Draco Malfoy caminaba con total seguridad por los pasillos del ministerio, su capa negra ondeaba orgullosamente, el cabello rubio estaba atado con un listón verde. Con cada año que pasaba poco a poco iba asumiendo la presencia de su padre en el pasado, poseía ese aire soberbio y elegante que caracterizaba a los Malfoy. Él sentía orgullo de su origen, se arrepentía de sus malas decisiones pero no toda la historia de un linaje iba a desaparecer o minimizarse por errores. Él iniciaría una nueva era para su linaje.

—Señor Malfoy en este momento el Sr Jones está ocupado.—Una mujer comentó desde su escritorio, con la mano le señaló una silla.—Puede esperarlo, por favor

El mencionado asintió con un movimiento de cabeza, la actitud de ese hombre le comenzaba a cansar. Tuvo que enviar tres lechuzas para que le programará una reunión, la cual cambio otras cuatro ocasiones, dándole una cita hasta el viernes en la mañana. Debió asumir que fue su culpa frente a Hermione, ella no debía enterarse que era visto como un apestado por el ministerio.

Tuvieron que pasar 30 minutos para que el hombre se dignara a recibirlo, el rubio mantuvo la compostura durante el lapso de espera. No perdería los estribos por caprichos infantiles, él era el "hurón valiente", el apodo le causó un ligero cosquilleo en los dedos.

—Buenas tardes sr Jones, agradezco su tiempo.—Saludo el hombre tomando asiento en una de las sillas frente al escritorio, donde un hombre de 40 años, alto de piel clara descansaba.— Sé que es un hombre ocupado.

—Sí, no todos nacimos en cunas de oro.—Contestó imitando un tono cortés, barrio al invitado de pies a cabeza.— Hay que trabajar arduamente para llevar el pan a nuestra casa, sabe.—Indicó tomando un pergamino para disponerse a leerlo. —Mis padres eran muggles, no poseían mucho dinero así que tuve que abrirme camino solo.

Draco dibujó una sonrisa, asintiendo, su niveles de paciencia disminuían. Ese sujeto se había puesto a leer un pergamino, mientras le daba monólogo sobre lo difícil que es la vida de un mago sin raices magicas. Draco no estaba en esa oficina para escuchar la patética vida del hombre, poco o nada le importaba.

—Es impresionante lo que ha alcanzado.—Intervino apretando los dientes.—Yo también quiero que todos los magos alcancen sus sueños, por eso es importante preocuparnos por aquellos que no tienen familia.—El rubio sacó varios pergaminos enrollados y atados con un listón.— He venido hacer una petición para actualizar la ley de adopción.

El hombre separó los ojos del documento que anterior fingía leer, para tomar los papeles. Le echó un rápido vistazo. No le agradaba la familia Malfoy. Recordaba la prepotente mirada de Lucius Malfoy cuando se lo llegó a topar en los pasillos del ministerio, claro antes de su caída, poco fue el castigo de pasar 4 meses en Azkaban, tuvieron que dejar a ese bastardo pudrirse, dentro de una celda.

—No creía que alguien que tiene la vida resuelta le preocupaban los desprotegidos.—El hombre comentó sin tomarse el tiempo de leer completa la propuesta.— Fácilmente puedes pasar el resto de tu vida en la mansión con tus padres, viviendo en libertad y paz.

—Soy un mago comprometido con mi comunidad.—El rubio levantó la voz, no le agradaba ese tono usado.—Si se diera la oportunidad de leer los documentos que traje, entenderá que solo busco que la ley permite a más magos ser candidatos para adoptar.

Draco no podía cambiar los prejuicios enraizados de las personas con una sola reunión. Él más que nadie llevaba ocho años peleando con sus padres para abrir sus mentes.

—Deberíamos dejar que magos solteros o viudos tengan la oportunidad de arropar a un huérfano.—Su objetivo era convencer al hombre de la reforma.— Hay muchas familias nobles que ahora tienen solo un integrante, que estarían más que felices de adoptar a un mago para que siga su legado.—El rubio se relajo.—Pero la ley específica que solo se le permite la adopción a parejas, los requisitos son muy largos y el proceso lento.

—¿Ahora debemos dejar que mortifagos puedan adoptar niños? .—Exaltado el hombre cuestionó, Draco dudó ante la pregunta, estaba fuera de lugar.— Esas familias nobles perdieron su descendencia por su culpa, si se acaba su legado fue su decisión..—El hombre escupió molesto.—Los niños abandonados son hijos de ex motifags que prefirieron sus ideales a su familia.

