Capítulo 12.

Según lo que me dice, lo de tener un hermano no es necesariamente algo fácil ni tan maravilloso como me lo habían pintado, al menos desde su punto de vista. Su intuición acerca de mi familia es cierta puesto que no tengo ni hermanos ni hermanas, de hecho, los pocos familiares que tengo son familia lejana que en su mayoría viven lejísimos de aquí, en la India concretamente.
Acertaste al decir que soy hijo único. Mis padres murieron siendo yo muy niño y me criaron mis abuelos. Ellos también murieron apenas cumplí mi mayoría de edad, así que estoy solo.

Observo lo cuidadosa y meticulosamente que conduce siguiendo, o al menos eso parece, al pie de la letra una serie de instrucciones que debió aprender de su maestro o maestra. No sé si es sólo por mi beneficio o siempre lo hace así, pero me alegra ver que no es una de estas personas locas del volante a las que les importa un rábano el poner en peligro no sólo su propia vida, sino también las de los otros ocupantes del vehículo y los peatones u otros conductores que se crucen por su camino.

Después de dar unas vueltas llegamos al restaurante del que me había hablado anteriormente, un lugar que me parece bastante lujoso ya que yo estoy acostumbrado a sitios mucho más sencillos. Tal vez si hubiera estado solo no habría tenido el valor ni las ganas de venirme por aquí, pero en compañía es algo diferente y la de Saga me resulta muy agradable y amena. Especialmente me encanta la forma en la que me mira mientras estamos en el coche y su sonrisa tan tierna.
Una expresión que tan sólo dura unos cortos instantes pero que nunca antes había visto pues en el trabajo siempre está muy serio y parece muy seguro de sí mismo aunque conmigo se comporta siempre muy amablemente.

Aún llevo puesto su abrigo que me echó antes por los hombros y en él noto un ligero aroma a aftershave, que huele a sándalo predominantemente. Veo como se ajusta su camisa y sale del coche antes de que pueda devolverle su prenda porque uno de los mozos que trabajan allí abre mi puerta. Doy las gracias al muchacho y tomo la mano que Saga me tiende.
Es un lugar precioso, nunca había entrado aquí antes le sonrío y le devuelvo su abrigo—. Toma, no quisiera que pescaras un resfriado por culpa mía.

Le miro fijamente durante unos momentos mientras sujeto su abrigo para que pueda volver a ponérselo. Una vez puesto vuelvo a tomar su mano entrelazando sus dedos con los míos.
—Siento curiosidad por ver si este local cumple con la reputación que tiene comento al ver la lujosísima puerta de entrada.

Francamente debo decir que esta noche está resultando ser mucho mejor de lo que esperaba y no por el hecho de estar en un lugar de lujo (no soy tan mercenario como para pensar en eso solamente) sino también porque su compañía fuera del ámbito laboral es una novedad que deseo explorar y en especial, me encantan sus pequeñas atenciones. ¿Qué más puedo pedir de una cita?