Capítulo 17
Bueno, no es que quiera provecharme de esto, pero Shaka me lo está poniendo muy difícil y... ¡está apretando mi mano! Acto que no hace sino acuciarme a lanzarme sobre él como un animal salvaje sobre su presa, a pedirlo como mi plato fuerte y postre y sus labios como lo único que quiero beber. La escena se me presenta tan real, tan incitante como agobiante, que me echo hacia atrás levemente; porque el asustarme de mí mismo era algo normal, pero no estoy tan loco como para abandonar la mano blanca de Shaka: la atraigo hacia mí y beso sus dedos delgados con los ojos entrecerrados, mirando los suyos hechos de agua.
—Yo cuidaré de ti —respondo, deseando que mi boca pudiera pasearse por toda la extensión de su piel, empezando por las yemas de sus dedos.
Me contengo, claro está, y dejo nuevamente su extremidad para recargarme en la cómoda silla y poder ponerme la servilleta de tela en el regazo. Entrelazo los dedos sobre mi vientre, pensando en que debería relajarme y dejar de pensar en perversiones de ese tipo... ¿pero acaso hay perversiones de otro tipo?
En todo caso, la idea del vino tinto no es para atentar contra la integridad del rubio, sino para subrayar que incluso bebiendo media copa, el alcohol es signo de algarabía; puedo estar equivocado y de hecho, sé que ser feliz no tiene nada que ver con estar intoxicado (o al menos no debería) pero de algún modo... de algún modo quiero hacerle ver lo agradecido que estoy porque esté conmigo.
—Espero que no hayas tenido nada más importante que hacer —empiezo la charla—, sé que te invité de improviso. Tenía intenciones de hacerlo hace ya algún tiempo pero siempre que sales del trabajo te vas enseguida; pensé que ibas a algún lado o con alguien, ¡qué sé yo!. Ojalá no todos en la oficina te desagrademos.
El no suele quedarse mucho tiempo más después de la hora de salida a menos que sea fin de mes y el trabajo por hacer esté al tope; esos días, entonces tenemos que quedarnos todos hasta la madrugada para terminar con los pedidos y varias cosas más de las que ahora no quiero acordarme. Si bien puedo sobrevivir durmiendo menos de ocho horas, me gusta descansar si puedo hasta nueve para no sentir ninguna clase de cansancio durante el día: puedo ir a trabajar y hacer bien los quehaceres, puedo limpiar la casa, puedo salir a correr por las noches...
Claro que si esta noche no salgo a hacer ejercicio y en cambio continuo al lado de Shaka es seguro que no voy a quejarme.