El hombre estaba equivocado, ese no era el objetivo. Permitir que los magos sin estatus matrimonial pudieran cuidar de niños desesperados. Pensaba en Theo, él nunca se casaría pero sabía de su deseo, anhelaba que su legado continuará. No sólo pensaba en ellos sino también en los niños, algunos hijos perdidos de ex mortifagos. No debían cargar con las culpas de los padres.

—Está equivocado, más allá de los errores y la guerra debemos seguir con el legado de las familias.—Intervino sin saber explicarse.—Hay una niña de apellido Rosie, pertenece al grupo de los 28 grandes.—Trago en seco.—Sé que la Sra Parkinson quiere adoptarla para que su apellido no se extinga.

El hombre frunció el ceño, captaba una idea incorrecta.

—Pero la Sra no puede adoptar porque es viuda, la ley especifica que solo parejas pueden cuidar de los niños del orfanato. —Sus palabras se detuvieron.— Solo es una actualización de la ley, puede leer los pergaminos.

—¿Quieres que les demos los hijos de mortifagos a ex mortifagos?.— Le cuestionpo incredurlo, asqueado.— ¿ Ahora los reclutan desde niños?.—Se puso de pie molesto.—¿Tus padres armaron su pequeño ejército? Fue poco el tiempo que tu padre pasó en Azkaban.

El rubio también se puso de pie, había malinterpretado el objetivo. Él solo le mostraba un ejemplo. La hija de Evan Rosier era mestiza, el hombre la abandonó a su suerte, nada tenía que ver con su padre. La señora Parkinson nunca formó parte de los mortifagos, quizá algún familiar pero la madre de Pantsy evitó unirse. Ella visitaba regularmente el orfanato, conoció a la jovencita, con ella como cabeza de la Familia Rosier, podría darle una nueva imagen a una de las 28 familias sagradas. No importaba la sangre sino el apellido, ella iniciará una nueva era para ese apellido.

—Nadie está armando un ejército, malinterpreta mis palabras, quizá no me dí a entender—Regulaba su tono, no buscaba perder la cabeza, no contra un idiota como ese.— Para aclarar, mi Familia quedó libre de cargos, él que mi padre y yo aceptaramos estar en Azkaban fue una decisión personal.

—¿Tu crees que todos somos iguales? .—Le cuestiono irónicamente, no le temía a un hijo papi. —Yo no me dejaré comprar , esos cambios no se realizarán.—El hombre lo retó con la mirada.—No permitiré que asquerosos mortifagos se queden con esos niños que llevan sangre maldita

Con un movimiento de varita los pergaminos comenzaron a quemarse. Draco trató de contrarrestar el hechizo sacando su varita pero fue muy tarde. Su arduo trabajo había sido reducido a cenizas. Sus manos formaron puños, estaba furioso. Levantó una de las manos para tomarlo por el cuello.

—¿Qué va hacer el niño de mami? .—Le cuestionó en tono burlesco.— Siempre haz sido un cobarde, he escuchado lo sucedido durante tu juicio, pegado a la faldas de tu madre, sino fuere por ella, tu padre estaría pudriéndose en Azkaban.— Una burlona sonrisa apareció en sus labios.—Eres un fracasado como tu padre, un perdedor que ahora se esconde en su mansión.

—No tienes la calidad moral ni el calibre para dirigirte de esa forma a mi familia.— Le contestó con una mueca de desprecio, lo miro de abajo hacia arriba,.— He venido en paz y no pienso aguantar tus insultos.

El hombre se negó a retractarse, eso era lo que el gran Lucios se convirtió. Un chiste vacío, muy lejos quedaron sus días de glorias, todos los slytherins que un día se vanaglorian de sus apellidos ahora caminaban como perros con la cola entre el rabo. Ellos, los Hufflepuff eran magos trabajadores y entregados, ahora merecían la gloria.

—Tu padre es un elfo doméstico que le debe obediencia a tu madre.—Vociferó, en ese momento el hombre recordaba el infierno que hombres como Lucius le hicieron pasar cuando llegó al mundo mágico.— Tu apellido no significa nada, son una paria para la comunidad mágica.

—Pequeño hombre sin apellido.—Resopló orgulloso, entonces esa vieja cara cargada de vanidad, desprecio y odio apareció.— Dentro de 50 años la gente seguirá recordando mi nombre y apellido mientras tu legado se volverá polvo.

