Hermione leía por segunda vez la increíble propuesta delante de sus ojos. Ella no había rechazado el proyecto, ni siquiera lo leyó en el pasado, esa situación la incomodo ¿Quién se había tomado el derecho de negar proyectos sin preguntarle? Le molestaba que usarán su nombre para malos entendidos. Aunque pareciera increíble Malfoy se mostró educado, hasta cierto punto comprensible pero era claro que el hombre se percató de que había alguien más atribuyéndose el derecho de negar el apoyo. La castaña llamó a su asistente, quien apareció en cuestión de minutos.
Aquella chica de amable sonrisa, cabellos negros era una una hija de muggles, no recordaba haberla visto en el colegio Hogwarts pero por sus credenciales sabía que estudió ahí. Quizá esa mujer sufrió del sobre nombre que tanto Malfoy pregonó en su niñez. Lo niños de la casa de Slytherin podían llegar a ser muy hirientes.
Quizá ella sí era capaz de actuar, o tomarse atribuciones para negar que el proyecto Malfoy pasara por su escritorio. Como primer punto era su obligación saber la verdad.
Las piernas de Malfoy aún temblaban, tuvo que servirse dos tragos de Whisky de fuego para calmar sus nervios. Se sentía como un niño estúpido que acababa de encontrarse a su héroe favorito. Se dejó caer en su silla fascinado por el recuerdo de aquella castaña, aunque sus rizos parecieron haber sido domados seguía teniendo ese aire de sabionda, que tanto le molestaba en el pasado. Un intruso abrió la puerta de su oficina, ingresando sin pedir permiso, torció los labios por ese grado de desfachatez.
—Draco Malfoy borra esa sonrisa de tu rostro.—El hombre hizo énfasis tomando asiento frente a su amigo, para recriminar su gesto.—No hay razones para que te ilusiones.
—Ella no rechazó el proyecto, ni siquiera se lo pasaron.—El hombre se justificó poniéndose de pie para servirse otro trago.—Ella sigue siendo una justiciera como la recuerdo.
El pelinegro rodó los ojos, admitía estar fascinado por esa sonrisa dibujada en su amio. Hace mucho tiempo que no la veía y odiaba tratar de borrarla.
—Ella acepto leer tu proyecto porque es una burócrata comprometida con su puesto, no imagines cosas inexistentes.
El rubio soltó un bufido mientras asentía con la cabeza. Él no era un adolescente que se emocionara con una sonrisa, era claro que entre él y aquella hermosa mujer nunca sucedería algo, ellos eran como el agua y el aceite, incapaces de mezclarse. Una lechuza negra hizo acto de presencia, dejo caer una nota sobre su escritorio, al ver el sello de la Familia Malfoy, lo abrío para leer el contenido.
—Lo siento Theo, pero esta noche no podré cenar contigo.—El chico se excusó observando como su amigo se disponía a sacar una pila de papeles de su portafolio.— Mis padres quieren que cene con ellos.
—Es bueno saber que te han vuelto a invitar a cenar ¿Debo creer que su relación ha mejorado?.—El pelinegro cuestionó con una delgada sonrisa, el rubio levantó los hombros como si le restara importancia.—Son tus padres y es correcto amarlos aún si se equivocaron.
A Draco claro que le dolió el distanciarse de sus padres después de los juicios, pero las peleas con su padre se volvieron incesantes, el hombre seguía sin aceptar que sus prejuicios eran ideales vacíos, creencias sin sustento, pensamientos egoístas que los llevaron a pisar Azkaban. Su padre debía aceptar que estuvo equivocado. Draco deseaba que las personas le dieran una segunda oportunidad a su progenitor.
—Mi padre solo ha aceptado que vuelva a casa por mi madre, sobre cualquier ego está su eterna devoción a su esposa.—El rubio usaba un tono orgulloso, aunque pocos lo dudaran su progenitor tenía una pizca de ternura en su corazón, él siempre dejó en claro su amor hacia su mujer.—¿No te sentirás solo? Puedes cenar con nosotros.
