la mansión, pero no se atrevía a llamar, en su defecto Malfoy estaba sentado frente al reloj esperando que el timbre sonara. Las Dos. Malfoy estaba desesperado ¿Y si le dejaba plantado? No ella no sería capaz de hacer eso. Se decía una y otra vez. ¿Y si el timbre de la entrada no funcionaba? Lo mejor era ir a comprobarlo... No esa es una estupidez se reprochó sin dejar de caminar hacia la entrada. Por un instante pensó que a lo mejor la castaña se había perdido pero eso era una sandez aun mayor. Ya estaba a un paso de abrir la puerta para comprobar que el timbre se oyera cuando de pronto un 'Tock Tock' sonó tras ella. Granger.
—¿Ahora qué? Decidió acercarse lentamente a la puerta y apoyó la oreja en ella.
—Soy una estúpida… Qué voy a decirle. Qué hago aquí. — Escuchó como Hermione se reprendía así misma y se sintió humillado. ¿Acaso esa idiota no quería estar con él? ¿Se avergonzaba de él? Esto había sido una mala idea. No estaba enfadado sino dolido. — ¿Por qué no me abre? ¿Se habrá arrepentido? Seguro se ha dado cuenta que ha invitado a comer a una sangre su…—Draco no permitió que terminar la frase cuando abrió de golpe la puerta. Hermione se calló golpe y se puso roja. No creía que la haya escuchado pero ver a Malfoy aun con el pelo húmedo hacía que se tensara.
—Hola. —Susurró este dándole un pequeño beso en la mejilla, sus labios acababan de rozar casi la comisura de los labios de la castaña y esto hizo que el corazón empezara a latir a un ritmo exagerado.
—Ho-Hola… —Draco hizo un gesto para invitarla a pasar y los dos entraron. Ella ya sabía donde estaba el comedor, así que camino en silencio seguida del rubio.
—Ahora nos traerán la comida. —Draco había contratado a una elfa más simpática y que cocinaba mejor que Krecher. Hermione asintió y no sabía que decir.
—He…Hems… Es una casa muy bonita…—Malfoy se rió (haciendo estremecer a la castaña, su risa era aun más perfecta que su sonrisa) no podía evitar que le hiciera gracia ver a la sabelotodo tan nerviosa, nerviosa por él.
—Gracias…—siseo. Hacía tiempo que no cortejaba- por así decirlo- a una chica. Y Granger, como sea, era una. Le gustaba la sensación de tener el control sobre sus presas, pero Hermione no era como las demás. Él creía tener el control, le gustaba ver lo que causaba en todas, pero Hermione se acababa de percatar de esa mirada de depredador que Malfoy le acababa de lanzar; y si creía que ella se lanzaría a sus brazos, como todas esas ineptas del colegio, estaba muy equivocado. Se quito la chaqueta y dejó ver sus hombros desnudos, llevaba el pelo recogido, dejando ver todo su cuello, el vestido tenía un escote apreciable pero no vulgar, era negro y ajustado. Ella sonrío provocadoramente y se soltó el cabello de un solo movimiento. ¿Quién tiene el control ahora Malfoy? El pelo le cayó lentamente por su espalda. Malfoy no podía dejar de mirarla cuando una elfa se apareció y empezó a servir los platos.
—¿Pizza? —Hermione se echó a reír y Malfoy no lo entendía.
—Qué ocurre, por qué…—Draco adoraba la risa de Hermione.
—¿Desde cuándo eres aficionado a la pizza Malfoy? —Preguntó esta imitando la forma de hablar del rubio.
—Estuve en Italia. —Acorto este.
—¿Italia Muggle? — ¿Cómo lo sabía? Draco estaba seguro que los magos italianos también comían pizza, quién no iba a comerla.
—¿Cóm…
—Limpiaste como un muggle. —Se explicó la castaña sonriente por haber acertado. Draco sonrío por el hecho de que la castaña se percatara de algo que hizo él y se dijo a si mismo que sería una gran comida.
