Capítulo 14

La verdad es que incluso las últimas palabras que le dije me tomaron por sorpresa puesto que normalmente no soy un tipo muy lanzado y menos aún en este tipo de situaciones. El parece haberse sorprendido también y quizás sean cosas mías pero me pareció que trataba de ocultar su cara.
En lo que no estoy equivocado, ni alucinando, ni viendo visiones, ni nada por el estilo, es en ver esa maravillosa sonrisa en su rostro, lo que me da a entender que está disfrutando de mi compañía. Muy diferente a las sonrisas y gestos más falsos que un duro de cuatro pesetas como los que estoy acostumbrado a ver en muchos de nuestros clientes, compañeros y compañeras de trabajo, de los cuales a muchos parece resultarles gracioso el que yo sea budista.
El que no me interesen en demasía la cultura materialística y de carrera de ratas que parece vivirse en ese lugar no significa que vaya a dejar que me pisoteen, como más de uno y de una ya averiguaron.

Finalmente llegamos a nuestra mesa, situada en una parte muy tranquila del restaurante y en muy buena posición y ¡mejor aún!, nadie está fumando alrededor nuestro. ¿Qué más se puede pedir?
Hablando de pedir, nada más sentarnos nos encienden una vela situada en el centro de la mesa y a cada uno nos hacen entrega de un menú. El camarero se marcha durante unos minutos para que podamos decidir con tranquilidad. Saga lo lee y comenta varias cosas sobre platos diferentes.

Saga, no sé si estará hecho por Dios o por el diablo pero los olores que vienen de la cocina son verdaderamente deliciosos digo mientras observo a los otros comensales.

Vuelvo a mirar el menú, concentrándome principalmente en la sección de pescados y mariscos de los que hay una deliciosa selección. ¿Cómo es posible elegir sólo uno de ellos?, a menudo el que haya muchas opciones hace las cosas verdaderamente difíciles, más de lo que deberían ser.
Todos estos platos se hallan descritos de forma muy tentadora, al igual que los de las otras partes del menú. Aunque acabo de darme cuenta que en el mío ninguno de los platos tiene el precio puesto. Esto sí que es raro y me da la impresión de que los camareros me han confundido con una chica pues sé que en muchos restaurantes es costumbre mostrar este tipo de cartas a las señoras.
Suspiro con una divertida expresión en mi rostro pensando en que quizás debería ponerme en pelota picada para reiterar el hecho de que soy un hombre.

No vale la pena preocuparse por ello ahora y por fin, después de una "larga" deliberación ya sé qué voy a pedirme. No creo que sea buena idea empezar con un plato entrante porque no suelo comer mucho por la noche y si siento hambre después del plato principal prefiero dejar un poquito de sitio para el postre. Dejo la carta en la mesa y veo que hay otra parte más: la carta de vinos, la cual ignoro puesto que yo no voy a tomar alcohol. No me gusta el sabor y una pequeña cantidad basta para ponerme malito.