—No, sé que necesitas tiempo a solas con tu familia.—Se excusó el chico tratando de esconder su decepción, sus tardes eran solitarias y sólo la compañía de su amigo lo calmaban.—¿Podemos enfocarnos en el trabajo?
Draco asintió llevando la vista a los pergaminos. Después de la guerra la Familia Malfoy tuvo que "donar" un alto porcentaje de su herencia para reconstruir algunas áreas afectados por los ataques de los mortifagos, además de apoyar con proyectos sociales. Era una forma superficial de limpiar su imagen, la cual fue socavada por su participación en el bando equivocado. Ahora el hombre de negocios se dedicaba a recuperar su estatus como la Familia más rica del mundo mágico, era lo único, que creía ser capaz de hacer.
Hermione Granger terminaba de hacer las correcciones necesarias a los documentos dejados por Malfoy, se encontraba sentada en un cómodo sofá a mitad del departamento que compartía con su cuñada, y mejor amiga. Las dos chicas decidieron vivir juntas ya que no les agradaba mucho el estar solas, y su mutua compañía les evocaba cierta tranquilidad. La chica dejo descansar los documentos sobre la mesita de café, se echó hacia atrás para subir los pies y abrazarse a ellos, pasaban de las 9 de la noche.
—¿Qué tal me veo?.—Una hermosa pelirroja salto a mitad de la sala dejándose ver dentro de un sensual vestido negro.— Tenemos una cena con el nuevo dueño del club.— La jovencita giraba para presumir su nueva adquisición.—Han mantenido en secreto el nombre pero debe ser alguien con mucho dinero.
—Luces hermosa, como siempre.—La castaña indicó moviendo la varita para que una taza de chocolate flotara hacia ella.— Aunque sospecho que los zapatos te van a cansar.
La pelirroja llevó la vista a esos tacones, le agradaba bailar asi que quiza ese tacón le causaría problemas en el futuro. Ginevra Weasley era la capitana de Arpías de Holyhead, la estrella del equipo, una de las jugadoras más prolíferas, y todo un fenómeno sólo existía un rival a su altura, su propio hermano Ron. La mujer tintineo su varita para cambiar el color negro por un verde, quería impresionar al nuevo dueño, por ello demostraría que llevaba los colores de su equipo con orgullo.
— Mucho mejor pero van a confundirte con cierta casa que tanto odias.—La castaña evoco una sonrisa.—Cualquier tono te queda hermoso.
—Por favor Mione, salimos del colegio hace ocho años y todos saben que amo a mi equipo.— La mujer se dejó caer a un lado de su mejor amiga.—¿has recibido carta de Harry? .—Lanzó un bufido, se notaba molesta.— Hace un mes que no tengo noticias de él, tuve que enviarle una nota a Luna.
La castaña evoco una mediana sonrisa, ella también había tratado de contactarse con su amigo, pero entendía que en ese momento se encontraba en una zona donde las lechuzas no llegaban fácilmente, de hecho trato de usar uno de los aparatos muggles, llamado celular pero no tuvo respuesta. Su amigo, héroe de la guerra, se volvió el mejor auror pero tres años antes presentó su renuncia, no quería seguir siendo el jefe del departamento, se volvió en auror de campo. En forma de broma sus amigos le decían que se convirtió en el "guardaespaldas" de Luna.
Aquella rubia invitó a su amigo a explorar nuevas tierras en Asia pacífico, su objetivo era buscar antiguas tribus de magos, trataban de encontrar seres mágicos descritos en mitos muggles. La decisión del pelinegro desbocó una pelea con su novia, aunque se separaron por un tiempo, la relación se retomó pero sufría de turbulencias.
—Él está bien, no debes preocuparte.—La castaña pasó su brazo por los hombros de su cuñada.—Ve a divertirte.
