Esa tarde Hermione no entendía porque se encontraba tan incómoda, quizá se debía a que estrenaba un pantalón nuevo, no, claro que no se debía a eso, la razón más probable era porque no tuvo tiempo de comer. Agendo la reunión con Malfoy demasiado temprano, además otros asuntos consumieron su mañna sin darle oportunidad de probar alimento. Su orgullo le prohibía enviarle una carta al rubio para retrasar su cita, nunca sería una irresponsable, ni una impuntual.
Acomodó la blusa debajo de su capa para ingresar a un edificio, no poseía un anuncio en la entrada, de hecho quizá nadie supiera de la cuadra de qué iba el establecimiento, ingresó para toparse con la recepcionista, quien al verla se puso de pie con una sonrisa.
—Bienvenida señorita Granger. .—La mujer saludo indicando que la siguiera. .—El señor Malfoy la espera.
La acompañó al elevador para presionar el piso donde se encontraba el dueño de la compañía.
La bruja agradeció con un gesto, al estar sola dentro del elevador volvió a acomodar la estorbosa prenda. El fin de semana acompañó a su cuñada a una mall muggle, fueron de compras, no era fanática de adquirir prendas que no necesitaba pero por un extraño impulso la obligó a comprar ese nada sútil pantalón gris.
Las puertas se abrieron dejando ver una enorme oficina, el color era lúgubre, al igual que los muebles, había un escritorio lo doble que lo suyo al fondo, seguido de una sala, junto a una chimenea. Un extraño olor atrapó su atención, llevó la vista a la mesita de centro, estaban algunos platillos servidos, en una esquina al fondo una puerta se abrió. Draco salía secando sus manos con una toalla, no llevaba el saco, solo una camisa negra, sin la corbata haciendo juego con los pantalones de vestir del mismo color.
—Una disculpa Granger.—El hombre dijo acercándose y bajando la mirada.—He estado ocupado toda la mañana y apenas me disponía a comer algo.—Al notar la mirada fija de su visitante en la comida, descubrió que quizá ella también pasó por una ajetreado día.— ¿Quieres acompañarme?
La castaña entrecerró los ojos, indecisa por aceptar comida del enemigo. Un gruñido en su estómago tomó la decisión de aceptar la invitación por ella. Sonrojada asintió con la cabeza. Se quitó la capa para dejarla sobre una silla, al igual una pila de papeles y su bolso.
—Juro que no está envenenada.— El rubio levantó las manos para acercar un poco más la mesa al sillón, ambos compartieron el mueble.— Espero te guste.
—No creí que comieras algo tan sencillo.—Sus palabras salieron de su boca sin cuidado, el rubio la miró ofendido.—Bueno pensé que te gustaban platillos más elaborados. Solías quejarte mucho en el colegio por la comida.
La comida era sencilla, simplemente era un sunday roast, que es nada menos que un asado de ternera, acompañado con patatas asadas, yorkshire pudding, salchichas y verduras de temporada, todo ello alineado a una espesa salsa de cebolla y juego de carnes.
—¿Quieres vino? .—El hombre acercó una botella. —No eches a perder el sabor de la comida con agua, ambos sabemos que una copa no te hará daño.—La castaña rodó los ojos asintiendo con la cabeza.—¿Creo te ha gustado?
—Sí, está delicioso.—Honestamente respondió tomando la copa para beber un poco.—Moría de hambre, la junta de la mañana se extendió más de lo planeado.—Movía la cabeza y bufaba como si quisiera demostrar su molestia.—Detesto que no respeten las horas fijadas.— Dejó la copa para continuar devorando la comida.—No siguieron la agenda, hay momentos y lugares para expresar sus dudas, odio que la gente no se enfoque en el tema principal de una junta.
El rubio asintió con la cabeza, entendía su punto, hasta cierto momento lo apoyaba. Él odiaba asistir a reuniones donde los presentes hablaba de temas nada relacionados a la causa de la junta. Solo perdía el tiempo.
