Capítulo 9
Es como volver ser el mismo de siempre aunque eso para mí no tenga un significado concreto. ¿Pero qué tiene un significado concreto al cien por cien? Me da igual, me siento contento con la compañía y contento también con las luces de la ciudad que nos sonríen como si nos hubieran estado esperando desde que fueron encendidas. Esto es mejor que cualquier otra cosa, su brazo entrelazado al mío y su deliciosa voz, melódica y suave diciéndome que yo decida el sitio en que habremos de cenar. Es tarde pero sé que tenemos tiempo para disfrutarlo.
—Mi opinión es meramente personal —cabeceo tranquilamente— la última vez que comí a solas en el Feuillage fue por puro gusto de gastar y porque mi hermano se quedó en mi casa y tuvo la buena idea de organizar una fiesta sin pedir permiso —encojo los hombros y le sonrío. Con lo que me cobraron por el vino tardé tanto en acabar una copa que la fiesta ya había terminado.
Un guiño mientras bajo con él hacia el estacionamiento donde aparqué mi automóvil. Si tuviera un último modelo sería un poco más impresionante pero, además de que fingir no se me da del todo bien, él sabe que mi puesto no es el mejor de todos y que todavía hacen falta algunos años antes que el sueldo alcance para un Mercedez Benz. Embebido estoy en mis pensamientos cuando siento un temblor en mi brazo. Cuando ladeo la cabeza compruebo que Shaka se había acercado un poco más a mí: tiene frío, eso debe ser.
—El auto está cerca —comento pero me aparto para tener la libertad de despojarme de mi saco. Lo acomodo sobre los hombros de Shaka y me tomo la libertad de dejar allí también mi brazo antes de llegar al coche.
Es complicado pero es a la vez más relajante; la actitud que tengo no es común con cualquiera, sin embargo, para con Shaka es la única que puedo adoptar: proteger su espalda, ser el más caballeroso y el más amable. En general soy más adusto, más serio, poco amigable, ¿pero no sería un acto terrible ser así cuando es un ángel quien va a ser mi compañero de comida? Es extraño, la seducción hace cambiar a la gente y es ahora que entiendo que no es hipocresía, que los adolescentes no desean comportarse como idiotas sino que quieren verse de la mejor forma posible y eso hace temblar la visión que tienen de sí mismos. Ser atraído es una maravillosa arma de doble filo, aunque es precipitado empezar a pensar de este modo cuando sigo tambaleándome entre opciones.
Llegamos al auto y le abro la portezuela, dirigiéndome entonces al lugar del piloto y apurándome a ponerme el cinturón de seguridad. Acomodo el espejo retrovisor como una de mis costumbes más arraigadas y finalmente enciendo el motor. La dirección a tomar ya la sé: la concurrida avenida principal.