—Lo sé, si a ese chico le gusta el peligro allá él.—Dijo resignada, se había acostumbrado que su novio hubiera preferido la aventura en extraños lugares que quedarse a disfrutar de la gloria en la civilización.—No me esperes despierta, bye.
La pelirroja se despidió con un cálido beso en la mejilla para escapar por la puerta del departamento. La castaña dejó escapar un suspiro, amaba su actual vida, nunca antes se había sentido tan en paz y protegida como en esos instantes. Tenía un trabajo donde podía hacer un cambio real, amigos sinceros la rodeaban, un novio con ciertos defectos pero que trataba de ser mejor, echo una mirada a la fotografía estática de sus padres, los extrañaba pero no se arrepentía, ellos estaban a salvo y siendo felices.
Dejó la taza en la mesa para alcanzar una pluma y un pergamino, le escribiría una respuesta a Malfoy, como se lo había
prometido.
La familia Malfoy cenaba en un elegante comedor recién remodelado. Narcissa Malfoy había decidido, hace varios años remodelar la Mansión, quitar paredes, cambiar colores, tirar muebles y reemplazarlos por algunos de otro tipo o modelo. Muchas secciones de la casa fueron derrumbadas completamente y nacieron otras. La mujer decía tratar de renovar el estilo pero la verdad es que no quería que su propia casa le recordará constantemente sus errores, esos muros albergaron a sus verdugos, guardaron sus gritos mientras eran torturados. El innombrable se sentó en sus sillones, durmió en sus camas, el recuerdo la enfermaba por ello decidió borrar esa esencia, la marca de ese hombre dejaba en su hogar tenía que desaparecer.
—Me ha encantado las nuevas flores que crecen en el estanque.—El chico de cabellos rubios mencionaba las nuevas orquídeas blancas extendiéndose no solo por estanque sino también por las fuentes.— Pronto la casa va parece un invernadero gigante.
—Tu madre leyó un mito y quedó fascinada por la historia asi que decidí que trajeran varias flores para el nuevo estanque.—Intervino el rubio que comía al frente de la mesa, parecía restarle importancia a sus decisiones.—Se llaman Nymphae alba, aunque tenemos el objetivo de traer muchas más plantas.
—¿Donde leiste la historia de la ninfa de Diana y el cupido?.—Cuestionó intrigado el menor mirando a su madre que se sirvió un poco de vino, él sabía que era un mito de origen muggle.— Esa clase de historias no están dentro de los libros de la colección Malfoy.
—Lo leí en la gaceta de Pandora.—La mujer contestó llevando un bocado a la boca. Draco se quedó pasmado, aquella publicación era creación de Luna Lovegood.—Puede que sus historias sean fantasiosas pero siempre pública sobre las flores más bellas y describe su origen, además te da tips para mantener su cuidado.
El rubio decidió no excavar más en las razones de sus padres para leer aquellas publicaciones. Una sonrisa se dibujó en sus labios, ellos trataban de cambiar, buscaban entender el nuevo mundo que los rodeaba. Ese donde mestizos, hijos de muggles y sangre pura eran iguales ante la ley. Sus perjuicios continuaban habitando en sus pechos y mentes pero por él se esforzaban en minimizarlos. El heredero de la Familia Malfoy estaba cómodo con su vida, luchaba todos los días por levantar su apellido, contaba con buenos amigos, pocos pero leales, la relación con sus padres mejoraba día con día.
Llevó la mirada a una lechuza negra que ingresaba al comedor por una de las ventanas, dejó caer una carta a un lado de su copa, tenía el sello del ministerio de magia, era la respuesta de la directora adjunta.
Como fuego ardiendo. Te encontré en la luz. Es la razón por la que encontré mi vida de nuevo ¿Que vi en ese momento? Tu aroma me hace olvidar todo.
Diamond 4YA, BAP