—No te ha pasado ¿que de repente a mitad de la asamblea alguien menciona un partido de quidditch?.—Le cuestiono moviendo los brazos, simulando estar ofendido.—A mi me gusta, sigo algunos equipos pero no saco el tema a mitad de una reunión de estatus. —La castaña asintió con la cabeza enérgicamente, ella pasaba por lo mismo.— Hay veces que debo contar hasta 100 para no lanzar una serie de maldiciones.
—Yo odiaba eso en un principio, cuando Ron comenzó a jugar mis compañeros no dejaban de molestar con preguntas sobre él.—La mujer confesó, la mención de ese nombre incomodo al rubio.—Hasta que un día me harté y les grite a todos que si querían algo de él fueran a sus partidos, yo estaba para trabajar.
Hermione era poseedora de varios sobrenombres en la oficina, todos temían a su carácter y seguían las órdenes dadas al pie de la letra. Draco también dejó escapar la frustración que sentía cuando se reunirá con sus socios, que también eran sus amigos, ellos pensaban que estaban en una salida cuando se encontraban en una junta para dar el estatus de las ganancias semestrales de los negocios que compartían.
—Juró que cuando llegan debo esconder el whisky, se recuestan en los sillones como si fuera una visita casual, comienzan a platicarme sobre su semana.—El rubio confesaba con una mediana sonrisa, tomando otra copa de vino.—Los mandó a llamar sobre problemas con los negocios y ellos creen que los invitó para que me hablen de sus problemas personales.
—Yo nunca podría trabajar con mis amigos, si cuando estoy con Gnny no deja de contarme de chismes o de Harry. .—La mujer se dejaba caer en el respaldo del sofá, era como si ese rubio fuera amigo de toda la vida, las palabras fluían libremente.—Luna me hablaría de nargles y seres que ni siquiera creo que existan.
La pareja continuó conversando, pasando de reuniones molestas a amigos extraños. Se cuestionaban el origen de sus amistades cuando no tenían cosas en común. La castaña hablaba de lo extraño que fue vivir con una mujer que pasea en ropa interior los fines de semana si tenía suerte, ya que otras simplemente andaba desnuda, o cuando Luna por su cumpleaños decido seguir un ritual de una tribu llamada Algonquino, el proceso básicamente consiste en perderse toda una noche en el interior de un bosque y drogarse con algunas hierbas. No recordaba mucho de esa loca "celebración" pero sabía que Neville y Ron perdieron las cejas.
—No puedo creer que los héroes de la guerra mágica "experimentaran" con esas sustancias.—El rubio echó una risa al solo imaginar a la orden del fénix drogada y corriendo a mitad de un bosque semi desnudos.— Se han vuelto unos chicos rebeldes.
—Nosotros no tenemos la culpa de contar con una amiga que le guste "probar" nuevas "artes".—La castaña hacia comillas con sus dedos mientras no dejaba de reír.— ¿los chicos malos no han probado sustancias ilegales? .—Se detuvo para formar una O con sus labios.—Es verdad todo lo de origen muggles es considerado sucio.
Draco frunció los labios, esa chica no dejaba de atacar bajo la mano. No quería que se diera cuenta que llevaban más de una hora comiendo y conversando de temas superficiales. Le parecía mágica la forma que su primera reunión se desarrollaba, aunque sospechaba que el vino y el poco aguante por parte de la gryffindor le ayudaban a relajarse. Era abierta, era honesta y dejaba salir sus palabras tranquilamente.
—Claro que los chicos malos hemos sido rebeldes.—El rubio se puso de pie para aclarar su garganta.—Una vez Blaise nos invitó a un festival muggle, nosotros no estábamos seguros de ir, ya sabes sobre las historias de nuestros padres pero la curiosidad nos ganó.—El hombre explicaba tratando de aguantar la risa.—Al llegar las mujeres estaban semidesnudas, pintadas, los hombres llevaban extraños disfraces, los muggles eran bastante ridículos.