El hombre se negó a ser humillado por ese estúpido jovencito. Un traidor que torturó niños, le juro lealtad al mismo demonio. Todos los mortifagos merecían el beso del dementor, sus apellidos ser borrados. El apellido Jones debía figurar alto, él lo merecia.

—Niño estupido, el apellido Malfoy será recordado por ser unos cobardes, tu padre como el pusilánime que no tuvo el valor de defender su hogar, tú como el mocoso llorón que cedió ante el innombrable.—Su voz estaba cargada de rabia.— Están fuera de Azkaban por la piedad de los héroes, porque su dinero aún tiene valor. La bruja de tu madre resultó ser más lista, la zorra supo cuándo bajar la cabeza, solo eso salvo lo poco que quedaba de tu apellido.

Sin pensarlo dos veces el rubio soltó su varita para darle un golpe con el puño cerrado al sujeto. El señor Jones fue a parar al otro lado.

—Alarte ascendere.— Gritó el hombre para lanzar al rubio hacia la pared.—Señorita Pratt llame a un auror.

—No permitiré que insulte a mi familia.—Contestó el rubio para lanzarle otro golpe a la barbilla del moreno.— Maldito .

Hermione Granger corría por los pasillos detrás de algunos curiosos, estaba en una reunión con algunos compañeros cuando el chisme de una pelea los interrumpió. Escuchaba por entrecortadas voces que Malfoy se había vuelto loco, atacó al Señor Jones, cuando llegó al sitio del conflicto observó con horror la escena. EL pobre Jones tenía el labio partido, junto un hematoma en la barbilla. Dos aurores trataban de controlar a un furioso rubio.

—Asqueroso bastardo.—Escupió con desdén ignorando al público, le había herido en el orgullo esas palabras.— Nunca vuelvas a pronunciar mi apellido en tu sucia boca, maldito …

—Señor Malfoy, muerda su lengua para que no termine esa frase .—La voz de una mujer hizo acto de presencia, entonces el rubio se giró para descubrir a la castaña asustada a mitad del pasillo.—Recuerde el lugar en donde se encuentra.

El rubio llevó sus ojos a la mediadora. Podía ver la decepción reflejada en esos orbes avellana, no, nunca usuaria la frase "sangre sucia", en su boca esa palabra estaba prohibida, quiso caminar hacia ella, explicarle. Los do aurores sujetándolo por la espalda le prohíben moverse, entonces cayó en cuenta de la situación. Todos lo miraban acusatoriamente, él era el villano que asaltó a un pobre hombre.

Una sensación lo invadió, era nueva y extraña, sentía vergüenza no por esas agresivas miradas sino por la decepción dibujada en el hermoso rostro de la bruja.


Hermione se acercó a socorrer a su compañero de trabajo. Este solo decía que Malfoy era un peligro, se había vuelto loco porque no quiso aceptar sus reformas a una ley. La bruja no pudo quedarse, insegura de saber que hacer decido huir. La lenguas viperinas a su alrededor no dejaban de reprobar la actuación del heredero de los Malfoy.

"Insolente mortifago" "Cree que le debemos sumisión por ser rico" "Es una copia barata de su padre" "Es un violento criminal", los adjetivos seguían, se acumulaban en sus oídos, ese no era el Draco que había tratado las últimas semanas. A Malfoy le gustaba reír, hacer bromas, quejarse de sus amigos, usar buena ropa, comprometido con su trabajo. Era educado a la hora de comer, lo hacía en silencio y no como un cavernícola como Ron,

Se cansó de correr sin sentido, ¿Todo había sido mentira? ¿Draco fingió ese tiempo? Entonces recordó a ese niño grosero de Hogwarts, ese que lo llamaba "Maldita sangre sucia", iba usar ese insulto con el señor Jones. Una punzada aprecio en su pecho. ¿Todo fue mentira?


Draco al llegar a su oficina lanzó lejos la capa, tiro los papeles sobre su escritorio, fue un estúpido, era un reverendo idiota, como había caído en la baja provocación de un estúpido mago. Desde un inicio su objetivo solo fue hacerlo enojar. Apretó sus manos formando un puño, los estampo sobre la mesa. Ese maldito le pagaría de una u otra manera la humillación

No te sometas bajo ellos. No seas así, y levanta tu cabeza. Tenemos el poder.

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