CAPÍTULO 4: Sorpresas nada desagradables.
— ¡ESO ES IMPOSIBLE! — Dijo Hermione roja sin poder parar de reírse. Malfoy se había pasado toda la comida haciendo bromas o contándole anécdotas graciosas de su vida en Italia Muggle; porque en cuanto escucho reírse a la castaña se sintió tan bien que debía volver hacerlo. —Y cómo lo arreglaste… no podías ya sabes.
—Como no podía usar magia—Continuo Draco al ver que a la castaña le ponía nerviosa decirlo. —Y además los padres de ese chico también era muggles tuve que intentar explicarle al niño que debía volver a poner torcida la Torre de Pisa.
—Jajaja… ¿Cómo? — La mirada atenta de Hermione hacía que el pulso se le acelerara, no se había dado cuenta de los ojos tan grandes y bonitos que tenía.
—Era un crio de cuatro años…—Respondió con un tono arrogante. —Tuve que pedir a mi tía que entretuviera a sus padres mientras yo le hacia un dibujo de que tenía que hacer y le compraba golosinas ¡El crio me estaba chantajeando! ¿Lo puedes creer? —Preguntó el rubio con un tono de burgués ofendido.
— ¡Madre mía! Chantajear a un Malfoy ¡¿Cómo es eso posible?! ¡Que osadía! —Respondió Granger acompañándolo en el mismo tono. Y los dos se empezaron a reír. —Hacía mucho que no me reía así. —Draco sintió que el corazón le latía aún más rápido y se sintió muy orgulloso de sí mismo.
—Yo tampoco. —Respondió sonriendo. — ¿Te gust…
— ¡Calla! —Lo interrumpió la gryfindor — Esa canción… —Malfoy había puesto la radio (con sintonía muggle) desde el principio de la conversación. Sonaba bastante bajo así que el rubio se levantó y se acercó, con paso elegante, para subir el volumen. Thinking out loud.- Ed Sheeran.
— ¿La conoces? —Malfoy había estado tres años escuchando música Muggle, pero por qué Hermione la conocía…
—Cuando voy a casa de mis padres siempre ponemos la radio y un día sonó… ¿Cómo se llamaba Ed…? ¿Edwin?
—Ed Sheeran.
—Aha. —Respondió mirando hacia arriba, porque Malfoy se había acercado hacia ella y al estar de pie ella tenía que inclinarse hacia atrás para verle los ojos, esos ojos tan grises. Él extendió su mano para invitarla a bailar. Y para su sorpresa ella acepto.
Se pusieron en medio del salón y él le pasó una mano por la cintura de la chica, mientras ella lo sorprendía pasando sus dos manos por el cuello del rubio. Así que Draco colocó su otra mano en la otra cadera de ella y la acerco hacia él. La música sonaba, era preciosa. Malfoy notaba el aroma del pelo de la rubia que se le metía por las fosas nasales.
Hermione apoyó la cabeza en su pecho, el latido acompasado del rubio la tranquilizaba, como si en ese momento solo existieran los dos. Draco se movía muy ágilmente, no sabía que estaba haciendo, por qué bailaba con Granger, por qué quería acercarse más a ella –si era posible- por qué no temía que esa canción acabara y tener que separarse. Por qué no le importaba ya nada.
Él ya no tenía que ser Draco Malfoy, no tenía que juntarse sólo con sangres limpias, ni tenía que preocuparse por lo que hacer o con quién ir, nadie lo mandaba, nadie… era libre. Nunca lo fue y ahora no sabía qué hacer, no entendía la mitad de las cosas que había hecho en tan solo dos días, por qué de repente era amable con ella, por qué, no tenía por que hacerlo, ser libre no implica de pronto ser uno de ellos, uno de los santurrones… no él no era así, no era amable y no lo era porque no quería.
A Malfoy no le dio tiempo de separarse de ella, porque un sonido proveniente del bolso de la gryfindor los despertó a los dos. Ninguno se dio cuenta de que ya apenas se movían con la música- que había cambiado de canción hace diez segundos-, ni tampoco se percataron de que Malfoy había agarrado tan fuerte a la castaña que para cuando Hermione quiso acercarse a la silla, donde estaba su bolso, tuvo que hacer un pequeño esfuerzo para zafarse de su agarre, y si el Malfoy se hubiera visto en un espejo por detrás, se habría fijado en que toda su melena rubia platino estaba despeinada porque una castaña no paró de jugar con él.
Ninguno de ellos notó nada raro en sus comportamientos, quizá porque fue algo muy natural, algo que siempre quisieron hacer. Estar juntos. Pero eso ellos no lo sabían.
Hermione miro dentro de su bolso y si, su varita parpadeaba en la punta con una luz roja, miró el reloj y supo quien la buscaba. Ginny.
—Malfoy, me tengo que ir, se me ha hecho tarde, lo siento. —Esas palabras volvieron del todo a la realidad a Draco. ¿Qué más le daba que ella se marchara en ese momento dejándolo solo? Eso no le importaba para nada.
—Muy bien. —Le respondió este sin apenas mirar a la muchacha que lo observaba extrañada y ofendida, por qué era tan seco ahora. ¿Había hecho algo mal ella?
—Muy bien. —Replicó ella en el mismo tono. — ¡Adiós!
— ¡Adiós! —No terminó la frase cuando ella ya se había desaparecido
Hermione quería haber pasado primero por su casa justo antes de ir a la madriguera, había prometido a Ginny que llegaría antes para ayudarla a preparar algunas cosas, habría preferido llevar algo más casual —¿Por qué diablos he tenido que estrenar este vestido con ese hurón? Menos mal que en mi cartera traigo siempre una ropa más adecuada. —Desde que la castaña aprendió ese hechizo para agrandar su cartera siempre lo usaba.