Hermione escuchaba atentamente como fue la primera vez que Draco Malfoy y equipo fueron a un festival de música llamado Glastonbury, ahí probaron cigarros con olores extraños, consumieron muchas bebidas alcohólicas, que no creyeron que existieran. Confesó, como si fuera un secreto que le gustaron algunas canciones de las bandas, los muggles tenían buena música. La castaña quedó fascinada por la manera que se dirigía a los seres no mágicos, no usaba términos para minimizarlos o verlos como seres inferiores, ya no eran despreciables insectos o peligrosos monstruos. El chico solo usaba adjetivos calificativos como "raro", "extraños", "están locos", de sorpresa o de no entenderlo pero no los humillaba.
—Sigo sin recordar la mitad de cosas que hice ese día.—EL monólogo fue detenido por un pequeño ¡pop!, un elfo aparece dejando una bandeja de bolas de chocolate.—Gracias Elvy.—La elfina doméstica que usaba un vestido azul hizo una reverencia para desaparecer.—El postre está servido.
La frente de Hermione nuevamente estaba arrugada, le molestaba que los magos siguieran usando a los elfos como sirvientes, quería enfrentarse a su anfitrión pero esa alfina usaba un vestido, no lucía desnutrida o temerosa, hasta Draco le dio las gracias. Con cada minuto que pasaba con ese hombre más le sorprendía su nueva personalidad.
—Es un dulce para niños.—Se quejo falsamente tomando una bolita para llevarla a su boca.— Esperaba varitas de chocolate o regaliz.
—Lo tomaré en cuenta para la próxima reunión.—Contestó tomando un par de bolitas y llevarlas a su boca.— ¿Alguna otra sugerencia para el menú?
Hermione rodó los ojos, ahí estaba ese tono burlón que tanto recordaba del rubio, llevó su vista al reloj encima de la chimenea, ya llevaba más de una hora conversando de tonterías.
—Es tarde, deberíamos enfocarnos en el trabajo.—La mujer saltó fuera del sofá para dirigirse a la puerta, donde suponía que se encontraba el baño.— He hecho algunas anotaciones sobre las leyes que se deberían reformar.
Draco apareció detrás de la chica para también lavar sus manos, ambos compartieron el lavabo en silencio, algo apenados ya que se habían quejas de personas perdiendo el tiempo en una reunión y ellos no dejaron de hablar de trivialidades. Regresaron al escritorio donde cado uno tomó un extremo y comenzaron a seguir puntualmente la agenda prescrita por la burocrata.
El resto de la tarde la pasaron inmersos en su trabajo, aunque claro no pudo extender a más tarde, debían respetar las tres horas asignadas a su reunión, ambos eran personajes ocupados y críticos a seguir los horarios. La castaña se despidió dejando los pergaminos sobre la mesa.
—Nos vemos el jueves.—La mujer anotaba algunas palabras sueltas en su libreta.—¿seguro que puedo usar la red flu? .—Le cuestionó recibiendo una asentimiento del rubio que estaba sentado en su silla detrás del escritorio.—Será más sencillo llegar.
La mujer tomó los polvos para caminar hacia la chimenea..
—Oye Granger tu pantalón te queda muy bien.—El hombre gritó dibujando una sonrisa, la castaña abrió los ojos sorprendida.— Hasta el jueves,
La mujer repitió la dirección del ministerio de magia con una sonrisa en los labios. No sabia porque pero le agradaba que alguien se diera cuenta que estrenaba algo diferente, aunque no había forma que Draco lo supiera, sus mejillas se tiñeron rojas, esa primera reunión no había ido como ella lo había planeado, ni aún así se sentío frustrada.
"Dime lo que quieras. Haré todo lo que. Tú, que eres el único para mí. Te llevaré. Al lugar que deseas. Sólo te necesito. Justo a mi lado."
Take you there, BAP
