Capítulo 8
Cuando me ofrece su brazo para salir de aquel lugar lo entrelazo con el mío. Nunca antes había tenido un roce tan directo con él ni con nadie más de la oficina y debo decir que me agrada enormemente.
Normalmente rehuyo cualquier contacto físico pues la mayoría de gente parece malinterpretar este tipo de gestos y se creen que pueden propasarse conmigo sin más ni más o me ven como una damiselita en apuros, aunque quizás eso se deba a mi aspecto algo andrógino. Saga, en cambio, se está comportando como un caballero.
El que tenga o no tenga otras intenciones ya es otra historia. No es que me molestara que así fuera, siempre y cuando no intente tratarme tal como lo intentaron hacer un par de jefecillos en la última fiesta de la empresa. Los dos tipos (por separado) se pusieron en plan donjuanesco tratando de encontrar una conquista fácil a pesar de que ambos habían bebido más de la cuenta y ya durante la jornada de trabajo les había dado calabazas. Por suerte, me las arreglé para organizarles una pequeña cita a ciegas en el cuarto donde las señoras de la limpieza guardan sus cacharros.
¡Qué sorpresa se llevarían cuando en vez de encontrarse conmigo allí se encontraron el uno al otro!
—Cualquiera de las dos sugerencias me parece buena, aunque mucho me temo que el alcohol es una pérdida de tiempo conmigo pues yo no lo pruebo. No obstante, una cena es una excelente idea. Dejo a tu elección el local porque yo salgo muy poco y la verdad es que no tengo mucha idea de cómo son los restaurantes por aquí. Únicamente conozco la reputación de algunos y eso no es siempre algo de lo que puedas fiarte.
Ya veremos lo que ocurre con Saga. las palabras se me quedan cortas al describirlo pues es un tío de lo más imponente. Tiene un aspecto mucho más varonil que yo. Suspiro al pensar que él no corre el riesgo de que lo confundan con una chica y menos aún de la forma en la que se le ve, o quizás simplemente se trate de como yo lo veo esta noche.
Al salir a la calle, noté que ya ha empezado a refrescar y a pesar de que llevo mi abrigo puesto, un pequeño temblor me recorre el cuerpo, aunque no creo que se deba solamente de la brisa algo fría que corre por aquí. Sea cual fuere el motivo, me pego un poquito más a él mientras caminamos hacia el restaurante.
