¡Cuánto me alegra que no siga serio!, o moriría de la vergüenza, bien puedo asegurarlo. En cambio, luego del merecido reproche, me sonríe y asiente a mi propuesta de salir de aquí, no sin antes lanzar una indirecta bastante directa al hombre al que momentos antes yo vi con mala cara y que nos devuelve el gesto. Enarco levemente las cejas con una sonrisa formándose en mis labios y mis ojos paseándose sobre los suyos y por esa mirada clara que parece ver cielo y tierra a la vez.
¿Este hombre es menor que yo? Mis treinta y dos años no son mucho en todo caso pero lo suficiente como para darme pie en las noches a cuestionarme sobre mi vida, sobre lo que tengo, lo que deseo y sobre lo que nunca tendré. Él, mientras tanto, luce como alguien recién salido de la adolescencia excepto por el matiz de sus gestos que son madurez hecha persona.
No daré muchas vueltas a ese tema, porque bien sé que explicar a alguien como Shaka es imposible; aún la descripción física no bastaría porque es tan absolutamente encantador que cualquier calificativo se quedaría en nada y es tan cambiante en lo que hace que en cada ángulo se muestra como un hombre distinto. Es una caja de sorpresas.
—Muy bien —me pongo en pie—, propongo entonces algo más concordante con el viernes de pago que es hoy y que, por tanto, me hace millonario. ¿Qué tal un restaurante tipo bistro? Podré presumir que aceptaste salir conmigo.
Un guiño y ya me imagino cómo luzco con el coqueteo. Honestamente, siento que me hacen falta algunos ajustes a los viejos métodos de conquista, pero primero me diré que esto no es precisamente una conquista, ¿o lo es? ¡Sí, lo es!
¡No! El lado amable que reside en mí me dicta que debo hacer de esta noche un buen encuentro entre colegas, forjar una amistad, darle a entender que soy confiable y que cuenta conmigo. El lado... ¿cómo llamarlo?... carnal que rige la otra mitad me susurra en cambio que debo aprovechar la situación, buscar sus labios en la oportunidad perfecta y después su abrazo para disfrutar de su candor casi virginal. Imposible negar que no tengo duda alguna de mi deseo por probarlos pero del deseo a la acción y, más aún, a la decisión correcta, hay mucho trecho. Así que me limitaré a ser como todo el tiempo, o quizás no, eso tampoco va bien. ¡Si no arriesgas no ganas!, ¿verdad?.
La esperanza de su boca se me puede ir mientras barajo las cartas, así que pensarlo demasiado tampoco es una buena alternativa.
—En el "Feuillage" sirven un vinto tinto exquisito —rodeo la mesa hasta llegar adonde Shaka haciendo una mueca con la boca para resaltar la última palabra—, dicen que es único del restaurante; aunque si prefieres algo más relajado, podemos ir al "Écharde" a tomar café y croissants.
No quiero parpadear, ni una sola fracción de segundo perderme esta imagen que tanto me agrada. Le ofrezco mi brazo como todo un caballero, agradeciendo traer puesto el saco para que no luzca como demente haciéndose pasar por quién sabe qué cosa. No, ahora no, mi saco negro está muy bien y así también está mi brazo esperando por el suyo y por su respuesta.
