Capítulo 15
Estoy inflamado, más que feliz por lo que sucede y por lo que podría suceder. Es extraño, ¿verdad?, especialmente tratándose de mí, que soy usualmente pesimista (realista en el mejor de los casos); de mí, que digo que el futuro me tiene sin cuidado porque de un momento a otro se vuelve presente y ¡bang!, todas las esperanzas y planes se van por donde vinieron. No me estoy imaginando el resto de mi vida, que más vale que sea larga, pero procuro borrar de mi cabeza esas escenas en las que aparezco con Shaka en otro lugar, no este restaurante y tampoco la oficina, porque si no se hacen realidad tengo la opción de no sentirme decepcionado.
¡Ah!, ¡qué bueno que no arruiné el momento con mi comentario sobre Dios!. Yo creo en Dios, por supuesto, pero no soy precisamente un buen católico porque no cumplo con los mandamientos, ni voy a misa excepto en Navidad, es decir, cuando supuestamente nació Jesús, ni soy tan caritativo como debería. Como compensación, me aseguro de no pedirle nada a Dios a menos que me encuentre en una situación muy seria y de darle gracias algunas noches por la buena vida que llevo.
¿No está bien de esa forma? Yo no pido, Dios no da y ambos estamos contentos. Me pregunto cómo hace Shaka con Buda. Del programa sobre religiones que vi en televisión lo poco que pude concluir del budismo fue que Buda no era una divinidad y que el karma nos patea el trasero incluso en la siguiente reencarnación. Otra razón para preguntarme por qué diablos estamos vivos, pisando esta Tierra en decadencia.
—¿Nos saltamos la sopa, Shaka? —sugiero, todavía buscando entre los platillos del menú y levantando sólo la mirada para contemplar la mueca de alegría en sus labios cuando me hace la última pregunta—. Me gusta cómo sonríes.
Le sonrío ahora yo y arrugo suavemente la nariz con cierta picardía, uno de los pocos rasgos que comparto con ese hermano mío que es a la vez un dolor de cabeza. Levanto un brazo para llamar al mesero, suponiendo que mi rubio compañero ya ha decidido qué va a comer esta noche. Cuando el joven se queda de pie con la intención de tomar la orden, yo empiezo:
—Rostizado de ternera a la semilla de mostaza y salsa de hongos silvestres y... —regreso por un momento a la carta— lo acompañamos con un Château de Haux. Shaka, hoy celebramos, así que debes dejar que pida una botella para los dos.
Rozo el dorso de su mano con mis dedos, sólo para sentirme bien con el contacto y esperando poder convencerlo. Sé que no bebe ni una gota de licor, lo he comprobado en las fiestas y reuniones de la oficina en las que todos terminan medio borrachos como mínimo y él se va a su casa de lo más campante pero, lo que dije es cierto, esta noche es para celebrar y no aceptaré un no como respuesta.
—¿Tan terrible es una copita una vez al año?
