Capítulo 11
Ambas manos en el volante, tal como me enseñó la vecina que se hizo cargo de mi hermano y de mí durante un tiempo; la mirada al frente y de preferencia sin distracciones como la radio o el móvil. Claro que alguna vez he desatendido estas indicaciones pero generalmente cuando conduzco con alguien más dentro del automóvil procuro seguirlas al pie de la letra; de algún modo creo poder cuidarme solo. Sin embargo, tratándose de otro prefiero tomar todas las precauciones para no correr ninguna clase de riesgo.
Mi hermano dice que eso es lo único que me hace ver como el mayor. Sospecho que también tiene que ver el hecho de que soy más responsable, más serio, más fuerte y... bueno, un poquitín más pensante; ¿o será que también de él me preocupo demasiado desde siempre?, desde que le preparaba el desayuno, le ayudaba con la tarea que ocasionalmente hacía y ejercía como su niñera y de sus amigos, cuidando que no se metieran en líos. El mayor, por supuesto, haciéndose cargo de todo.
Kanon era y es una pesadilla, se lo hago notar a Shaka cuando levanto las cejas con cierta incredulidad por lo que comenta.
Damos una vuelta y reconozco la avenida donde debe encontrarse el restaurante porque una de las razones por las que lo elegí es debido a su cercanía. La oficina después de todo no está ubicada en un mal lugar, de hecho, pienso que tengo suerte en trabajar allí, aún cuando mi casa no esté a dos pasos.
—Es estupendo si lo tienes lejos —suspiro mientras muevo una mano con un ademán característico que no la separa mucho del volante—. Verás, puedo decirte con honestidad que fue el único apoyo que tuve cuando mis padres murieron pero sería una mentira afirmar que nuestra relación es excelente. Somos gemelos, ¿sabes?, creo que por eso tendemos a hacer cosas distintas, para no ser iguales.
Damos otra vuelta, ¿me equivoqué de camino?. No lo creo, porque recuerdo perfectamente este bazar y la joyería que acabamos de dejar atrás.
Por lo que ha dicho, él no tiene hermanos... otra de mis deducciones. Aunque el trabajo es un lugar excelente para enterarse de los secretitos de los demás y poder cotillear a gusto, pocas veces (o mejor dicho, ninguna) me interesa saber sobre la vida de otras personas. La gente apenas puede con la suya propia, así que ¿para qué inmiscuirse en las ajenas? Los problemas personales siempre son más que suficientes, no veo caso en preocuparse por los que los demás se puedan plantear, sobretodo si no se ha sido invitado.
—Tú debes ser hijo único —continuo encogiendo los hombros— o tus padres y hermanos viven lejos y por eso hablas de ese modo. A mí me gusta mi soledad, aunque en ciertos momentos, como ahora, agradezco infinitamente la buena compañía.
Otra regla rota. Ladeo la cabeza para encontrar sus ojos con los míos y sonreírle suavemente admirando el paisaje de su faz. Cuando finalmente regreso mi atención a la avenida doy con el bendito resturante bistro que estaba buscando. Aquí hay valet parking, así que me acomodo la camisa (acabo de recordar que mi saco se halla en un mejor lugar) antes de aparcar en la entrada del lugar.
—Aquí es —extiendo el brazo, abro la portezuela yo mismo para que sea a Shaka a quien los jovencitos del valet atiendan—. ¿Te gusta, Shaka?
