Agradecía que el clima estaba cambiando, las nubes cubrían en demasía el sol y la amenaza de lluvia era algo inminente, por lo que ahora su sesión de fotos se había cancelado. Procedería a comer algo y después volvería a ir a casa de Marinette para hablar con ella.

Estaba un poco nervioso por toda la explicación que debía darle, pues el retirarle tantas cosas hacía que sonara un tanto falso. Evitaría a toda costa mencionar la posición de su padre, pues era lo que lo volvía un blanco más fácil, por así decirlo.

Apenas entró a su cuarto, la lluvia comenzó y con ello una silueta roja apreció en el techo del edificio que se observaba desde su habitación. Ladybug estaba observándole con una expresión fuerte y seria, apenas hizo un movimiento con la cabeza el chico comprendió que debía abrirle el ventanal. Un poco de agua entró a causa del viento, pero apenas la chica entró, él cerró.

—Lamento aparecer de esta forma, es sólo que necesitaba hablar con alguien.

—¡No hay problema! ¡No tenía nada que hacer ahora mismo!

—¿Puedo pedirte una toalla?

—Cla-claro —fue a uno de sus armarios y sacó dos, una se la entregó y otra la colocó sobre su sillón—. Toma asiento.

—Gracias —hizo lo que le indicó—, siento venir sin ningún aviso.

—De verdad, no tienes que disculparte tanto por todo.

—Si, entiendo —rio ella nerviosa, con su mirada perdida—. De nuevo, lo siento. No sé ni porqué decidí venir a verte a ti. Esto es extraño, ¿no crees? —abrazó sus piernas que subía al mueble—. La heroína de Paris viene a ver a uno de los jóvenes más influyentes de la moda actual, sólo para pedirle un minuto de su tiempo y ella se sienta reconfortada.

Adrien no comprendía el punto al que ella quería llegar.

—¿Tú me admiras?

—¡Sí! Creo que eres una persona maravillosa y capaz.

—¿Y qué pasa si te digo que mi otra mitad no es necesariamente igual a mi parte heroica? Soy una adolescente normal, que piernas en cosas triviales y tiene un crush con el chico más popular de su instituto el cual no le hace ninguna señal de corresponder sus sentimientos ya que está enamorado a su vez de otra joven. Llego tarde a clases y muchas veces olvido hacer la tarea. Soy despistada y me pongo nerviosa con mucha facilidad. No soy perfecta y eso está bien porque me hace quien soy, pero… —ocultando su rostro rio nerviosa— Ahora creo que estoy interesada en alguien más y eso me da miedo, porque no puedo olvidar tampoco al primer chico al que no le he dicho mis verdaderos sentimientos por miedo.

—Díselos —respondió sin titubear.

Ella abrió los ojos sorprendida, sonrió de lado y posicionándose frente a él, habló:

—Me gustas y espero pronto decírtelo sin esta másca…

Los labios del rubio le impidieron seguir hablando.