Algo importante ha debido ocurrirle para que vaya tan retrasado pero por suerte logré hablar con él antes de que saliera de su casa o al menos, a juzgar por su voz apresurada al hablar, eso me pareció. Aquello despertó mi curiosidad en cuanto al motivo que había causado su partida de la oficina pero supuse que ya me diría algo cuando llegara.
Como me dijo que tardaría un poco, tomo uno de los periódicos que hay en un pequeño estante a disposición de los clientes y comienzo a leerlo sin mucho interés, como mínimo me da algo por hacer mientras espero a que Saga venga. Pido otro refresco y me armo de paciencia.

Los minutos pasan lentamente, nunca antes se me habían antojado que fueran a este horrible paso de tortuga y aún no hay señales de Saga. Miro el reloj que cuelga de una de las paredes y me digo que debo ser más tonto que hecho por encargo, que tan sólo se han pasado diez minutos desde que Saga me respondió la llamada.

Como el periódico me está ya aburriendo a muerte saco mi cuadernito de crucigramas y me dedico a rellenarlo. Al menos eso matará un poco de tiempo y me dará otra cosa en que pensar.
Horizontal 12... Hombre noble de la era medieval. (9 letras) CABALLERO; Vertical 16... Fuera de estación, fem. (6 letras) TARDIA.

Hacer crucigramas me resulta entretenido porque es un buen ejercicio mental (al igual que los problemitas del Sudoku y otros pasatiempos) aunque la verdad es que resulta un poco patético el pensar que estos libritos son todo lo que tengo por compañía al terminar la jornada laboral. Nadie nunca me espera en casa, ni tan siquiera mis familiares, pues ya no me queda ninguno. Soy hijo único y mis padres murieron hace muchísimo tiempo.

Sigo esperando y de tanto en tanto me vuelvo a mirar el reloj impacientemente; los minutos pasan, aunque inexorablemente lentos y ya se ha pasado la media hora que Saga dijo necesitar. Mi primera reacción normalmente hubiera sido la de ponerme hecho una auténtica fiera. No se trata necesariamente del tipo de furia de quien se lía a destrozar todo lo que tiene a la vista, sino de no atender a razones y no bajarme del burro sin importar las consecuencias; pero, ¿de qué me serviría el enfadarme?, por lo tanto, debo tratar de permanecer lo más calmado posible y de todas maneras, estoy demasiado nervioso como para estar enfadado.

Aunque, bien pensado, tampoco vale la pena que cunda el pánico porque de todas formas, no sé exactamente dónde está la casa de Saga, pero muy cerca no es y quizás lo haya detenido el tráfico, así que esperaré un ratito más.
No conduzco y si Saga no viene por el motivo que sea, no me quedará otro remedio que usar el transporte público pero el siguiente autobús hacia mi barrio todavía tardará otros tres cuartos de hora en llegar y eso suponiendo que llegue a su hora. Perdí uno hace diez minutos así que tanto da el que me quede aquí como fuera.

Tan sólo espero que Saga no tarde mucho y que no le haya ocurrido percance alguno.