— ¡Por fin! —Dijo la pelirroja lanzándose a los brazos de su amiga. —¡Pero que guapa estas! ¿A qué viene…
—Ginny déjame cambiarme y hablamos. —Respondió Hermione antes de salir disparada al baño.
—Muy bien, luego me contaras porque estabas así vestida y porque tienes esa cara, hoy es una cena especial así que ayúdame. —Reprendió la muchacha tal y como lo haría su madre.
—Está bien, pero dime que tiene de especial esta noche.
—Nada de eso, lo sabrás a la vez que todos. —Hermione hizo un puchero y se puso manos a la obra. En seguida se les unió Molly que había estado en el jardín de atrás arreglando unas plantas.
Pronto llegaron todos, primero los gemelos, que se pusieron a estorbar todo lo que podían, después Neville y Luna, ya estaba todo listo, solo faltaban Ron y Harry.
—Ron, tienes que decírselo. — dijo el moreno dando unas palmaditas a su amigo
—Pero y si me dice que no.
—Pero y si dice que sí.
—No se... Harry…
—Hoy es la noche. Lo presiento. Por cierto apúrate que no Ginny nos mata.
Los dos amigos cogieron las escobas y salieron disparados hacia la madriguera, mientras en el camino Harry se preguntaba si le había dado un buen consejo a su amigo. Y Ron planeaba como decirle a Hermione que le gustaba y no solo como una amiga. No sabía qué hacer, así que decidió pedirle solo una cita, sólo que ella no tenía que saber que era una cita. Cuando llegaron, todos se saludaron y se sentaron a cenar.
—Bueno hermanita. —Empezó Fred.
—¿Cuál es la gran sorpresa? —Terminó George.
—Esoff. —Añadió Ron con un pedazo de pollo en la boca.
—¡Ronald! No hables con la boca llena… —Lo corrigió Hermione. Y todos los presentes se pusieron hacer conjeturas sobre la ansiada sorpresa.
—Bueno chicos dejad que responda…—Los interrumpió Molly. —Arthur querido, trae un poco de ese champagne muggle que nos regalaron los padres de Hermione, seguro que la ocasión lo merece…¿No hija?
Ginny y Harry se miraban y ella asintió sonriendo, esperando a que todos tuvieran la copa en la mano.
— ¿Y bien Ginny? Tiene que ser algo muy bueno porque tienes un montón de Hapensis por la cabeza. —Intervino Luna con una gran sonrisa y nadie pregunto que eran los Hapensis.
—Bueno yo quiero brindar por estar todos aquí hace mucho que no lo hacíamos. — Brindó Arthur y todos lo acompañaron todos menos Ginny que tenía la copa en la mano mientras la miraba, Harry estaba a su lado sonriendo.
—Ginny por qué… —Empezó a preguntar Hermione que se tapo la boca muy sorprendida. — No será… ¡Ginny!
—Jajaja..Si Herms… Ginny y yo vamos a ser padres. —Anunció Harry y Ginny sonrió.
—Exacto, por eso no puedo beber esto. —Explico y dejó la copa en la mesa mientras todos salían de sus asientos para felicitar a la parejita.
—¡OH Querida, voy a ser abuela! —Decía Molly mientras repartía abrazos a todos.
—Así es, Molly… vamos a ser padres cariño, esto es para ti. —Dijo Harry mientras le daba un paquetito a Ginny que lo abrió enseguida.
—"Ohhhh" —Dijeron todos a la vez mientras Ginny sacaba una cápita de Gryfindor en miniatura. Y le daba un beso a su esposo.
—¿Qué pasa si es de Hufflepuff? —Intervino Fred
—¿O Slytherin? — Añadió George y todos se echaron a reír, todos menos Hermione.
—Hablando de Slytherin ¡JAJAJA! ¿A qué no sabéis quien se ha presentado para ser Auror JAJAJAJA —Hermione sintió que se le iba a salir el corazón mientras veía como su amigo se burlaba de ... —DRACO MALFOY.
Todos se sorprendieron pero excepto los gemelos nadie más se rio.
—No es gracioso Ronald, él puede hacer lo que quiera. —Replico Hermione. —Bueno Ginny, menuda sorpresa nos tenías preparada, no me lo esperaba. ¡Seré tía! —Continuó la castaña cambiando de tema.
Como aun hacía buen tiempo decidieron salir todos al jardín a seguir festejando. Ron estaba dispuesto a pedirle esa cita a Hermione pero no sabía cómo. Así que aprovecho en un momento en el que la castaña entro a la cocina a por más jugo de calabaza y estaba sola.
—Herms…
—Dime Ron…
—Eh verás… eh… —Ron estaba rojo y Hermione no sabía por qué. —Tú eras buena en pócimas de curación ¿no?
—Ron, sabes que soy meddimaga, pero que lo dejé para trabajar en el proyecto de defensa de los elfos domésticos.
—Ah.. así es verdad. Pues ehms, necesito, si tu puedes, mañana, que me ayudes a repasar algunos hechizos.
—Para que los necesitas, Ronald. —Pregunto Hermione sin entender nada.
—Porque, los aurores tenemos que estar preparados para todo. —Hermione se quedó satisfecha con la respuesta y se alegró de que su amigo se esforzara más. Además ahora tenía una excusa para ver a Malfoy. El también quería ser auror, así que también necesitaba que alguien lo ayudara en eso.
Malfoy la iba a necesitar.
